Tesis de Reconstitución del Partido Comunista

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El proletariado, clase revolucionaria

Casi en el mismo momento en que aparecieron las clases en la sociedad, esa división según la cual unos hombres viven de la explotación y del trabajo de otros hombres, surgió en la conciencia social la necesidad de la emancipación, de la supresión de esa explotación y de la opresión que ésta llevaba consigo. Espartaco, en la época del esclavismo, o Münzer, para la era feudal, encabezaron movimientos cuyo fin era la liberación de los esclavos y de los siervos. Ambos simbolizan la conciencia de la emancipación de los oprimidos en la historia anterior al capitalismo, ambos supieron penetrar la naturaleza antagónica de las relaciones sociales de su tiempo y reducir al máximo el carácter irreconciliable de esas relaciones sociales: el enfrentamiento entre poseedores y desposeídos, el enfrentamiento entre ricos y pobres,  independientemente de la forma que este enfrentamiento revistiera en cada época histórica.

Pero igual que las condiciones materiales de la sociedad permitían abrir a la conciencia del hombre las ideas de emancipación, también le imponían un límite acorde con el insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas. No sólo el lenguaje místico-religioso con el que estaba expresado casi siempre ese programa de liberación (sobre todo en el caso de la mayoría de las revueltas campesinas antifeudales), sino principalmente el programa mismo, que no daba más alternativa al esclavo que la huida ni al siervo otra salida que convertirse él mismo en propietario individual y privado de la tierra que trabajaba (y, por consiguiente, promovía la perpetuación de las clases), ponían de relieve aquel límite.

Es con el capitalismo, modo de producción que desarrolla las fuerzas productivas a una velocidad nunca vista, cuando la producción va adquiriendo un carácter social tal que implica a todos sus componentes en la economía y va integrándolos por lazos económicos de interdependencia y cuando surge una nueva clase de explotados que son jurídicamente libres y que crean toda la riqueza pero que no poseen nada, el proletariado, es en esta época cuando se crean las condiciones objetivas  para la verdadera emancipación de la humanidad y cuando su programa de justicia y libertad puede ser formulado científicamente.

Ni al esclavo ni al siervo le libran de su mísera situación la lucha permanente y a veces heroica contra su amo y su señor. Es la propia desintegración del régimen esclavista junto a la importación de relaciones sociales nuevas en el mundo antiguo, para el primer caso, y la entrada en juego de una clase social que se había ido desarrollando en esferas secundarias de la sociedad (la burguesía), para el caso del feudalismo, lo que soluciona definitivamente la cuestión de la superación de los viejos modos de explotación. No es directamente la lucha de clases entre los productores que cargan sobre sus hombros la creación de la riqueza y quienes se apropian de ella lo que resuelve el problema de la explotación social, sólo sus formas. Por eso, la historia de la humanidad anterior a la aparición del proletariado se resume en el simple cambio de las formas de explotación, en el simple relevo de unas clases por otras (tanto de explotadores como de explotados) y de unos modos de producción por otros en el escenario de la sociedad. Y es en estos términos como se expresa, desde el punto de vista político, la contradicción que comparten todas las formaciones socio-económicas precapitalistas, según la cual la supresión de las relaciones sociales de explotación, de las que los oprimidos van tomando conciencia, no es obra suya ni de su lucha de clases, sino de la entrada en acción de otras fuerzas sociales ajenas a las que constituían el eje central de aquellas formaciones (la relación amo-esclavo o la existente entre el siervo y el señor).

Esta contradicción, sin embargo, esta separación que el desarrollo social había interpuesto entre la conciencia del explotado y su programa de emancipación, por un lado, y los resortes y los medios para eliminar esa explotación y cumplir el programa liberador (básicamente la lucha de clases), por otra, será superada cuando el feudalismo deje paso al capitalismo, el señor se convierta en burgués y el siervo en proletario.

Efectivamente, el capitalismo va eliminando poco a poco todas las viejas formas de producción o va asimilándolas y supeditándolas bajo su mando y, con ello, va convirtiendo a todos los productores en asalariados o sometiéndolos a las férreas leyes del mercado capitalista. La ley general de acumulación capitalista transforma progresivamente todas las relaciones sociales en relaciones capitalistas y divide a los productores, de una manera radical, en propietarios que monopolizan los medios de producción que cada vez van siendo menos y más poderosos y en no propietarios que sólo tienen su fuerza de trabajo. El capital socializa la producción, parcializa al máximo los pasos necesarios para la producción de una mercancía e implica a un número creciente de hombres en ese proceso, a la vez que desplaza al productor directo e individual. La división social del trabajo se profundiza al mismo tiempo que la organización de toda la producción social se concentra en cada vez menos manos. La satisfacción de las necesidades personales deja de ser una cuestión individual y pasa a ser un asunto social. La contradicción entre la progresiva socialización de la producción y su forma privada de apropiación se desarrolla y agudiza, impregnando todas las esferas de la sociedad. Los problemas de la explotación y de la opresión propias de toda sociedad de clases adquieren un nuevo contenido y, al mismo tiempo, reclaman una nueva solución.

El trabajo esclavo sostenía una sociedad parasitaria de nobles y gentiles que no lo reconocían como parte integrante de su vida política. La liberación del esclavo pasaba por la manumisión (es decir, el convertirse en parásito), la huida o la muerte por extenuación. El siervo alimentó el ocio y las correrías guerreras de las mesnadas feudales durante siglos, mientras el campesino luchaba por desembarazarse de su condición servil y emanciparse como clase (convertirse en propietario libre de la tierra). Pero esta emancipación era la de una clase que ambicionaba convertirse en clase independiente. No significaba la supresión de las clases. De la emancipación campesina surgió el capital y el capital engendró al proletariado. La meta de esta nueva clase sólo podía estar orientada por el camino de la emancipación de su misma condición de clase  y, con ello, de la liberación de toda la humanidad de la división en clases, de la supresión de las mismas y de la supresión de todo el oprobio y la miseria que lleva consigo. El capital proletariza a toda la humanidad y, a la vez, la expropia de sus medios de vida. El proletariado sólo tiene que expropiar a los expropiadores para que todos los hombres vuelvan a ser dueños de sí mismos y de su destino. Por primera vez en la historia, la posición especial de una clase permite que la apropiación de sus medios de vida acarree la desaparición de la propiedad privada y de las clases, y que la sociedad pueda ser organizada no por el imperio de la necesidad, sino según la asociación libre de sus miembros, que dejan de depender de los medios y del producto de su trabajo y pasan a ser soberanos y sujetos plenos de sus vidas.

Pero esta tarea plantea nuevas exigencias y nuevos problemas relacionados con los instrumentos y con los medios de los que el proletariado debe dotarse para cumplir esa misión histórica. El primero y principal es el de la lucha de clases. El proletariado, a diferencia del resto de las clases explotadas a lo largo de la historia, puede establecer una correlación positiva entre la implementación de su lucha de clase y el programa de autoemancipación y de emancipación de la humanidad de la explotación y de la opresión, puede establecer un camino directo entre su lucha como clase y la destrucción de las clases. Para ello, sin embargo, necesita destruir el poder político del capital (Revolución Proletaria) e implantar el suyo para construir una nueva sociedad sobre bases diferentes (Comunismo). Pero para que el proletariado pueda convertirse en una fuerza política necesita primeramente constituirse en partido político.

Una de las peculiaridades históricas de la clase proletaria es que a su condición de clase va aparejada paralela y simultáneamente su condición de partido político. Efectivamente, el proletariado aparece en la historia como clase no cuando la burguesía comienza a producir en forma capitalista y a expropiar y convertir en asalariados a los productores, ni siquiera cuando la industrialización en masa de la economía convierte a la gran mayoría de los productores en asalariados; la clase obrera surge en la historia cuando esos asalariados o sus representantes más avanzados adquieren conciencia de que constituyen una clase aparte con intereses propios y opuestos a los de las demás clases de la sociedad. Entonces, se organizan como clase: tratan de luchar por las mismas reivindicaciones, tratan de unir esas luchas, tratan de crear sus organizaciones unitarias para la defensa de sus intereses, etc. Estas luchas y este afán unitario por la defensa de sus intereses comunes es el motor del movimiento obrero. En este sentido, el proletariado es clase porque, en su movimiento, adquiere conciencia de sí misma como tal clase, de su peculiaridad social y económica; pero todavía no tiene conciencia de su papel histórico como clase. El proletariado, en esta etapa, ve lo que es, pero aún no lo que debe ser; toma conciencia de clase, pero todavía no ha adquirido conciencia de clase revolucionaria.

