La clase obrera de los países revisionistas debe lanzarse al campo de batalla para restablecer la dictadura del proletariado

2

Artículo publicado en Zëri i popullit
24 de marzo de 1968
Extraído de: Obras Escogidas
Tomo IV
Casa editora «8 Nëntori»
Tirana 1979
Páginas: 416 a 449

————————————————

En todos los países donde los revisionistas están en el poder, la dictadura del proletariado está siendo destruida y reemplazada por la dictadura de la burguesía. El régimen socialista cede su lugar al régimen burgués capitalista y el partido del proletariado, degenerado desde su interior, no sirve sino de cortina para encubrir esta traición, adormecer la vigilancia y la legítima rebeldía de la clase obrera y las masas trabajadoras. La vigilancia y la violencia legítima de la clase obrera contra los enemigos de clase, aterroriza a los revisionistas. Es ésta la única fuerza capaz de derrotarlos, la única solución posible a la catastrófica situación por la que atraviesan actualmente el socialismo y el comunismo en los países dominados por los revisionistas. Por eso, la vía de salvación sine qua non en esos países consiste en encender o avivar las llamas de la revolución proletaria. Teniendo en cuenta el desarrollo y el modo cómo se precipitan los acontecimientos, cualquier otro camino no puede aportar nada positivo y estable a la dictadura del proletariado ni al socialismo, conduciría a una posición de compromiso provisional y dañina, de graves consecuencias para el porvenir del socialismo.

Sólo la clase obrera al frente de las masas, sólo la clase obrera bajo la dirección de su verdadero partido marxista-leninista, sólo la clase obrera con la revolución armada, con la violencia, puede y debe sepultar a los traidores revisionistas.

Todos los Estados donde los revisionistas están en el poder, sin ninguna excepción, tanto los que están a la vanguardia, como Yugoslavia, la Unión Soviética, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, etc., como los que, con diversas máscaras, ocultan su línea revisionista, antimarxista, se han transformado en países burgués-capitalistas o tienden a hundirse cada vez más en ese inmundo lodazal.

El problema principal que se plantea ante las camarillas traidoras revisionistas que están en el poder, consiste en encontrar las formas más seguras para lograr la restauración del capitalismo, su fortalecimiento y consolidación, sin despertar las sospechas y la vigilancia de la clase obrera y el pueblo, para evitar así conmociones, disturbios y, finalmente, para estar en condiciones de aplastar la revolución cuando ésta estalle. Se trata de una carrera contra el reloj.

Los revisionistas se ven asimismo ante otro problema. En el proceso de desintegración que conduce a la restauración del capitalismo, cada camarilla en el poder multiplica sus esfuerzos tanto para liberarse de la tutela del más poderoso como para disfrutar de su ayuda en general, o en particular cuando siente débiles sus posiciones. El grado de dependencia de una respecto a otra está enlazado con esto, mientras que la más poderosa de las camarillas se esfuerza por dominar las diversas corrientes y canalizarlas en provecho de su interés de gran Estado. Naturalmente, por ahora esto no alcanza pleno éxito, ni con todas, ni de forma constante.

Otro problema que está en el orden del día de estas camarillas, es su aspiración y preocupación por encontrar diferentes disfraces y diversas formas de acción, que a veces son mucho más avanzadas y menos sutiles en unas camarillas revisionistas que en otras. Estas «pioneras» son utilizadas por las fuerzas capitalistas para que estimulen a las demás camarillas revisionistas a acelerar la evolución. Son también utilizadas para romper la resistencia de las camarillas revisionistas que se ven obligadas a mostrarse más conservadoras a causa de que la revolución proletaria pende sobre sus cabezas como una espada de Damocles.

Los revisionistas intentan encubrir toda su actividad contrarrevolucionaria destinada a la toma del poder y los esfuerzos que realizan para consolidarlo, creando e inculcando en la conciencia de la clase obrera la ilusión de que es su partido «marxista-leninista» quien está en el poder, que él es quien dirige todo este desarrollo y transformación por el «verdadero camino del socialismo y del comunismo». Esta es la máscara más peligrosa, con ayuda de la cual los revisionistas pretenden evitar los golpes decisivos de la clase obrera. De este modo, intentan convencer a ésta de que toda crítica, toda oposición o rebelión contra su línea revisionista, es una desviación antimarxista, es un crimen contra el leninismo, contra el socialismo, contra el partido de la clase obrera. Los revisionistas difunden este opio por medio de la prensa y de una propaganda falsa, pura invención de principio a fin, lo difunden despojando al partido, en la teoría y en la práctica, de toda característica revolucionaria y haciendo una interpretación supuestamente marxista de toda su actuación política, económica y administrativa encaminada a restaurar el capitalismo. Los revisionistas necesitan asimismo esta falsa interpretación de su política exterior, de sus lazos, alianzas y negociaciones con los capitalistas, para relajar la vigilancia de las masas trabajadoras de sus respectivos países.

En toda esta maliciosa actividad, los revisionistas movilizan a la nueva clase de burócratas corrompidos, quienes se imponen a la clase obrera y a las masas mediante la fuerza de su régimen, sus años de servicio y su pecho cubierto de condecoraciones, pero apolillado. De este modo crean en la clase obrera la idea de que «personas tan honestas no pueden traicionar al partido, a la clase y al socialismo»,

Extraigamos algunas enseñanzas, algunas conclusiones de esta contrarrevolución revisionista.

Comencemos por Hungría. En medio de la euforia suscitada por la subida al poder del revisionismo Jruschovista, pero cuando éste aún no había consolidado sus posiciones, el capitalismo mundial, su agencia titista y la reaccionaria burguesía magiar, desencadenaron la contrarrevolución armada contra la dictadura del proletariado y el Partido de los Trabajadores Húngaros, pensando que Hungría era el eslabón más débil en la cadena de los países socialistas. Y, en efecto, así era. El Partido de Rakosy se derritió como la nieve bajo el sol. Sin embargo el capitalismo mundial y el titismo, en su actividad, cometieron un error, no analizaron bien los momentos: estaban convencidos de la traición de Jruschov, pero no calcularon que sus posiciones eran aún inestables y, a pesar de sus vacilaciones iniciales, se vio obligado hacer intervenir a los tanques. De lo contrario, hubiera comprometido su camino de traición. No obstante, con respecto a la contrarrevolución húngara cabe puntualizar algunas cuestiones:

1. – La contrarrevolución húngara fue iniciada por algunos intelectuales y estudiantes. Estas capas vacilantes, al no estar bajo la influencia de un verdadero partido marxista-leninista, se convirtieron en reserva y escuadrones de la ofensiva contrarrevolucionaria bajo la dirección de la burguesía. Los escritores húngaros estuvieron a la vanguardia de esta contrarrevolución.

2. – La clase obrera húngara, y en particular la de Budapest, a pesar de las tradiciones revolucionarias heredadas de la revolución proletaria de 1919, no supo defender el poder y sus conquistas. Por el contrario, una buena parte de ella, y especialmente en esta ciudad, se movilizó a favor de los contrarrevolucionarios, convirtiéndose así, en reserva de la reacción. En otras palabras, el trabajo del Partido de los Trabajadores Húngaros carecía de base, era superficial. La clase obrera no le reconocía plenamente como su dirigente. Este fue el peor de los males y el más peligroso.

3. – En pocos días la contrarrevolución liquidó por completo al Partido de los Trabajadores Húngaros y el contrarrevolucionario Janos Kadar promulgó el decreto de su disolución oficial.

