Acerca de la dictadura omnímoda sobre la burguesía

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Primera vez publicado: En la revista Hongqi, no. 4 de 1975.
Versión en castellano: Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1975.
Esta edición: Marxists Internet Archive, mayo de 2007.

Citas del Presidente Mao Tsetung

¿Por qué Lenin hablaba de la necesidad de ejercer la dictadura sobre la burguesía? Este problema es preciso tenerlo claro. La falta de claridad al respecto conducirá al revisionismo. Hay que hacerlo saber a toda la nación.

Nuestro país practica ahora un sistema de mercancías, un sistema salarial que es también desigual, como el de ocho categorías, y cosas por el estilo. Esto, bajo la dictadura del proletariado, sólo puede ser restringido. En virtud de lo anterior, será muy fácil para gentes como Lin Piao montar el sistema capitalista si escalan el Poder. Por eso, debemos estudiar más obras marxista-leninistas.

Lenin dijo: “La pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa”. Esto ocurre también con una parte de la clase obrera y una parte de los miembros del Partido. Tanto entre los proletarios como entre los funcionarios de los organismos oficiales hay quienes incurren en el estilo de vida burgués.

La cuestión de la dictadura del proletariado ha sido desde hace mucho tiempo el foco de la lucha entre el marxismo y el revisionismo. Lenin indicó: “Sólo es un marxista quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado”. El Presidente Mao llamó a toda la nación a adquirir una clara comprensión de la cuestión de la dictadura del proletariado precisamente para que practiquemos el marxismo, y no el revisionismo, tanto en la teoría como en la práctica.

Nuestro país se halla en un importante período de desarrollo histórico. Luego de veintitantos años de revolución y construcción socialistas, y, en particular, después del aplastamiento de los cuarteles generales burgueses de Liu Shao-chi y de Lin Piao en la Gran Revolución Cultural Proletaria, nuestra dictadura proletaria se ha consolidado más que nunca y la causa del socialismo está en una prosperidad ascendente. En la actualidad, el pueblo de todo el país, imbuido de elevada voluntad de combate, está decidido a hacer del nuestro un poderoso Estado socialista dentro del presente siglo. En este proceso y en toda la etapa histórica del socialismo, el que podamos o no persistir consecuentemente en la dictadura del proletariado es un asunto de importancia primordial que atañe al futuro del desarrollo de nuestro país. La actual lucha de clases también nos exige adquirir una clara comprensión de la cuestión de la dictadura del proletariado. El Presidente Mao señaló: “La falta de claridad al respecto conducirá al revisionismo”. No basta con que unas pocas personas tengan claro este problema; “hay que hacerlo saber a toda la nación”. Ninguna apreciación será excesiva respecto al significado actual y de largo alcance de llevar a buenos términos este estudio.

Ya en 1920, a la luz de la experiencia práctica adquirida en la dirección de la Gran Revolución Socialista de Octubre y del primer Estado de dictadura del proletariado, Lenin señaló con agudeza: “La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se decuplica con su derrocamiento (aunque no sea más que en un solo país) y cuyo poderío consiste, no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de las relaciones internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Pues, por desgracia, ha quedado todavía en el mundo mucha y mucha pequeña producción y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa. Por todos estos motivos, la dictadura del proletariado es necesaria”. Lenin indicó que dicha dictadura es una lucha persistente, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, educacional y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad, una dictadura omnímoda sobre la burguesía.

Lenin destacó reiteradamente que será imposible vencer a la burguesía si no se ejerce una dictadura prolongada y omnímoda sobre ella. Estas afirmaciones de Lenin, particularmente las palabras subrayadas por él mismo, han sido corroboradas ya por la práctica en los años posteriores. En efecto, los nuevos burgueses han surgido un grupo tras otro, y su representante es la camarilla de renegados de Jruschov-Brezhnev. Estos individuos son, en general, de buen origen de clase, han crecido casi todos bajo la bandera roja, han ingresado organizativamente al Partido Comunista, han cursado estudios en centros docentes superiores y han llegado a ser lo que se llama especialistas rojos. Sin embargo, ellos son nuevas hierbas venenosas que brotan del viejo suelo del capitalismo. Han renegado de la clase de que proceden, han usurpado el poder del Partido y del Estado, han restaurado el capitalismo, se han convertido en cabecillas de la dictadura de la burguesía sobre el proletariado y han realizado lo que Hitler quería pero no logró hacer. Nunca debemos olvidar esta experiencia histórica de “lanzar satélites al espacio y echar abajo la bandera roja”, particularmente en momentos, en, que estamos decididos a edificar un poderoso Estado.