Ciertamente, el propio marco de la sociedad burguesa puede dar cabida, sin sentirse subvertida, a la organización política de una parte de su cuerpo social. De hecho, la burguesía no niega ni puede negar la existencia de las clases, ni de intereses sociales dispares, ni de la organización política para la defensa de esos intereses. Y, de hecho, como dijo Marx el surgimiento del proletariado como clase desde la centralización de sus luchas en una lucha nacional y, por lo tanto, en una lucha de clase, significa, también, el nacimiento del proletariado como partido político, pues “toda lucha de clase es una lucha política”. Pero el carácter de esta lucha política se corresponde con el carácter del estado de conciencia y organización de la clase en el nivel de desarrollo relativo a su reciente formación como clase social; es decir, se corresponde con el nivel de conciencia y organización como clase que es consciente “de sí misma” y no todavía “para sí misma”. Por eso, el contenido político de los programas y de la actividad de las organizaciones obreras, en esta fase de desarrollo, es principalmente económico y reivindicativo, reformista. Este contenido político se corresponde, desde el punto de vista de la sociedad en general, con el desarrollo aún ascendente del capitalismo, y desde el punto de vista de la clase proletaria en particular, con el período de acumulación cuantitativa o de “acumulación de fuerzas” previo al salto cualitativo, paralelo a la entrada del capitalismo en su etapa imperialista o de crisis general, que pone en el orden del día la Revolución Proletaria. En este período, la conciencia y la organización espontánea, economicista o tradeunionista, del tipo sindical o del tipo del viejo partido obrero reformista (socialdemócrata), ya no está a la altura de las necesidades de la clase obrera: en este período es precisa la organización política de nuevo tipo del proletariado.

Esta organización política de nuevo tipo es el PC, que comienza a surgir cuando el proletariado, principalmente a través de su sector más avanzado, adquiere conciencia revolucionaria. De hecho, el PC es consecuencia de este paso histórico y, al mismo tiempo y una vez creado, es también su causa; es decir, el PC surge porque la clase ha empezado a comprender su papel revolucionario, y surge como instrumento que la clase se da a sí misma para asumir y cumplir plenamente ese papel.

Vanguardia y clase

La conciencia revolucionaria es la ideología revolucionaria, el cuerpo de ideas que expresa su superior autoconciencia como clase y que expone su programa de objetivos a cumplir. La ideología del proletariado es el Comunismo, entendido éste como la síntesis de la experiencia de su lucha de clase con los progresos más avanzados del saber universal. El Comunismo como ideología revolucionaria fue fundado por Marx y Engels y desarrollado por Lenin y la posterior experiencia de construcción del Socialismo. Todo este bagaje teórico debe ser llevado a la clase proletaria para que su movimiento o su lucha de clase se transforme en un movimiento o en una lucha revolucionaria. El proletariado es la clase de vanguardia de la sociedad moderna porque la historia le ha encomendado una misión emancipadora que hasta ahora nadie estaba en condiciones de realizar. El proletariado necesita, pues, una ideología de vanguardia, y esta ideología es la que le da el Marxismo-Leninismo, porque es la única teoría capaz de revelar al proletariado tanto el papel que debe cumplir y asumir como sus fundamentos científicos. El Marxismo-Leninismo o el Socialismo Científico es, por tanto, la ideología del proletariado, el Comunismo, y no alguna de esas teorías pequeñoburguesas radicales que compiten con él (por ejemplo, el llamado “comunismo libertario” o el comunismo de especímenes políticos como Anguita) para desviar al proletariado de su verdadero horizonte revolucionario. Porque la verdadera teoría revolucionaria sólo puede referirse a una clase, a la única clase verdaderamente revolucionaria. Quienes emponzoñan el comunismo con falsas ilusiones, quienes eluden el conocimiento del desarrollo social y el deber de utilizar sus leyes para empujar su progreso y lo sustituyen con falsas utopías, quienes niegan el papel protagonista del proletariado en ese progreso sustituyéndolo con vagas recetas espontaneístas o reformistas, son los primeros enemigos del Comunismo porque disuelven y eliminan lo que es esencial en él: su carácter de clase.

El Comunismo como conciencia de la clase proletaria es elaborado fuera de la clase, fuera de su movimiento. La ideología de vanguardia del proletariado debe ser asimilada por el sector de vanguardia del proletariado y luego debe ser llevada al resto de las masas obreras. Sólo así, sólo cuando la conciencia revolucionaria sea llevada al movimiento proletario, éste podrá transformarse en movimiento revolucionario.

El PC es, entonces, la unidad de la vanguardia proletaria con el movimiento obrero de masas, cuando este movimiento alcanza un nuevo estado de conciencia, el de la ideología revolucionaria, el del Comunismo. Pero la conciencia comunista no la adquiere el proletariado con su movimiento espontáneo, con ese tipo de movimiento que le convirtió en clase, que le ayudó a tomar conciencia de sus intereses económicos particulares. Ese nuevo estado de conciencia sólo le puede llegar desde fuera de la lucha espontánea que desenvuelve como clase. Esa nueva conciencia sólo puede aportársela su vanguardia, aquel sector de la clase que ha sido capaz de asimilar la concepción del mundo más avanzada, la concepción del mundo capaz de englobar todos los logros del pensamiento y del saber humano. Con su movimiento espontáneo, la clase obrera no puede superar el marco de la ideología burguesa, el salto cualitativo hacia la ideología comunista sólo puede darlo a través de su vanguardia.

Pero, para ello, el primer paso que debe dar la vanguardia es el de convertirse en parte de la Clase. Por las características intelectuales de la teoría comunista, que se basa en profundos conocimientos científicos, el obrero medio, debido a su desventajosa situación material en la sociedad capitalista, se encuentra prácticamente imposibilitado para adquirir, por sí mismo, esos conocimientos o, siquiera, la posibilidad de comprender profundamente la visión general de la ideología comunista. Esta peculiaridad explica que, en muchos casos, quienes se encuentran en condiciones de adquirir esos conocimientos y de comprender el Comunismo sean miembros de otras clases. Uno de los grandes logros de la lucha de la clase obrera fue el de obligar a la burguesía a generalizar la enseñanza de los hijos del proletariado, llegando a un nivel de formación bastante importante (enseñanza media), cosa que permitía a los futuros proletarios adquirir conocimientos más amplios y generales y, en consecuencia, a estar más en disposición de comprender el Comunismo. En la actualidad, sin embargo, la burguesía, probablemente debido a las condiciones de repliegue del movimiento obrero señaladas más arriba, está consiguiendo recuperar terreno en este campo, a través de la reforma de la legislación educativa en el sentido de que la enseñanza sea cada vez más técnica, especializada y parcial, sustrayendo de los programas las visiones integradoras de la realidad, sobre todo el marxismo.

En cualquier caso, el conocimiento de la ideología comunista requiere una actividad intelectual más o menos permanente, se sea o no de origen obrero, lo cual, en una sociedad clasista con una profunda división del trabajo, hace inevitable que se plantee la cuestión de la contradicción entre trabajo manual e intelectual. Teniendo en cuenta que este último es prácticamente monopolio de la clase dominante, de la burguesía, esa contradicción se plantea, objetivamente, como contradicción entre dos clases.

Por esta razón, el intelectual revolucionario, sea obrero o no, para convertirse en vanguardia de la clase debe formar parte de ella. No basta con proclamarse revolucionario, solidarizarse con los explotados y los oprimidos y presentarles un programa de emancipación; no es suficiente con querer emancipar a la clase proletaria. La historia ha dado muchos ejemplos, todos fracasados, de este método de liberación de la clase. El socialismo utópico es el más destacado de todos ellos. La diferencia definitiva entre el socialismo utópico y el científico, el marxismo, es que éste supo comprender que la emancipación de la clase no puede llegarle desde fuera, sino que tiene que ser una obra de autoemancipación del proletariado mismo. Y esto sólo es posible si quienes aportan a la clase trabajadora la ideología que le abra las perspectivas de su liberación son miembros de la propia clase, independientemente de su origen social. Sólo así podrán ser vanguardia proletaria  y, por tanto, parte de esta clase, sólo así podrán actuar como verdaderos revolucionarios y no como bienintencionados reformadores.

La vanguardia se convierte en parte de la clase cuando se dirige hacia ella y se funde con ella en PC. De esta manera, se salvan las contradicciones antagónicas de naturaleza clasista entre la vanguardia y la clase, primero, y dentro del Partido después. Las diferenciaciones y divisiones del trabajo en el interior del Partido debidas bien a la necesaria centralización de la dirección política, bien a la especialización en el trabajo, adoptan, así, un carácter exclusivamente funcional, en absoluto jerárquico o social.

En definitiva, los primeros retos a los que deben enfrentarse los elementos políticamente más avanzados de la sociedad moderna, sus elementos revolucionarios, son los de estudiar, formular y asimilar la teoría de vanguardia en todos sus desarrollos, conseguir que ésta entre a formar parte del movimiento de la clase proletaria. Estos retos se resumen en una sola tarea: la constitución del PC.

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Partido y clase

La integración de la vanguardia en la clase se expresa políticamente como Partido Comunista, e históricamente como movimiento de la clase hacia la posición política de la vanguardia, la posición política del Comunismo.

