Ante las elecciones al Parlament de Catalunya: ¡Boicot!

En castellano:

27-S, o cuando la voluntad popular deja paso al vil mercadeo

Tras varios meses de pugna inter-burguesa, la fracción de la clase dominante catalana que encabeza a día de hoy el procés, ha decidido llamar a las urnas al pueblo catalán, en una descarada muestra de que entre democracia y mercadeo parlamentario, ha optado de manera prístina por lo segundo. El Movimiento por la Reconstitución, ante esta nueva convocatoria, y en línea con lo que se ha expresado en anteriores ocasiones, llama al boicot ante esta nueva farsa electoral burguesa, como no podía ser de otra manera. Sin embargo, nuestro posicionamiento al respecto es, por fuerza, cualitativamente distinto al que mostramos ante las pasadas elecciones de mayo, en parte porque viene precedido por la audaz postura que esgrimimos ante el referéndum del pasado 9 de noviembre. Así pues, se antoja necesario que nos retrotraigamos un poco y comencemos con una breve retrospectiva, en busca de que se observe mejor la coherencia de nuestras argumentaciones, tanto pasadas como presentes.

9-N: dos caminos, un mismo objetivo

Como decíamos, nuestro posicionamiento ante el referéndum del 9 de noviembre se pudo considerar audaz, máxime considerando el estado del movimiento “comunista” en el Estado español. Este, que yace como un lánguido cuerpo a la espera de que la historia vuelva simplemente hacia atrás en busca de glorias pasadas, se halla además ensimismado en su particular escolástica; dado que no comprende la relación entre los términos que utiliza y el espíritu que hace ya tiempo los creó, sus posicionamientos van siempre a remolque de una u otra fracción de la burguesía. Uno de los muchos, muchísimos términos que nuestros revisionistas repiten cual cacatúa, intentando que su mera pronunciación haga que broten por arte de magia los posicionamientos políticos que lo encumbraron, es el del derecho a la autodeterminación. Mentado casi siempre, en el mejor de los casos, como la solución al problema nacional presente en el Estado español, dicho término ha ido anquilosándose, convirtiéndose en una manida frase hecha que nada por sí sola puede resolver. Lógico, pues, que en ese vacío ideológico campen a sus anchas tanto el nacionalismo de la nación opresora como el de la nación oprimida, ambos cerrando el paso al genuino espíritu internacionalista en la cuestión.

Desde el Movimiento por la Reconstitución, sin embargo, siempre hemos interpretado el derecho a la autodeterminación como parte indisoluble de una unidad dialéctica, donde operan tanto la cuestión democrática y la lucha contra toda opresión, como el espíritu universal de la clase de los explotados. Al igual que sucede con la propia constitución del Partido Comunista, donde vanguardia y masas se aúnan de manera dialéctica para desplegar el potencial revolucionario de la humanidad explotada, solo la síntesis de la democracia con el internacionalismo permite acometer con garantías el correcto tratamiento de la cuestión nacional. El resultado de la ausencia de uno de los dos elementos salta a la vista no solo hoy en día, sino también a nivel histórico, pues las posturas de los distintos destacamentos revisionistas sobre la cuestión nacional no son en absoluto novedosas: cada una de ellas no es más que la expresión actual de dos esquemas presentes hace ya más de un siglo, y contra las que el naciente partido bolchevique desarrolló su lucha de dos líneas. Por aquel entonces, una parte de la socialdemocracia dictó la imposibilidad de la independencia factual de cualquier nueva nación devenida en Estado, dada su inclusión en el amplio organigrama imperialista global; es decir, basándose en la división internacional del trabajo a escala mundial, se negó de antemano la independencia política de cualquier nuevo Estado, y por tanto se denigró la posibilidad de acción del proletariado revolucionario en pos de eliminar la opresión nacional: en una especie de reverso oscuro de la inevitabilidad del socialismo, se aducía que, debido a que la tendencia intrínseca del imperialismo era, supuestamente, conformar Estados cada vez más grandes y por tanto se caminaba hacia la disolución de las naciones, resultaba inútil dedicar esfuerzos a una cuestión cuya solución vendría dada a través del propio desenvolvimiento del sistema capitalista. Así, no solo se desdeñaba la utilización del elemento democrático para intentar aliviar la cuestión nacional, sino que se negaba la posibilidad de separación política, lo que evidentemente alimentaba el nacionalismo de nación opresora. Frente a esta visión se encontraba su contraria, representada principalmente por la escuela austríaca (Bauer y cía.): aquí, la nación dejaba de ser un elemento de la propia época burguesa y pasaba a convertirse en verdadero adagio de la humanidad universal, presente en toda época y lugar; de esta manera, se eternizaba dicha conformación social también bajo el socialismo, donde el proletariado cogería las riendas de una formación aún imperfecta para desarrollarla en toda su potencialidad, perpetuando sine die la segregación del ser humano a través de fronteras y trabas auto-impuestas.

