El PCPE y el revisionismo: una crítica necesaria en el movimiento comunista del Estado español

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Introducción

En el actual estado en el que se encuentra el movimiento comunista en el Estado español, es necesario e imprescindible desarrollar la lucha de dos líneas contra el oportunismo y el revisionismo imperante para que el marxismo-leninismo se abra paso entre la vanguardia. Décadas de predominio del revisionismo en las filas del movimiento comunista tienen como consecuencia que las nuevas hornadas de comunistas -que, a pesar de la derrota del primer ciclo revolucionario, siguen surgiendo- se vean imbuidas por las premisas ideológicas defendidas por el revisionismo y acepten estas como ciertas y coherentes con la cosmovisión proletaria del mundo, cuando en realidad son contrarias a la misma. Es en este sentido en el que la lucha ideológica contra el oportunismo encuentra su razón de ser. Su función es, a través del combate del revisionismo, lograr que los elementos verdaderamente revolucionarios no sean apartados del camino que lleva hacia la emancipación de la humanidad, siendo utilizadas sus dotes de abnegados militantes para prácticas que no conducen al objetivo estratégico de los comunistas sino al movimiento por el movimiento, al practicismo, es decir, a la práctica que no está guiada por la teoría marxista-leninista y por lo tanto no puede llevar a la superación revolucionaria del modo de producción capitalista y, con él, el de todos los sistemas socioeconómicos clasistas basados en la explotación del hombre por el hombre.

Esto en lo que respecta a los sectores más avanzados de las masas desde el punto de vista revolucionario, es decir, la vanguardia; con respecto a las masas, es impedir que estas corrientes influyan sobre las masas de la clase obrera llevándolas a un callejón sin salida que nunca podrá salir de dentro del marco del capitalismo. Lo máximo que pueden ofrecer a las masas es una serie de huelgas generales que nada resuelven y de nada sirven para la revolución socialista, como demuestra la reciente experiencia griega.

En el Estado español, en el espectro considerado marxista-leninista, la organización más desarrollada a nivel cuantitativo es el Partido Comunista de los Pueblos de España. Este texto tiene como propósito combatir las concepciones revisionistas que dominan en la línea de esta organización y que, de forma inconsciente, son asumidas por una parte de los militantes y simpatizantes de la misma como concordantes con el marxismo-leninismo. Somos conscientes de que gran parte de la militancia y simpatizantes del PCPE y de los CJC son comunistas honestos y que, por tanto, pueden y deben jugar un papel fundamental en la constitución del movimiento político revolucionario del proletariado encabezado por el Partido de Nuevo Tipo, el Partido Comunista, en nuestro Estado. Y, por ello, es necesario combatir esta serie de concepciones ajenas al marxismo-leninismo, que en ningún caso son patrimonio exclusivo del PCPE, sino que son compartidas por otras organizaciones del campo considerado marxista-leninista (y en mayor o menor medida también por otras corrientes), tanto del Estado español como a nivel internacional, ya que su origen hay que encontrarlo en el pasado ciclo de la Revolución Proletaria Mundial; dichas concepciones fueron penetrando en el movimiento comunista hasta hacerse hegemónicas y llevar a este a la situación de derrota y de nula influencia sobre la realidad social en la que se encuentra en la actualidad, que lo hace incapaz tan siquiera de lograr las cotas que consiguió en el transcurso del siglo pasado: la conquista del poder político para el proletariado en una serie de países del globo y el inicio de la construcción del socialismo.

Sin más dilación pasamos a tratar esas concepciones basándonos en los propios documentos del PCPE, principalmente las Tesis políticas aprobadas en el IX Congreso, aunque también en otros documentos.

La concepción del Partido Comunista

El PCPE, al igual que la mayoría de organizaciones que se califican de leninistas, tiene un planteamiento parcial del Partido Comunista, planteamiento que solo lo concibe como destacamento de vanguardia, como organización de militantes comunistas sin tener en cuenta la relación y vinculación con las masas proletarias. 1 No comprenden el Partido de Nuevo Tipo como la relación social en la cual la vanguardia, portadora del socialismo científico, se encuentra fusionada con el movimiento obrero para conformar un movimiento político revolucionario. El Partido Comunista es el instrumento revolucionario del proletariado, el cual  supone la unión dialéctica de la vanguardia con las masas de la clase obrera, la elevación del nivel de conciencia de estas a través de la ideología y la conformación de un movimiento revolucionario de masas cuyo objetivo es la conquista del poder político y la instauración de la dictadura revolucionaria del proletariado como paso intermedio hacia la sociedad sin clases, el comunismo. Por ello no se puede hablar de Partido de Nuevo Tipo mientras la vanguardia y las masas están escindidas, mientras la vanguardia marxista-leninista no consiga ligarse con el movimiento obrero y las masas organicen sus luchas parciales sin ningún objetivo revolucionario. El Partido existe cuando se produce esta fusión, cuando la vanguardia dirige a las masas en el proceso revolucionario y por tanto es vanguardia efectiva. En palabras de Lenin en Una tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa:

La separación entre el movimiento obrero y el socialismo hacía que uno y otro fueran débiles, poco desarrollados: las doctrinas de los socialistas no fusionadas con la lucha obrera, no pasaban de ser utopías, buenos deseos, que no ejercían influencia alguna sobre la vida real; el movimiento obrero seguía siendo limitado, fraccionado, no adquiría importancia política ni lo alumbraba la ciencia de vanguardia de su época. Por eso vemos que en todos los países europeos se manifestó cada vez con mayor fuerza la tendencia a fusionar el socialismo y el movimiento obrero en un movimiento socialdemócrata único. La lucha de clase de los obreros se convierte, en virtud de esa fusión, en lucha consciente del proletariado por liberarse de la explotación a que le someten las clases pudientes, y se constituye la forma superior de movimiento obrero socialista: el partido obrero socialdemócrata independiente. La orientación del socialismo hacia la fusión con el movimiento obrero es el principal mérito de C. Marx y F. Engels: ellos crearon una teoría revolucionaria que explicaba la necesidad de esa fusión y planteaba, como tarea de los socialistas, organizar la lucha de clase del proletariado.

La concepción organicista del Partido que defiende el PCPE tiene sus orígenes en la forma en que se constituyó el Movimiento Comunista Internacional, organizado en la III Internacional. La Revolución de Octubre de 1917 produjo un influjo revolucionario tanto sobre el ala revolucionaria de la socialdemocracia organizada en la II Internacional, como sobre las amplias masas de trabajadores. En este contexto, el ala revolucionaria de la socialdemocracia rompe con el ala reformista escindiéndose y constituyendo Partidos Comunistas con el objetivo de intentar ponerse a la cabeza del movimiento de masas espontáneo, surgido al calor de la Revolución Rusa, y dirigirlo así hacia la conquista del poder por la clase obrera. Este modelo de constitución, alejado de la forma de constitución del POSDR(b), que se forjó en la lucha de líneas, suponía la formación de los Partidos Comunistas como destacamento de vanguardia sin vinculación con las masas.

En la situación de esos años esta forma, aunque limitada, era la más adecuada, ya que, como dijimos anteriormente, la Revolución de Octubre había supuesto el surgimiento de un movimiento de masas revolucionario, es decir, el movimiento revolucionario se encontraba en un proceso ascendente que era necesario encabezar. Así, la mayor parte de los Partidos Comunistas que formarían la Internacional Comunista se constituyeron mediante la escisión del ala izquierda de los partidos obreros de viejo tipo y la asunción de las veintiuna condiciones de la Komintern, siendo organizaciones de vanguardia no fusionadas con las masas de la clase obrera. Esto explica la incapacidad de estos Partidos para dirigir procesos revolucionarios y el fracaso de las revoluciones en Alemania, Hungría, Bulgaria, etc.