4. – Durante los pocos días de contrarrevolución en Hungría, salieron a escena y se crearon repentinamente, como hongos después de la lluvia, numerosos partidos burgueses, capitalistas, fascistas.

Así, la contrarrevolución húngara fue aplastada por los tanques soviéticos. El mismo traidor que había liquidado el partido, obedeciendo al diktat de los revisionistas jruschovistas, promulgó otro decreto sobre la reconstitución del partido, supuestamente nuevo, «marxista-leninista», pero aún más deteriorado que el anterior, el partido revisionista húngaro.

La contrarrevolución húngara fue aplastada pues por los contrarrevolucionarios. Por consiguiente, las dos fuerzas putchistas debían unirse como de hecho se unieron, debían construir «su Hungría», como de hecho la construyeron, debían restaurar el capitalismo, como lo están restaurando de hecho. Extrayendo lecciones de la masacre y después de haber pagado con sangre sus acciones, la reacción húngara desarrolla ahora tranquilamente sus reformas hacia la radical transformación capitalista, independientemente y sin ningún quebradero de cabeza a causa de las fuerzas y los tanques soviéticos estacionados en tierra húngara. La burguesía húngara, por así decirlo, hace su trabajo, pero esta vez bajo la protección de los tanques jruschovistas. La burguesía capitalista húngara, enemiga de la clase obrera, adormece a ésta y forja nuevas cadenas para ella, bajo la máscara y la «bandera del partido». La burguesía capitalista tiene como vanguardia a su vieja intelectualidad y a la nueva revisionista, en completa unidad de pensamiento y acción.

Tomemos el caso de Polonia. En 1956, al igual que en Hungría, estallaron sangrientas manifestaciones en Poznan, que fueron aplastadas por los tanques, esta vez polacos y no soviéticos. La iglesia y la reacción polaca tenían cartas en el asunto y Jruschov, temiendo que Polonia se separase entonces de la Unión Soviética, amenazó a Gomulka con enviar sus tanques. Pero éste se resistió, y Jruschov, de mala gana, tuvo que sonreír y abrazar al fascista Gomulka, tal como lo calificaba a sus espaldas, en conversaciones con otros.

Pero más tarde y ahora, en los últimos días, los acontecimientos se desarrollan de distinta forma en Polonia. Han adquirido otra fisonomía, característica de todos los países revisionistas. En Polonia han comenzado las manifestaciones, los enfrentamientos. Sangrientos choques se producen entre la policía de Gomulka y los escritores, la intelectualidad y los estudiantes que reclaman «libertad», «completa democracia» y «liberalización». Esta vez los contrarrevolucionarios polacos, que se han levantado contra los contrarrevolucionarios revisionistas gomulkianos, saludan a los contrarrevolucionarios checoslovacos y se solidarizan con ellos. La intelectualidad reaccionaria polaca, dirigida por el capitalismo mundial, el clero y el judaísmo no está satisfecha con la camarilla revisionista de Gomulka y la liquidará tal como está haciendo la nueva camarilla eslovaca de Dubchek con la camarilla revisionista de Novotny, de la que hablaremos más adelante. Pero, al igual que en Hungría, en Polonia, la intelectualidad reaccionaria y los estudiantes se encuentran al frente de las reivindicaciones, el partido está podrido, los órganos de la dictadura están, por el momento, al servicio de la camarilla de Gomulka; la clase obrera no reacciona, no se lanza a las calles para hacer la debida limpieza. ¿Estará en condiciones la camarilla de Gomulka de contener esta ola que se levanta? Ya lo veremos, pero lo que importa es la ola final que debe prepararse para barrer de Polonia a todos los traidores descarados y encubiertos. Esta ola salvadora será la revolución proletaria de la clase obrera polaca, dirigida por un verdadero partido comunista marxista-leninista.

Tomemos ahora el caso de Checoslovaquia. Los revisionistas soviéticos difundían a los cuatro vientos que era su más fuerte baluarte, el país más fiel, y Antonin Novotny, el hombre más próximo, «el más serio y con más autoridad» del clan revisionista después de ellos. Pero todo esto, tal como habíamos previsto, era infundado, no porque Novotny y su camarilla revisionista no fuesen fieles agentes de los jruschovistas, sino porque no pudieron cumplir las órdenes de sus amos de Moscú. En realidad, Antonin Novotny, viejo jamelgo de los soviéticos, se empantanó en el lodazal revisionista que él mismo creó. Y el otro caballo que le ha reemplazado, es decir Dubchek, se ha desbocado y galopa ahora hacia las «praderas» occidentales, donde le esperan los lazos de los capitalistas franceses y germano-occidentales, quienes han vuelto a abrir el viejo capítulo de sus tristemente célebres agentes Masaryck, Benes, Tiszo, Hacha, etc.

¿Cómo se desarrolla la nueva contrarrevolución en Checoslovaquia? Abiertamente, contra Antonin Novotny y su camarilla, es decir contra el yugo revisionista soviético.

Se avanza sin tapujos hacia el capitalismo, ya sea en el sistema del partido único ya en el del pluripartidismo, hacia un régimen de capitalismo de Estado y hacia la liquidación flagrante de la dictadura del proletariado, en el sistema económico, en la enseñanza y la cultura.

Se preconiza públicamente, no sólo la coexistencia, sino el establecimiento de sólidos lazos con los capitalistas occidentales. Se rinden homenajes ante las tumbas de los Masaryck, padre e hijo, ante la de Benes, se rehabilita con gran alboroto incluso a los fascistas, siendo todos ellos calificados de «eminentes personalidades», víctimas del «terror stalinista» y de una política errónea, seguida no sólo por la camarilla de Novotny, sino también por Gottwald, es decir por el Partido Comunista Checoslovaco y, naturalmente, «por Stalin y el Komintern».

En pocas palabras, Checoslovaquia avanza rápidamente, sin rodeos ni mucha demagogia, hacía el capitalismo, hacia la completa restauración política, ideológica, económica y estatal de la república capitalista burguesa.

¿Con qué medios y en qué formas se desarrolla este proceso? No se debe tomar el proceso checoslovaco desligado de todo el proceso que se desarrolla en el redil revisionista. Es consecuencia de la descomposición, de las profundas contradicciones que existen en el interior del clan revisionista, en el interior de las distintas tendencias en que se divide éste y en cada país revisionista en particular, es consecuencia de las contradicciones que existen a nivel mundial. De modo que la descomposición de Checoslovaquia y el camino que ha tomado, no tienen nada de extraordinario. Nada debe sorprendernos. Esto es completamente normal.

Igualmente normal es la forma abierta que adquieren sus actividades y esto por dos razones: en primer lugar, una parte del pueblo checoslovaco, incluso de la clase obrera, está preparada y predispuesta a seguir ese camino «liberal», como lo llaman los revisionistas. El comunismo ha sido para ellos simple fachada, un incidente, y el Partido Comunista Checoslovaco, desde la liberación hasta hoy, no sólo no ha trabajado sobre bases sólidas, sino que es un hecho que ha transformado escasamente la naturaleza, las tendencias políticas y las inclinaciones ideológicas y culturales de una parte del pueblo, que incluso bajo el régimen socialista conservaba y desarrollaba de forma acusada los sentimientos burgueses capitalistas.