Frente a ambas idealizaciones, tanto la del imperialismo como simple trituradora de cuerpos nacionales de menor entidad, como la de la nación como única muestra posible de socialización humana, la línea internacionalista defendida por el partido bolchevique mostró que el proletariado, a través de la defensa del derecho a la autodeterminación e igualdad de todas las naciones, puede minimizar y atenuar los choques y desconfianzas nacionales, permitiendo así la implementación práctica de la unidad internacionalista del proletariado en su lucha revolucionaria, la cual ha de allanar el camino hacia la fusión y disolución de las naciones en humanidad emancipada en el Comunismo. Esa es la postura que intentó explicitar el Movimiento por la Reconstitución ante el 9-N, aunque quizás sea necesario que insistamos algo más: tal y como propugnaba Lenin, el derecho a la autodeterminación necesita además, para desplegarse en toda su potencialidad, de una división funcional del trabajo internacionalista entre los proletarios de la nación opresora y los de la nación oprimida. Así, mientras que desde las organizaciones procedentes de la nación opresora se ha de realizar agitación a favor de la libertad de separación, desde la nación oprimida se ha de hacer hincapié en la libertad de unión. Solo desde esta perspectiva se puede entender que se pidiese el voto para el Sí-Sí desde las organizaciones radicadas principalmente en la nación opresora, pero se declarase libertad de voto desde la organización presente en tierras catalanas, Balanç i Revolució. Ambos caminos eran diferentes, pero el objetivo seguía siendo el mismo: poner en pie de nuevo el internacionalismo proletario genuino con el objetivo de posicionarse contra toda opresión y aliviar las tensiones nacionalistas entre la clase obrera de las diferentes naciones, cuya tarea histórica concreta sigue siendo a día de hoy la de reconstituir el Partido Comunista en todo el Estado español, para destruir el mismo mediante la Guerra Popular, estrategia militar de esa clase universal que es el proletariado.

¡Contexto, más contexto, siempre contexto!

Sin embargo, dicha lucha contra la opresión y las desconfianzas nacionales no se produce nunca en un vacío, entendido este por partida doble: ni en cuanto al momento histórico en que puede tener lugar, ni en cuanto a las formas que esa lucha puede revestir. Ya se expusieron en su momento ambos condicionantes, pero no está de más
volver a incidir en ellos, para contar con una perspectiva más completa. En cuanto al momento histórico en que nos encontramos, entendemos que nos hallamos inmersos en un período de interregno entre dos ciclos revolucionarios, con todo lo que ello conlleva: ante la ausencia de horizonte emancipatorio, su lugar ha sido ocupado por todo tipo de opciones burguesas, entre las que se incluye muy poderosamente el nacionalismo. Por esa razón, y mientras el incipiente movimiento por la reconstitución del Partido Comunista no sea capaz de erigirse como actor político de primer orden y pueda generar sus propias dinámicas que contraponer a este nuevo auge de los movimientos nacionalistas, consideramos que lo prioritario es incidir en el aspecto democrático como atenuante de la cuestión nacional. En cuanto al Estado español en particular, era evidente que la opción que más en contra se posicionaba del statu quo actual, y por tanto la que más potencial disgregador tenía respecto de los mecanismos de encuadramiento burgués, era sin duda alguna la del voto afirmativo respecto a la independencia de Catalunya, no sólo porque el mismo implicaba educar a nuestra clase en el desprecio a las fronteras estatales establecidas por la burguesía; sino porque además la participación en la consulta favorecía imbuir de odio en la legalidad vigente al proletariado, dado el carácter ilegal de la consulta del 9 de Noviembre: una doble educación (contra las fronteras y contra el orden legal) necesaria para el proletariado catalán… y para el proletariado español. Pues partiendo de que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre, éste último necesita sacudirse de su insensibilidad, cuando no complacencia (apuntalada en la fría hegemonía del revisionismo), respecto de la opresión nacional, para fundirse con los proletarios del resto de naciones. Por otra parte, y respecto las formas políticas que pueda adoptar un movimiento nacionalista (y por tanto burgués por naturaleza) en pos de una posible independencia nacional, es necesario realizar una distinción fundamental: la existencia o no de un mandato imperativo por parte de las masas. Así, un referéndum directo, cuyas mecánicas no se vean insertas de manera directa en las propias mediaciones que establece la burguesía entre representados y representantes, propia de su parlamento, supone la forma más democrática a través de la cual el pueblo catalán se puede expresar sobre la potencial necesidad de crear un Estado propio. Y aunque el referéndum del pasado año sólo puede comprenderse como parte del procés de encuadramiento nacional de las masas en Catalunya, el que el mismo se desarrollase contra la legalidad, lejos de favorecer la táctica de Mas y los suyos, permitía la diferenciación entre los dos aspectos contradictorios de un referéndum (su aspecto reaccionario como momento reproductor de las inercias parlamentarias del régimen burgués; y su aspecto democrático como fugaz momento de implicación directa de las masas en los asuntos públicos), pudiendo en esta ocasión el pueblo catalán actuar como soberano de su destino. Por ese motivo, desde el Movimiento por la Reconstitución entendimos que en el 9-N debíamos animar a nuestra clase a participar en el referéndum.

