Nueva respuesta de Revolución o Barbarie a ReDRuM

Estimado compañero:

Comenzamos esta nueva respuesta comunicando que, en nuestro caso, ya hemos aclarado que tenemos previsto, cuando el tiempo nos lo permita pero sin demorarlo demasiado, preparar un estudio sobre la cuestión nacional en el Estado español. En cualquier caso, merece la pena destacar el análisis del PCREE -cuyo enlace enviamos en nuestra anterior respuesta- sobre la cuestión nacional, pues en este caso hay un estudio profundo sobre el Estado español, dando especial importancia al MLNV.

Con respecto a lo que comentas de la construcción de la URSS, creemos que no se puede disociar ese desarrollo más o menos unitario de esos países con la política internacionalista del Estado soviético en el sentido de respetar el derecho de autodeterminación y, al mismo tiempo, estrechar lazos entre los proletarios de todas las naciones de la URSS. Asimismo, es obvio que la cuestión nacional es inseparable de la cuestión clasista. De hecho, es la primera la que debe subordinarse en todo momento a la segunda. La opresión nacional en nuestra época no es en el fondo más que la política imperialista determinada por la propia dinámica del sistema capitalista a nivel mundial, por la división internacional del trabajo que origina países oprimidos y países opresores.

La aclaración que realizas sobre la separación y el aislamiento es correcta. El problema es que es en su concreción, en este caso sobre la cuestión nacional para el Partido de nuevo tipo, donde vemos el error de tu análisis. Que el Partido comunista no va a ser exactamente la misma cosa en todos los territorios, naciones o regiones de un determinado Estado es algo obvio (el marxismo nos enseña que ninguna entidad es exactamente igual a otra), pero ello no implica que el Partido de nuevo tipo en el Estado español tenga que esperar a que los diferentes partidos nacionales se fusionen en uno solo. Ya explicamos al analizar el proceso de constitución del Partido bolchevique que este no fue edificado en diferentes unidades nacionales que luego se fusionaron, sino que desde el principio la organización revolucionaria fue construida teniendo como marco de actuación el Estado ruso y no sus diferentes naciones. Y esta no es una cuestión concreta que no pueda ser universalizada, sino que es la piedra de toque para deslindar lo correcto de lo incorrecto en materia de lucha revolucionaria y cuestión nacional. El proletariado, para poder convertirse en clase dominante en un determinado territorio, debe destruir la dominación de la burguesía que toma cuerpo en el conjunto del Estado. No puede fraccionar su lucha en compartimentos nacionales. De hecho, tampoco puede enmarcar su lucha exclusivamente al plano estatal, sino que esta debe estar inserta en el plano de la lucha de clases revolucionaria a escala internacional.

1Parafraseando al imperialista, racista y genocida Churchill, podemos decir que la cuestión nacional es algo demasiado importante para que sea tratada por la burguesía. La materialización del derecho de autodeterminación está muy clara: los comunistas apostamos por el derecho a que las diferentes naciones que componen el Estado español puedan disponer de su propio Estado. Pero este derecho debe estar supeditado -y este es un rasgo general de la cuestión nacional para el comunismo- a la lucha de clase del proletariado por su autodeterminación como clase, por la conformación del nuevo poder en el seno de un determinado Estado.

Primeramente, sería interesante que aclararas -porque al menos a nosotros no nos ha quedado claro- si suscribes o rechazas la tesis del marco de actuación estatal como espacio de (re)constitución del Partido de nuevo tipo, planteamiento heredado de la visión leninista sobre el ámbito de actuación del Partido bolchevique. Yendo al meollo de lo que planteas, consideramos erróneo plantear que es una tarea de los revolucionarios constituir o desarrollar un «proletariado nacional». Recordemos que el comunismo no busca el fomento de la «cultura nacional» en abstracto, sino el derecho a la autodeterminación, la igualdad absoluta entre las naciones y el internacionalismo proletario como medio para llegar a la fusión definitiva de las naciones en la sociedad humana mundial en el comunismo. También entendemos que es un error considerable plantear que la resolución de la opresión nacional no tiene cabida en el arco democrático-burgués. En realidad, el problema nacional es algo que, como la propia historia ha demostrado, puede ser resuelto en el propio sistema de dominación burgués. Una cuestión diferente es que sea solo el socialismo el único sistema social, como periodo de transición al comunismo, que pueda superar de forma definitiva y revolucionaria la cuestión nacional en el sentido de hacer que toda la comunidad de naciones se constituya en una sola unidad humana mundial. Pero, insistimos, para el comunismo solo tiene sentido como proletariado nacional erigido en clase dominante, no como mecanismo para la «promoción» o el «fomento» de la «cultura nacional».