Por otra parte, la nueva evolución checoslovaca hacia el capitalismo demuestra el progresivo debilitamiento del revisionismo soviético, quien, hundido en el gran lodazal que él mismo creó, ya no está en condiciones de amenazar política y económicamente a sus adversarios. Se ha convertido en esclavo de su propio sistema y de su propia traición. A los revisionistas soviéticos no les queda más remedio que poner buena cara al mal tiempo que se les viene encima como una avalancha. La evolución revisionista checoslovaca se desarrolla en la actualidad con el pleno apoyo no sólo de los imperialistas norteamericanos, franceses, germano-occidentales, sino también, como es natural, con el de los titistas, los revisionistas «neutrales» e, in petto, de los revisionistas húngaros. Está cristalizando, por tanto, una fuerza más o menos organizada, siempre en el marco de la degeneración y la «independencia» con respecto a los revisionistas soviéticos, polacos y otros, quienes tienen verdadero pavor a la enfermedad contagiosa que tiende a suprimir a los viejos jamelgos revisionistas para reemplazarlos por otros nuevos.

Los nuevos contrarrevolucionarios checos utilizan métodos modernos variados. Dan gran importancia a tomar plenamente en sus manos el control de la situación interna, sin descuidar la política exterior. Como es natural, por demagogia, públicamente hablan de la «amistad» con la Unión Soviética, para así socavarla por completo. Su principal objetivo es liquidar a Novotny y su camarilla, que apoyan a la dirección revisionista soviética, y reducir los lazos con la Unión Soviética a simples relaciones comerciales. La campaña para desenmascarar, comprometer y, finalmente, liquidar a Novotny adquirió la forma de un asedio. A la vanguardia de esta campaña se encontraban los nacionalistas eslovacos y los sentimientos antichecos, los viejos intelectuales burgueses y los nuevos intelectuales revisionistas, así como los estudiantes y los vagabundos que siguen aún hoy organizando manifestaciones.

El grupo de Novotny y sus amos del Kremlin les colocaron en frente a la policía, pero sin éxito. Novotny, viendo que la soga se le cerraba cada vez más en torno al cuello, hizo traer los tanques a Praga, copiando el método de Jruschov, quien los utilizó para cercar el Kremlin, salvando así su pellejo. Pero Novotny no pudo lograr este objetivo, perdió la partida y quizá también la cabeza.

El grupo de Dubchek, para ocultar su juego, utiliza métodos supuestamente legales para liquidar a la camarilla de Novotny. En primer lugar, dicho grupo se aseguró el apoyo del ejército por medio de mandos fieles, organizó la fuga de cierto general, desacreditó a Novotny, al ministro de Defensa Lomsky y movilizó al partido, «convencido» de que con peticiones, reuniones y manifestaciones de estudiantes, podría conseguir la destitución o la rápida dimisión de Novotny. Toda esta operación se está realizando muy rápidamente, sin disparar un solo tiro y bajo los frenéticos aplausos del capitalismo mundial, a cuyo seno vuelve el perro sarnoso.

¿Qué harán ahora los soviéticos? Nada, únicamente coger a Novotny para su colección, si es que se lo permiten, e instalarle en una villa como hicieron antes con algún otro.

Después de esta purga, en Checoslovaquia se luchará por estabilizar la situación. Sin embargo, las cosas no terminarán aquí. Se producirán grandes contradicciones y violentas batallas políticas y económicas.

Así pues, en estos dos países, Polonia y Checoslovaquia, donde los revisionistas están en el poder, se desarrolla el mismo proceso de degeneración capitalista. Los objetivos, las formas y métodos de esta degeneración son los mismos, aunque los destinos y los resultados son diferentes. En ambos países, las nuevas camarillas revisionistas, que pretenden acelerar el proceso de evolución hacia un régimen plenamente capitalista, se esfuerzan por suprimir a las viejas camarillas revisionistas de Novotny y Gomulka.

Los sentimientos antichecos y chovinistas eslovacos la radical transformación de la economía checoslovaca en una economía capitalista, la completa transformación de la actual estructura y superestructura checoslovacas para que se ajusten a la vuelta al capitalismo, los más estrechos y amplios lazos económicos, culturales y políticos con los Estados capitalistas, los sentimientos antisoviéticos y el debilitamiento de todos los vínculos con los revisionistas soviéticos, todo esto es lo que inspira y orienta a la nueva camarilla revisionista checoslovaca, conducida por Dubchek.

La vieja camarilla y el viejo revisionista Novotny están, en la actualidad, completamente aislados y desbaratados. Todos abandonan el barco que se va a pique y toman el «nuevo camino». De forma que, en Checoslovaquia, triunfó la contrarrevolución en la contrarrevolución.

Los revisionistas soviéticos han perdido toda su autoridad política en Checoslovaquia y su influencia pierde terreno. Conociéndoles de sobra como les conocemos no nos resulta difícil comprender que han ejercido fuertes presiones para evitar su catástrofe en este país.

Por otra parte, la Checoslovaquia capitalista refuerza las posiciones capitalistas de Tito y de sus amigos, contribuye a la completa transformación de la Hungría de Kadar, con él o sin él a la cabeza, favorece el proceso en Polonia.

Toda esta situación que se está creando en Europa Central conmocionará profundamente el Tratado de Varsovia y el COMECON, conducirá a la formación de alianzas bilaterales y multilaterales, en un espíritu totalmente diferente al que tienen hoy. El COMECON y las relaciones económicas se modificarán, se deteriorarán, adquirirán nuevas formas, y se amalgamarán con las capitalistas.

Toda esta transformación capitalista constituye asimismo una seria amenaza para la Alemania Democrática, a la que los revisionistas empujarán a través de diferentes formas y métodos, hacia la integración con la Alemania de Bonn. Este proceso está en marcha. Los revisionistas soviéticos están completamente paralizados. La única arma que les queda son las presiones económicas. Pero también éstas, como se ve claramente, son ineficaces. El capitalismo tiene un gran interés en financiar a los que se separan de la Unión Soviética y se encaminan hacia Occidente. Dispone de capitales para hacer inversiones. Busca nuevos mercados, nuevas colonias y nuevos satélites.

Así que, los nuevos capitalistas revisionistas no han obtenido grandes provechos de las llamadas «ayudas internacionalistas» de los revisionistas soviéticos y están cambiando de pesebre.

Este gran fracaso de los soviéticos se percibe en el gran desconcierto en que se han sumido. Hace tiempo que se vienen produciendo estas rupturas, y la censura no permite que la opinión pública soviética se entere de nada. Esto demuestra el temor que tienen al pueblo y a los revolucionarios, pero también, a los nuevos revisionistas. Estos últimos, contagiados de la enfermedad checoslovaca, pueden echarse a la calle contra la camarilla en el poder para derrocarla y reemplazarla por otra camarilla revisionista. En tal caso Kosíguin y Brezhnev actuarán como lo hace actualmente el clan revisionista de Gomulka en Polonia.

Un proceso semejante al de Checoslovaquia ha comenzado también en Polonia, pero por el momento con destinos diferentes, El clan Gomulka impidió temporalmente este proceso, no porque Gomulka fuera más hábil que Novotny, sino porque las circunstancias de Polonia son algo diferentes. Por eso, también las tácticas de Gomulka son diferentes y parecen «más inteligentes».

En Checoslovaquia, los escritores y los estudiantes fueron los primeros en actuar. Pero en ellos dominaba particularmente el sentimiento nacionalista eslovaco, hostil a los checos, y el sentimiento nacionalista checo, antieslovaco. Otros sentimientos venían a sumarse a esto, además del antisovietismo y su apego al Occidente que les eran comunes.