Es decir, y a modo de resumen: nuestro posicionamiento partía de unas condiciones concretas, tanto a nivel de las circunstancias históricas en las que nos movemos como por las formas a través de las cuales el pueblo catalán podía expresarse sobre su destino. Dicho posicionamiento, por tanto, se inscribe en la línea y espíritu marcado por el internacionalismo proletario, y supone una decisión táctica en base al contexto en que nos movemos.

Y quizás en esa palabra, táctica, se halle al menos parte de la enjundia de nuestra posición respecto al 9-N. A diferencia de las numerosas organizaciones nacionalistas teñidas de rojo, cuyo programa incluye de manera explícita la lucha por la independencia de una u otra nación, nuestro movimiento a favor del Sí-Sí desde el resto del Estado español se circunscribía a esas condiciones que acabamos de establecer; de no haber sido así, de haber realizado cierta genuflexión frente a las proclamas siempre independentistas de ciertos sectores de la burguesía, estaríamos incurriendo en un delito por partida doble en cuanto a principios: por un lado, estaríamos socavando la siempre necesaria independencia política del proletariado, mientras que, por el otro, estaríamos otorgando labores positivas a nuestra clase respecto a la nación. Como ya hemos mencionado en algún otro momento, al proletariado no le compete ninguna tarea de construcción nacional, aquellas que Lenin denominaba positivas respecto a la nación (esto es, de nacionalización de masas), sino que, justamente al contrario, su labor consiste en atenuar por todos los medios posibles los roces y desconfianzas nacionales, con la vista siempre puesta en la articulación internacionalista de su proyecto político revolucionario. Al mismo tiempo, y entroncando con la necesidad de evitar las tareas de orden positivo por parte del proletariado en su agenda respecto a la nación, desde el Movimiento por la Reconstitución entendemos que es el Estado español el marco político a través del cual se ha de enmarcar la lucha de clases del proletariado en la actualidad, y será así mientras no se produzca la independencia de una u otra nación. Esto, evidentemente, marca claramente nuestra posición respecto a aquellas organizaciones que, haciendo el juego a sus respectivas burguesías nacionales, plantean el encuadramiento del proletariado siguiendo un principio nacional, el cual lleva a la segregación de este y por tanto a su pérdida de independencia política frente a una burguesía que es, de facto, internacional. Es decir, y ya a modo de síntesis: nuestro movimiento táctico preservó nuestros principios, y por tanto confirmó la estrategia general: incidimos en la cuestión nacional para intentar atenuarla de manera concreta, al mismo tiempo que preservamos la independencia política del proletariado y explicitamos, a través de nuestro trabajo político, la necesidad de la reconstitución del Partido Comunista en el marco de todo el Estado bajo las circunstancias actuales.