Hay que tener una clara conciencia de que aún existe para China el peligro de tornarse revisionista. Esto se explica no sólo porque el imperialismo y el socialimperialismo no se olvidan ni por un instante de agredirla y subvertirla, y porque aún subsisten viejos elementos de la clase terrateniente y de la burguesía, no resignados a su derrota, sino también porque se engendran nuevos elementos burgueses, como dijo Lenin, cada día, cada hora. Algunos camaradas afirman que Lenin se refirió aquí a la situación de antes de la cooperativización. Obviamente esta afirmación es incorrecta. Las palabras de Lenin no han pasado de moda. Estos camaradas pueden leer la obra del Presidente Mao Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, publicada en 1957. En esta obra el Presidente Mao hace un análisis concreto de la situación en nuestro país en que después de conquistada en lo fundamental la victoria en la transformación socialista del sistema de propiedad, incluida la cooperativización, aún existen clases, contradicciones de clase y lucha de clases y aún se dan simultáneamente consonancia y contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas y entre la superestructura y la base económica. Habiendo resumido la nueva experiencia de la dictadura del proletariado acumulada después de Lenin, el Presidente Mao respondió de manera sistemática a los diversos problemas surgidos luego de cambiado el sistema de propiedad, trazó las tareas y políticas de la dictadura del proletariado y sentó los cimientos teóricos para la línea fundamental del Partido y la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado. La práctica en los 18 años transcurridos, especialmente en la Gran Revolución Cultural Proletaria, ha probado que son totalmente correctas la teoría, línea y políticas formuladas por el Presidente Mao.

El Presidente Mao señaló hace poco: “En una palabra, China es un país socialista. Antes de la Liberación no difería mucho del capitalismo. Ahora todavía practica un sistema salarial de ocho categorías, la distribución a cada uno según su trabajo y el intercambio por medio del dinero, todo lo cual apenas es distinto de la vieja sociedad. La diferencia está en que el sistema de propiedad ha cambiado”. Para profundizar nuestra comprensión de esta instrucción del Presidente Mao, veamos los cambios operados en el sistema de propiedad de nuestro país y las proporciones de los diversos sectores económicos en la industria, la agricultura y el comercio de China en 1973.

Primero, la industria. La industria de propiedad de todo el pueblo ocupó 97% del activo fijo industrial total, 63% del personal de la industria y 86% del valor de la producción industrial; la industria de propiedad colectiva, 3%, 36,2% y 14% respectivamente. Hubo además una artesanía individual con 0,8% del personal ocupado en la industria.

Luego, la agricultura. En cuanto a los medios de producción agrícolas, aproximadamente 90% de las tierras cultivadas y de las máquinas de irrigación y desagüe, más o menos 80% de los tractores y del ganado mayor eran de propiedad colectiva. Era muy pequeña la proporción de la propiedad de todo el pueblo. Por consiguiente, más de 90% de los cereales y de los diversos cultivos industriales del país procedieron de la economía colectiva. Las granjas estatales representaban una proporción muy pequeña. Además, se mantenían para los comuneros una pequeña cantidad de tierras de uso personal y limitadas ocupaciones secundarias domésticas.

Por último, el comercio. En el volumen de venta minorista de mercancías, el comercio estatal ocupó 92,5%; el de propiedad colectiva, 7,3%, y el de los comerciantes individuales, 0,2%. Aparte de ello, aún se conservaba en las zonas rurales un considerable volumen de comercio ferial.