En Polonia el proceso comenzó de la misma forma que en Checoslovaquia. Las tendencias, ideas y objetivos eran idénticos. Y el clan de Gomulka utilizó, como Novotny, la violencia de la policía, pero con éxito. El pueblo polaco no está constituido por dos pueblos como Checoslovaquia. Por eso, el factor que aquí desempeñó un gran papel no tuvo efecto en Polonia. Gomulka debía encontrar un chivo expiatorio contra el cual desencadenar su violencia y lo encontró en el «sionismo». Así pues, ¡los disturbios de Polonia «fueron provocados por el sionismo»! Gomulka no menciona a la iglesia, porque teme que la rebelión se amplíe y adquiera grandes proporciones. Gomulka intenta mantener al margen a la iglesia y el hecho es que ésta, que en otras ocasiones lanzaba llamamientos y organizaba ardientes manifestaciones contra Gomulka, ahora no entró en la lid. Es evidente que se han puesto de acuerdo hasta que pase la ola. Por otra parte Gomulka, antisoviético empedernido, se ha colocado en estos momentos bajo el amparo de los revisionistas soviéticos, quienes a fin de cuentas cuando vean que todo está perdido en Polonia, incluso podrán atreverse a intervenir, so pretexto de salvar a este país, mantener el paso libre para acudir en «ayuda de Alemania Oriental», etc.

Willy Brandt, por su parte, en el Congreso de su partido, declaró: «es normal que reconozcamos la frontera Oder-Neisse». Era una oferta a Polonia para que rompiera con los soviéticos, un supuesto «respaldo» del pueblo a la política «perseverante» de Gomulka respecto a las fronteras germano-polacas y, en definitiva, una tentativa de cerrar el cerco en torno a Alemania Oriental y tender un «cordón sanitario» alrededor de la Unión Soviética capitalista.

Todas estas circunstancias, el antisemitismo, el antisovietismo, etc., hicieron que el proceso capitalista prosiguiera en Polonia según la fórmula de Gomulka. Pero esto es provisional. El problema está en el orden del día.

Los marxistas-leninistas, los revolucionarios polacos, el pueblo y la clase obrera, aún no han dicho su última palabra. Gomulka lanzó también a las manifestaciones a una parte de la clase obrera. Esto muestra la falta de claridad que hay allí; el gran trabajo que debe realizarse para hacer volver a la clase obrera al verdadero camino, a las posiciones de clase anticapitalistas y antirrevisionistas, contra Gomulka, contra la iglesia católica, contra los sionistas.

Hay asimismo países y partidos, pretendidamente neutrales, que siguen el curso revisionista hacia el capitalismo en situaciones internas relativamente tranquilas, sin manifestaciones ruidosas, pero naturalmente, con agudas contradicciones en la dirección, en el pueblo y en el Partido, a pesar de que hoy se presenten como aparentemente mudos. Esta falsa unidad es fruto del temor al peligro exterior y, en primer lugar, del temor a los revisionistas soviéticos que disponen de sus propios hombres en el interior de la dirección de esos partidos, aunque aun en minoría. Sin embargo quienes dominan en estos países y partidos «neutrales», son las camarillas de intelectuales burgueses que se basan únicamente en los sentimientos antisoviéticos. Por eso, con cierta diferencia respecto a los checoslovacos, estos revisionistas ponen el acento en la política exterior, en los lazos con los Estados capitalistas, con la Yugoslavia titista, con la Checoslovaquia de Dubchek, para contrabalancear el peligro revisionista soviético. En la actual coyuntura, estas camarillas suprimen a sus adversarios internos, que pueden representar un peligro para ellos, y se esfuerzan por consolidar el régimen burgués que están estableciendo en sus países, liquidando el socialismo.

Veamos ahora el caso de la Unión Soviética. La degeneración jruschovista de la Unión Soviética, del Partido Comunista de la Unión Soviética, desde los últimos años del reinado de Nikita Jruschov, y posteriormente de manera más acentuada, originó grandes peligros para la camarilla del Kremlin. No solamente profundizó las contradicciones entre esa camarilla y el pueblo soviético sino que creó también una capa de nuevos revisionistas adversarios de la vieja camarilla revisionista, y a la que pretenden liquidar y reemplazar por una nueva de la misma naturaleza, pero más liberal y capaz de acelerar el proceso de restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Toda esta basura no estaba satisfecha, manifestó su descontento y planteó nuevas exigencias. Al frente de esta gente se encontraban también aquí los intelectuales y los escritores aburguesados, los hombres del arte y de la cultura revisionistas. La degeneración había penetrado profundamente en la juventud, entre los estudiantes y los demás. Todo esto venía adquiriendo formas alarmantes para la camarilla en el poder. El mismo Jruschov reaccionó varias veces una vez advertido el peligro, no porque insistieran en marchar hacia el capitalismo, sino porque querían prescindir de él, hacerlo con otros, y más con obras y acciones que con sus bufonadas y métodos chapuceros.

La camarilla que llegó al poder después de Jruschov, trató de hacer las cosas algo mejor que su amo. Se ligó más estrecha y sólidamente con el imperialismo norteamericano, destruyó aún más el partido y la economía socialista, impulsó la degeneración fuera y dentro del país. Pero toda esta actividad le creó, al mismo tiempo, grandes dificultades y contradicciones. La economía soviética se debilitó, el prestigio de la Unión Soviética cayó por los suelos, sus «amigos» la fueron abandonando uno tras otro sus alianzas asumieron unas formas y un contenido completamente capitalistas, opresores, puramente formales y ridículos. La resistencia contra la camarilla en el poder se intensificó por todas partes. Por no hablar de la arena internacional, el grupo de Brezhnev y Kosiguin se encuentra en el interior entre varios fuegos, que ¡anda y apágalos! Los intelectuales, escritores y estudiantes revisionistas han intensificado sus manifestaciones y la camarilla del Kremlin se ve obligada a arrestarlos y encarcelarlos. Las cárceles y los campos de concentración están repletos, desde luego, de revolucionarios, pero también de nuevos contrarrevolucionarios.

En la Unión Soviética, sin lugar a dudas, se organiza y crece la revolución proletaria. La camarilla en el poder le tiene pavor, la golpea, trata de desviarla, de neutralizarla cuanto le resulta posible, de entretener con ilusiones al partido de la clase obrera y a la misma clase respecto a que ella y su partido «leninista» están a la cabeza, que «todo marcha según la línea leninista y las normas leninistas», etc. En cuanto a la difusión de estas ilusiones viene al caso citar los supuestos «pensamientos realistas históricos» sobre Stalin, que ciertos generales y mariscales arribistas y degenerados se han puesto a escribir, para echar arena a los ojos de las masas populares y de los verdaderos revolucionarios. Pero los revolucionarios bolcheviques y la clase obrera soviética no se dejarán engañar por mucho tiempo. Se dan cuenta cada vez mejor de que quien se encuentra de hecho en el poder es una camarilla de renegados y su administración burocrática antiobrera, que el partido se ha transformado en un partido burgués y la dictadura es una dictadura burguesa, de la nueva clase capitalista, que oprime a las masas y a la clase obrera, las explota económicamente en beneficio de la nueva burguesía revisionista y de ningún modo les permite manifestar su fuerza, ni ejercer sus derechos. Las tentativas de los revisionistas de despolitizar a la clase obrera, de eliminarla del escenario político y orientarla hacia el economismo, están destinadas a fracasar.