Cuando se crea el Movimiento Comunista Internacional, el Partido bolchevique, a través de la Internacional Comunista, ejercía de guía ideológica sobre las secciones nacionales de esta, cuya función consistía en hacer trabajo entre las masas para intentar dirigirlas a la conquista del poder político. Esto daría lugar a que el futuro se considerase que la ideología ya estaba dada, que no era necesario el desarrollo de la lucha ideológica para devolver al marxismo a la posición de vanguardia, lo que tendría nefastas consecuencias en el futuro del Movimiento Comunista, ya que, cuando el progresivo avance de concepciones revisionistas entre los Partidos Comunistas provocó que se impusiese la línea burguesa en el seno de estos y se escindiesen los que, en mayor o menor medida, defendían una línea revolucionaria, estos daban por sentado que no era necesario la recomposición ideológica del marxismo y que, formando una organización de comunistas, ya existía Partido Comunista y su trabajo debería centrarse en ir a las masas, lo que se saldó con la incapacidad de estas organizaciones para crear un movimiento revolucionario y,  por consiguiente, dirigir un proceso revolucionario socialista para la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado. Lo que hacían dichos Partidos Comunistas era romper con las concepciones más degeneradas que había implantado el revisionismo, pero no con otros elementos oportunistas que eran contemplados como propios del socialismo científico. En el Estado español tenemos el ejemplo de todas las organizaciones formadas a la izquierda del PCE, a partir de la década de los 60, y que en ningún caso pudieron crear un movimiento obrero revolucionario (PCE(m-l), PTE, PCOE, PCE(r), el propio PCPE, etc.)

Esta concepción del Partido también tiene como consecuencia la defensa de la “unidad comunista” como forma de “construir” el Partido Comunista. Esto reduce la constitución del PC a la voluntad subjetiva de una serie de militantes comunistas, desechando la tesis leninista del Partido de Nuevo Tipo, que es una relación social objetiva que se produce cuando se conforma el movimiento proletario revolucionario. Tampoco la constitución y la construcción del Partido son lo mismo, la constitución supone la fusión entre socialismo científico y movimiento obrero y la construcción es el desarrollo organizativo y cuantitativo del PC una vez ya constituido. Es decir, la construcción es algo permanente que requiere la previa constitución del Partido.

El considerar que el destacamento de vanguardia ya es el Partido o, dicho de otra forma, el considerar que el Partido existe sin fusión con las masas, provoca que cuando estas organizaciones se proponen conquistar a las masas caigan en el economicismo (o en algunos casos en su reverso revisionista, el terrorismo individual). La razón de esto es que, al no comprender la teoría leninista sobre el Partido Proletario de Nuevo Tipo, no ven otra forma de ganar a las masas que no sea ir a su movimiento espontáneo, pero no para fusionarse con ellas con el objetivo de dirigir las luchas proletarias hacia la conquista del poder, sino para acompañarlas en sus luchas sindicales, lo que impide la elevación del nivel de conciencia a conciencia revolucionaria y por tanto la formación del movimiento revolucionario del proletariado. Por eso, aunque una organización comunista consiga fusionarse con el movimiento obrero y organizar sus luchas de resistencia, como era el caso del PCI en Italia después de la II Guerra Mundial hasta su autodisolución o del KKE en la actualidad, no constituyen un Partido Comunista, ya que este se fusiona con las masas elevando su conciencia de clase en sí a conciencia revolucionaria y, por tanto, el PC dirige la lucha revolucionaria del proletariado por la conquista del poder político (y no las luchas por reivindicaciones inmediatas), formando un movimiento político revolucionario guiado por la cosmovisión  proletaria, el marxismo-leninismo.

Quienes desconocen la naturaleza de la constitución de un Partido Comunista, no comprenden que el primer paso para constituir el Partido es conquistar a la vanguardia del proletariado y, por tanto, la línea de masas debe ir dirigida a este sector y no a las masas de la clase en general. Así lo expone Lenin en La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo:

La vanguardia proletaria está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo.(…)

Si la primera tarea histórica (atraer a la vanguardia consciente del proletariado al Poder soviético y a la dictadura de la clase obrera) no podía ser resuelta sin una victoria ideológica y política completa sobre el oportunismo y el socialchovinismo,(…)

Mientras se trate (como se trata aún ahora) de atraerse al comunismo a la vanguardia del proletariado, la propaganda debe ocupar el primer término; incluso los círculos, con todas las debilidades de la estrechez inherente a los mismos, son útiles y dan resultados fecundos en este caso.(…)

Este sector es el que actúa como intermediario entre la vanguardia marxista-leninista y las amplias masas proletarias, es a través de estos como la cosmovisión proletaria se abre paso entre las masas proletarias. Así lo expone Lenin en una carta a Smidovich:

Yo sólo señalé la orientación en el carácter cambiante de los eslabones: cuanto mayor sea el carácter de ‘masas’ de la organización, menos definidamente organizada y menos clandestina debe ser; esa es mi tesis. Pero usted interpreta que significa ¡¡que entre las masas y los revolucionarios no se precisan intermediarios!! ¡Pero si toda la esencia está en esos intermediarios! Y puesto que yo señalo las características de los últimos eslabones y subrayo (y subrayo con fuerza) la necesidad de que existan eslabones intermedios, es evidente que estos últimos estarán ubicados entre la ‘organización de revolucionarios’ y ‘la organización de las masas’…”.

De esta forma, a través de estos intermediarios, la vanguardia marxista-leninista se fusiona con las amplias masas de la clase obrera para constituir el Partido de Nuevo Tipo, el movimiento revolucionario que se dirige a la conquista del poder político.

Economicismo y espontaneísmo

El PCPE tiene una línea política economicista puesto que considera que la lucha de la clase obrera comienza en la esfera económica, mediante las luchas de resistencia y por reivindicaciones inmediatas, y que a partir de esta se puede transformar en lucha política y que, por tanto, el proletariado puede adquirir conciencia revolucionaria mediante la participación en estas luchas de resistencia o por reformas económicas. 2 En base a esto, la práctica del PCPE consiste en ir a las masas con el objetivo de la “acumulación de fuerzas” mediante la participación de su militancia en las luchas parciales por reivindicaciones inmediatas.

La lucha económica solo hace pensar a la clase obrera en reformas dentro de los límites del sistema capitalista, nunca va más allá de esto, de conseguir algunas mejoras en las condiciones de vida o de intentar parar alguna medida concreta del gobierno burgués. La lucha económica o sindical no cuestiona los fundamentos del modo de producción capitalista sino que solo combate alguno de los efectos que este manifiesta; es una lucha que no va a la raíz del problema. Por ello, el proletariado no puede desarrollar conciencia de clase para sí (conciencia de que su misión es acabar con el modo de producción capitalista y construir un nuevo modo de producción) en sus luchas parciales, sino que se queda en conciencia de clase en sí, conciencia de clase burguesa (conciencia de ser una clase social con unos intereses determinados y que debe luchar por ellos dentro del sistema socioeconómico capitalista). La conciencia de clase en sí surge de forma espontánea, en la lucha de la clase obrera por mejoras inmediatas, mientras que la conciencia de clase para sí solo puede ser aportada a la clase obrera desde fuera de su movimiento espontáneo. Esta, la conciencia revolucionaria, tiene que ser aportada al proletariado por la vanguardia, que es la portadora de la cosmovisión proletaria, ya que esta se basa en amplios conocimientos científicos que los obreros medios, por una serie de causas (educación burguesa, alienación, amplia jornada laboral, etc.) y por regla general, no están en condiciones de asumir y comprender por sus propias fuerzas. Esto lo explica Lenin en el ¿Qué hacer?:

Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Ésta sólo podía ser introducida desde fuera. La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la teoría del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas, elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales.

Entre la lucha de resistencia y la lucha revolucionaria no existe ninguna línea de continuidad. Son luchas contrapuestas: la reforma no lleva a la revolución, sino que la aleja al orientar a los obreros en la demanda de mejoras de sus condiciones de vida en el sistema capitalista, y la lucha revolucionaria descarta la reforma al poner a la orden del día la destrucción del capitalismo y del Estado burgués (aunque la lucha revolucionaria conlleva que la burguesía implemente reformas para intentar frenar la revolución, el mayor ejemplo de esto es la creación del mal llamado Estado del bienestar). La lucha de resistencia no se convierte en lucha revolucionaria ni por sí misma ni por la intervención de organizaciones comunistas en la misma acompañando a las masas en su movimiento, ya sea con consignas reformistas o propugnando el socialismo (aunque lo que se describa bajo esta denominación tenga poco que ver con lo que en realidad significa el socialismo). Esto es evidente cuando ninguna de las organizaciones comunistas que propugnan ir a las amplias masas como tarea inmediata, entre las que se encuentra el PCPE, ha conseguido ni organizar ni dirigir ninguna de estas luchas de resistencia, ni mucho menos elevarlas a lucha política. Y esto porque las masas que participan en estas luchas no han roto con la ideología burguesa y se conforman con las medidas parciales que están reivindicando y, por tanto, no pueden desarrollar conciencia de clase para sí mediante estas luchas parciales. Dice Lenin en el ¿Qué hacer?:

La lucha económica “hace pensar” a los obreros sólo en las cuestiones concernientes a la actitud del gobierno ante la clase obrera; por eso, por más que nos esforcemos en “dar a la lucha económica misma un carácter político”, jamás podremos, en los límites de esta tarea, desarrollar la conciencia política de los obreros (hasta el grado de conciencia política socialdemócrata), pues los propios límites son estrechos.