Si no se ha elaborado una línea ideológica correcta en relación a la cuestión nacional, ello no es óbice -sino todo lo contrario- para plantear y defender la necesidad de la reconstitución del Partido Comunista en el ámbito del Estado español. La cuestión no tiene que ver con el grado distinto de desarrollo revolucionario del proletariado en función del territorio de un Estado en que actúe, sino con la necesidad de elaborar la estrategia y aplicar la táctica de la Revolución socialista en el marco jurídico-político en el que la burguesía nos oprime. La unidad que debe buscarse es la de todos los proletarios del Estado español como paso previo e indisociable de la unidad con el resto de proletarios del mundo.

1Está claro que la situación nacional del Estado español es muy específica y casi única en el mundo -de ahí también su complejidad-, pues es uno de los pocos países imperialistas en los que la cuestión nacional aún no ha sido resuelta desde el propio marco de la democracia burguesa. Ciertamente, tal y como afirmas la opresión nacional que se vive en determinados territorios de este Estado es muy diferente de la que se vive en los países oprimidos por el imperialismo. Aun compartiendo los matices que estableces sobre la peculiar forma de dominación nacional que existe en el Estado español, minimizas un hecho político de mayor calado que todas las manifestaciones culturales/lingüísticas que señalas: nos referimos a la imposibilidad de iure que tienen las naciones catalana, gallega o vasca para crear su propio Estado. En el fondo, los conflictos nacionales que afloran en el seno del Estado español tienen que ver con el grado elevado de contradicciones internas que existen en el complejo arco de fracciones de la clase dominante de este país. Pero una política torpe y ajena al comunismo en la cuestión nacional sería negar el derecho de esas naciones a la autodeterminación, lo cual, como ya expusimos anteriormente, es inseparable de defender al mismo tiempo la necesidad de que el proletariado de todo el Estado golpee con un puño unitario a toda la burguesía del Estado español.

Al margen de que la cuestión sobre si hemos sufrido o no opresión nacional no viene al caso para este debate (por un lado, quizá a más de uno le sorprendería saber que no provenimos precisamente del centro del Estado; por otro lado, esta argumentación nos parece que carece de rigor al ser fundamentalmente empirista), sobre tu diferenciación entre nación y pueblo insistimos en lo dicho anteriormente. El marxismo-leninismo siempre ha hablado de autodeterminación nacional, y el apelativo de «pueblos» ha sido utilizado para designar realidades sociales y políticas de países coloniales y semicoloniales, así como para defender, a partir del VII Congreso de la Internacional Comunista, tácticas de alianzas entre el proletariado, la pequeña burguesía y la burguesía democrática en los Frentes Populares y los sistemas de democracias populares.

Ciertamente desconocemos en qué trabajos de Marx, Engels, Lenin o Stalin se subdivide, como tú haces, a las naciones en «pueblos». Esto no significa que necesariamente tu planteamiento sea incorrecto por ser «novedoso» (nosotros somos de los primeros en criticar lo que consideramos erróneo o limitado de los grandes referentes del movimiento comunista internacional), pero al introducir categorías tan peculiares debes explicar el sentido y la utilidad ideológico-política de estas.

1Planteas entonces que, dentro de una nación oprimida (o con características nacionales oprimidas, como tú preconizas), debemos defender que un territorio concreto de esta -que tú denominas «pueblo»- pueda situarse «a la vanguardia» y hacer efectivo su derecho a la autodeterminación como parte de una nación. ¿No es esto fraccionar aún más al proletariado? ¿No es esta posición una justificación clara de la posición que defiende que los más avanzados deben «liberarse» antes que los más rezagados? ¿No se supone que la labor de los revolucionarios es arrastrar al grueso de las masas hacia la liberación, y no primar a territorios que se encuentren en una posición más avanzada? Es como si, al iniciar una guerra civil revolucionaria en una zona de mayor conciencia revolucionaria, defendiéramos que dicha zona pudiera ya crear su propio Estado proletario sin conquistar el grueso del territorio del Estado.