Como puede verse, todos estos procesos tienen características semejantes, hoy más visibles y ruidosas en Checoslovaquia y Polonia, mañana en Hungría o en otros países. Estos procesos estimularán aún más las ambiciones de la intelectualidad reaccionaria revisionista soviética y de este modo asistiremos a enfrentamientos no sólo entre esta última y la camarilla en el poder, sino también entre la intelectualidad moderada y los extremistas de derecha, entre la verdadera intelectualidad marxista leninista por un lado, y la camarilla y las mencionadas tendencias por el otro. Y al final, el Iván ruso se despertará de su profundo sueño, la clase obrera soviética dirigida por los revolucionarios marxista-leninistas debe ganar y ganará las calles para hacer escuchar su voz, Golpeará la mesa con el puño y dará inicio a la segunda revolución proletaria. Estamos convencidos de que así será, que este proceso dialéctico se realizará, que las circunstancias los acontecimientos y su desarrollo harán madurar la situación, ¿Cuándo? Esto no puede ser determinado por nosotros.

De todo este desarrollo de los acontecimientos en los países revisionistas, de las tácticas, las formas y los métodos de lucha de los revisionistas modernos contra el marxismo-leninismo, la dictadura del proletariado, la clase obrera, su partido y el régimen socialista, nuestro Partido, además de haberlos analizado otras veces, se ha impuesto tareas precisas, para impedir que el revisionismo moderno, o cualquier otro virus antimarxista, infecte el cuerpo y la mente sanos del Partido y de la dictadura del proletariado en nuestro país.

En lo que se refiere a la degeneración revisionista en algunos países, deben ponerse en evidencia algunas características típicas, similares en todos los partidos revisionistas. Es un hecho que la clase obrera en primer lugar, y después el resto de las masas trabajadoras, fueron cogidas por sorpresa, no reaccionaron inmediata y enérgicamente contra la traición a su gran causa, que habían conquistado y consolidado a precio de tanta sangre y sacrificios. Los elementos traidores que usurpan el poder en el Partido y en el Estado, no sólo al comienzo de su labor de zapa cuando se encubren y organizan, sino también posteriormente cuando sus actividades y posiciones se han hecho patentes, no chocan con una firme resistencia de parte de la clase obrera y de su partido, quienes por el contrario aceptan, sin gran oposición, el yugo de los traidores, y, si reaccionan, lo hacen débilmente. El Partido y la clase obrera, en primer lugar, han perdido su vigilancia y la dureza de la violencia que les caracteriza y que siempre debe caracterizarles en la lucha de clases, en la lucha contra sus propios enemigos y contra los enemigos del socialismo.

¿Por qué sucede esto y cuál es la causa de esta apatía, de este relajamiento de la vigilancia y del no empleo de la violencia, no sólo en los partidos comunistas con una limitada experiencia revolucionaria, sino también en el partido más antiguo y más grande y con una experiencia revolucionaria colosal, como fue el Partido Bolchevique?

En general, los motivos que han creado esta situación, no son un misterio ni son desconocidos, pero en este artículo mencionaremos algunas de las razones que nos parecen más esenciales y más peligrosas para un partido marxista-leninista.

Examinemos este problema en el Partido Bolchevique, en el partido más antiguo y más revolucionario de cuyos aciertos y errores hemos aprendido todos.

En primer lugar y por encima de todo está el problema del Partido. Aquí debemos esforzarnos por descubrir las deficiencias y los errores que tan trágicamente influyeron en el surgimiento del revisionismo y la usurpación del poder por los traidores jruschovistas en la Unión Soviética.

a) La cuestión de la educación política e ideológica del Partido Bolchevique, por sorprendente que pueda parecer, no se llevó a cabo en todas las etapas con el ritmo y la profundidad que los momentos exigían. Además esta educación adolecía de deficiencias en la forma, los métodos, y, algunas veces, en su contenido. A pesar de lo que se decía, la ligazón entre la teoría y la acción revolucionaria práctica no se efectuaba cuanto se debía ni como se debía en todos sus aspectos, de modo que todos pusieran en primer plano la política orientada a lograr la revolucionarización de los individuos, con objeto de mantener vivo el espíritu revolucionario proletario en todo el partido, y de que todos, ante cualquier problema, comprendiesen y aplicasen con espíritu revolucionario la línea del Partido. Si hubo un país donde existían escuelas cursos, formas, medios, métodos, etc., de educación política e ideológica, ése era la Unión Soviética. Lo mismo podemos decir en lo referente a la formación y educación de los cuadros. No es que en la Unión Soviética se descuidara el estudio de la infalible teoría marxista-leninista, pero algo hizo que la educación política e ideológica cojeara y este algo no fueron únicamente las formas, los métodos, y los ritmos, que, como se ha dicho más arriba, influyeron en la insuficiente asimilación y aplicación práctica de la teoría. Hubo igualmente diversos otros factores que influyeron negativamente.

b) La aplicación de las normas del Partido Bolchevique, o mejor dicho, su profunda comprensión ideológica y política y su aplicación revolucionaria en la práctica, no estaba a su debido nivel. Todas estas normas eran correctas. Lenin las había creado y establecido a través de una gigantesca lucha y Stalin las afirmó, las defendió y las aplicó. Pero en la vida, en el curso del proceso de desarrollo, en el trabajo y en la lucha, vemos estas normas correctamente aplicadas, pero también cubiertas de polvo, llegando a enmohecerse para finalmente degenerar y transformarse en una poderosa y muy peligrosa arma en manos de los enemigos de clase y del Partido, tal como sucedió en todos los partidos revisionistas. En estos partidos se habla profusamente del centralismo democrático, pero éste ha dejado de ser leninista; se habla de crítica y autocrítica «bolcheviques», pero ya no son bolcheviques; se habla de disciplina de partido, pero ya no es una disciplina leninista, sino fascista; se habla de moral proletaria, pero la moral es burguesa, antiproletaria, antimarxista; se habla de libre expresión de opiniones en el seno del parido respecto a cualquier problema o persona, pero la libre expresión de opiniones, ateniéndose al espíritu de partido, al espíritu proletario, conduce a la cárcel o a los campos de concentración; y así sucesivamente con todas las normas verdaderamente leninistas del partido. Así pues, las normas oficiales, independientemente de las máscaras, son antileninistas, burguesas, reaccionarias, fascistas. Semejante desviación de las normas leninistas, que constituyen la fuerza del partido en tanto que férrea organización de vanguardia del proletariado, para adoptar normas revisionistas, es el peor de los males para un partido marxista-leninista, es un terrible instrumento para la degeneración del partido, para su desintegración, para su total abandono del histórico papel de transformar la sociedad. Es un hecho que se ha operado este giro regresivo, en lo que respecta a esta cuestión en el Partido Comunista de la Unión Soviética y en los otros partidos revisionistas y a pesar de que no todos los comunistas soviéticos aprueban y obedecen estas normas antileninistas, es indiscutible que hoy las normas revisionistas imperan en éste y en otros partidos revisionistas, y que están socavando el partido y el socialismo en sus respectivos países.

Cabe formular la siguiente pregunta: ¿Si la política y la ideología marxista-leninistas hubiesen sido comprendidas y aplicadas correctamente, tal como hemos expuesto, las normas leninistas del partido, establecidas en el Partido Bolchevique por los grandes lideres, Lenin y Stalin, hubiesen sido aplicadas en todo momento de manera correcta, revolucionaria, hubiera ocurrido lo que ocurrió?