“(…) el error fundamental de todos los ‘economistas’, a saber, la convicción de que se puede desarrollar la conciencia política de clase de los obreros desde dentro, por decirlo así, de su lucha económica, o sea, tomando sólo (o, cuando menos, principalmente ) esta lucha como punto de partida, basándose sólo (o, cuando menos, principalmente) en esta lucha. Esta opinión es falsa de punta a cabo.

Otra consecuencia de esta práctica economicista es que a las masas que de forma prioritaria se dirige el PCPE son las encuadradas en el movimiento sindical. 3 El movimiento sindical en el Estado español encuadra a una minoría de los proletarios (según los últimos datos de la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo del año 2010, es un 16, 4% de la población ocupada), y dentro de esta minoría donde mayor afiliación sindical existe es en los sectores donde se encuentra la aristocracia obrera (cuyos intereses de clase representan los sindicatos) y las franjas más acomodadas del proletariado que van a la zaga de la aristocracia obrera y que, por otro lado, más influenciadas están por la ideología burguesa y por consiguiente más prejuicios tienen contra la actividad revolucionaria.

Las masas hondas y profundas del proletariado formadas por los millones de obreros precarios, parados, sin papeles, etc., no participan en la lucha sindical, los sindicatos no ejercen ninguna influencia sobre las mismas ya que estas conocen perfectamente que los sindicatos no las representan ni se preocupan lo más mínimo por ellas. Estas, las capas más bajas del proletariado, que a menudo son calificadas por el revisionismo como lumpenproletariado, mostrando su total desconocimiento y desprecio por el marxismo, son las que mayor potencial revolucionario encierran ya que son las que nada tienen que perder y las que menos infectadas están de politiquería burguesa. A diferencia de las masas encuadradas en los sindicatos que, en su mayoría, están influidas por la izquierda burguesa (PSOE e IU, quienes representan intereses de clase ajenos y antagónicos a los del proletariado).

Centrar la actividad entre las masas en el frente sindical lleva a organizaciones como el PCPE a ir a la zaga de la aristocracia obrera (aunque sea de forma crítica), apoyando a esta en sus huelgas y manifestaciones convocadas no para defender los intereses de las masas proletarias, sino para mantener su posición en el bloque dominante y en el reparto de la plusvalía generada por la clase obrera. El PCPE, al no realizar un análisis marxista sobre los sindicatos y el Estado social, no comprende la posición que ocupó la aristocracia obrera tras la creación del “Estado del bienestar”, después de la II Guerra Mundial, en los Estados imperialistas europeos.

En esta etapa histórica el movimiento comunista, aunque en un proceso de degeneración ya importante, suponía una amenaza real para la dictadura de clase de la burguesía, por lo que la oligarquía financiera se vio obligada a integrar a la aristocracia obrera en su Estado y así tener controladas a las masas proletarias e impedir la realización de una revolución social que acabase con su sistema socioeconómico. En el Estado español, al consistir la dictadura burguesa en una forma de dominación fascista tras la guerra civil, este proceso ocurrió durante la denominada transición, consagrada con la Constitución de 1978, que consistió en un pacto entre tres fracciones de clase (la burguesía monopolista, las burguesías nacionales vasca y catalana y la aristocracia obrera) para conformar el bloque hegemónico que ejercería la dictadura de clase burguesa en el Estado español; dictadura de clase que a partir de aquel momento adoptaría una forma democrático-burguesa. Entre las distintas fracciones de clase que forman el bloque dominante existe lucha de clases, y es en el marco de este enfrentamiento de clases en el que los sindicatos UGT y CCOO convocan las huelgas generales. Lo hacen cuando las medidas adoptadas por los gobiernos de la burguesía financiera lesionan los intereses de clase de la aristocracia obrera, ya sea su posición en la negociación de los convenios colectivos, etc.

El PCPE, al no entender las causas por las cuales se convocan estas huelgas generales, las considera un conflicto entre burguesía y proletariado (y no entre burguesía financiera y una aristocracia obrera que arrastra tras de sí a algunas franjas de la clase obrera) e incluso piden a los sindicatos la convocatoria de nuevas huelgas y hablan de un retorno “a las posiciones de clase” 4 de estos sindicatos. Sindicatos que no solo llevan pactando con el capital monopolista el empeoramiento progresivo de las condiciones laborales de la clase obrera a través de los pactos sociales desde la transición (siempre que no lesionen mucho los intereses de la aristocracia obrera), además de acordando expedientes de regulación de empleo que envían al paro a miles de trabajadores, sino que funcionan como organizaciones capitalistas al poseer paquetes de acciones en monopolios como Seguros Atlantis, en fondos de pensiones junto con monopolios como el BBVA o Telefónica (Gestión de Previsión y Pensiones y Fonditel Pensiones) y siendo propietarios de empresas de formación, de asesoría jurídica y de consultoras (Gestión Social e Inversores, Foro de Formación y Ediciones, Grupo de Proyectos Sociales Madrid, etc.) que facturan en conjunto millones de euros al año, etc. El PCPE también subordina su “acumulación de fuerzas” a la convocatoria de estas huelgas generales: “los y las comunistas vamos a ir al encuentro de nuestra clase (…) para explicarle el papel que entendemos ha de  jugar  esta HG en el proceso de acumulación de fuerzas que iniciamos el pasado 29 de Septiembre de 2010  y que, al poco tiempo, se vio frustrado por la no continuidad de la lucha y la claudicación sindical en el pacto de las pensiones.” 5

Los Comités para la Unidad Obrera (CUO) son la creación del PCPE en el ámbito sindical con el objetivo de “recuperar” el “sindicalismo de clase”, objetivo que no corresponde a los comunistas. La tarea de los comunistas es constituir el movimiento obrero de nuevo tipo y no recuperar el movimiento obrero de viejo tipo (partido socialdemócrata y sindicato) que ya fue superado por el desarrollo histórico con la creación del Partido Comunista. La primera forma del movimiento obrero representó la formación del proletariado como clase social, como clase con unos intereses propios y determinados en el capitalismo (conciencia de clase en sí). El Partido Obrero de Nuevo Tipo supuso la creación del movimiento consciente del proletariado hacia el comunismo (conciencia de clase para sí) en la época de la revolución proletaria, y cuando esto sucedió el movimiento obrero se escindió en dos alas: la reformista, representada por el partido obrero de viejo tipo y el sindicato, y que representaba los intereses de clase de la aristocracia obrera; y el ala revolucionaria, que representaba los intereses del proletariado. El ala reformista se convirtió en reaccionaria, en representante de unos intereses de clase antagónicos a los del proletariado y funcionales a los de la burguesía financiera hasta llegar a la actualidad, donde los partidos socialdemócratas representan los intereses de la oligarquía financiera y los sindicatos de la aristocracia obrera están integrados en los Estados burgueses y funcionan como organismos de encuadramiento de masas al servicio del mismo. La vanguardia comunista tiene como deber la creación del movimiento revolucionario y no del movimiento que mantiene a la clase obrera dentro de los límites de la conciencia de clase en sí, es decir, dentro del capitalismo. Esto no quiere decir que la lucha de resistencia en el marco de un proceso revolucionario por la conquista del poder no pueda jugar su papel, pero para ello es necesario que esté subordinada a la lucha revolucionaria general, lucha inexistente en la actualidad al no existir Partido Comunista.

El proyecto de los CUO establece una “plataforma reivindicativa” que contiene una serie de medidas, todas ellas de carácter reformista, obviando las enseñanzas de Lenin en ¿Por qué objetivos luchar?:

Para lograr mejoras parciales, precisamente para eso, las consignas que proponemos a las masas proletarias no deben ser restringidas, no deben ser atenuadas. Las mejoras parciales sólo pueden constituir (y siempre lo fueron en la historia) resultados de la lucha revolucionaria de la clase”.