Así pues, podríamos decir que nuestra postura respecto al 9-N podría presentarse como ejemplo de aplicación correcta y creativa de otra de esas manoseadas frases que siempre tiene a bien repetir el revisionismo patrio: “firmeza en los principios, flexibilidad en la táctica”. Creemos que el modo adecuado de proceder, como hemos visto, consiste en la asimilación del espíritu que dio luz a las consignas, con el objetivo de poder implementar la táctica adecuada en cada momento. Por el contrario, lo que nos ofrece el revisionismo, desde su eterna escolástica, es la utilización de toda consigna como subterfugio desde el que justificar su abandono de unos principios y un espíritu que ya no quiere ni puede aprehender, pues su inmediatismo pragmatista se lo impide por completo: al plegarse a lo espontáneo, su actuar no supone más que una monótona repetición de conciencia en sí, donde el espíritu ha ido muriendo día tras día.

Una diferencia cualitativa

Pero volvamos a las formas políticas de encauzar el movimiento nacionalista, pues aún hay asuntos que tratar al respecto. Tal y como dijimos en la víspera del 9-N, la fracción de la burguesía catalana a cuya cabeza marcha el president, no mostraba signo alguno de querer implementar el mandato popular y democrático expresado en las urnas, sino más bien todo lo contrario: los movimientos tras bambalinas de todos los actores, independientemente de que estos se mostrasen más o menos aguerridos o contestatarios frente al Estado español, eran evidentes antes de la celebración de la votación, y no han hecho más que incrementarse durante todo el período posterior. Tanto es así, tan intensas han sido las negociaciones inter-burguesas, que hasta el propio procés dio en repetidas ocasiones síntomas de detenerse, de frenarse en seco. Únicamente tras la cesión por parte de ERC a sumarse a una lista unitaria dominada por CDC tanto en números como en candidato a president, la candidatura denominada Junts pel Sí, el procés ha vuelto a coger aire, tras varios meses en los que estuvo a buen recaudo de Artur Mas y sus correligionarios.

Esta fracción del capital catalán, (el cual en conjunto poco tiene de homogéneo respecto a este asunto: ahí están las materializaciones partidarias del cómodo encaje de otras fracciones en el crisol de la hispanidad: de los inveterados constitucionalistas de Duran-Espadaler a la moderna caspa de Ciutadans), ha preferido y prefiere, por tanto, intentar regatear al Estado español antes que materializar al instante el mandato imperativo que surgió de la voluntad popular; ha optado por adaptarse a las reglas del juego del Estado español, o dicho de otro modo: ha preferido astucias frente a valentía, mercadeo frente a democracia. Y es que la burguesía teme lo que considera el horror vacui: la posibilidad de verse desbordada por las masas.

Sin embargo, hasta la propia burguesía es consciente de la diferencia cualitativa que existe entre un referéndum y unas elecciones parlamentarias, por mucho que estas tengan el epíteto de plebiscitarias; por esta razón, intenta constantemente ocultar, limar dicha diferencia: solo desde esta perspectiva se entiende la puesta en marcha de distintas maniobras para otorgar la impresión de que la enésima pantomima parlamentaria cuenta con un mayor carácter participativo. Medidas como el programa tots som candidats (en el que ya hay 70.000 candidatos inscritos) o la inclusión de diversas personalidades públicas alejadas en un principio del adusto mundo de la política, como pueden ser Lluís Llach o Pep Guardiola, muestran que la propia burguesía advierte que necesita dar la imagen de que se trata de un proceso popular y no uno dedicado únicamente al reparto de sillones y aspiraciones (y también muestra, por otra parte, hasta qué punto el sistema parlamentario tiene carácter de clase, hasta qué punto fondo y forma están indisolublemente unidos: más allá de que Artur Mas pusiese el grito en el cielo por la intención de conformar una lista sin políticos, lo que pone de manifiesto la mera intención de intentarlo es que ni siquiera es necesario que los políticos profesionales gestionen la res publica: el sistema proporciona los mimbres a través de los cuales solo es posible gestionarla a favor del capital).