El PC no surge, entonces, de las masas o del movimiento espontáneo de las masas proletarias, pero sí surge, necesariamente de la clase proletaria. Es preciso distinguir conceptualmente la idea de masas de la de Clase. Las masas forman parte de la clase, pero la abarcan en su totalidad. La vanguardia es otro de sus componentes esenciales. Cuando la vanguardia portadora de la ideología de vanguardia se integra en la Clase y se une a su movimiento de masas, surge el PC Por eso decimos que este partido es un producto de la clase proletaria, aunque no de su movimiento de masas espontáneo. Por eso decimos que no hay PC sin esa síntesis entre vanguardia y masas dentro de la Clase, aunque la vanguardia pueda preexistir como en la actualidad preexiste y así se puede constatar en los numerosos círculos marxistas-leninistas que hoy están organizados y que son producto de la desintegración del revisionismo desconectada del movimiento obrero y, por tanto, sin formar parte orgánica de la clase. De hecho, esta situación es una etapa necesaria y previa a la consecución del PC: es la etapa de Reconstitución del Partido, etapa que se caracteriza por que la vanguardia pugna por formar parte integrante de la clase, cosa que sólo es posible constituyéndose en PC.

El proletariado es una unidad entre conciencia y movimiento. Como ya se ha dicho, en la fase de su aparición todavía no era una clase. Eran los tiempos de la desintegración del feudalismo, del auge del capital comercial y de la incipiente manufactura. Los proletarios existen desperdigados, son un subproducto de la disolución de las relaciones feudales y tienden constantemente a volver a las viejas formas de producción familiar o gremial. Pero cuando el capitalismo se apropia cada vez más de las esferas productivas de la economía y empieza a dominar toda la producción social y, sobre todo, cuando el capital introduce la máquina en la producción, la tendencia a la proletarización de los productores se hace dominante y se inicia la resistencia más o menos organizada de los asalariados. Al principio ésta lucha es local o individual, pero se va extendiendo y organizando a escala nacional. Los proletarios van tomando conciencia de que son una clase con intereses especiales que se enfrenta a otra clase, la de los patronos. La pugna toma, cada vez más, las connotaciones de un enfrentamiento entre clases y, cada vez más, dimensiones políticas. En esta fase del movimiento el proletariado se constituye como clase y se organiza políticamente como clase (sindicatos, partidos obreros). A este grado del desarrollo del movimiento corresponde un tipo de organización y un tipo de conciencia política. El proletariado es ya una clase social plenamente configurada y sus acciones responden a una determinada conciencia política independiente. Actúa, por tanto, como partido político. Sin embargo, esta conciencia y esta organización política señalan que todavía el movimiento proletario se encuentra dentro del marco burgués, todavía presuponen las relaciones sociales capitalistas como condiciones incuestionables; el movimiento del proletariado fundamentado en  la lucha de “clase contra clase” todavía se limita a la reproducción de las condiciones de esa lucha sin otra salida que desarrollarla infinitamente. Por eso, la lucha política de la clase proletaria se centra sólo en adquirir ventajas para esa lucha, se centra en reformas y emplea la huelga o la legalidad parlamentaria para conseguirlas o refrendarlas. El movimiento proletario sólo puede dar un salto cualitativo nuevo y tomar un nuevo curso acorde con las posibilidades de su acción político y con sus metas históricas cuando la concienciación revolucionaria se introduzca en su movimiento presentándole sus nuevos y verdaderos objetivos políticos y cuando esto cristalice en un nuevo tipo de organización política de la clase obrera; en definitivo, cuando el movimiento proletario se dirija hacia el Comunismo, cuando la clase obrera que actúa como partido político burgués tienda a transformarse en organización política comunista, cuando la clase como movimiento político de resistencia se transforme en movimiento revolucionario, primero de manera incipiente (PC), después de forma que abarque a toda la Clase (sociedad comunista).

En su lucha de clase contra la burguesía, el proletariado pugna constantemente por dotarse de este tipo nuevo de organización, que acompaña a la paulatina toma de conciencia de su papel revolucionario. En esa lucha, la pervivencia del tipo de organización reformista expresa que el proceso de elevación consciente de las masas hacia la posición de vanguardia comunista es necesariamente gradual, que no se produce de golpe, a través de un sólo acto político para toda la clase la constitución del PC, por ejemplo, sino de varios acontecimientos históricos  constitución del PC, más la conquista revolucionaria del poder, más el cumplimiento de las tareas de la Dictadura del Proletariado, por un lado; y que la burguesía, a través del apoyo a esas viejas organizaciones, trata de contener y frenar la transformación y el paso de la conciencia y de la organización obrera de su estadio reformista al estadio revolucionario, por otro; con lo que la vieja organización obrera se transforma, objetivamente, en su contrario, pues deja de defender los intereses estratégicos de la clase obrera y pasa a defender los de la burguesía, y consuma, con ello y a través de sus direcciones oportunistas y revisionistas, la traición histórica de la socialdemocracia al proletariado. Por esta razón e independientemente de las maniobras tácticas que exija todo proceso revolucionario en circunstancias concretas, la socialdemocracia y el revisionismo se han convertido en el principal enemigo de la Revolución, tanto en su primera etapa o de constitución del PC, porque tratan de desvirtuar la ideología de vanguardia y de dificultar el deslindamiento de campos con la ideología burguesa, como en la etapa de ganar a las masas para la Revolución y de conquistar el poder, porque sirve de correa de transmisión de la burguesía dentro de la clase obrera y porque trata de neutralizar la transformación y la organización revolucionaria de las masas.

Si la conversión del proletariado en clase y en partido obrero tiene lugar a través de la dialéctica o lucha de “clase contra clase”, de su lucha contra la burguesía por la defensa de sus reivindicaciones inmediatas, la conversión del proletariado en clase revolucionaria y en PC tiene lugar a través de la dialéctica entre vanguardia y masas dentro de la clase, pues la vanguardia es la que transforma y la única que puede transformar la lucha de clase general del proletariado en conciencia y organización revolucionarias.

En otras palabras, si el motor del movimiento proletario en su etapa de conformación como clase era la confrontación directa con la otra clase (la burguesía), confrontación que permite la delimitación de los campos sociales o políticos entre ambas y la unidad del proletariado como sujeto económico, en la etapa de transformación del movimiento obrero en movimiento revolucionario (Revolución Proletaria), el motor pasa a ser la acción recíproca entre la vanguardia ya integrada en la clase y las masas del proletariado: en resumidas cuentas, el motor de la elevación de la Clase hacia el Comunismo pasa a ser el PC.

El PC no es algo separado de la clase, no es algo que se le da a ésta desde fuera o que se dirige a ella desde fuera, el PC es la relación que existe entre la vanguardia y las masas de la clase en la Revolución, relación que encuentra una unidad y halla una cristalización orgánica diferente en cada una de las etapas de la Revolución. El concepto de Clase y el concepto de Partido no deben ser entendidos separadamente, desde una relación de exclusión, a la manera metafísica, sino como los dos aspectos de una unidad dialéctica, como los dos aspectos de una entidad histórica determinada, el proletariado, cuyo papel revolucionario se desenvuelve con el movimiento de esa unidad dialéctica: primero, cuando, en la fase histórica de preparación de la Revolución hasta finales del siglo XIX, el proletariado se convierte en clase y, por tanto, esta condición orgánica pasa a ser el aspecto principal, pues se trata de su organización como unidad social, mientras que el aspecto político juega un papel secundario, en tanto que el partido obrero es sólo un partido aglutinador de la clase que defiende su identidad social y económica como tal clase. Segundo, cuando en la era de la Revolución hasta el Comunismo, el proletariado debe convertirse en PC, por lo que su elevación a esta nueva condición política es lo principal, pues se trata de que cumpla su misión histórica de eliminar la sociedad de clases, con lo que, una vez alcanzado el Comunismo, supera su condición social y económica de clase y desaparece en una nueva síntesis la contradicción Partido-Clase que define al proletariado o a la humanidad determinada históricamente como clase asalariada en la sociedad de clases.

En la era de la Revolución Proletaria, el movimiento de la Clase hacia su Partido se expresa en la contradicción entre la vanguardia de la clase y las masas de la clase. Ya no se trata de consolidar cuantitativamente al proletariado como clase particular en la historia, ni de defender su identidad moral como clase política independiente, es decir, de definirse y separarse política y socialmente respecto de la burguesía; se trata de sobrepasar, precisamente, las condiciones que la determinan como clase política. Esta transformación de las tareas del proletariado explica que su organización de vanguardia no sea ni pueda ser una organización de masas, cuya vocación es la de abarcar a toda la clase lo que significaría que permanecería  aletargada en el nivel económico o sindicalista de su desarrollo político, como el sindicato o el partido reformista, sino una organización cuya vocación sea la de elevarla y la de llevarla hacia el Comunismo. Y como se trata de trascender su determinación material como clase, de, por decirlo de algún modo, negar su actual condición empírica de clase social explotada para autotransformarse y emanciparse en el Comunismo, transformando y emancipando, a la vez, a toda la humanidad y elevándola a un nuevo estado de civilización, debe ser una organización que porte una ideología cualitativamente superior, de vanguardia el Comunismo, quien cargue con la responsabilidad de cumplir esa tarea de elevación del proletariado hasta ese nuevo estado de civilización. Quienes, como Anguita y sus secuaces, se autoproclaman “comunistas” y, al mismo tiempo, niegan el leninismo como en el último Congreso del falso PCE, respondiendo a quienes, dentro de su organización, reivindican la vuelta al leninismo, es decir, el Comunismo de nuestra época, la ideología de vanguardia que trata de elevar a la clase sobre su actual estado de clase explotada, aduciendo, precisamente, que, en la actual sociedad, en el capitalismo, hay un “techo socio-cultural” que no se puede sobrepasar, están renegando de lo que define esencialmente al Comunismo como ideología, están ejerciendo el oportunismo electoralista más descarado, están demostrando el anticomunismo más evidente y recalcitrante.