Por mucho que el PCPE, en coherencia con su visión economicista, pretenda encaminar este proyecto en el movimiento sindical a la acumulación de fuerzas hacia el socialismo, no lo podrá hacer, porque el sindicalismo por su propia naturaleza es reformista (no tiene ni puede tener carácter revolucionario), ya que su objetivo es defender los intereses económicos de la clase dentro del modo de producción capitalista. No existe ninguna relación de continuidad entre lucha sindical y lucha revolucionaria, puesto que, como ya expusimos anteriormente, los obreros no adquieren conciencia de clase revolucionaria en la lucha económica. Los CUO se basan en el ejemplo del PAME griego, creado por iniciativa del KKE, que en la actualidad ejerce como guía ideológica para todo un sector del ala derecha del movimiento comunista internacional. El PAME ha conseguido importantes éxitos en lo que a afiliación y a la organización de huelgas y manifestaciones se refiere (según el KKE cuenta con 850.000 afiliados). Pero esta cantidad de afiliados no es que no hayan servido para crear un movimiento revolucionario, cosa imposible desde el sindicalismo, sino que ni siquiera han valido para extender la influencia del KKE entre estas masas transformándola en votos, ya que el KKE siempre ha obtenido votos sustancialmente por debajo del número de afiliados del PAME.

Los CUO se enmarca dentro de la creación del Frente Obrero y Popular por el Socialismo (FOPS), cuya actividad, según afirma el PCPE, estará centrada en la lucha por reformas dentro del capitalismo: “El Partido Comunista de los Pueblos de España y Unión Proletaria –consecuentemente con esta caracterización de la época- trabajan en la construcción del Frente Obrero y Popular por el Socialismo centrado en las luchas contra las reformas laborales, por la garantía de servicios básicos de luz, agua… en situaciones de paro o precariedad, por la jornada de 35 horas semanales, por el subsidio de paro indefinido, por la asistencia sanitaria gratuita, universal y total, y por la separación total entre la Iglesia y el Estado.” 6

Pese a las intenciones que pueda tener el PCPE en la lucha sindical, no puede escapar a las leyes objetivas que imposibilitan la creación del movimiento obrero revolucionario partiendo del movimiento de resistencia de la clase obrera, aunque en algún documento hable de “construir estructuras paralelas de poder popular que confronten con el estado y el sistema de dominación burgués”. Ante esto no les queda otra que defender una visión espontaneísta de la revolución, en sintonía con la teoría del derrumbe del capitalismo. Para el PCPE, no es el Partido Comunista el que, mediante su actividad consciente, inicia el proceso revolucionario de conquista del poder destruyendo el aparato estatal burgués y sustituyéndolo por los órganos del poder proletario que formarán el Estado de dictadura del proletariado, sino que la tarea del Partido Comunista es estar preparado, mediante la acumulación de fuerzas, para cuando se produzca una crisis revolucionaria y en ese momento dirigir a la clase obrera a la conquista del poder. Esta visión la expone de forma muy clara la secretaria general del KKE, Aleka Papariga, en una entrevista:

“No podemos descartar la posibilidad de un derrocamiento radical en los años siguientes. El propio pueblo lo decidirá y debe prepararse y al mismo tiempo ejercer presión decisiva, impedir lo peor y lograr conquistas. Nosotros no podemos fijar una fecha para el cambio del sistema político, o sea, decir en uno, dos o tres años porque esto depende de la mayoría del pueblo; no se llevará a cabo solamente por el KKE. Si el pueblo no toma la decisión, este cambio no sucederá.” 7

Para los economicistas no es el proletariado revolucionario el que en su lucha por la toma del poder provoca la crisis política del capitalismo, sino que defienden que esta sobreviene por razones indeterminadas, de forma espontánea. Dicen en las Tesis del IX Congreso:

“Esa acumulación de fuerzas del lado del socialismo en confrontación creciente con el capitalismo monopolista se orienta hacia la crisis revolucionaria. Como apuntó Lenin, “sólo cuando los de abajo no quieren vivir como antes, y los de arriba no pueden continuar como antes, puede triunfar la revolución”. No se puede determinar cuál será el motivo concreto que desencadene la crisis revolucionaria: la tarea es lograr que el proletariado, en alianza con las capas populares, y con su Partido Comunista al frente, esté preparado y en condiciones de cumplir su tarea histórica llegado el momento.” 8

En definitiva, el PCPE, con su estrategia de acumulación de fuerzas a través del sindicalismo, no puede generar movimiento revolucionario al no adquirir el proletariado conciencia revolucionaria a través de las luchas de resistencia y, ante esto, confía en que la crisis revolucionaria estalle de forma espontánea, cosa imposible, puesto que el proletariado tampoco desarrolla conciencia de clase para sí por sí mismo, y que por tanto su misión es estar preparados para cuando esto suceda y así poder dirigir el movimiento a la toma del poder político. Es decir, el PCPE, con su práctica, no eleva la conciencia de la clase obrera a conciencia revolucionaria y espera a que la revolución se inicie de forma espontánea, con lo que carece de estrategia revolucionaria para la conquista del poder por parte de la clase obrera.

Frente a esto, la experiencia de las revoluciones proletarias demuestra que las amplias masas de la clase obrera solo desarrollan conciencia revolucionaria mediante su participación en los órganos de su poder revolucionario, mediante su propia experiencia en la confrontación entre dictaduras, entre dictadura del proletariado y dictadura de la burguesía, y en la gestión de su propio poder político. Es así como las amplias masas proletarias adquieren conciencia de clase para sí y se suman al proceso revolucionario de destrucción del Estado burgués y construcción del Estado proletario. Lenin en el discurso en el I congreso nacional de instrucción pública afirmó:

(…)nuestros Soviets, que han sido una novedad para Europa, pero que nosotros conocemos ya desde la experiencia de la revolución de 1905 son el mejor ejemplo de agitación y propaganda, un ejemplo que desenmascara toda la falsedad y toda la hipocresía de la democracia burguesa.

Por ello, una vez constituido el Partido Comunista, la tarea consiste en iniciar la guerra revolucionaria contra el Estado burgués, para así conquistar a las amplias masas de la clase obrera mediante la constitución de los órganos del Nuevo Poder proletario en confrontación directa y armada contra el poder burgués. Los órganos del poder proletario no son organismos sindicales sino que son organismos donde se organiza la clase obrera para gestionar el poder de forma efectiva realizando transformaciones sociales. Y dicho  poder se sostiene por las armas, es decir, no se puede concebir el poder proletario como algo distinto a las masas en armas. Así, durante la Comuna de París existía la Guardia Nacional como organismo militar del proletariado, durante los Soviets en Rusia la Guardia Roja y en China el Ejército Rojo, posteriormente renombrado Ejército Popular de Liberación.

La tesis, compartida por la mayoría del MCI, de que la revolución sobrevendrá por una crisis que se producirá en el futuro y que mientras tanto la tarea de los comunistas es ir a las masas para acumular fuerzas a través de sus luchas parciales, tiene su origen en el siglo XIX, cuando el proletariado se forma como clase social y está reciente el período revolucionario de la burguesía. Por ello, en coherencia con la experiencia revolucionaria burguesa, la insurrección espontánea es asumida por el movimiento obrero como forma normal en que se produce la revolución, cuando aún sectores revolucionarios de la burguesía influían sobre el proletariado. La práctica se encargará de demostrar que está visión de la revolución proletaria era incorrecta, puesto que aunque en la Revolución de Octubre la conquista del poder político se produce mediante una insurrección, en este proceso revolucionario existen dos elementos nuevos: uno, el partido leninista de nuevo tipo, y otro, los Soviets como órganos del poder revolucionario del proletariado. En la Rusia de 1917, aunque los Soviets no son una creación del Partido, sino que son creados tanto por iniciativa de las masas en el desarrollo de una revolución democrático-burguesa como, principalmente, por iniciativa de los dirigentes oportunistas del menchevismo y de los socialrevolucionarios para encuadrar a las masas, teniéndolas controladas y asegurarse que el poder recaiga en el gobierno provisional burgués, no se convierten en verdaderos órganos del poder revolucionario hasta que los bolcheviques ganan la mayoría en los mismos y, entonces, organizan la insurrección acabando con el poder burgués y tomando todo el poder los Soviets, es decir, el proletariado.