Abundando en la diferenciación que estableces entre nación y pueblos dentro del Estado español, en primer lugar debemos aclarar que este es un asunto que nosotros, en particular, aún tenemos pendiente (lo estudiaremos cuando realicemos, lo antes posible, un estudio sobre la cuestión nacional en España y el movimiento revolucionario); además, en general, entendemos que el movimiento comunista aún no ha realizado un análisis materialista y de clase completo y actualizado en torno a esta cuestión, sobre todo en lo relativo a los intereses en juego de las diferentes fracciones nacionales de la clase dominante que conforman el Estado español.

En segundo lugar, y teniendo en cuenta lo anterior, nosotros no somos partidarios de establecer dicha categorización jerarquizada de nación y pueblo (entendida esta última categoría como parte integrante territorial de una entidad nacional más extensa), y ello por dos razones además de por lo expuesto dos párrafos antes. Primeramente, porque, aunque ya hemos aclarado que todavía necesitamos estudiar con mayor profundidad y detenimiento el problema nacional en nuestro Estado, no encontramos elementos básicos de la teoría marxista-leninista en torno al tema nacional para catalogar a territorios como el País Valencià o las Illes Balears como partes integrantes («pueblos») de la nación catalana. En segundo término y como complemento a lo anterior, insistimos en que carecería de sentido disgregar y atomizar aún más la realidad nacional para el proletariado de un Estado que ya debe hacer frente a la peculiaridad -dentro del ámbito de Europa occidental- y la dificultad de articular un proyecto de liberación de clase en un Estado muy complejo desde el punto de vista nacional.

Matizando lo que señalas de la República unitaria, aclaramos nuevamente que dicha República centralizada deberá ser absolutamente respetuosa con el derecho a la autodeterminación. Pero quedarse aquí es ver solo el anverso de la hoja y no su reverso igualmente, ya que ese derecho básico a la autodeterminación, como toda la problemática nacional, debe estar subordinado al proyecto emancipatorio del proletariado y a su necesaria unidad política. En cualquier caso, nos parece totalmente justa la premisa de la absoluta igualdad entre los proletarios de las diferentes naciones que preconizas para la articulación de esa República proletaria centralizada, entendiendo por dicha igualdad la ausencia de dominación de una lengua determinada o de cualquier manifestación nacional sobre otras dentro del Estado. Esto explica por qué nos detuvimos en nuestra anterior respuesta con la suficiente profundidad sobre el desarrollo del Estado soviético, justamente para hacer entender de forma correcta por qué y cómo es posible esa conformación del Estado socialista plurinacional con igualdad jurídico-formal y política entre el proletariado de todas sus naciones y regiones.

Es cierto que aún hay errores y serias limitaciones en relación al movimiento comunista del Estado y la utilización de las diversas lenguas del territorio para análisis, propaganda, agitación, etc. Sin embargo, tú mismo entiendes perfectamente que este tipo de tareas son ahora secundarias, máxime teniendo en cuenta que aún estamos embarcados en la primera fase de la línea de reconstitución, es decir, todavía es necesario reconstituir la ideología comunista y avanzar lo más rápido posible hacia la unidad política de los destacamentos comunistas más avanzados con el objetivo de fusionar el socialismo científico y las masas explotadas. De todas formas, en nuestro caso es obvio que las limitaciones propias de un blog modesto también pesan, pues ya nos gustaría disponer de más tiempo para realizar traducciones a lenguas como el gallego o el catalán (son las dos únicas, además del castellano, de las que algunos de nosotros somos hablantes naturales) de todos nuestros documentos. Si por ahora todos nuestros artículos están escritos en castellano no es por falta de «sensibilidad nacional», sino por una cuestión de prioridades a la hora de dirigirnos a los comunistas que puedan seguirnos con más o menos asiduidad.