Por todo esto, la ideología es la principal característica que define a la nueva organización de vanguardia, porque ese ideario es lo que promueve el movimiento proletario y lo que proyecta su ser hacia un horizonte revolucionario, es lo que le abre la conciencia y le despeja de la postración de su determinación económica como clase productora de plusvalía y de riqueza ajena; por eso, la vanguardia proletaria debe acercarse al resto de su clase desde la ideología: éste es su primer paso y su premisa como tal vanguardia, y este es el primer paso y la primera premisa del movimiento de la clase proletaria hacia su Partido, del movimiento revolucionario del proletariado.

El Partido es el movimiento revolucionario de la clase “para sí misma”. La clase que se autotransforma de clase explotada en humanidad emancipada es el Partido como expresión del movimiento de la clase en esa transformación. Esto tiene diferentes soluciones según la etapa en la que el movimiento se encuentre. Cuando, en un primer momento, un sector de la sociedad adquiere la conciencia comunista, pero invierte la mayoría de sus esfuerzos en asumirla completamente y en organizar la forma de empezar a llevarla a la clase obrera, todavía no existe Partido ni, en consecuencia, movimiento revolucionario, ya que todavía se trata de que la vanguardia ideológica entre a formar parte de la clase. Digamos de paso, en este punto, que, para constituirse en parte de la clase revolucionaria moderna, no es requisito único e indispensable el compartir su situación material, su posición en el proceso productivo, sino que también se puede ser parte de la clase compartiendo su ideología que es, en esencia, revolucionaria. Este es el primer tramo que debe cubrir la vanguardia (ideológica) para poder ser parte de la clase y, por lo tanto, para poder cumplir su papel de vanguardia  (revolucionaria). Mientras quede pendiente esta tarea, no existe vanguardia real, práctica, no existe orientación revolucionaria para la clase, ni, por tanto, movimiento hacia el Comunismo, ni PC.

En un segundo momento, cuando la vanguardia ha asumido la ideología y ha tomado contacto con las masas de la clase, de manera que ha podido crear un incipiente movimiento hacia ese ideario, se cumplen las condiciones para la existencia del PC como organización política específica, pues la clase, una vez integrada la vanguardia en su seno, ya puede empezar a transformar su movimiento espontáneo en un movimiento consciente (revolucionario) hacia la posición ideológica y política del ideario y del programa de ese Partido, el Comunismo. En este momento y en este sentido, el PC nace como organización de la vanguardia más el movimiento de las masas hacia ella.

Posteriormente, ese movimiento debe extenderse hasta todas las masas de la clase, para lo que la vanguardia debe utilizar todos y cada uno de los instrumentos políticos que el desarrollo de este proceso exija y permita: organizaciones de masas para fortalecer el movimiento revolucionario y la posición política de la vanguardia, es decir, para fortalecer al PC; Dictadura del Proletariado, para barrer los obstáculos que la vieja sociedad opone a la extensión del movimiento; construcción de relaciones sociales nuevas, para acelerar la elevación de la clase hacia el Comunismo, etc.

Partido y vanguardia

Hasta aquí hemos visto las premisas históricas de la constitución orgánica del partido revolucionario del proletariado. En primer lugar, debe preexistir el proletariado como clase ya formada, cuya actividad sea una actividad política independiente, es decir, que actúe como partido. En segundo lugar, sobre esta base, tiene que ser aplicada la ideología revolucionaria por parte de una vanguardia que lo es, primeramente, porque porta la ideología de vanguardia y, en segundo lugar, porque tiende a formar parte íntegra de la clase para constituirse en su vanguardia real. En tercer lugar, cuando la vanguardia se ha integrado finalmente en la clase, transformándose en PC, el movimiento del proletariado experimenta un salto cualitativo que consiste en que se hace movimiento revolucionario. Este movimiento se define por que la clase busca elevarse hasta el programa y el ideario comunista de su Partido y, así, cumplir su misión como clase revolucionaria.

Pero estas premisas son históricas por cuanto que son logros ya conquistados por el proletariado internacional, logros que conserva relativamente. De hecho, el significado principal de estas conquistas es que el movimiento revolucionario del proletariado está en pleno proceso; no en el plano político, pues vivimos un período de estancamiento y de repliegue, sino en su sentido histórico. Octubre inauguró el movimiento revolucionario de la clase, es decir, su proceso de elevación hacia el Comunismo. De lo que se trata ahora es de definir las premisas políticas para que este movimiento tome nuevo impulso.

Desde el punto de vista histórico podemos definir al PC en su unidad con la Clase, una vez que su vanguardia revolucionaria imprime un carácter consciente a su movimiento hacia el Comunismo, es decir, como unidad dialéctica en la que la clase, una vez configurada como tal, se está transformando en PC. Pero, desde el punto de vista político, esto es insuficiente. Ciertamente, el punto de vista histórico sólo nos dice que la lucha entre esos dos contrarios, entre el PC y la Clase, se expresa como movimiento revolucionario, por lo que esta definición del PC es demasiado laxa y ambigua, pues no deja claro lo que es, en un momento dado de ese proceso revolucionario, en sí, PC, y lo que no lo es. En otras palabras no soluciona la cuestión política principal del Partido de cara a su Reconstitución, o sea, la cuestión de su organización.

Pues bien, si en el plano histórico la dialéctica entre el Partido y la Clase se manifiesta como movimiento revolucionario de elevación hacia el Comunismo, en el plano político concreto, el movimiento revolucionario se expresa a través de la dialéctica entre la vanguardia y las masas de la clase. Como ya se ha señalado, el PC, entendido como organización política específica, es, a la vez, atributo y sujeto de ese movimiento: es creado por él y, una vez creado, lo reproduce a una escala cada vez más amplia. Por lo tanto, el PC, como organización política, debe ser concebido como la relación entre la vanguardia y las masas. El PC, concebido así, es una relación social, dentro de la Clase, entre sus masas y su vanguardia, y esta relación social cristaliza en organización política no de una forma absoluta, sino en función del momento en el que se encuentre el desenvolvimiento de esa relación dialéctica.

El PC no es la vanguardia sin más, ni siquiera la vanguardia organizada, aunque los criterios para esta organización estén orientados por el marxismo-leninismo. Concebir así la organización del Partido es caer en el dogmatismo, pues, desde este planteamiento, sólo se contempla un aspecto de aquella “relación social”, la vanguardia, independiente y separadamente del otro elemento consustancial a la clase, las masas, por lo que se cae en la idea de PC separado de la Clase, y en la de la Clase en su concepción exclusivamente económica, sin contenido político, no como unidad de movimiento y conciencia, y, por lo tanto, se niega la idea de clase que actúa como partido político; no sólo se niega la idea de que la clase pueda actuar “para sí misma”, sino incluso que la clase tenga conciencia “en sí misma” y, en consecuencia, que el proletariado sea una clase socialmente madura y políticamente independiente o sea, con un programa propio, con una misión histórica revolucionaria específica como clase.

El PC definido como la relación entre la vanguardia y las masas es una formulación mucho más concreta que aquella que lo describe como el movimiento revolucionario de la Clase hacia el Comunismo, pero todavía no es completa. Hasta aquí, toma en cuenta sus elementos dialécticos, sus dos “contrarios”, y establece un vínculo general entre ellos, una “relación social”; pero todavía no especifica nada sobre el carácter concreto de esa relación, sobre esta relación como “unidad de contrarios”; todavía no dice nada sobre el vínculo interno necesario para que esa relación se verifique como unidad dialéctica. Hasta aquí tenemos la vanguardia por una parte, que pugna por integrarse en la Clase, que todavía es vanguardia sólo porque porta la ideología de vanguardia, pero que todavía no es vanguardia política porque no forma un todo orgánico con la Clase, porque no es aún PC; por otra parte, están las masas cuyo movimiento busca saltar el límite que le impone su determinación económica, el límite de su conciencia espontánea, para alcanzar la autoconciencia de su misión histórica, pero que todavía no lo consigue porque la ideología revolucionaria no forma un todo orgánico con su movimiento. Estos dos elementos hallan su unidad cuando la vanguardia consigue formar parte de la clase, cuando la vanguardia se liga con las masas y consigue organizar el movimiento revolucionario, cuando la vanguardia deja de ser únicamente un círculo organizado en torno a la ideología y consigue traducir esta ideología en política para las masas y en organización de las masas revolucionarias. El PC surge, entonces, como unidad entre la vanguardia organizada y las masas, como ligazón de la vanguardia con las masas, como la vanguardia y sus correas de transmisión entre ellas, en resumen, como la vanguardia más su línea política de masas. La línea de masas de la vanguardia es, en definitiva, el elemento de unidad que configura al PC sobre los elementos constitutivos de la Clase  vanguardia y masas.