Incorporando la experiencia de la Revolución de Octubre, el Partido Comunista de China rompe, en la práctica, con la concepción economicista-determinista de la revolución, tras el fracaso de las insurrecciones del año 1927, iniciando la Guerra Popular Prolongada en la que se construyen los órganos del poder popular (puesto que el carácter de la revolución china era democrático-popular) como forma de incorporar a las masas a la revolución y de crear el Nuevo Estado. Las dos mayores experiencias revolucionarias del Ciclo de Octubre, la Revolución de Octubre y la Revolución China, demuestran que la revolución socialista es un proceso consciente guiado por el Partido Comunista, como fusión de la ideología revolucionaria del proletariado con las masas de la clase, y no algo que sobreviene como causa de una crisis económica y/o política.

La cuestión electoral

Los comunistas no nos oponemos a la participación electoral, pero esta tiene que estar subordinada al objetivo revolucionario y no convertirse en un principio incuestionable. La participación de los comunistas en las elecciones, con el propósito de entrar en las instituciones burguesas, está subordinada al objetivo de denunciar la propia democracia burguesa como una dictadura de clase de la burguesía sobre el proletariado, es decir, el objetivo es desenmascarar el aparato estatal burgués ante los obreros conscientes (con conciencia de clase en sí) y ante las masas atrasadas de la clase obrera que siguen confiando en que sus problemas se pueden solucionar mediante el voto a diferentes candidaturas que se presentan a las elecciones, que en ningún caso representan sus intereses de clase (ya sean candidaturas que representan los intereses de la burguesía monopolista, la pequeña burguesía, la aristocracia obrera, etc.). La participación tiene que estar encaminada a acabar con las ilusiones parlamentarias de ese sector de la vanguardia, que forma parte de la dirección de las luchas de resistencia, y de las amplias masas obreras.

Como medio de acumulación de fuerzas, la participación electoral solo puede servir en el período de conquistar a los elementos de la clase obrera con conciencia de clase en sí, como forma de propaganda hacia este sector. En el caso de las grandes masas proletarias, estas no se van a sumar a un movimiento revolucionario, no van a adquirir conciencia revolucionaria, mediante la propaganda y agitación dentro de las instituciones burguesas, ya que las promesas y los cantos de sirena son insuficientes cuando de lo que se trata es de ganarlas para el proceso de la revolución socialista. La única forma de acumular fuerzas de las amplias masas obreras para la revolución, como ya expusimos antes, es mediante su experiencia en la gestión de su poder político a través del Nuevo Poder y de la confrontación de este frente al Estado de la burguesía. A las grandes masas de la clase hay que ofrecerles una alternativa real y tangible al estado actual de las cosas, para que estas se decanten por la revolución proletaria y desarrollen conciencia revolucionaria. De nada sirve la simple propaganda y la agitación. Así lo exponen Marx y Engels en La ideología alemana:

“(…)tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución.”

Lenin, por su parte, dijo en La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo:

Y para que en realidad toda la clase, las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar semejante posición, son insuficientes la propaganda y la agitación solas. Para ello es necesaria la propia experiencia política de estas masas. Tal es la ley fundamental de todas las grandes revoluciones, confirmada hoy, con una fuerza y un relieve sorprendentes, no sólo en Rusia, sino también en Alemania. No sólo las masas incultas de Rusia, frecuentemente analfabetas, sino también las masas muy cultas, sin analfabetos, de Alemania, necesitaron experimentar en su propia pelleja toda la impotencia, toda la falta de carácter, toda la debilidad, todo el servilismo ante la burguesía, toda la infamia del gobierno de los caballeros de la II Internacional, toda la ineluctabilidad de la dictadura de los ultrarreaccionarios (Kornílov en Rusia; von Kapp y compañía en Alemania) como única alternativa frente a la dictadura del proletariado, para orientarse decididamente hacia el comunismo.

Un dato que también hay que tener en cuenta es que, en el Estado español, en los barrios obreros la abstención electoral es superior a la de los barrios burgueses, lo que demuestra una clara desvinculación socio-política entre la institucionalidad democrático-burguesa y el sector más explotado y precarizado de las masas, al ser conscientes de que nada tiene que ofrecerles. Así, tomando como ejemplo las dos grandes ciudades del Estado en las últimas elecciones generales, se observa que, en distritos proletarios madrileños como Usera o Puente Vallecas, la abstención alcanzó el 31%, mientras que en distritos burgueses como Chamartín o Salamanca apenas sobrepasó el 20%; en el caso de Barcelona, en distritos obreros como Nou Barris la abstención fue del 35% y en Ciutat Vella alcanzó el 45%, mientras que en zonas burgueses como Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi se situó sobre el 25%.

En el caso concreto que nos atañe, esto es, el del PCPE, esta organización se presenta a todas las citas electorales, ya sean municipales, autonómicas o estatales, allí donde pueden completar una lista electoral. El PCPE, por su escasa influencia sobre las masas obreras, se encuentra incapacitado para entrar en las instituciones burguesas, a excepción de en algunos pocos ayuntamientos. En función de esto, la participación en las elecciones la justifican en que tiene la función de darse a conocer entre las masas, como si los comunistas no tuviesen modos propios para realizar propaganda y agitación que tuviesen que aprovechar la campaña electoral (las elecciones para elegir a los gestores de la dictadura del capital) para hacerlo.

Los programas electorales que presentan a las masas siempre se basan en medidas reformistas, contribuyendo con ello al reforzamiento de las ilusiones parlamentarias de la clase obrera (ya que el cumplimiento de dichas medidas exigiría la gestión a través de las instituciones del Estado burgués) y no a su destrucción, que sería el objetivo de los comunistas al presentarse a un proceso electoral. Así, sobre las elecciones de mayo de 2011, su secretario general decía:

“En estas elecciones del 22M, la primera propuesta del programa del Partido es la nacionalización de la banca, como expresión del principal factor que está determinando las condiciones de vida del pueblo trabajador; para –a continuación- colocar la defensa del sector público, luchando contra cualquier proceso privatizador y la reversión de todos aquellos servicios y sectores anteriormente privatizados.” 9

En las últimas elecciones generales, en noviembre de 2011, el PCPE se presentó con dos programas: uno táctico y otro estratégico (se entiende que el táctico sería un paso hacia el estratégico). El programa táctico contenía una enumeración de medidas reformistas cuya realización solo sería posible en el capitalismo y que, por tanto, solo puede contribuir a fomentar las esperanzas de la clase obrera en un gobierno del Estado burgués. El programa estratégico contenía la reivindicación del “socialismo” (eso sí, un socialismo, no entendido como la dictadura revolucionaria de clase del proletariado, sino reducido a la nacionalización de los medios estratégicos de producción, cosa que poco tiene que ver con el verdadero significado del socialismo, de la fase inferior del modo de producción comunista). Esto se observa en toda la propaganda del PCPE, donde siempre se menciona la defensa del sector público, como si el sector público estuviese en manos del proletariado y no de la burguesía, que es la que controla el Estado. La vinculación entre programa táctico (reformas) y el programa estratégico (“socialismo”) parte de la concepción economicista de la revolución del PCPE, que establece que existe una línea de continuidad entre la lucha por reformas y la lucha revolucionaria por el socialismo, cuando la lucha por reformas solo atenaza a la clase obrera en un enfrentamiento con la burguesía dentro de los límites del capitalismo, lo que no puede generar conciencia revolucionaria.

También firman que: “cuantos más votos obtengan nuestras candidaturas mejor será la situación de la clase obrera al día siguiente” 10, sin ninguna argumentación sobre ello, como si el voto a opciones comunistas inspirase temor a la burguesía y no se atreviese a continuar con sus medidas que conllevan el empeoramiento de las condiciones de vida de las masas de trabajadores. El mejor ejemplo para desmotar esta falsa afirmación, que solo puede tener como consecuencia reforzar las ilusiones del proletariado en las elecciones y no poner fin a las mismas, es Grecia y el KKE, donde esta organización, en las elecciones generales de los años 2007 y 2009, cuando comienza la crisis, era la tercera fuerza del país tanto en votos como en escaños, sin que eso impidiese a la burguesía griega aplicar las medidas que han llevado a la miseria a miles de proletarios del país heleno.