¡No! ¡No hubiera ocurrido! Pero ocurrió a causa de las razones explicadas más arriba y de las que expondremos más adelante.

c) El partido comunista, como destacamento organizado de vanguardia de la clase obrera, debe ser, él ante todo, una aguda punta de lanza; debe salvaguardar, desarrollar y templar las mejores virtudes de la clase obrera; debe ser el primero en asimilar y aplicar debidamente la ideología de la clase obrera, el marxismo-leninismo; debe, él ante todo, estar vigilante y ser inexorable con el enemigo de clase. Y para ello, debe poseer, comprender y aplicar esas normas leninistas que le hacen un partido de la clase obrera, capaz de dirigir a ésta y a sus aliados hacia la conquista de los objetivos de clase. Esto constituye una gran unidad y no cualquier unidad, sino la que llamamos unidad marxista-leninista, unidad marxista-leninista en el seno del partido, unidad de pensamiento y de acción sobre la base de las normas leninistas, entre la base del partido y la dirección, unidad en la misma dirección del partido, férrea unidad marxista-leninista entre el partido y la clase obrera, monolítica y armónica unidad partido-clase obrera-pueblo y la idea fundamental de esta unidad, su base y su garantía, es la unidad partido-clase obrera, es la dirección decisiva de la clase obrera con su partido a la cabeza, inspirados, templados e iluminados por su ideología marxista-leninista.

Esta unidad no se forja ni en un día, ni en un año.
Se forja a través de innumerables luchas y peligros que le impone el enemigo de clase, quien recurre a todos los medios, objetivos y subjetivos, políticos e ideológicos, a la opresión y al terror, a las medidas coercitivas y a las perturbaciones económicas, a la corrupción abierta y a la labor de zapa ilegal contra la clase obrera en general y contra el partido en tanto que organización, contra los miembros del partido y los funcionarios del Estado, o de las organizaciones de masas en particular.

No vamos a tratar ampliamente este problema, sólo recalcaremos que primero, la salvaguardia de la unidad y su temple no son algo conquistado de una vez para siempre y que los comunistas no pueden dormir tranquilamente; segundo, la unidad a lo socialdemócrata, la unidad de «camaradas» al margen de los principios y de las normas marxista-leninistas del Partido, «la unidad para no disgustar a nadie» aunque se violen las normas y los principios, ésa no es la unidad que buscamos. La nuestra no es la unidad por la unidad al margen de los principios. Nuestra unidad, en su completo significado, se forja en la lucha, se templa a través de la lucha y se salvaguarda en una lucha continua, consecuente y revolucionaria. De otro modo, no puede haber unidad marxista-leninista.

En el Partido Bolchevique de Lenin y Stalin existía esta unidad, se luchaba enérgicamente por templarla, pero no se puede decir que todo fuera perfecto, ya que entonces se negaría la lucha de clases dentro y fuera del país, y en las filas del partido, se dejaría en el olvido al enemigo de clase, que libra una aguda lucha en todas las formas y cuyo único objetivo es socavar la unidad, infiltrarse en los organismos del partido y de la dictadura del proletariado, para corroerlos y desbaratarlos, para penetrar en la conciencia y en los puntos de vista de los comunistas, para desmoralizarlos y degenerarlos.

Así pues, en el Partido Bolchevique de Lenin y Stalin -y esto lo prueban los éxitos alcanzados en la construcción del socialismo, en la construcción del primero y más poderoso Estado socialista del mundo-, se avanzaba por el justo camino leninista, y Stalin, a la cabeza del Partido Bolchevique, luchó correctamente, con energía y profunda comprensión y sin cometer errores teóricos ni políticos; siguiendo el camino de la clase obrera, siguiendo el camino del partido leninista, aplicando sus normas, para alcanzar los objetivos de la clase y de su partido, que eran la construcción del socialismo y del comunismo en la Unión Soviética y en el mundo.

Sin embargo, se plantea la pregunta: ¿puesto que era así, por qué después de la muerte de Stalin el Partido Bolchevique degeneró en un partido revisionista? Esta es una pregunta legítima que debe ser planteada y cuya respuesta exige que se encuentren las razones objetivas y subjetivas. En otros artículos publicados anteriormente ya hemos dicho que ésta es una cuestión tan importante como difícil de tratar a fondo y sin errores, sin basarse en los documentos, particularmente los internos, del Partido Bolchevique, de los que no disponemos y es difícil que dispongamos, sobre todo en la situación actual. Pero nuestra ideología y la experiencia de nuestro Partido y de los demás partidos, pueden ayudarnos a determinar algunas de estas razones. Exponemos algunas, ya que hay y debe haber muchas. No obstante, es posible que estas razones sean incompletas.

Planteando el problema, tal como hemos hecho más arriba, paulatinamente, sin dejarse sentir y sobre la base de los grandes éxitos logrados en la construcción socialista, se creó en los cuadros del partido y del Estado socialista una cierta autosatisfacción y un legítimo orgullo que, sin quererlo ni comprenderlo, desde el estado latente, se inflaban y degeneraban en tendencias erróneas e incompatibles con la moral proletaria. La ideología y la educación marxista, por principio y en la práctica, condenaban estas tendencias cuando se manifestaban en forma flagrante y peligrosa, pero en su forma general se desarrollaban y esto no era considerado como algo peligroso, penetraba en las normas del partido y, poco a poco, le daba también a éstas aquel carácter. Esto crecería más tarde y, entrelazado con otros hábitos no proletarios, contribuiría a agravar las cosas.

Los miembros del Partido Bolchevique, que habían sido guiados en las batallas legendarias por Lenin y Stalin, cuadros de extracción proletaria y de ímpetu revolucionario, templados en la revolución, en las luchas, en la construcción del socialismo, en las luchas contra el trotskismo, contra el bujarinismo, contra los desviacionistas y otros traidores, se templaron política e ideológicamente y crearon una firme y legítima confianza en su glorioso Partido Bolchevique, en Lenin y Stalin, en la justa línea y en las normas que éstos establecían.

Para ellos el partido lo era todo: su corazón, su cerebro, las niñas de sus ojos; por eso le defendían eran educados por él y por su gran dirigente. Pero mientras la mayoría de los cuadros soviéticos se esforzaban por aplicar la acertada línea y las justas normas establecidas por el partido con Stalin al frente, en algunos, en un comienzo en forma vaga, y después poco a poco de una manera más amplia y cristalizada, fue surgiendo un sentimiento de estabilidad ajeno a la concepción revolucionaria del desarrollo. Mientras ejercían modestas funciones, los cuadros trabajaban con tesón para servir lo mejor posible a la causa de la revolución, aplicando rigurosamente las normas y la línea del partido, manteniendo estrechos lazos con las masas y con la clase obrera. Pero con el transcurso del tiempo, con la superación de las dificultades con la adquisición de la instrucción y la cultura necesarias e indispensables, ideológicas, políticas, y generales, con la edad y la prolongada militancia en el partido comenzó a germinar en algunos la semilla del mal. Los éxitos en el trabajo alimentaron el sentimiento de autosatisfacción y, a la par de ello, los cuadros soviéticos fueron perdiendo la sencillez proletaria; comenzaron a aumentar las pretensiones injustificadas, que ellos consideraban «políticamente legítimas» porque habían trabajado y luchado. Con su ascenso a cargos de responsabilidad se cristalizaba en ellos la tendencia a la comodidad y cada vez se infectaban más de burocratismo, intelectualismo y tecnocratísmo. Así, de forma gradual, entre los cuadros del Partido Bolchevique y del Estado soviético, por una parte, y las masas del pueblo soviético y la clase obrera, por otra, se creó un foso, un desnivel. Numerosos cuadros ya no escuchaban, como antes, la voz de las masas, en ellos iba afirmándose de día en día la idea de que lo sabían todo, de que eran especialistas en todo, de que política e ideológicamente estaban por encima de las masas, por encima de la clase obrera, y de que veían más lejos que ellas. Estos cuadros confundían su autoridad y su prestigio con la autoridad y el prestigio de que gozaban el Partido Bolchevique y Stalin entre las masas del pueblo soviético y de la clase obrera. Todos estos rasgos antiproletarios deformaron en estos cuadros los conceptos revolucionarios, y estos mismos cuadros infectaron también la línea del partido y deformaron su aplicación; las normas revolucionarias del partido se convirtieron en pura fórmula; la propia vida del partido y su organización, de igual modo que toda la administración estatal soviética, se fueron anquilosando.