En la historia del Movimiento Comunista Internacional, ha habido mucho dogmatismo en este punto relativo a la definición del PC. Se ha confundido, casi siempre, la organización de la vanguardia con la organización del Partido; no se ha visto que la vanguardia es sólo uno de sus elementos configurados, no el único. Esto ha provocado que, a la larga, la vanguardia se fuera divorciando paulatinamente de las masas y que el Partido, entendido sólo como organización, fuera liquidándose, quedando siempre como residuo de su anterior existencia un pesado aparato burocrático-administrativo, osamenta reseca de lo que fue un cuerpo vivo y sano que podemos hoy observar en organizaciones como el PCE o como los partidos llamados “ex-comunistas” de los países del este europeo, organizaciones que ya no son lo que dicen ser y que defienden los intereses de los enemigos de quienes dicen defender.

Naturalmente, ese dogmatismo, que aún hoy pervive entre quienes se declaran marxistas-leninistas y dicen haber roto con el revisionismo, tiene su explicación y una cierta lógica histórica. La mayoría de los partidos comunistas fueron creados al calor de la ofensiva revolucionaria que el proletariado internacional inició con la Revolución de Octubre, y su fundación fue patrocinada por la IC a través de actos constituyentes únicos que sobreentendían o sintetizaban los procesos necesarios para el cumplimiento de los requisitos objetivos para la existencia del Partido. Esto fue correcto en la medida en que era necesario para continuar y alimentar la ofensiva de la Revolución Proletaria Mundial que estaba en auge. Pero, una vez ralentizada ésta, no podían dejar de surtir efecto las consecuencias del deficiente cumplimiento de esos requisitos en el plano nacional. Primero, en la sorprendente facilidad con que caían los partidos comunistas en el oportunismo a la hora de enfrentarse a la conquista del poder; y, segundo, una vez liquidados definitivamente esos partidos comunistas por el oportunismo, en la sorprendente facilidad con que se reproduce en los cerebros de los elementos de vanguardia que quieren recuperar el Partido el primer modelo de constitución, pues no se ha abordado éste de forma crítica ni se han preocupado de comprender su verdadero trasfondo político.

Esto se manifiesta claramente cuando relacionamos la creación del Partido en la Revolución. Desde el punto de vista leninista, la Revolución es un proceso con sucesivas etapas: 1ª, constituir el PC; 2ª, ganar a las grandes masas para conquistar el poder; 3ª, conquistar el poder e instaurar la Dictadura del Proletariado para crear las relaciones sociales que abran el camino al Comunismo. Otro principio esencial del marxismo-leninismo es que “las masas hacen la historia” y, en consecuencia, deben ser las protagonistas de la Revolución en todas sus etapas.

¿Qué ocurre con la visión dogmática del Partido? Que, como trata de cumplir con la primera etapa de la Revolución a través de un acto político de organización, como concibe al PC única y exclusivamente como organización de la vanguardia, quiere, una vez que ha considerado efectuado y cumplido ese acto político, pasar a abordar inmediatamente la segunda etapa, la de preparar a las grandes masas para tomar el poder, o incluso, a tomarlo directamente. Esta visión de la Revolución acarrea dos errores fundamentales:

Primero. Se confunden las tareas de las dos primeras etapas de la Revolución y, por tanto, las dos etapas se entienden como una sola, cuando en realidad la Reconstitución exige cumplir con tareas políticas bien diferentes de las de la preparación de las masas para tomar el poder. La esencia política de la primera etapa de la Revolución consiste en “ganar la vanguardia” para el Comunismo, a diferencia de la segunda, cuando hay que “ganar a las masas” para el Comunismo. Pero formalizar aquella conquista a través de un acto constituyente, a través de la unificación de la vanguardia en una organización, significa presuponer como asumida la ideología, significa entender que la vanguardia está ya ganada para el Comunismo y, por lo tanto, negar la necesidad de la primera etapa de la Revolución. Entonces, si no es preciso un período en el que la ideología conquiste a la vanguardia, pues esta preexiste como vanguardia revolucionaria con ideología comunista, la liquidación del movimiento comunista se ve únicamente como dispersión organizativa de sus miembros no como liquidación ideológica y política de los partidos comunistas; y como la verdadera ideología revolucionaria pervive en la cabeza de los comunistas dispersos, el PC puede ser reconstituido a través de un nuevo acto constituyente. La ideología deja de ser entonces, el elemento agente de la Reconstitución del PC y deja paso al voluntarismo de esos sabios depositarios de la verdad revolucionaria.

Segundo. De lo anterior se deriva que si la vanguardia, entendida como el grupo de individuos que se autoproclaman marxistas-leninistas, puede reconstituir el PC a través de su organización como partido político pura y simplemente, se deja de lado la solución del problema de la integración de la vanguardia en la clase y, por lo tanto, la cuestión de su ligazón con las masas de la clase, la cuestión de la línea de masas de la vanguardia para con el resto de la clase. La vanguardia el PC entendido como unidad de la vanguardia o exclusivamente como organización de la vanguardia, entonces, aplica y sólo puede aplicar una línea política conspirativa, no una línea de masas. Línea política conspirativa en el sentido de que actúa desde fuera de la clase. Y si maniobra así en la primera etapa, si no tiene en cuenta para nada a las masas en la Reconstitución, no tenemos por qué pensar que lo hará en la segunda etapa de otra manera, con lo que inevitablemente caerá o bien en el parlamentarismo, o bien en el terrorismo. La aplicación de una línea conspirativa en lugar de una línea de masas para cumplir con las tareas y con las etapas de la Revolución puede comenzar honestamente como conspirativismo en favor de la clase, pero, a la larga, terminará desembocando, indefectiblemente, en conspirativismo contra la clase.

Vanguardia y masas

Como hemos visto, el problema de la ligazón o de la unidad entre la vanguardia y las masas de la clase que es, en esencia, el problema de la Reconstitución del Partido Comunista no puede resolverse presuponiendo la vanguardia. Hasta aquí, lo hemos hecho porque era necesario para definir el cambio cualitativo del movimiento proletario una vez cumplida su formación como clase social y como partido político y para explicar las nuevas condiciones en las que se desenvuelve la unidad Partido-Clase; era necesario por cuanto se trataba de definir el movimiento de la clase hacia el Comunismo, con lo que debíamos partir de una vanguardia existente. Sin embargo, matizábamos estableciendo ya la condición de que la vanguardia formase parte de la clase y que, precisamente, este hecho configuraba el PC y, en consecuencia, establecía las condiciones históricas para el movimiento revolucionario de la Clase hacia el Comunismo.

Desde el punto de vista político, hemos definido al PC como una unidad entre vanguardia y masas, como su ligazón, convirtiéndose esta ligazón, en cuanto es la expresión concreta de la relación de unidad entre esos dos elementos, en la parte sustantiva del PC. Este no es, por lo tanto, sólo la vanguardia organizada porque, precisamente, la relación entre vanguardia y masas encierra diferentes equilibrios, diferentes formas de unidad, según las etapas de la Revolución y según las tareas que exige cada una de ellas. La vanguardia, entonces, se organiza para cumplir esas tareas políticas, de lo que se deduce que lo principal no es la organización, sino la política. La primera tarea política de la Revolución es la Reconstitución del PC, entonces, ¿cómo se organiza la vanguardia para cumplir esta tarea?, ¿cuál es el contenido de la misma?, ¿cuál es la línea de masas que permitirá unir la vanguardia con las masas y, con ello, dar el salto cualitativo para alcanzar el PC?

Para responder a esto, es preciso definir la vanguardia y los elementos que la configuran como tal en cada momento, y lo mismo cabe decir del concepto de masas. En este sentido, hay dos fases claramente diferenciadas: cuando existe PC y cuando éste no está todavía constituido. No hace falta decir que, cuando existe, el PC es la vanguardia. El problema está en definirla cuando no hay PC.

El elemento del que hay que partir es la ideología, pero no como algo ya definido de antemano, sino como algo que hay que formular y asumir antes de ser llevado a las grandes masas de la clase. La ideología proletaria, ciertamente, es algo que existe y, a la vez, algo que está en desarrollo permanente. No podemos partir, precisamente en un momento de repliegue de la Revolución Proletaria Mundial, de que la ideología está ya plenamente desarrollada o de que la ideología está ya definida cuando todavía no se ha hecho la valoración de sus avances conseguidos en esa primer oleada revolucionaria mundial. Igual que sería absurdo tratar de afrontar las tareas actuales de la Revolución sólo con el marxismo, es decir, con la experiencia del proletariado revolucionario hasta la década de los 90 del siglo XIX, también lo sería no tener en cuenta las aportaciones al marxismo-leninismo que se derivan de la construcción del socialismo en la URSS y China principalmente, así como las lecciones de la lucha de clases en el socialismo y de la lucha de dos líneas dentro de los partidos comunistas que dirigían Estados de Dictadura del Proletariado.