Las cifras arriba citadas demuestran que la propiedad socialista de todo el pueblo y la colectiva socialista de las masas trabajadoras han obtenido efectivamente grandes victorias en nuestro país. No solamente se ha registrado un gran aumento de la preponderancia de la propiedad de todo el pueblo, sino que también se han operado algunos cambios en la economía de las comunas populares en cuanto a las proporciones de la propiedad en los tres niveles: comuna, brigada de producción y equipo de producción. A manera de ejemplo, en los suburbios de Shanghai, los ingresos al nivel de comuna, comparados con las entradas totales, ascendieron de 28,1% en 1973 a 30,5% en 1974; los ingresos al nivel de brigada de producción, de 15,2 a 17,2%, y los ingresos al nivel de equipo de producción descendieron de 56,7 a 52,3%. La comuna popular ha demostrado cada vez más obviamente su superioridad de ser grande en tamaño y tener un alto grado de propiedad pública. En los últimos 25 años hemos eliminado paso a paso la propiedad imperialista, la propiedad capitalista burocrática y la propiedad feudal, hemos transformado gradualmente la propiedad capitalista nacional y la propiedad del trabajador individual y hemos reemplazado de manera progresiva esos cinco tipos de propiedad privada por los dos tipos de propiedad pública socialista; por eso, podemos decir con orgullo que en nuestro país ya ha cambiado el sistema de propiedad, el proletariado y el resto del pueblo trabajador se han sacudido en lo fundamental el yugo de la propiedad privada y nuestra base económica socialista se ha consolidado y desarrollado gradualmente. La Constitución aprobada en la IV Asamblea Popular Nacional tiene registradas en términos explícitos estas grandes victorias que hemos logrado.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que todavía no se ha resuelto completamente el problema en el sistema de propiedad. Decimos con frecuencia que hemos “resuelto en lo fundamental” el problema del sistema de propiedad; esto significa que tal problema todavía no ha sido resuelto por completo, no se ha eliminado cabalmente el derecho burgués en el sistema de propiedad. De las cifras arriba citadas podemos deducir que aún subsiste en parte la propiedad privada en la industria, la agricultura y el comercio, que no toda la propiedad pública socialista es propiedad de todo el pueblo, sino que consta de dos tipos de propiedad, y que aún es muy débil la propiedad de todo el pueblo en la agricultura, base de la economía nacional. Al concebir que en la sociedad socialista dejaría de existir el derecho burgués en el sistema de propiedad, Marx y Lenin se referían a que todos los medios de producción habrían pasado a ser patrimonio de la sociedad en su conjunto. Evidentemente, todavía no hemos llegado a esta etapa. Ni en la teoría ni en la práctica debemos pasar por alto las dificilísimas tareas que aún afronta la dictadura del proletariado en este aspecto.

Debemos notar también que existe el problema de dirección tanto en la propiedad de todo el pueblo como en la propiedad colectiva, es decir, el problema de a qué clase pertenece la propiedad realmente y no de nombre.

El 28 de abril de 1969, en la I Sesión Plenaria del IX Comité Central del Partido, el Presidente Mao dijo: “Parece imprescindible realizar la Gran Revolución Cultural Proletaria, pues nuestra base no es sólida. A juzgar por mi observación, temo que en una mayoría bastante grande de fábricas –no digo todas ni la abrumadora mayoría de ellas– la dirección no estaba en manos de los genuinos marxistas y las masas obreras. No es que no hubiera buenas gentes entre aquellos encargados de la dirección de las fábricas. Las había. Había buenas gentes entre los secretarios, subsecretarios y miembros de los comités del Partido y entre los secretarios de las células del Partido. Pero seguían la línea de Liu Shao-chi, simplemente recurrían al incentivo material, ponían las ganancias al mando y, en vez de promover la política proletaria, daban premios, y cosas por el estilo”. “Pero había de hecho gentes malas en las fábricas”. “Esto demuestra que no se ha finalizado la revolución”. Estas palabras del Presidente Mao, además de exponer la necesidad de la Gran Revolución Cultural Proletaria, nos hacen comprender con mayor claridad que, en cuanto al problema del sistema de propiedad, como cualquier otro problema, no debemos juzgarlo solamente por su forma, sino por su contenido real. Es completamente correcto dar importancia al papel decisivo que desempeña el sistema de propiedad en las relaciones de producción. Pero es incorrecto no dar importancia a si el problema del sistema de propiedad está resuelto en la forma o de hecho y no dar importancia a la realidad de que los otros dos aspectos de las relaciones de producción –las relaciones entre los hombres y la forma de distribución– ejercen acción también sobre el sistema de propiedad, que la superestructura ejerce acción también sobre la base económica y que esos dos aspectos y la superestructura desempeñan un papel decisivo en condiciones determinadas.