Por eso el educar a los cuadros del partido, del Estado y de la administración, el hacerles adquirir instrucción y cultura es uno de los problemas más importantes, pero en primer lugar su educación política e ideológica y su continua revolucionarización es una tarea aún más importante.

El dotar a los cuadros únicamente de instrucción y cultura, acompañado del peligro de su burocratización, puede crear y crea en ellos sentimientos de superioridad y presunción, permite que se arraiguen en ellos los rasgos del intelectualismo y el tecnocratismo que progresivamente los colocan por encima de la masa del partido y de la clase, y de este modo se crea, poco a poco, una situación en la que una capa domina sobre la clase y su partido proletario, anquilosa a éste y sus normas revolucionarias, las priva de vida, las difunde sin celo, las mutila y las despoja de su influencia y acción revolucionarias. Esto origina el divorcio de las masas, de la clase obrera y de la dirección de ésta.

Si el partido y la clase obrera no dedican un cuidado particular y constante a elevar el nivel ideológico y político de los cuadros, no sólo a través de los libros, sino también con acciones prácticas y en lucha cotidiana e incesante, su promoción a puestos de dirección, su diferencia de nivel educativo y cultural con respecto a la gran masa del partido y de la clase obrera, su larga militancia en el partido o como funcionarios del Estado, las grandes diferencias salariales (un peligroso mal) y los privilegios de que pretendidamente gozan por ser cuadros (otro peligroso mal), corrompen a los cuadros, los llevan a adoptar progresivamente, quiéranlo o no, rasgos ajenos a la clase proletaria. Un fenómeno semejante puede producirse también en los cuadros de extracción y condición obrera, pero este peligro es aún mayor para los que proceden del campesinado y de la capa de la intelectualidad. El partido de la clase obrera debe educar a los cuadros para que progresen y desempeñen cargos de mayor responsabilidad y también para que comprendan correctamente, cuando se presente el caso, la necesidad de que desempeñen cargos inferiores, no sólo cuando son incapaces e inactivos en las funciones que se les ha asignado o por errores cometidos en el trabajo o en la vida, sino también cuando son capaces y cumplen correctamente sus tareas. Los cuadros deben ser educados para que comprendan que, incluso cuando están en regla, el separarles de funciones de responsabilidad y enviarles a trabajar al seno de la clase obrera y de las masas trabajadoras, constituye una necesidad, redunda en interés de los propios cuadros y del partido, para el presente y para el futuro.

Las tres características arriba mencionadas -el burocratismo, el intelectualismo y el tecnocratismo- hicieron que en el Partido Bolchevique y en el Estado soviético no se sintiera debidamente el espíritu revolucionario de los tiempos heroicos. Todo este espíritu enfermo no acataba abiertamente la correcta línea del partido. Los cuadros permanecían fieles a Stalin y se lanzaban al fuego por él, porque Stalin pertenecía a la clase; gracias a su clarividencia marxista-leninista de clase no cometió errores de principio, ni en lo político, ni en lo ideológico, ni en lo económico, ni en el terreno militar. Defendió con lealtad todo lo que era leninista y desarrolló aún más el leninismo.
Pero, en este marasmo creado gradualmente, si bien la energía «stalinista» del partido y de la dictadura del proletariado impulsaba el trabajo hacia adelante, la labor del partido se esclerotizaba, las normas eran aplicadas, pero sin empuje revolucionario, la línea era puesta en práctica, pero sin ritmo revolucionario, se estudiaba el marxismo-leninismo, pero no se estaba en condiciones de erradicar estas peligrosas tendencias. Muchos cuadros superiores y medios del partido y del Estado, que poseían títulos de estudio, veían la situación «desde arriba» y sobre todo, desde el punto de vista pequeñoburgués de la, superioridad absoluta. Estos crearon el concepto de que eso era una cosa natural, de que eran superiores a la masa del partido, y adquirían así los rasgos de una clase situada por encima de la clase obrera y del partido, se consideraban infalibles porque formaban parte de la dirección, tenían una larga militancia, poseían conocimientos y eran ellos quienes decidían si haría buen o mal tiempo. Todos estos conceptos antimarxistas se desarrollaban, voluntariamente o no, encubiertos tras las normas del partido, se hablaba del centralismo democrático, de la crítica y la autocrítica, de la disciplina de partido, de las, elecciones de abajo arriba, pero todo había perdido su espíritu revolucionario. ¿A dónde podía conducir todo esto? A la ruptura progresiva entre la dirección y la masa del partido, y entre este último y la clase obrera. Por tanto, en esencia se debilitaba la unidad marxista-leninista que hemos mencionado más arriba. Stalin era el artífice de la unidad leninista y de su defensa, a pesar del marasmo que existía. Después de su muerte, se comprobó la ruptura de esta unidad en la dirección y en el Partido Bolchevique y los revisionistas usurparon el poder.

Mientras Stalin vivía, Jruschov y sus traidores compinches habían trabajado, naturalmente, de manera muy camuflada. Después de su muerte, aprovechándose de la situación, usurparon el poder, se esforzaron y se esfuerzan por mantener y profundizar aún más todo el proceso negativo en curso, procediendo a la completa transformación del país hacia el capitalismo y a la liquidación del Partido Bolchevique de Lenin y Stalin. El ataque contra Stalin era un ataque contra el leninismo, contra el marxismo-leninismo. Por ello se desembarazaron y se están desembarazando de los que consideran stalinistas y, presentándose como supuestos leninistas, se empeñan en profundizar cada vez más el proceso de liquidación del partido en tanto que partido marxista-leninista del proletariado y en aislar a la clase obrera soviética, sumirla en el sopor, hacerla amorfa y apolítica, a fin de evitar los golpes que pueda asestarles.

Naturalmente existen también otros motivos, pero a nuestro juicio, los mencionados hicieron que la clase obrera de la Unión Soviética, cientos de miles y millones de cuadros soviéticos del partido y del Estado, fuesen cogidos por sorpresa, pensaran y piensen (puesto que no están tan formados política e ideológicamente, lo que no nos debe sorprender) que lo que hizo Jruschov era «justo y estaba en concordancia con las normas leninistas», se dejaron engañar por las calumnias, por la demagogia y las promesas de los traidores, pero no cabe duda de que esto no durará mucho tiempo. La clase obrera y los revolucionarios soviéticos están despertando y despertarán cada vez más y recobrarán el espíritu ofensivo de las luchas revolucionarias a través de las cuales fueron orientados por Lenin y Stalin. Deben lanzarse al combate con las armas en la mano, y lo harán, si no hoy, mañana. La situación madurará. El tiempo trabaja para la revolución proletaria.