La ideología es algo objetivo: está ahí en la forma de un conjunto de experiencias sintetizadas o todavía por sintetizar de manera teórica. Sin esta síntesis previa no se puede abordar la Reconstitución porque, entonces, no sería la ideología quien la orientase, sino determinadas interpretaciones de la misma, más o menos sesgadas, o la ideología incompletamente concebida, con lo que no se podría estar a la altura que exige el cumplimiento de las necesidades de la Revolución.

Establecido esto, ¿quién cumple el papel de “vanguardia” y, por oposición, quién el de “masas” en la etapa de la Reconstitución?; si la relación vanguardia masas define al PC en su desarrollo, ¿cuál es la naturaleza de esta relación en la etapa de su formación?.

La vanguardia, en un primer momento existe escindida en dos polos: por una parte, los miembros más avanzados y conscientes de las masas de la clase, que se distinguen de estas masas sólo porque dirigen o encabezan sus luchas económicas y porque tienen conciencia del carácter antagónico de estas luchas; es decir, aún no tienen  conciencia revolucionaria, pero se distinguen del oportunismo y del conciliacionismo porque demuestran conciencia de clase consecuente. Por otra parte, está el polo opuesto, quienes comprenden la necesidad de dotar a la clase de su ideología revolucionaria, quienes se organizan para estudiarla y asumirla y, a la vez, pasan a aplicarla, en la medida que van conociéndola, entre las masas.

Estos dos polos opuestos determinan el carácter de la contradicción vanguardia-masas en la etapa de la Reconstitución. En esta fase, la política revolucionaria se circunscribe exclusivamente al sector más avanzado de las masas, de manera que, siguiendo el principio de que la ideología debe estar al mando del proceso, el sector que la erige como guía juega el papel de vanguardia en esta etapa, mientras aquel otro que actúa como dirigente espontáneo, como representante fiel de la clase “en sí”, se enfrenta a él como masa. De lo que se trata es de que este sector avanzado, con conciencia de clase, pero sin conciencia revolucionaria, transforme su ideología, sea ganado para el Comunismo. De su síntesis con el otro sector de avanzada resultará el PC. Entonces, se abrirá una nueva etapa, en la que la ideología deberá ganar a las grandes masas de la clase para conquistar el poder e instaurar la Dictadura del Proletariado. En esta nueva etapa, la vanguardia es el PC como organización política y las masas el resto de la clase. La relación vanguardia-masas cambiará, por tanto, de carácter y la línea de masas a aplicar por la vanguardia también, adoptando la forma de Frente Único de los Trabajadores.

En la etapa de Reconstitución, las masas no son, en resumen, la mayoría de la clase, sus sectores más extensos y profundos, sino su sector más avanzado en cuanto es exponente de la lucha de clase contra la burguesía, la lucha que desarrolla la clase como tal clase. Para reconstituir el Partido, la ideología, a través de quienes la portan en este caso quienes actúan como vanguardia deben conseguir que esas masas experimenten un cambio en el estado de su conciencia. De esta manera, se consigue la síntesis en PC, por cuanto la vanguardia ideológica pasa a integrarse en la clase y por lo tanto, la ideología revolucionaria se hace parte constitutiva de la clase, por un lado, y por cuanto, por otro, el sector más avanzado de las masas transforma su conciencia en conciencia revolucionaria.

La línea de masas de la política revolucionaria en la etapa de la Reconstitución consiste en centrarse en este sector del proletariado para “ganarlo para el Comunismo” y en organizar la forma de dirigirse a él y el modo de conquistarlo. La línea de masas para la Reconstitución consiste en que la vanguardia ideológica debe saber ligarse al resto de la vanguardia para crear el PC.

La línea de masas para la Reconstitución del PC

El punto de partida es la vanguardia, tal como aquí la hemos definido en la primera fase de la Revolución o etapa de Reconstitución. Su primer cometido ya que se trata de lo que la define en primera instancia como vanguardia es el de hacerse valedora y portadora de la ideología. En este sentido, como ya ha quedado reseñado, hay que aprehender la ideología en todos sus desarrollos; pero, además, hay que entender que no se trata de una concepción del mundo más, sino de la cosmovisión más avanzada, precisamente, porque no trata de “interpretar el mundo” de un modo nuevo, sino de “transformarlo”. La vanguardia ideológica, entonces, debe ir formándose en los principios de la ideología de lo contrario no se diferenciaría de las masas más avanzadas de la clase y ella misma se transformaría en masa, pero también debe ir fundiendo esos principios con el objeto de transformación revolucionaria, debe ir traduciendo los principios ideológicos en Línea política revolucionaria, debe saber aplicar las premisas y los objetivos de la teoría revolucionaria a la realidad práctica de la Revolución, debe saber dar respuesta a las tareas particulares y prácticas que ésta impone, debe saber encontrar la estrategia y la táctica adecuadas para alcanzar aquellos objetivos, debe saber calibrar el estado de sus premisas necesarias, etc.

La Línea política es el “primer paso por la práctica” de la ideología y, en este sentido, el primer gran elemento de la línea de masas de la política de la vanguardia, porque transforma en un discurso político-revolucionario las condiciones reales en que se encuentran las masas de la clase en general. Si el miembro de la vanguardia, al formarse y educarse en la ideología, se forma como propagandista y, como decía Lenin, “tribuno popular” para difundirla, consistiendo en esto la base o el embrión de toda futura política para las masas (línea de masas), la Línea es el primer paso hacia adelante de la línea de masas de la política de la vanguardia, pues es el mejor medio a través del cual ésta puede acercarse a las masas avanzadas, que pueden ver que, efectivamente, el Comunismo plantea la raíz profunda de los problemas que le preocupan y da una respuesta a su solución.

Pero esto es aún insuficiente. La experiencia del Movimiento Comunista Internacional enseña que no basta sólo con proclamar una política justa, sino que es preciso que sea comprendida por las masas. Para ello, es preciso que la Línea política se traduzca en Programa, es decir, que contenga no sólo la explicación y la solución generales de los problemas candentes de las masas, sino también la forma y el modo de resolverlos a través de la Dictadura del Proletariado y del Socialismo.

Esto presupone que la vanguardia se ha fundido hasta tal punto con las masas de la clase que ha conseguido traducir sus reivindicaciones inmediatas en reivindicaciones revolucionarias. En este momento, la línea de masas revolucionaria alcanza su desarrollo máximo en la Reconstitución; en este momento culmina la Reconstitución misma.

La forma que adoptan la Línea y el Programa es la de Tesis políticas; pero esto es sólo la forma. Su contenido es la línea de masas que aplica y desarrolla la vanguardia como elemento fundamental de unión con las masas. De hecho, la Línea y el Programa expresan dos estadios diferentes en el desarrollo de la línea política de masas. La Línea indica el primer acercamiento de la ideología al estado de las masas de la clase, su difusión en forma de propaganda, su primer contacto con las masas avanzadas. El Programa, en cambio, significa la asimilación de la Línea por parte de ciertos sectores de estas masas avanzadas, agitación, a través de ellos, entre las grandes masas dirigida por la vanguardia; es decir, el trabajo cotidiano, codo a codo, de la vanguardia entre las masas para atraer definitivamente a su sector avanzado y traducir la ideología y la política revolucionarias a las necesidades de las masas.

La fusión de la vanguardia entendida y organizada como vanguardia ideológica con las masas avanzadas de la clase se traduce en PC, o sea, en movimiento revolucionario organizado, en capacidad, por parte de la vanguardia, de influir o de hacerse oír entre las grandes masas de la clase. En este punto, se abre la posibilidad de que todas o la mayoría de esas masas se organicen a la manera revolucionaria y se pongan detrás de su Partido. Ha llegado el momento de abrir una nueva etapa en la Revolución.

El Programa significa la culminación de la Reconstitución porque, con él, la ideología se vincula con las masas de la forma más estrecha y concreta posible, y porque, para llegar a él, la vanguardia ha tenido que encontrar un lenguaje con el que expresar las reivindicaciones inmediatas de las masas, ha tenido que crear sólidos vínculos con ellas y organizar esos vínculos, ha tenido, en definitiva, que crear PC.

El PC, así reconstituido, existe como unidad entre la vanguardia y las masas de la clase a través de su Programa, en el plano político, y como multitud de organismos que sirven como correa de transmisión de la vanguardia hacia las masas, en el plano organizativo. El PC, así reconstituido, existe como organización capaz de dirigirse a las masas y de dirigirlas y, por lo tanto, como su vanguardia efectiva. Entonces, el PC puede encomendarse la tarea de llevar a toda la clase hasta el Comunismo, y puede enfrentar, con garantías de éxito, las dificultades y los obstáculos que entorpecerán este camino tortuoso pero necesario e insoslayable.