Resumiendo nuestra respuesta, queremos destacar que es necesario interpretar el movimiento comunista internacional como algo más que la suma de sus partes. Ello implica entenderlo más bien como un movimiento revolucionario de carácter cualitativamente superior a los movimientos revolucionarios «locales» (estatales o nacionales). Es cierto que desde el punto de vista de la unidad internacional del proletariado, las fronteras estatales juegan un papel subsidiario. Pero, ya que no se puede sostener como punto de partida que el proletariado de los diferentes Estados del mundo se organice y unifique obviando los distintos marcos estatales de cada proletariado, hay que aclarar que el marco político concreto para desarrollar la lucha de clase revolucionaria desde el punto de vista concreto no es algo que se pueda escoger à piaccere, sino que viene impuesto por el marco organizativo del enemigo de clase, la burguesía con sus diversas fracciones.

Como expusimos anteriormente, la táctica marxista-leninista plantea la unidad internacionalista del proletariado como contrapeso dialéctico al principio de autodeterminación dentro de su política nacional, que consiste en fijar de forma sólida el principio de unidad de la clase junto al reconocimiento inequívoco del derecho a la separación de las naciones. En esto consiste la dialéctica que sostiene la política revolucionaria en la cuestión nacional.

En el caso del Estado español, entendemos que sería contraproducente y hasta suicida proponer que el proletariado vasco, catalán, gallego, canario y español se unificaran formal e indirectamente en la futura Internacional Comunista (o en un estadio «más avanzado de la lucha de clases» en el Estado español), mientras luchan separados, sin su Partido unitario (como el bolchevique, que agrupaba a los proletarios ucranianos, rusos, bielorrusos, armenios, letones, lituanos, etc.) y cada uno por su cuenta contra la alianza conjunta de la burguesía vasca, catalana y española. Es decir, mientras la burguesía del Estado español sí tiene su aparato de dominación superior unificado, el proletariado estaría fragmentado y sin capacidad suficiente para demoler el aparato de dominación política de la burguesía del Estado español.

Recordemos algo de lo que no podemos sustraernos al analizar el problema nacional (dicho sea de paso, se debe rechazar igualmente la tesis «izquierdista» según la cual es el socialismo el único sistema que puede resolver el problema nacional; esto es desconocer lo más elemental del marxismo-leninismo, puesto que el socialismo -más aún, el socialismo pleno, es decir, el comunismo- no tiene como cometido resolver la problemática nacional, sino superarla mediante la erradicación de las clases y la fusión de todas las naciones en una sola comunidad humana mundial), y es que el Estado español no es otra cosa que la alianza plurinacional de la gran burguesía para el dominio y la explotación de las masas explotadas de diversas naciones; pero no cada una sobre su nación, sino todas ellas en su conjunto exprimiendo beneficios indistintamente en un solo mercado.

En este sentido, debemos rechazar la tesis que sostiene que el proletariado debe organizarse principalmente en partidos nacionales. Desde el punto de vista marxista, es erróneo suponer la existencia de una «clase nacional» refiriéndose al proletariado, puesto que el proletariado es una clase internacional que se divide en destacamentos territoriales en función de las correlaciones entre las clases, de la lucha entre ellas y, en primera instancia, del contexto socio-político en el que la burguesía genera las condiciones del desarrollo económico capitalista, creando, al mismo tiempo, a su proletariado.

Así, la verdadera línea revolucionaria en torno al problema nacional en el Estado español debe basarse, a nuestro juicio, en la existencia de una sola clase revolucionaria (el proletariado), con su Partido de nuevo tipo (también unitario) organizado en función del marco de dominación política mediante el que la burguesía del Estado español sojuzga al conjunto de la clase obrera.

Por último, comunicamos al camarada que esta será nuestra última respuesta a este interesante debate ideológico, y ello por dos motivos fundamentales. Primero, tenemos previsto, como comentamos al principio de esta respuesta, elaborar un documento sobre la cuestión nacional y el movimiento revolucionario en el Estado español en el que intentaremos profundizar en las cuestiones aquí tratadas y en otras que puedan surgir. Segundo, entendemos que, por nuestra parte, una nueva respuesta haría que repitiéramos demasiado determinados mensajes que ya hemos dejado muy claros. Eso sí, el camarada tiene vía libre para enviarnos su nueva réplica, criticar nuevamente lo que considere incorrecto de nuestras posiciones y responder a algunas cuestiones que le hemos planteado en esta respuesta. Como siempre hacemos con todos los compañeros con quienes debatimos, tomaremos buena nota de las críticas para futuros análisis y posicionamientos.

Saludos revolucionarios.

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