“Sobre la dialéctica de la raza y de la clase. Los escritos de Marx sobre la guerra civil, 150 años después” (Kevin B. Anderson)

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Con motivo de la celebración este año en Estados Unidos del 150 aniversario de la Guerra de Secesión, se ha prestado una especial atención a la resistencia afro-americana a la esclavitud y a los abolicionistas radicales del Norte. Cada vez más se está admitiendo, incluso en el Sur, que la supuesta “causa noble” de los confederados se basaba en la defensa de la esclavitud. Sin embargo, hasta hoy, este país continúa negando las dimensiones raciales y de clase de esta guerra. Igualmente se niegan, incluso en la izquierda, las implicaciones revolucionarias de la guerra, no sólo para los afro-americanos, sino también para la clase trabajadora blanca y para el sistema económico y político americano en su conjunto. Al mismo tiempo, persiste un gran desconocimiento de los escritos de Marx y Friedrich Engels sobre la dialéctica de la raza y de la clase en la guerra civil americana, algo que he intentado remediar en mi último libro, Marx at the Margins: On Nationalism, Ethnicity and Non-Western Societies1

Frantz Fanon: la dialéctica de la raza, de la clase y de la revolución

Una feliz coincidencia hace que este año, 2011, se celebre también el 100 aniversario de la revolución china de 1911 cuyo objetivo era la lucha contra el imperialismo y el despotismo indígena, al tiempo que reivindicaba la democracia y la emancipación de las mujeres. Más en relación con el tema que aquí nos interesa, conmemoramos también este año una tercera efeméride, el 50 aniversario de la muerte del gran revolucionario y filósofo afro-caribeño, Frantz Fanon, quien, al igual que Marx, tiene cantidad de cosas que decirnos hoy sobre la dialéctica de la raza y de la clase. Escritor y humanista radical, impregnado de los trabajos de Hegel y de Marx, Fanon esboza una teoría de la violencia revolucionaria, a la vez que necesaria liberadora, cuando es utilizada por grupos racialmente oprimidos. El intento de Fanon se basaba en la experiencia de una de las luchas de liberación africana más radicales, la Revolución argelina. En los años 1960, en Estados Unidos, este mensaje de una revolución violenta sembró el pánico en algunos medios, principalmente conservadores, mientras que en otros, principalmente radicales, sobre todo en las comunidades negras, suscitaba admiración. En el espíritu de esta época, impregnada del concepto de guerrilla de Mao Tse Tung, el mensaje de Fanon atraía también a grupos como el de los Black Panthers.

l mismo tiempo, este enfoque de la teoría sobre la violencia de Fanon que constituía solamente un capítulo de su libro principal, Los condenados de la tierra, oscureció el tema global de la dialéctica humanista en la obra de Fanon. Porque en la magnífica conclusión de Los condenados de la tierra, Fanon hacía un llamamiento al reconocimiento mutuo y a la solidaridad entre las divisiones nacionales y raciales, entre las naciones oprimidas y sus antiguos colonizadores. Lo hizo en una maravillosa discusión dialéctica, en la que sostenía que los pueblos de África recién independizados, durante tanto tiempo sometidos tanto a la opresión económica como a la opresión racial, necesitaban desarrollar con más ahínco la conciencia de sí mismos (self-consciousness), incluido el orgullo de su cultura y de su historia (Fanon, sin embargo, siempre fue muy crítico con todo tipo de opresión, patriarcal o cualquiera otra), a menudo tan despreciados por parte de los colonizadores. Aunque esto suponía un llamamiento a los nacionalistas negros de entonces, Fanon afirmaba en su argumentación dialéctica que esta conciencia de sí mismos en modo alguno significaba que haya que replegarse sobre sí mismo, ni como individuos ni como pueblo. Al contrario, afirmaba, que la conciencia de sí – eso que Hegel hubiera llamado un factor singular o particular – era lo que en condiciones revolucionarias nos puede hacer evolucionar de lo particular a lo universal de la fraternidad humana.

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Así expresaba Fanon, con ese magnífico lenguaje dialéctico con que concluye Los condenados de la tierra:

“La conciencia de sí no es cerrazón a la comunicación. La reflexión filosófica nos enseña, al contrario, que es su garantía. La conciencia nacional, que no es el nacionalismo, es la única que nos da dimensión internacional.”2

Esto puede resultar duro de entender, sobre todo en el contexto actual de la izquierda de hoy – como por ejemplo, en el libro Imperio de Hardt y Negri – para la que toda forma de conciencia nacional tiende a ser rechazada como reaccionaria.

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