La Tesis de Reconstitución del PC

La Tesis de Reconstitución del PC es la respuesta política del proletariado revolucionario al problema de la creación o recuperación del instrumento revolucionario principal de la clase obrera en el Estado español, respuesta que consiste en solucionar, teórica y políticamente, el carácter de las condiciones objetivas ideológicas, políticas y organizativas que permitan la existencia de ese instrumento partidario. No se trata, por tanto, de las “condiciones objetivas” de la Revolución en su acepción más estrecha, es decir, la Revolución entendida como toma del poder por parte del proletariado y de la preparación de esta conquista, sino de la realización de la “condición subjetiva” más importante de la Revolución entendida en su forma superior, cuando las masas alcanzan y ostentan el poder, o sea, la realización de la existencia del PC como su factor “subjetivo” principal de esa Revolución.

En definitiva, la Tesis de Reconstitución se enmarca dentro del proceso revolucionario como proceso histórico y general, pero, a la vez, se desvincula de él en tanto que se centra en una etapa de ese proceso en la primera y resuelve las tareas políticas de esa etapa particular de la Revolución. Se trata, en resumidas cuentas, de crear el “factor subjetivo” de la Revolución, entendiendo que esto implica estudiar y resolver problemas objetivos no sólo ideológicos, también, políticos y organizativos y entendiendo que esta tarea forma parte ya del proceso general de la Revolución en su acepción más amplia, es decir, comprendiendo que la Revolución es todo proceso que se inicia con los trabajos de constitución del PC y que sólo termina con el Comunismo.

En primer lugar, por lo tanto, la Tesis de Reconstitución versa sobre los requisitos mínimos objetivos que hay que lograr para que se considere cumplida la existencia del PC. Hasta aquí hemos expuesto la naturaleza de tales requisitos.

En segundo lugar, la Tesis de Reconstitución trata sobre las condiciones políticas concretas que sirven de contexto a esos requisitos y en cuyo entorno deben ser realizados. Esto significa que la formulación de la Tesis de Reconstitución no se refiere a los principios universales y absolutos del marxismo-leninismo acerca del Partido, sino que, partiendo de ellos trata de aplicarlos a las condiciones históricas y políticas concretas de un país y de una época. Por eso, la Tesis de Reconstitución debe explorar, en primera instancia, el estado actual de la Revolución Proletaria Mundial y la etapa de la Revolución en la que se encuentra ese país como componente de esa Revolución Mundial, pues se trata de describir el contexto político concreto, aunque sea sólo en sus tendencias generales, en el que se deben establecer y cumplirse las tareas de la Reconstitución, en función, precisamente, de ese contexto nacional e internacional.

En este sentido, es preciso señalar que la Revolución Proletaria Mundial se encuentra en una fase de repliegue coyuntural debido al término del ciclo revolucionario que abrió la Revolución de Octubre y a la contraofensiva que, aprovechando esta circunstancia, ha iniciado el imperialismo. El primer ciclo de la Revolución Proletaria Mundial, después de la etapa previa de preparación que comienza en 1848 con la publicación del Manifiesto de Marx y Engels, y el papel que jugó el proletariado francés en la revolución burguesa de ese año, papel que toma relieve porque, por primera vez en la historia, la clase obrera se comporta políticamente de manera independiente, se inicia en 1917 con la revolución soviética en Rusia. Toma rumbo ascendente con el inicio de la construcción del Socialismo en la URSS, en los años 30, la victoria sobre el fascismo y el triunfo del PC de China en los 40, ralentizándose entre 1956 y 1976, cuando el paso de la URSS a las filas del imperialismo, de la mano de Jruschov, fue relativamente compensado con una nueva, aunque breve y localizada, ofensiva proletaria en la China de la Revolución Cultural. Finalmente, el triunfo de Deng Xiaoping en China y la consolidación de la burguesía burocrática en la URSS y de su influencia revisionista la mayoría de Partidos Comunistas del mundo, indicó la tendencia descendente y la caída o fase crítica de ese primer ciclo revolucionario a partir de la segunda mitad de los años 70. Las reestructuraciones que, a todos los niveles, han tenido lugar en los 80 y principios de los 90 en el llamado “campo socialista”, no expresan más que el punto final del ciclo.

El triunfo de la burguesía sobre el proletariado en los países socialistas ha tenido su proyección en todo el mundo en forma de una nueva ofensiva del capital, ofensiva que se manifiesta en el hecho de que se ha iniciado un nuevo reparto del mundo, que está creando condiciones para una nueva guerra imperialista, por un lado, y en la progresiva pérdida de derechos y conquistas de los trabajadores en casi todos los países, por otro.

El Estado español es uno de ellos. El partido de Carrillo, al que ya habían robado todo contenido revolucionario, liquidó toda posibilidad de vía revolucionaria en la llamada “transición democrática”; pero, a diferencia de las posiciones claudicantes del partido que decía representarlos, los trabajadores conquistaron en la calle ciertas concesiones a una burguesía consciente de que había ganado la batalla crucial y que estaba dispuesta a ceder ciertas migajas mientras ponía toda su energía en dibujar las líneas maestras de la nueva estructura política de su dominación y mientras la clase obrera no intentase inmiscuirse en el lineamiento de ese nuevo diseño. En él, sin embargo, se definía una estructura de representación clasista en clave burguesa. Los sindicatos y los partidos obreros debían actuar como correas de transmisión de la burguesía contra el proletariado. Así, cuando la burguesía hubo consolidado un nuevo Estado y cuando el ciclo revolucionario proletario terminó definitivamente a escala mundial, la burguesía española se sumó a la ofensiva del capital internacional contra la clase obrera utilizando los resortes legales de su Constitución, principalmente las estructuras sindicales vigentes. El proletariado del Estado español, huérfano de partido, vendió su capacidad política, su derecho a intervenir como clase independiente, por un plato de lentejas, por mejoras económicas y sociales parciales. Ahora, bajo nuevas circunstancias, la burguesía, a través de los sindicatos y del legalismo político de los “partidos de izquierda”, le niega el derecho siquiera a ese plato de lentejas. Las reconversiones industriales, la liberalización del mercado de trabajo, las políticas de ajuste económico que congelan los salarios son muestras claras de la impunidad que ha conseguido la burguesía en el ejercicio de su dominio sobre el proletariado, el ejercicio de su “derecho” a explotar y oprimir a la clase obrera.

El proletariado del Estado español se encuentra, por tanto, a la defensiva, y el movimiento obrero en repliegue. Con este telón de fondo es con el que los comunistas del Estado español debemos abordar la cuestión más candente de nuestra Revolución, la cuestión de la recuperación del PCE; y es precisamente ese telón de fondo el que determina, en primera instancia, las condiciones y, por tanto, la naturaleza de ese proceso de recuperación de nuestro partido de vanguardia.

El Movimiento Comunista Internacional, como realidad práctica, nace con la Revolución de Octubre con la constitución de partidos comunistas por todo el mundo. La fundación de estos partidos, que fue patrocinada por la IC y por el Partido Bolchevique, representa uno de los modelos de constitución partidaria que nos ha dejado la historia. El otro modelo fundamentalmente es, precisamente, el del partido de los bolcheviques. En relación con éste último, si comparamos la situación de la lucha de clases y del movimiento obrero en la Rusia de finales del siglo pasado y principios del presente con la del Estado español del fin del milenio, podemos comprobar que son sustancialmente diferentes. Si aquí hay repliegue y actitud defensiva de la clase, allí el movimiento obrero estaba en ascenso y el proletariado adoptaba una posición ofensiva cada año más pronunciada. Esto obligó a Lenin y a sus seguidores a emplear la táctica de la unidad de acción con todos los marxistas para crear el partido proletario. Y no sólo unidad de acción política, sino, incluso, unidad de acción orgánica. Desde luego, hubiera sido un suicidio político haber mantenido posturas dogmáticas, que sólo conducirían al aislacionismo, y haber permitido que el movimiento superase a la vanguardia proletaria.

Otra de las peculiaridades de la formulación del POSDR bolchevique que explican la táctica de constitución de la organización proletaria de vanguardia rusa obedeció a necesidades específicas del movimiento proletario de Rusia. Ya hemos visto que una de las primeras tareas que debe abordar y cumplir el proletariado es la de convertirse en clase a través de la unidad de sus luchas en todo el ámbito nacional y que la forma orgánica que adopta la conformación en clase se manifiesta a través de los sindicatos nacionales o de los partidos obreros. Pues bien, en la Rusia de finales del XIX y principios del XX esta tarea aún no se había cumplido, de manera que, dado que el desarrollo del capitalismo a nivel mundial y particularmente en Rusia había alcanzado su etapa monopolista o imperialista, etapa que exige la organización del partido revolucionario de vanguardia proletario, las tareas de constitución del partido obrero ruso se entrelazan de una manera peculiar y original con las de la constitución de este partido de vanguardia. Esto explica la riqueza de los debates dentro del movimiento marxista ruso de la época, el carácter de la lucha de dos líneas dentro del movimiento y también que Rusia fuera la patria del desarrollo del marxismo, la patria del leninismo, porque fue en este país donde la teoría revolucionaria encontró la encrucijada de la Revolución y donde halló las respuestas a su futuro desenvolvimiento. Pero también explica, en gran parte, la táctica adoptada por la vanguardia revolucionaria para constituir el partido de nuevo tipo, táctica que se sostenía sobre la unidad de acción de los marxistas para crear el partido obrero como base para constituir el partido de vanguardia. Esta experiencia, por otra parte, se trasladará posteriormente al resto de los países de cara a la fundación de los Partidos Comunistas en forma de escisión del ala izquierda de los partidos obreros como primer paso para su constitución.