La política es la expresión concentrada de la economía. El que sea correcta o no la línea ideológica y política y en manos de qué clase esté la dirección decide qué clase posee de hecho esas fábricas.

Nuestros camaradas podrán recordar cómo se convirtió en socialista una empresa del capital burocrático o del capital nacional. ¿Acaso no con nuestro envío de un representante encargado del control militar o un representante del sector estatal allí a transformarla de acuerdo con la línea y la política del Partido? En el caso de cualquier gran cambio del sistema de propiedad en la historia, sea la sustitución del sistema esclavista por el feudal, o la sustitución del feudalismo por el capitalismo, siempre se tomó primero el Poder político y luego se valió de la fuerza de este último para cambiar en gran escala el sistema de propiedad existente, consolidar y desarrollar el nuevo. Con mayor razón ocurre lo mismo con la propiedad pública socialista, que no puede producirse bajo la dictadura de la burguesía. El capital burocrático, que ocupaba el 80% de la industria en la vieja China, sólo pudo ser transformado en propiedad de todo el pueblo después de que el Ejército Popular de Liberación derrotara a Chiang Kai-shek. Asimismo, la restauración capitalista se realiza necesariamente arrebatando primero la dirección para cambiar la línea y la política del Partido. ¿No es de este modo que Jruschov y Brezhnev cambiaron el sistema de propiedad en la Unión Soviética? ¿No es de este modo que Liu Chao-chi y Lin Piao cambiaron en grados distintos a naturaleza de cierto número de nuestras fábricas y otras empresas?

Cabe tener presente también que ahora practicamos el sistema de mercancías. El Presidente Mao dijo: “Nuestro país practica ahora un sistema de mercancías, un sistema salarial que es también desigual, como el de ocho categorías, y cosas por el estilo. Esto, bajo la dictadura del proletariado, sólo puede ser restringido. En virtud de lo anterior, será muy fácil para gentes como Lin Piao montar el sistema capitalista si escalan el Poder”. Este estado de cosas, señalado por el Presidente Mao, no cambiará dentro de poco tiempo. Tomemos como ejemplo las comunas populares suburbanas de Shanghai con una economía desarrollada comparativamente más rápido a los niveles de comuna y brigada de producción. En lo que respecta al activo fijo a los tres niveles de propiedad, la comuna ocupa 34,2%; la brigada de producción, sólo 15,1%, y el equipo de producción, todavía 50,7%. Por tanto, sólo a juzgar por las propias condiciones económicas de la comuna popular, se necesita un tiempo bastante largo para efectuar la transición del equipo de producción a la brigada de producción y luego a la comuna como unidad básica de contabilidad. La comuna seguirá siendo de propiedad colectiva aun cuando pase a ser unidad básica de contabilidad. Por ende, dentro de un corto tiempo, no sufrirá cambios radicales la coexistencia de los dos tipos de propiedad: la de todo el pueblo y la colectiva. Mientras existan estos dos tipos de propiedad, serán inevitables la producción de mercancías, el intercambio por medio del dinero y la distribución a cada uno según su trabajo. Ya que “esto, bajo la dictadura del proletariado, sólo puede ser restringido”, serán igualmente inevitables el desarrollo de los factores capitalistas en las zonas urbanas y rurales y el surgimiento de nuevos elementos burgueses. Sin tal restricción, el capitalismo y la burguesía crecerán con mayor rapidez. Como consecuencia de ello, no debemos de ningún modo relajar nuestra vigilancia a causa de que hayamos logrado la gran victoria en la transformación del sistema de propiedad y hayamos efectuado una Gran Revolución Cultural Proletaria.