En otros partidos revisionistas se ha dado este proceso, pero de una forma más profunda, a causa de que los partidos de los países revisionistas, a excepción del polaco, son partidos que no han combatido, no han pasado por ese crisol, a pesar de la publicidad que se hacen presentándose como viejos partidos, que supuestamente han combatido. Su bagaje en este sentido -que es lo principal-, es muy pobre, por no decir nulo.

Además, estos partidos se reanimaron, se reorganizaron y tomaron el poder gracias al Ejército Soviético y a la ayuda directa del Partido Bolchevique y de Stalin. Esta fue una ayuda vital para ellos, no sólo porque fueron materialmente reconstruidos, sino también porque fueron apoyados para crear la cohesión política e ideológica en su seno. Luego en estos partidos como el polaco, el alemán, el checoslovaco, el húngaro, etc., se llevó a cabo la fusión organizativa, política e ideológica del partido comunista y del partido socialista y socialdemócrata. Así fue como el gusano socialdemócrata, en vez de quedar fuera en el frente, penetró en el partido. Se le echó agua al vino y este supuesto vino ahora se ha transformado en vinagre. Los partidos socialdemócratas de Cyriankiewiczt (1), de Otto Grotewohl (2), de Fierlinger (3), en vida de Stalin, guardaban silencio, pero trabajaban desde dentro, corroían, desmoralizaban, acaparaban cuanto podían, importantes posiciones.

Con el advenimiento de Jruschov al poder, comenzó, naturalmente, el regocijo general. Más tarde comenzó la ruptura, una ruptura radical, ya que la degeneración ha echado profundas raíces en esos partidos y países. Si el marxista-leninista Gottwald levantó en armas a los obreros e hizo temblar a la reacción que tuvo que esconderse en sus madrigueras, ahora el revisionista Dubchek goza del sostén de una parte de la clase obrera checoslovaca. Lo mismo ocurre en Hungría, y parcialmente en Polonia, puesto que la clase obrera polaca tiene tradiciones más revolucionarias. Pero, la lucha por ganarse a la clase obrera y por lanzarla a la revolución debe ser el objetivo principal de todo partido marxista-leninista. No hay ni podrá haber revolución proletaria sin la clase obrera y sin la dirección del partido marxista-leninista.

Los estudiantes y los intelectuales deben lanzarse a la revolución guiados por la clase obrera y el partido marxista-leninista, pero también puede suceder lo contrario, si, como hacen los revisionistas, no son colocados en el lugar que les corresponde en la revolución y no son correctamente educados en el camino revolucionario. Jamás puede la juventud asumir y realizar las tareas y el papel que la historia ha encomendado a la clase obrera. En todo lugar y ante cualquier problema, la clase obrera y su partido deben estar al frente, en la dirección absoluta. El campesinado y las diferentes capas sociales deben marchar por el camino de la clase obrera y, en alianza con ella, deben ser educados en sus leyes y en su ideología y quien no siga este camino y ponga cuñas en las ruedas, debe ser descartado, según el caso, con la persuasión o la violencia.

A la luz de todo lo expuesto, aparecen más nitidamente el camino y la justa línea marxista-leninista seguidos por nuestro Partido en todas las etapas del desarrollo, incluso en los momentos más críticos, su fidelidad sin límites a las ideas y a la obra revolucionaria de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Pero nuestro Partido siempre ha tenido presente que ningún partido comunista, y tampoco el nuestro, están inmunizados contra el peligro revisionista, por eso siempre ha aguzado la vigilancia y no se ha dormido jamás en los laureles. Ha acumulado y desarrolla cada día una rica experiencia respecto a cómo cortar el paso al revisionismo y a la restauración del capitalismo. Las medidas adoptadas por el Partido para una nueva revolucionarización de toda la vida del país, para perfeccionar y desarrollar las relaciones socialistas de producción y la superestructura, a fin de depurarlas de todo lo ajeno a nosotros, son de decisiva y vital importancia para la causa del socialismo.

El Partido del Trabajo de Albania, siguiendo el justo camino marxista-leninista, ha desarrollado y desarrolla la lucha de clases, dentro y fuera de sus filas; siendo la fuerza motriz durante todo el período de transición del capitalismo al socialismo, ha dado una primordial importancia a la educación revolucionaria de clase de los trabajadores, y sobre todo de la joven generación; en diversas formas, particularmente a través de las acciones revolucionarias, ha desarrollado y desarrolla una lucha consecuente y de principios contra toda deformación burocrática, por la continua profundización de la línea de masas en todos los terrenos, por el constante perfeccionamiento de la democracia socialista. Sobre todo se ha dedicado una atención particular a la constante revolucionarización del Partido y de sus cuadros, de forma que nunca se separen del pueblo, que no pierdan los rasgos y el espíritu revolucionarios, no se burocraticen ni degeneren.

El Partido siempre ha tenido en cuenta la acción dialéctica de los diversos factores y toda su influencia tanto positiva como negativa. Ha aplicado y aplica en profundidad múltiples medidas de revolucionarización, educación, trabajo y lucha en todos los frentes, que constituyen una multitud de problemas, pequeños y grandes, todos importantes y estrechamente relacionados, particularmente en el frente de la educación ideológica de clase y de la lucha de clases. Por eso, ha proseguido y prosigue la lucha frontal, sin cesar, siempre en ascenso, extrayendo a cada paso lecciones de los aciertos y errores, a fin de que estos últimos no se repitan y de que no le embriaguen ni le adormezcan los éxitos. Por este justo camino marxista-leninista, nuestro Partido y nuestro pueblo marchan con indestructible confianza hacia la construcción del socialismo y del comunismo.

En las actuales condiciones, cuando las camarillas revisionistas están liquidando en sus países todas las victorias del socialismo, la clase obrera debe allí tener clara conciencia de que el partido revisionista en el poder no es ya un partido del proletariado, sino un instrumento en manos de estas direcciones traidoras para restaurar el capitalismo y engañar a las masas. Hoy no hay lugar para las ilusiones, las vacilaciones y las esperas. La clase obrera de los países revisionistas se encuentra actualmente ante la absoluta necesidad histórica de lanzarse nuevamente al campo de batalla, emprender una lucha implacable y consecuente hasta el fin para derrocar y aplastar a las camarillas traidoras, realizar una vez más la revolución proletaria, restaurar la dictadura del proletariado. Esto exige indudablemente decisión, audacia, sacrificios, la renovación del espíritu y de las tradiciones revolucionarias de los tiempos de Lenin y Stalin. Exige, en primer lugar y sobre todo, que los auténticos revolucionarios se organicen en nuevos partidos marxista-leninistas, que movilicen al proletariado y al resto de las masas trabajadoras, les organicen y conduzcan a la victoria su insurrección general.

En estos importantes momentos para los destinos de la revolución, todos los marxistas-leninistas y el proletariado mundial no pueden permanecer callados y hacer de simples espectadores frente a lo que está ocurriendo en los países revisionistas. El internacionalismo proletario exige que todos los revolucionarios levanten su voz, desarrollen una lucha de principios y hasta el fin por el desbaratamiento de todas las camarillas revisionistas en el poder y brinden su apoyo a la clase obrera y a los pueblos que se encuentran actualmente bajo el yugo de los revisionistas, para derrocar a estas camarillas traidoras e izar nuevamente la bandera de la revolución y del socialismo.

Contra el revisionismo moderno. 1968-1970

Notas

(1) Secretario General del Partido Socialista Polaco.
(2) Uno de los fundadores del Partido Socialista Unificado Alemán (1946).
(3) Presidente del Partido Socialdemócrata Checoslovaco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s