Desde el PCPE también se propone la gestión de las instituciones burguesas locales, de los ayuntamientos. Así, en un artículo en “Unidad y Lucha” con motivo de las pasadas elecciones municipales de mayo de 2011, Miguel Guerrero, secretario general del Partit Comunista del Poble de Catalunya, habla de la participación en un poder local que tenga en cuenta las necesidades de los “conciudadanos” y que “luche contra los impedimentos políticos que inciden en las trabas para el desarrollo democrático” (¿democratizar el Estado burgués?), como si el ayuntamiento no fuese una institución más del Estado burgués desde donde la burguesía ejerce su dictadura de clase sobre las masas proletarias. 11 El mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores desde la gestión de los municipios a través de la adopción de reformas no sirve para acumular fuerzas para la revolución, sino para aprisionar al proletariado en una lucha eterna y sin salida por reformar el sistema de explotación capitalista, que solo puede ser suprimido si se destruye radicalmente.

Resumiendo, la participación del PCPE en el proceso electoral no está encaminada a desenmascarar la democracia burguesa y a eliminar la confianza que puedan tener las masas en la mejora de sus condiciones de vida a través del aparato estatal, sino que, al proponerles programas reformistas y la gestión de los municipios, fomentan dichas esperanzas lastrando el desarrollo de la conciencia revolucionaria de estas masas.

El análisis de la experiencia del Movimiento Comunista Internacional

El PCPE surge en el Congreso de Unidad de 1984. Esta unidad se producía entre diversas organizaciones “prosoviéticas” escindidas del PCE, a partir de 1968, tras la conversión de este al eurocomunismo y la consiguiente ruptura con la Unión Soviética. Este encuadramiento dentro del sector “prosoviético” tiene como consecuencia una determinada visión de la experiencia de la construcción del socialismo y de la lucha de líneas dentro del movimiento comunista durante el siglo XX.

De esta forma, el PCPE considera que la Unión Soviética mantuvo su carácter socialista hasta su desintegración en 1989-1991 12. La concepción del PCPE sobre la restauración del capitalismo en la URSS, que es compartida con el KKE, mantiene que, con el XX Congreso del PCUS en 1956, se debilita el poder obrero y se adoptan una serie de líneas que facilitan la restauración capitalista, la cual se produce finalmente en los años 80.

Defender que el XX Congreso supone el triunfo de la “desviación oportunista de derechas” 13 y a la vez que la URSS sigue conservando su carácter socialista significa desconocer la esencia y renunciar al significado del oportunismo y del revisionismo. El revisionismo representa intereses de clase ajenos a los del proletariado, los de la aristocracia obrera y la burguesía, y por esta razón tergiversa o rechaza principios fundamentales del socialismo científico, ya que sostener estos principios sería incompatible con la defensa de unos intereses de clase no proletarios. Por ello, sostener que en el Partido y en el Estado triunfa la línea oportunista y que a la vez el carácter del Partido y el Estado sigue siendo proletario, aunque sea “debilitado”, carece de sentido. Esto decía Lenin sobre el oportunismo en La bancarrota de la II Internacional:

En realidad, la militancia formal de los oportunistas en los partidos obreros no excluye en absoluto el que sean -objetivamente- un destacamento político de la burguesía, vehículos de su influencia y agentes de ella en el seno del movimiento obrero.

Esta incongruencia parte de una concepción del socialismo que lo identifica con la propiedad estatal de los medios de producción. De esta forma, para el PCPE un Estado donde los medios de producción estén nacionalizados es socialista, independientemente de otros factores, incluido que el Partido Comunista esté dirigido por oportunistas y que el proceso no se encamine a alcanzar la sociedad comunista sino a la restauración del capitalismo privado. En este sentido, el KKE identifica, en su análisis sobre la URSS, la propiedad estatal en un Estado proletario con la propiedad social 14, llegando incluso a decir que sostener lo contrario es un error. Esto se contrapone con lo dicho por Lenin sobre esta cuestión, que, aunque nunca desarrolló el tema en profundidad, sí indicó que nacionalización y socialización, bajo un Estado proletario, no son lo mismo. Por ejemplo, en Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués, el revolucionario ruso dice:

Se puede ser decidido o indeciso en el problema de la nacionalización, de la confiscación. Pero la clave está en que la mayor “decisión” del mundo es insuficiente para pasar de la nacionalización y la confiscación a la socialización.(…) La desventura de los “izquierdistas” está en que no han observado la propia esencia del “momento actual”, del paso de las confiscaciones (durante cuya realización la cualidad principal del político es la decisión) a la socialización (para cuya realización se requiere del revolucionario otra cualidad).

Posteriormente, tras la muerte de Lenin y con el inicio de los planes quinquenales, esta cuestión nunca fue analizada a luz del marxismo y fue resuelta equiparando estatalización con socialización, teniendo esto graves consecuencias para la construcción del socialismo en la URSS, como veremos más adelante.

La premisa que iguala las relaciones jurídicas de propiedad con las relaciones sociales de producción (o lo que es lo mismo en el tema que estamos tratando, la estatalización con la socialización), tiene su origen en el marxismo vulgarizado por la II Internacional. El partido que ejercía de guía ideológica de la socialdemocracia internacional era el SPD, cuyo teórico más importante era Karl Kautsky, quien introdujo en la formación ideológica socialdemócrata concepciones ajenas al marxismo. El bolchevismo se desarrolló en el seno de la socialdemocracia, y aunque se desenvolvió en lucha ideológica contra las premisas revisionistas defendidas por esta y consiguió romper con muchas de ellas recuperando el marxismo revolucionario en esos ámbitos, no rompió con la totalidad de ellas. El caso de la igualación de la nacionalización y la socialización aunque, como dijimos en el párrafo anterior, Lenin en algún trabajó diferenció entre ambos conceptos, fue una de las premisas ideológicas heredadas del kautskismo con las que el bolchevismo no consiguió romper del todo.

Frente a esta concepción errónea del socialismo, que lo identifica con la supresión de la propiedad individual de los medios de producción (e incluso con un modo de producción en sí mismo) y, una vez realizado esto, centra el proceso en el desarrollo de las fuerzas productivas, se erige su verdadera significación: el socialismo es la transición del capitalismo al comunismo, cuya forma política es la dictadura revolucionaria del proletariado. La clase obrera, una vez conquistado el poder político e implantando su Estado, su dictadura de clase, comienza a tomar las medidas, a nivel económico, político e ideológico, necesarias para alcanzar la sociedad comunista.

Como dijo Marx en Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850:

Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la superación de las diferencias de clase en general, para la superación de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la superación de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.

En el socialismo, como etapa de transición entre dos modos de producción, existen y se entremezclan características de ambos, tanto del capitalismo como del comunismo. Elementos capitalistas, y de otros modos de producción clasistas que sobreviven en el socialismo, son la división social del trabajo, la distribución de los productos a cada uno según su trabajo que es una pervivencia del derecho burgués, la división campo-ciudad, etc. Los elementos comunistas que comienzan a existir y abrirse paso en lucha contra las restos del capitalismo son la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción, la puesta de la producción al servicio de las necesidades de la sociedad y, en grado mayor, algunos ejemplos aislados que existieron en los primeros años de la Rusia soviética, como fueron los sábados comunistas, que en un principio eran jornadas de trabajo voluntario de propia iniciativa de los obreros, sin remuneración y en beneficio de la sociedad.

Para que exista socialismo es necesario que el proceso esté encaminado al comunismo, que es lo mismo que el proletariado sea el que detente el poder político. Si el proceso, en un Estado que mantiene formas socialistas, está dirigido a la restauración del capitalismo privado, no existe socialismo y tampoco el aparato estatal está en manos de la clase obrera, ya que es imposible que exista dictadura del proletariado que no construya la sociedad comunista. El socialismo no es algo distinto a la dictadura del proletariado, no existe socialismo sin dictadura proletaria, por lo tanto, lo fundamental, es la clase social que controla el aparato estatal y dirige el proceso.

En el socialismo, al pervivir relaciones capitalistas, principal y fundamentalmente la división entre trabajo intelectual y manual, que ya Marx y Engels indicaron que es la base de la existencia de clases sociales 15, provoca el surgimiento de una nueva burguesía encuadrada en el aparato estatal, en funciones de dirección y gestión. Estos elementos, compuestos por directores de unidades de producción, ingenieros, etc., que son los que dirigen el proceso productivo, los que desempeñan trabajo intelectual, y reciben una remuneración bastante más elevada que la de los obreros manuales, cuentan con representantes de sus intereses de clase dentro del Partido, que son los revisionistas.