Es preciso ver que nuestra base económica todavía no es sólida y que el derecho burgués aún no ha sido eliminado del todo en el sistema de propiedad, todavía existe en grado serio en las relaciones entre los hombres y sigue prevaleciendo en la distribución. En las esferas de la superestructura, algunos sectores aún se encuentran en realidad manipulados por la burguesía y ésta tiene una posición predominante en ellos; en algunos otros sectores se están realizando las reformas, cuyos logros no están consolidados todavía y las viejas ideas y la fuerza de la vieja costumbre siguen estorbando tercamente el crecimiento de las nuevas cosas socialistas. Con el desarrollo de los factores capitalistas en la ciudad y en el campo, nuevos elementos burgueses se engendran grupo tras grupo y la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, entre las diferentes fuerzas políticas y entre el proletariado y la burguesía en el terreno ideológico, será aún larga, tortuosa y a veces incluso muy enconada. Incluso cuando hayan muerto todos los terratenientes y burgueses de la vieja generación, no cesará esta lucha de clases y seguirá siendo posible la restauración de la burguesía si gentes como Lin Piao escalan el Poder.

En su discurso “La situación y nuestra política después de la victoria en la Guerra de Resistencia contra el Japón”, el Presidente Mao dijo que en 1936 había cerca de Paoan, entonces sede del Comité Central del Partido, una aldea fortificada donde se atrincheraba un puñado de contrarrevolucionarios armados que se negaban obstinadamente a rendirse. El problema fue resuelto sólo cuando el Ejército Rojo la asaltó y entró en ella. Esta historia tiene un significado universal y nos enseña: “Con todo lo reaccionario ocurre igual: si no lo golpeas, no cae. Esto es como barrer el suelo: por regla general, donde no llega la escoba, el polvo no desaparece solo”. En la actualidad, todavía existen muchas aldeas fortificadas de la burguesía. Cuando una sea destruida, surgirá otra. Incluso cuando no quede más que una después de eliminadas todas las demás en el futuro, no desaparecerá sola si no llega la escoba de hierro de la dictadura del proletariado, Lenin dijo con toda razón: “Por todos estos motivos, la dictadura del proletariado es necesaria”.

La experiencia histórica nos dice que la clave del problema de si el proletariado puede vencer o no a la burguesía y si China se tornará o no revisionista, reside en si podemos o no persistir invariablemente en la dictadura omnímoda sobre la burguesía en todos los terrenos y durante todas las etapas del desarrollo de la revolución. ¿Qué es la dictadura omnímoda sobre la burguesía? El resumen más conciso se encuentra en el siguiente pasaje de una carta que Marx escribió en 1852 a J. Weydemeyer, pasaje que todos estudiamos en la actualidad. Marx dijo: “En cuanto a mí, no me cabe el mérito de haber descubierto ni la existencia de las clases en la sociedad moderna ni su lucha entre sí. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto el desarrollo histórico de esta lucha de las clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo nuevo que yo he aportado ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta dictadura no constituye de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”. Lenin señaló que este magnífico pasaje de Marx consiguió expresar de un modo asombrosamente claro la diferencia fundamental y cardinal entre la doctrina marxista y la doctrina burguesa del Estado y la esencia de la teoría marxista del Estado. Hay que tener en cuenta aquí que Marx expuso el pasaje sobre la dictadura del proletariado en tres puntos, que están vinculados entre sí y son inseparables. No se puede tomar solamente uno de ellos descartando los otros dos, pues este pasaje expresa cabalmente el proceso entero del surgimiento, desarrollo y extinción de la dictadura del proletariado y abarca todas sus tareas y contenido real.

En su obra Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, Marx dijo en términos más concretos que dicha dictadura es el punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales. A lo que se refirió aquí Marx es a “todas”.