Las diferencias entre un referéndum y unas elecciones parlamentarias al uso, por tanto, deberían estar claras: en síntesis, en un referéndum puede abrirse la posibilidad de que las masas se impliquen de manera directa en los asuntos públicos y, al mismo tiempo, de desbordar el orden jurídico establecido y los innumerables arreglos burgueses sobre los que se sostiene la vida política diaria, siempre y cuando se den circunstancias como las provocadas por la cerrazón del gobierno español, que situó fuera de la legalidad la expresión democrática del pueblo catalán. En cambio, unas elecciones parlamentarias suponen irremediablemente el encauzamiento y adocenamiento de las masas, la vuelta al redil mediatizado por la burguesía de manera permanente, donde predominan los pactos con la nación opresora y los arreglos en pos de conquistar una u otra parcela de poder.

Así las cosas, y con una nueva fiesta de la democracia en ciernes, el proletariado catalán no tiene nada que ganar con las próximas elecciones del 27 de septiembre, ni siquiera en el ámbito de la liberación nacional. A diferencia de un referéndum directo a través del que poder corporizar la voluntar popular, la mediación parlamentaria que se avecina solo puede otorgar a las masas el triste papel de último firmante del enésimo mercadeo político en el Parlament. La misión histórica del proletariado, sin embargo, es realizar la revolución a escala mundial, y no la de ser un simple y gris testaferro de sus viles explotadores, sea en una u otra nación. Por ese motivo, y porque nuestra misión va mucho más allá de elegir una u otra papeleta gris con la que seguir sancionando el despreciable régimen de explotación del capital, la única respuesta coherente frente a la enésima farsa electoral de la burguesía es el boicot.

¡Ante la farsa electoral, boicot!
¡Ni un voto obrero en las urnas!
¡Por la reconstitución ideológica y política del comunismo!
¡Guerra popular hasta el Comunismo!

Balanç i Revolució
Cèl·lula Roja
Juventud Comunista de Almería/Juventud Comunista de Zamora
Movimiento Anti-Imperialista
Nueva Dirección Revolucionaria
Nueva Praxis
Revolución o Barbarie

Septiembre de 2015
Estado español

En català:

Davant les eleccions al Parlament de Catalunya: Boicot!

27-S, o quan la voluntat popular deixa pas al vil mercadeig

Després de mesos de pugna inter-burgesa, la fracció de la classe dominant catalana que encapçala a dia d’avui el procés, ha decidit cridar a les urnes al poble català, en una descarada mostra que entre democràcia i mercadeig parlamentari, ha optat de manera pristina pel segon. El Moviment per la Reconstitució, davant aquesta nova convocatòria, i en línia amb el que s’ha expressat en anteriors ocasions, crida al boicot davant aquesta nova farsa electoral burgesa, com no podia ser d’altra manera. Però el nostre posicionament respecte a aquesta és, per força, qualitativament diferent del que vam mostrar davant les passades eleccions de maig, en part perquè està precedit per l’audaç posició que vam esgrimir davant el referèndum del passat 9 de novembre. Així doncs, sembla necessari que ens retrotraguem una mica i comencem amb una breu retrospectiva, en cerca que s’observi millor la coherència de les nostres argumentacions, tant passades com presents.

9-N: dos camins, un mateix objectiu

Com dèiem, el nostre posicionament davant el referèndum del 9 de novembre es va poder considerar audaç, sobretot considerant l’estat del moviment “comunista” a l’Estat espanyol. Aquest, que jeu com un lànguid cos a l’espera que la història torni simplement cap enrere en cerca de glòries passades, es troba a més embadalit amb la seva particular escolàstica; atès que no comprèn la relació entre els termes que utilitza i l’esperit que fa ja temps els va crear, els seus posicionaments van sempre a remolc d’una o altra fracció de la burgesia. Un dels molts, moltíssims termes que els nostres revisionistes repeteixen com a cacatues, intentant que la seva mera pronunciació faci que brollin per art de màgia els posicionaments polítics que el van enaltir, és el del dret a l’autodeterminació. Esmentat gairebé sempre, en el millor dels casos, com la solució al problema nacional present a l’Estat espanyol, aquest terme ha anat anquilosant-se, convertint-se en una rebregada frase feta que per si sola no pot resoldre res. És lògic, doncs, que en aquest buit ideològic facin el que vulguin tant el nacionalisme de la nació opressora com el de la nació oprimida, tots dos barrant el pas al genuí esperit internacionalista en la qüestió.