En la URSS, por las limitaciones que heredó el bolchevismo de la socialdemocracia y por no contar con una experiencia precedente de construcción del socialismo de la que se pudiesen extraer lecciones y, en menor medida, por el atraso de las fuerzas productivas, la nueva burguesía tomó el poder político a través de sus representantes a nivel político en el XX Congreso del PCUS, revirtiendo el carácter de clase de la URSS e iniciando el proceso de restauración del capitalismo privado.

El capitalismo estatal estaba instaurado desde el momento en que los revisionistas toman el control del Partido y del Estado. Y esto, porque la estatalización de los medios de producción es una medida más de las que se toman en la dictadura del proletariado para construir el comunismo y no la realización del socialismo, como sigue pregonando el revisionismo en la actualidad. El socialismo es la constitución de la clase obrera en clase dominante, la dictadura proletaria. La estatalización de los medios de producción es una condición necesaria pero no suficiente para la socialización de los mismos, la cual implica la relación directa de la sociedad con los medios de producción y para ello es indispensable la completa supresión de la producción de mercancías (y con ella de las categorías mercantiles) y de la división del trabajo. Mientras tanto, hasta la socialización de los medios de producción, en el Estado proletario, se gestionan en nombre de la sociedad pero no directamente por ella. Esto, la estatalización de los medios de producción, que sirve al proletariado en el proceso de la construcción del socialismo, también puede servir a la burguesía burocrática para apropiarse del trabajo de los obreros manuales y esto porque el socialismo no es ningún nuevo modo de producción antagónico al capitalista, sino la transición de un modo de producción a otro modo de producción que contiene características y aspectos de ambos. Además, hay que tener en cuenta que en la URSS y en todo el proceso de construcción del socialismo durante el Ciclo de Octubre no se alcanzó el socialismo desarrollado (que aún no es comunismo), descrito por Marx en la Crítica al programa de Gotha, puesto que ni en la URSS ni en China la propiedad privada colectiva sobre los medios de producción (en forma de cooperativas, comunas, etc.) evolucionó hacia la estatalización de dichos medios de producción; tampoco desapareció la producción mercantil, ni las categorías mercantiles como el dinero, el salario, etc.

El análisis sobre la URSS de este sector del MCI, encabezado por el KKE, entiende que el escaso desarrollo de las fuerzas productivas o el cerco imperialista existente sobre la Unión Soviética constituyen el fundamento principal que explica el surgimiento de revisionismo y relegan a una posición secundaria, o incluso olvidan, la lucha de clases a nivel interno 16. Sin embargo, la existencia de ideología burguesa y de revisionismo implica la existencia de burguesía en la base económica. Como mencionamos antes, la base para el surgimiento de la burguesía burocrática se halla en la pervivencia de relaciones capitalistas de producción durante el socialismo, principalmente la diferencia entre trabajo manual e intelectual en el proceso productivo. Por ello es necesario la primacía de la lucha de clases sobre el desarrollo de las fuerzas productivas para edificar el comunismo. La identificación de la propiedad jurídica de los medios de producción con su propiedad social desarmó a los comunistas para desarrollar la lucha de clases y luchar contra el revisionismo, ya que, una vez eliminada la propiedad individual de los medios de producción, se consideró que ya no existían clases sociales antagónicas y que por tanto la restauración capitalista solo podría provenir del exterior 17. Esto suponía una relajación de la dictadura del proletariado y el predomino del desarrollo técnico sobre la lucha de clases, lo cual favorecía a esos sectores privilegiados que tenían como objetivo tomar el poder político, cosa que lograrían ascendiendo poco a poco hasta el XX Congreso (que el momento en que se produce esa toma del poder), para revertir el proceso de construcción del comunismo y restaurar el capitalismo.

Tras el XX Congreso, los revisionistas en el poder tomaron una serie de medidas en beneficio de la burguesía burocrática, a la cual representaban. Entre estas reformas se encontraban dar mayor poder a los directores en la gestión de las unidades de producción, otorgándoles la potestad de contratar y despedir a los obreros, determinar sus salarios, comprar y vender los instrumentos de producción a otras unidades de producción, etc. También situaron la obtención de ganancias como regulador de la producción, afianzando la producción de mercancías y dándoles el poder a las unidades de producción para fijar el precio de sus productos. Con todas estas medidas la clase obrera fue completamente apartada de la propiedad sobre los medios de producción, pasando estos a estar en manos del personal directivo de las unidades productivas, que constituían la burguesía estatal, los cuales decidían todo lo que concernía a la organización y gestión del proceso productivo y tenían pleno poder de disposición sobre los obreros. En concordancia con esto, los directores de las empresas tenían la facultad de asignar los bonos e incentivos a los proletarios soviéticos, de esta forma, en la URSS capitalista el personal de dirección recibía 25 veces el bono que les otorgaban a los obreros, siendo la diferencia de ingresos entre unos y otros abismal.

Con estas reformas económicas los obreros soviéticos fueron relegados a la simple posición de productores que vendían su fuerza de trabajo a cambio de un salario mientras el valor creado con su trabajo por encima del valor de su fuerza de trabajo, es decir, la plusvalía, iba a parar a la burguesía estatal formada por el personal directivo. Lo que sucedió a finales de los años 80 fue un proceso de reforma consistente en la sustitución del capitalismo burocrático por el capitalismo “liberal” llevado a cabo por los propios dirigentes de la URSS, puesto que el capitalismo estatal suponía una traba para el pleno desarrollo de la burguesía soviética. A diferencia de lo que afirma el PCPE, no fue una contrarrevolución, puesto que esta ya se había producido tres décadas antes.

La formación del PCPE dentro del sector “prosoviético” tiene otras consecuencias, aparte de su consideración sobre la Unión Soviética, como es el inexistente análisis sobre otros procesos revolucionarios donde se continuó la construcción del socialismo tras la restauración capitalista en la URSS y en las democracias populares del Este de Europa. Este es el caso de Albania y, principalmente, China. Los comunistas chinos, mediante el balance, aunque parcial, del proceso de construcción del socialismo en la URRS y la posterior contrarrevolución burguesa, llegaron a la acertada conclusión de que durante el socialismo continúan existiendo clases sociales antagónicas y, por ende, que en la construcción del socialismo debe primar la lucha de clases sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. En coherencia con esto, el PCCh lanzó en el año 1966 la Gran Revolución Cultural Proletaria, que se dirigía, no solo contra los “seguidores del camino capitalista” (los revisionistas) en el seno del Partido y del Estado, sino también a la transformación de las relaciones sociales de producción.

Para ello, tanto para la lucha contra los revisionistas como para la revolucionarización de la base económica y de la superestructura, se movilizó a las masas (frente a la toma de medidas de carácter administrativo como se había hecho en la URSS) poniendo a estas como protagonistas del proceso de edificación del comunismo. Finalmente, este proceso se saldó con otro fracaso para el proletariado, ya que la burguesía burocrática se hizo con el control del PCCh y de la RPCh tras el golpe de Estado contrarrevolucionario de 1976. Esta derrota tiene sus causas en: por un lado, errores por parte de la línea revolucionaria del PCCh en la conducción de la Revolución Cultural y, por otro, en que la ruptura con la identificación de estatalización y socialización de los medios de producción no fue plena. Así, aunque se advertía de que la forma y el contenido no tenían por qué ser idénticos y que por tanto existían unidades de producción que podían estar en manos de la burguesía y esta podía revertir el proceso de construcción del socialismo, se consideraba socialista a la propiedad estatal de los medios de producción.

A pesar de su derrota, este proceso debe ser estudiado por todos aquellos que tengan como objetivo la revolución proletaria, ya que pone el acento en factores fundamentales para la edificación del comunismo como son la primacía de la lucha de clases sobre el desarrollo de las fuerzas productivas, la movilización de las masas, el combate a la división del trabajo entre trabajo intelectual y manual, etc.

La propuesta confederal

Por último, el PCPE propone la organización del Estado socialista en base a un modelo confederal: “el PCPE defiende y propugna en todo el país la unión libre y voluntaria en el marco de una república socialista de carácter confederal”. 18

Esta posición diverge de la posición marxista-leninista respecto de la organización del Estado de dictadura del proletariado. El socialismo científico defiende la organización territorial del aparato estatal de la clase obrera en una República unitaria que funcione en base al centralismo democrático. La razón de esto es que es esencial la unidad a nivel político del proletariado para la construcción del socialismo y a nivel económico es necesaria la unidad para organizar la planificación del proceso de producción y de distribución. El socialismo busca la unión de todo el proletariado a nivel mundial y en este proceso, la federación, en principio, supone un paso atrás en dicho objetivo.