¡”Todas” en los cuatro aspectos! ¡No se trata de una parte, ni la mayoría, ni la abrumadora mayoría, sino la totalidad! Esto no tiene nada de extraño, ya que el proletariado podrá emanciparse finalmente sólo emancipando a toda la humanidad. Para alcanzar este objetivo, no se puede sino ejercer la dictadura omnímoda sobre la burguesía y llevar hasta el final la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado, hasta la eliminación en el globo terráqueo de estas “todas” en los cuatro aspectos, de modo que se imposibiliten la existencia y el resurgimiento de la burguesía y las demás clases explotadoras. De ninguna manera debemos detenernos en el camino de transición. A nuestro juicio, sólo este entendimiento puede ser calificado de asimilar la esencia de la teoría de Marx sobre el Estado. Piensen, camaradas: Si no se entiende la cuestión de este modo, si se restringe, cercena y tergiversa el marxismo tanto en lo teórico como en lo práctico, se reduce la dictadura del proletariado a unas palabras vacías y se mutila la dictadura omnímoda sobre la burguesía, ejerciéndola sólo en ciertos terrenos y no en todos y practicándola sólo en cierta etapa (por ejemplo, antes de la transformación del sistema de propiedad) y no en todas, es decir, no destruyendo completamente todas las “aldeas fortificadas” de la burguesía sino dejando algunas de éstas para que vuelva a engrosar sus filas, entonces, ¿acaso no equivaldrá esto a preparar condiciones para la restauración burguesa?

¿Acaso no significará esto convertir la dictadura del proletariado en algo que proteja a la burguesía y particularmente a la burguesía recién surgida? Todos los obreros, campesinos pobres, campesinos medios de la capa inferior y los demás trabajadores que rehúsan volver a sufrir las penalidades y la opresión, todos los miembros del Partido Comunista resueltos a consagrar toda su vida a la lucha por la realización del comunismo, y todos los camaradas que no quieren que China se torne revisionista, deben tener muy presente este principio fundamental marxista: hay que ejercer la dictadura omnímoda sobre la burguesía y no detenerse de ningún modo a mitad de camino. Es innegable que algunos de nuestros camaradas se han incorporado al Partido Comunista en lo organizativo, pero no ideológicamente. Su concepción del mundo aún no ha salido de los límites de la pequeña producción ni de los de la burguesía. Aprueban la dictadura que ejerce el proletariado durante determinada etapa y en determinado terreno y les complacen algunas victorias logradas por él, puesto que esto les trae ciertos provechos. Una vez adquiridos estos provechos, piensan que pueden acampar y establecerse para acondicionar su nido confortable. ¡Vaya con la dictadura omnímoda sobre la burguesía! ¡Vaya con el primer paso de la gran marcha de diez mil li! Perdón, que lo hagan otros, ya que yo he llegado a mi destino y debo apearme del carro. Aconsejamos a estos camaradas: ¡Es peligroso quedarse a mitad de camino! La burguesía les invita haciéndoles señales con las manos; ¡mejor será que marchen con las filas para seguir adelante!