Todo esto explica la forma que adoptó la constitución del Partido Bolchevique. Pero de esta forma es preciso penetrar hasta la esencia del proceso. Por eso consideramos que lo correcto es comprender la esencia del proceso de constitución del Partido y encontrar la forma política adecuada a las condiciones concretas en que se mueve la vanguardia; por eso consideramos que no se pueden “calcar” las formas históricas haciendo caso omiso del contexto en el que se han dado y sin prestar la menor atención a su verdadero trasfondo político, como pretenden actualmente los valedores de la “unidad comunista” o de la tesis de reconstrucción del PC; por eso consideramos que el futuro partido de nuevo tipo del proletariado del Estado español sólo puede alcanzarse abordando el problema que plantea su recuperación en términos de Reconstitución, porque la Tesis de Reconstitución presta, primeramente, atención a la naturaleza del proceso de creación del Partido, a la esencia política de ese proceso, y después, busca la forma de plasmarlo políticamente en función de las condiciones objetivas concretas.

La Reconstitución del PCE, por tanto, no puede concebirse siguiendo, uno por uno, los pasos dados por los bolcheviques; y tampoco puede consumarse siguiendo el modelo de la primera constitución del PCE, en 1920. En este año, había quedado claro a los ojos de todos los obreros conscientes la bancarrota de la socialdemocracia, la Revolución soviética había triunfado y el movimiento proletario revolucionario mundial había creado la Internacional Comunista. Es decir, la Revolución Proletaria Mundial iniciaba un giro ascendente. Esto, junto a la madurez del proletariado del Estado español, que se había ido forjando como clase a lo largo de medio siglo de luchas, permitió que el PC pudiera ser creado a través de una escisión y de un acto o congreso constituyente. Pero, hoy, ni la Revolución Proletaria Mundial está a la ofensiva, como queda dicho, ni existe una IC que pueda patrocinar, avalar ni guiar un PCE que pudiera fundarse en un congreso de “unidad de todos los marxistas-leninistas”.

En general, la visión de la recuperación del PC desde la perspectiva de la “unidad de los comunistas” o de la “Reconstrucción” del Partido es dogmática porque sólo observa la forma de los modelos históricos de constitución, sin atender a sus requisitos ni siquiera a las condiciones políticas externas que permitieron esas experiencias. Esta visión dogmática es producto de la extrapolación mecánica y acrítica de las tesis de la III Internacional y de su aplicación, fuera de todo tiempo y lugar, a cualquier situación política e independientemente de toda circunstancia histórica. Las tesis partidarias de la IC son la síntesis de la experiencia de la Revolución Soviética y, aunque tienen mucho de leyes generales, también aportan mucho de elementos circunscritos a una época, elementos que no podemos asimilar a aquellas leyes que no pueden impedir que seamos capaces de penetrar la esencia de los procesos de constitución de los Partidos Comunistas en la primera mitad del siglo, independientemente de las circunstancias históricas que los rodean, para aplicar coherente y correctamente esas leyes a las condiciones en que actualmente se desenvuelve la lucha de clase del proletariado.

De lo que se trata es de superar una concepción estática, absoluta, sobre la organización del Partido y de comprender que su desarrollo es un proceso permanente, un proceso tanto para su Constitución o Reconstitución como para su posterior edificación una vez reconstituido, y que el Partido no se crea desde una construcción intelectual definida de antemano, sino que es la organización de la vanguardia para el cumplimiento de las tareas políticas que va exigiendo la Revolución en sus diferentes etapas, siguiendo, eso sí, los principios ideológicos generales que el marxismo-leninismo ha establecido para la creación del partido de nuevo tipo proletario.

Si nos fijamos con atención en lo que hasta aquí hemos expuesto, y lo comparamos con los planes de quienes rechazan la Tesis de Reconstitución, no sólo podemos comprobar que no la comprenden, sino que, además, se guían por modelos y métodos de constitución partidaria que corresponden a condiciones de la lucha de clases nacional e internacional que no son las actuales y, en consecuencia, se niegan a sí mismos la posibilidad de entender en qué consiste la Reconstitución. Por ejemplo y esto es de capital importancia, dan por supuesta la guía ideológica. No ven que, en 1920, la IC cumplía ese papel de depositario orgánico de la ideología y de orientador político, por lo que la fundación de los partidos nacionales no tenía por qué exigir este requisito localmente como condición sine qua non, pues su relativa ausencia podía ser suplida por la IC. Tampoco ven que, en 1903, cuando se crea el primer partido marxista revolucionario ruso, la cuestión de la ideología y de la madurez política estaba relativamente garantizada por 10 años de experiencia política de los marxistas rusos y por el profundo conocimiento de la doctrina de los fundadores del POSDR, casi todos ellos eminentes intelectuales que habían dedicado muchos años de su vida al estudio de las obras de Marx y Engels. No ven, por tanto, que no se puede crear un partido marxista-leninista sin partir de la ideología marxista-leninista; que, hoy por hoy, no existe ningún depositario reconocido de esta teoría que pueda avalar la creación de Partidos Comunistas, ni que la actual vanguardia revolucionaria está compuesta por trabajadores que, aunque son sinceramente voluntariosos comunistas, no han adquirido, en su conjunto, un conocimiento profundo de la teoría científica del socialismo, ni tampoco han actualizado, en su mayoría, los desarrollos últimos de esa teoría tras la época de Lenin y Stalin. El PC debe fundarse desde la ideología y, para ello, la ideología debe guiar toda nuestra labor de Reconstitución. No es suficiente con presuponer definido hasta sus perfiles últimos el marxismo-leninismo, como hacen quienes hablan de “unidad” o de “reconstrucción”, porque, en la actualidad, no existe esa referencia político-ideológica nítida que pudieron aprovechar los marxistas rusos de principios de siglo o los comunistas del Estado español de 1920. Por lo tanto, el primer requisito para la Reconstitución, en las actuales condiciones de la lucha de clases internacional y de la lucha de clases en el Estado español, consiste en recuperar y reasumir la ideología revolucionaria, formulándola y definiéndola nuevamente hasta sintetizar todos sus progresos. Debemos emular a los bolcheviques y a los padres del Comunismo del Estado español y cumplir con los mismos requisitos que les permitieron iniciar el camino del movimiento comunista internacional y nacional, no copiando mecánicamente las formas, sino su significado profundo y su verdadero espíritu revolucionario.

Por otro lado, el estado de ánimo de las masas desde finales del XIX, en Rusia, y desde 1918 como consecuencia de la Revolución de Octubre y de la crisis social provocada por la guerra, en casi toda Europa, estado de ánimo que estaba en efervescencia y en creciente agitación, creaba un caldo de cultivo idóneo para el trabajo de masas de la vanguardia, de manera que ésta podía llevarles directamente una política no necesariamente muy elaborada (casi siempre tesis políticas básicas) y dirigirse hacia ellas en tono agitativo con la esperanza de obtener resultados. Hoy, por el contrario, la simbiosis entre la política comunista y las masas no puede realizarse tan directamente, pues el estado de ánimo de estas últimas no es tan proclive a la agitación revolucionaria, antes al contrario, es de postración y calma y de un conservadurismo espantoso. La política comunista, en estas condiciones, debe trabajar de forma mediata, debe ir abriéndose paso, poco a poco, acercándose primero a los elementos más avanzados de las masas, para, después y a través de ellos, poder dirigirse al resto de la clase. Quienes creen que la constitución consiste sólo en un voluntarioso acto de organización y que, una vez cumplido éste, las masas tendrán abierto su corazón y su entendimiento a la dirección y a la política de la vanguardia comunista, están cometiendo el grave error de no comprender que de lo que se trata, realmente, es de activar el movimiento revolucionario que, décadas atrás, se daba casi por supuesto o que precedía o podía seguir a la acción de la vanguardia; están cometiendo el error de no ver que ese movimiento es producto y sólo puede serlo de una política de masas de la vanguardia (línea de masas) en su propio seno y que este movimiento sólo puede concebirse como PC, como condición previa a su transmisión al resto de la clase (Revolución Proletaria).

En resumidas cuentas, la realidad social y política actual no presta a la Reconstitución del PC las mismas condiciones que a principios de siglo, pero sí le exige el cumplimiento de los mismos requisitos. Los comunistas debemos ser capaces de comprender estos requisitos y de crear las condiciones políticas que permitan realizarlos. Esta cuestión sólo puede abordarse desde el punto de vista de la Tesis de Reconstitución.

Comité Central del PCR
(Abril del 1996)

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