La federación como organización territorial del Estado socialista puede ser admitida cuando esta suponga un paso adelante hacia la unidad completa, por ejemplo, como en el caso de Rusia tras la Revolución de Octubre cuando muchas de las nacionalidades que componían el Estado ruso zarista declararon su independencia. Los bolcheviques solo admitieron el federalismo después de la Revolución por este motivo. El PCR (b), en el programa adoptado en su VIII Congreso de 1919, establecía que “Como una de las formas transitorias hacia la unidad completa, el Partido proclama la unión federal de los Estados organizados según el tipo soviético.

En el Estado español la cuestión nacional aún está pendiente de resolver. En este sentido los comunistas debemos defender el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas que componen el Estado, lo cual implica el derecho de separación de estas naciones y la constitución de sus estados propios. Sin embargo, esto no conlleva la defensa de la separación ni de la (con)federación entre naciones, ya que el objetivo del movimiento comunista difiere de esto, pues es la unión de todo el proletariado y no la división del mismo por sus diferencias nacionales. La forma de organización del Estado proletario no se puede anticipar, ya que ello dependerá de ciertas circunstancias futuras que en la actualidad no se pueden prever. Esto es muy distinto a defender modelos de organización que suponen un paso atrás, como es el confederalismo.

La propuesta de los comunistas en el Estado español debe centrarse en la defensa del derecho de autodeterminación, a la vez que se defiende y se hace propaganda a favor de la unidad de todas las naciones que componen el Estado español en una República unitaria organizada de acuerdo con el centralismo democrático, el cual no es incompatible con la autonomía de los diferentes organismos territoriales que compongan dicha República socialista.

Notas

1. En las Tesis políticas del IX Congreso se afirma: “El nacimiento del PCPE supuso la recuperación del partido de vanguardia, para la revolución socialista y para el comunismo.” (Propuesta Comunista nº 61, pág. 105) La visión del PCPE sobre el Partido Comunista se desarrolla más detalladamente en dichas tesis a partir de la página 137 en el apartado titulado “Un partido de vanguardia, por su teoría y por su práctica”.

2. En las páginas 88 y 89 de las Tesis se dice: “Lo que en ningún caso supone que renunciemos a la constante mejora, dentro del capitalismo, de las condiciones de vida de la clase obrera y del conjunto del pueblo trabajador, implicándonos decididamente en la lucha por las reivindicaciones, conquistas y transformaciones sociales necesarias para las masas populares de nuestro país.

En esa lucha por los intereses inmediatos del pueblo trabajador y por la mejora de sus condiciones de vida, nuestro Partido no genera expectativas de tipo reformista en el seno de la clase obrera. Al mismo tiempo que se emplea a fondo en cada reivindicación, el Partido destaca la inviabilidad de alcanzar en el marco capitalista un futuro emancipado en el que las necesidades y aspiraciones de las mayorías sean satisfechas definitivamente, orientando e insertando cada lucha parcial en el proceso general de la lucha revolucionaria y organizada por el socialismo, entendiéndola como un proceso dialéctico con avances y retrocesos.

En cada batalla que libra la clase obrera, trabajamos para elevar el nivel de conciencia de clase y extender la reivindicación del socialismo y la confianza en el mismo, en un proceso incesante de acumulación de fuerzas que permita ir elevando progresivamente el nivel de confrontación con los monopolios y con su Estado, adquiriendo la experiencia política que requiere la revolución socialista”.

Y en la página 138:

“La clase lucha en general por cuestiones puntuales, económicas y de búsqueda de mejores condiciones para los trabajadores y trabajadoras dentro del sistema. Los y las comunistas apoyamos estas luchas buscando un objetivo más amplio, permanente y revolucionario: el de la lucha por una sociedad igualitaria, por el socialismo y el comunismo”.

3. En la página 142 de las Tesis se dice: “Para el PCPE, el objetivo prioritario es elevar el nivel político y unitario de la clase obrera, mediante la intervención de su militancia (de forma preferente respecto a cualquier otro frente de masas) en el movimiento sindical, en la línea de lo aprobado en la Conferencia Estatal de Movimiento Obrero y Sindical del Partido”.

4. Respecto a la convocatoria de huelgas en un comunicado dice: “El PCPE considera que ha sido un error no haber convocado la Huelga General para este mes de julio -como propusimos-, pues se ha dejado pasar una oportunidad de elevar el grado de éxito de la huelga. Ahora la convocatoria de una Huelga General se convierte en una prioridad ineludible y, ya que algunas organizaciones le han puesto fecha para el mes de septiembre, el PCPE llama a todas las organizaciones sindicales a acordar una única convocatoria para todo el estado en ese mes (…)”

En el comunicado sobre la huelga del 14-N: “Estos sindicatos que han tratado de tapar su responsabilidad ante la clase obrera hablando de una convocatoria de huelga ciudadana y de consumo,(…) Esta situación es consecuencia de años de abandono de las posiciones de clase, y solo tendrá solución retornando a ellas. En caso contrario la clase obrera pasará por encima de esas organizaciones, superándolas en el camino de la lucha”.

5. Declaración del CE del PCPE sobre la Huelga General del 29 de Marzo (http://www.pcpe.es/comunicados/item/1265-la-hg-no-es-un-hecho-finalista-es-un-paso-fundamenta.html )

6. Comunicado del 6 de diciembre de 2011, conjunto con UP, “La lucha del pueblo por el socialismo arrasará con la monarquía y con el capitalismo con el Frente Obrero y Popular por el Socialismo”.

7. http://www.pcpe.es/internacional/item/1035-%C2%A1dentro-del-sistema-capitalista-no-hay-salida-de-la-crisis-a-favor-del-pueblo.html?tmpl=component&print=1

8. Sobre esta cuestión, también se puede consultar un cuaderno de formación ideológica del PCPE titulado “La revolución social” donde se dice: “Las revoluciones sociales no se hacen “por encargo”, ni pueden ser desatadas en cualquier momento, cuando lo desee un grupo o partido revolucionario.” y “El advenimiento de la situación revolucionaria puede deberse a las más diversas causas: conmociones económicas, bancarrota de la política del Gobierno, conflictos nacionales que conducen a la agravación de las contradicciones sociales, etc.”.

9. Unidad y Lucha nº 285, pág. 4, mayo de 2011.

10. Unidad y Lucha nº 285, mayo de 2011.

11. Unidad y Lucha nº 284, pág. 14, abril de 2011.

12. En el documento de unidad con UP se dice:

“En el proceso de restauración capitalista en los países socialistas, jugó un rol determinante la erosión oportunista de algunos partidos en el poder, especialmente en la URSS. Hace 50 años, el XX Congreso del PCUS aprobó algunos cambios que debilitaron el poder obrero y crearon condiciones favorables a la restauración capitalista, jugando un papel especialmente negativo las posiciones que sostuvieron la vía parlamentaria y pacífica al socialismo y las que negaron la tesis marxista-leninista de que el periodo de transición entre el capitalismo y el comunismo no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado. Esas posiciones se fueron agravando hasta llegar a la Perestroika en los años 80, que aceleró la completa destrucción del socialismo.”

13. Análisis y conclusiones sobre la construcción socialista durante el siglo XX, fundamentalmente en la URSS, Propuesta Comunista nº 59, pág. 43.

14. Ibid., pág. 23.

15. Engels en el Anti-Dhüring dice: “Lo que subyace a la división en clases es la ley de la división del trabajo”.

16. Análisis y conclusiones sobre la construcción socialista durante el siglo XX, fundamentalmente en la URSS, Propuesta Comunista nº 59, pág. 43, págs. 55, 56 y 57.

17. En el año 1929, con el inicio de la colectivización del campo, dice Stalin en El año del gran viraje:

Se hunde y se hace añicos la última esperanza de los capitalistas de todos los países, que sueñan con restaurar en la U.R.S.S. el capitalismo: el “sacrosanto principio de la propiedad privada”. Los campesinos, a quienes ellos consideran como el material que abona el terreno para el capitalismo, abandonan en masa la tan ensalzada bandera de la “propiedad privada” y pasan a los cauces del colectivismo, a los cauces del socialismo. Se hunde la última esperanza de restauración del capitalismo”.

18. Tesis políticas del IX Congreso, Propuesta Comunista nº 61, pág. 82.

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