La experiencia histórica también nos demuestra que a medida que la dictadura del proletariado conquiste victorias una tras otra, la burguesía podrá simular aceptarla en apariencia, pero en realidad continúa trabajando por restaurar la dictadura burguesa. Esto es exactamente lo que han hecho Jruschov y Brezhnev. Si bien no han cambiado los nombres del “Soviet”, ni del partido de Lenin, ni de la “república socialista”, han aceptado estos nombres y los han usado como pantalla para privar a la dictadura del proletariado de su contenido real, transformándola en una dictadura de la clase capitalista monopolista contra el Soviet, el partido de Lenin y las repúblicas socialistas. Presentaron el programa revisionista de “Estado de todo el pueblo” y “partido de todo el pueblo”, que reniega abiertamente del marxismo. Sin embargo, cuando el pueblo soviético se levanta contra su dictadura fascista, ellos sacan a relucir la bandera de la dictadura del proletariado para reprimir a las masas. En China sucedieron casos similares. Liu Shao-chi y Lin Piao no se limitaron a propagar la teoría de la extinción de la lucha de clases; también enarbolaron la bandera de la dictadura del proletariado cuando procedieron a sofocar la revolución. ¿Acaso no planteó Lin Piao cuatro “no olvidar ni por un instante”? Entre ellos, “no olvidar ni por un instante la dictadura del proletariado”. De hecho no olvidó ni por un instante, sólo que se debe interponer la palabra “derrocar”, para leer la frase así: “no olvidar ni por un instante derrocar la dictadura del proletariado”, o, como confesó su propia pandilla, “golpear las fuerzas del Presidente Mao esgrimiendo la bandera del Presidente Mao”. En algunas ocasiones, ellos “obedecían” al proletariado, e incluso se presentaban más revolucionarios que nadie planteando algunas consignas “izquierdistas” para crear confusión y hacer sabotajes. No obstante, lo que hacían con frecuencia fue combatir medida por medida al proletariado. ¿Querían ustedes trabajar por la transformación socialista? Ellos hablaban de la necesidad de consolidar el régimen de nueva democracia. ¿Deseaban ustedes crear cooperativas y comunas populares? Ellos opinaban que esto era prematuro. Cuando ustedes consideraban necesario hacer la revolución en la literatura y el arte, ellos sostenían que no era dañino escenificar algunas óperas de fantasmas. ¿Se proponían ustedes restringir el derecho burgués? Ellos decían que éste sí era algo magnífico que debía ser extendido. Ellos son un grupo de especialistas en la defensa de las viejas cosas y son como un enjambre de moscas zumbando todo el día alrededor de los “estigmas” y “defectos” de la vieja sociedad referidos por Marx. Se apasionan particularmente por explotar la inexperiencia de los jóvenes y adolescentes para pregonar entre ellos la idea de que el incentivo material es como el fétido requesón de soya, maloliente para el olfato pero sabroso para el gusto. Cometen actos ignominiosos siempre bajo el rótulo del socialismo. Cuando algunos malhechores se entregan a la especulación, malversación y desfalco, ¿no fingen realizar la colaboración socialista? Cuando algunos incitadores rocían venenos entre los jóvenes y adolescentes, ¿no agitan la bandera de atención y solicitud hacia los continuadores de la causa comunista? Debemos estudiar sus tácticas y sintetizar nuestras experiencias para ejercer de manera más eficaz la dictadura omnímoda sobre la burguesía.

“¿Quieren ustedes desencadenar el viento de la `comunización’?”. Crear rumores haciendo semejante pregunta es una táctica a que ha recurrido cierta gente en fechas recientes. A ella podemos responder en forma expresa que no permitiremos jamás que se desate de nuevo el viento de “comunización” que levantaron Liu Shao-chi y Chen Po-ta. Siempre hemos sostenido que las mercancías que produce nuestro país, en lugar de sobrar, distan de ser suficientemente abundantes. Mientras la comuna no tenga tantos productos como para “comunizarlos” con la brigada de producción y el equipo de producción y mientras las empresas de propiedad de todo el pueblo no puedan aportar productos sumamente abundantes para distribuirlos a nuestros 800 millones de habitantes según sus necesidades, no podremos sino continuar con la producción de mercancías, el intercambio por medio del dinero y la distribución a cada uno según su trabajo.

Respecto a los daños que estos sistemas traen consigo, hemos adoptado y continuaremos adoptando medidas apropiadas para restringirlos. La dictadura del proletariado es una dictadura ejercida por las masas. Estamos convencidos de que las grandes masas, dirigidas por el Partido, tienen la fuerza y capacidad para luchar contra la burguesía y vencerla finalmente. La vieja China era un país sumergido en un vasto océano de pequeña producción. Constituye siempre un problema serio y requiere esfuerzos de varias generaciones realizar la educación socialista entre los varios centenares de millones de campesinos. Sin embargo, los campesinos pobres y campesinos medios de la capa inferior representan la mayoría de ellos. A través de la práctica se dan cuenta de que su única perspectiva luminosa es marchar por el camino socialista siguiendo al Partido Comunista. Nuestro Partido se ha apoyado en ellos para unirse con los campesinos medios en el avance gradual desde el equipo de ayuda mutua, la cooperativa de producción agrícola de tipo inferior, la cooperativa de tipo superior, hasta la comuna popular, y podremos sin duda alguna conducirlos a continuar su avance.

Quisiéramos, en cambio, llamar la atención a nuestros camaradas sobre el hecho de que actualmente sopla otra clase de viento, el viento “burgués”. Se trata del estilo de vida burgués señalado por el Presidente Mao, el siniestro viento desatado por aquellas “partes” de gentes que se han convertido en elementos burgueses. Nos perjudica en el mayor grado el viento “burgués” que se desencadena entre aquellos miembros del Partido Comunista y particularmente entre aquellos cuadros dirigentes, que conforman esas “partes” de gentes. Emponzoñados por este siniestro viento, algunos están obsesionados con la ideología burguesa, buscan rangos y lucros personales y estiman esto como algo honroso en vez de una vergüenza. Ciertas gentes han ido tan lejos que lo toman todo como mercancía, incluyéndose ellas mismas. Ingresan al Partido Comunista y hacen algún trabajo para el proletariado con el único propósito de elevar su categoría como mercaderías y pedir al proletariado alto precio. Los que son comunistas de nombre y nuevos elementos burgueses de hecho muestran las características propias de toda la burguesía decadente y moribunda.

En la historia, cuando se hallaban en su etapa de ascenso, la clase esclavista, la clase terrateniente y la burguesía realizaron algo positivo para la humanidad. Ahora los nuevos elementos burgueses, que van en sentido totalmente contrario a sus antecesores, sólo desempeñan un papel destructivo para la humanidad y son nada más que un montón de “nueva” basura. Entre quienes fabrican el rumor de que se va a desatar un viento de “comunización”, algunos son nuevos elementos burgueses que han hecho privados bienes públicos y tienen miedo a que el pueblo vuelva a “practicar la comunidad de estos bienes”, y otros son tipos que tratan de aprovechar la oportunidad para agarrar una tajada. Tales gentes son más sensibles que muchos de nuestros camaradas. Algunos de nuestros camaradas dicen que el estudio es una tarea blanda, pero esas gentes perciben por instinto que el estudio actual es una tarea dura para las dos clases, el proletariado y la burguesía. Es posible que ellas desaten realmente algún viento de “comunización” o, haciendo suya cierta consigna nuestra, confundan deliberadamente los dos tipos de contradicciones de diferente naturaleza y urdan alguna mala jugada. Esto merece nuestra atención.

Bajo la dirección del Comité Central del Partido encabezado por el Presidente Mao, los gigantescos contingentes revolucionarios proletarios, compuestos por las masas de centenares de millones de nuestro país, están dando pasos hacia adelante. Con la experiencia práctica de la dictadura del proletariado de 25 años y con la experiencia internacional acumulada desde la Comuna de París, y siempre que nuestros centenares de miembros del Comité Central del Partido y millares de cuadros de alto rango tomen la delantera y, junto con los otros cuadros y las masas, lean y estudien concienzudamente, hagan investigaciones y estudios y sinteticen la experiencia, podremos poner en práctica el llamamiento del Presidente Mao, lograr una clara comprensión del problema de la dictadura del proletariado y asegurar que nuestro país avance victoriosamente siguiendo el camino señalado por el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung. “Los proletarios no tienen nada que perder en ella [la revolución comunista] más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”. ¡Esta perspectiva, infinitamente brillante, estimulará continuamente a un creciente número de obreros y otros trabajadores conscientes y a su vanguardia, los comunistas, a perseverar en la línea fundamental del Partido y en la dictadura omnímoda sobre la burguesía y continuar hasta el fin la revolución bajo la dictadura del proletariado! El hundimiento de la burguesía y las demás clases explotadoras y la victoria del comunismo son inevitables, necesarios e independientes de la voluntad del hombre.

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