Des del Moviment per la Reconstitució, però, sempre hem interpretat el dret a l’autodeterminació com a part indissoluble d’una unitat dialèctica, en què operen tant la qüestió democràtica i la lluita contra tota opressió, com l’esperit universal de la classe dels explotats. Igual que succeeix amb la mateixa constitució del Partit Comunista, en què avantguarda i masses s’uneixen de manera dialèctica per a desplegar el potencial revolucionari de la humanitat explotada, només la síntesi de la democràcia amb l’internacionalisme permet d’emprendre amb garanties el tractament correcte de la qüestió nacional. El resultat de l’absència d’un dels dos elements salta a la vista no només avui en dia, sinó també a nivell històric, ja que les posicions dels diferents destacaments revisionistes sobre la qüestió nacional no són en absolut noves: cadascuna d’elles no és més que l’expressió actual de dos esquemes presents fa ja més d’un segle, i contra les quals el naixent partit bolxevic va desenvolupar la seva lluita de dues línies. En aquell temps, una part de la socialdemocràcia va dictar la impossibilitat de la independència factual de qualsevol nova nació convertida en Estat, donada la seva inclusió en l’ampli organigrama imperialista global; és a dir, basant-se en la divisió internacional del treball a escala mundial, es va negar per endavant la independència política de qualsevol nou Estat, i, per tant, es va denigrar la possibilitat d’acció del proletariat revolucionari per eliminar l’opressió nacional: en una mena de revers obscur de la inevitabilitat del socialisme, s’adduïa que, a causa que la tendència intrínseca de l’imperialisme era, suposadament, conformar Estats cada vegada més grans i per tant es caminava cap a la dissolució de les nacions, resultava inútil dedicar esforços a una qüestió la solució de la qual es faria a través del mateix desenvolupament del sistema capitalista. Així, no només es menyspreava la utilització de l’element democràtic per intentar alleujar la qüestió nacional, sinó que es negava la possibilitat de separació política, la qual cosa evidentment alimentava el nacionalisme de nació opressora. Davant aquesta visió es trobava la seva contrària, representada principalment per l’escola austríaca (Bauer i companyia): aquí, la nació deixava de ser un element de la mateixa època burgesa i passava a convertir-se en veritable adagi de la humanitat universal, present en tota època i lloc; d’aquesta manera, s’eternitzava aquesta conformació social també sota el socialisme, en què el proletariat agafaria les regnes d’una formació encara imperfecta per desenvolupar-la en tota la seva potencialitat, perpetuant sine die la segregació de l’ésser humà a través de fronteres i traves autoimposades.

Davant ambdues idealitzacions, tant la de l’imperialisme com a simple trituradora de cossos nacionals amb entitat menor, com la de la nació com a única mostra possible de socialització humana, la línia internacionalista que defensava el partit bolxevic va mostrar que el proletariat, a través de la defensa del dret a l’autodeterminació i igualtat de totes les nacions, pot minimitzar i atenuar els xocs i desconfiances nacionals, i així permet la implementació pràctica de la unitat internacionalista del proletariat en la seua lluita revolucionària, la qual ha d’aplanar el camí cap a la fusió i dissolució de les nacions en humanitat emancipada en el Comunisme. Aquesta és la posició que va intentar explicitar el Moviment per la Reconstitució davant el 9-N, encara que potser és necessari que hi insistim una mica més: tal com propugnava Lenin, el dret a l’autodeterminació necessita, a més, per a desplegar-se en tota la seva potencialitat, una divisió funcional del treball internacionalista entre els proletaris de la nació opressora i els de la nació oprimida. Així, mentre que des de les organitzacions procedents de la nació opressora s’ha de realitzar agitació a favor de la llibertat de separació, des de la nació oprimida s’ha de posar l’accent en la llibertat d’unió. Només des d’aquesta perspectiva es pot entendre que es demanés el vot pel Sí-Sí des de les organitzacions radicades principalment a la nació opressora, però es declarés llibertat de vot des de l’organització present en terres catalanes, Balanç i Revolució. Tots dos camins eren diferents, però l’objectiu continuava sent el mateix: posar dempeus de nou l’internacionalisme proletari genuí amb l’objectiu de posicionar-se contra tota opressió i alleujar les tensions nacionalistes entre la classe obrera de les diferents nacions, la tasca històrica concreta continua sent avui dia la de reconstituir el Partit Comunista a tot l’Estat espanyol, per destruir-lo mitjançant la Guerra Popular, l’estratègia militar d’aquesta classe universal que és el proletariat.

Context, més context, sempre context!

No obstant això, aquesta lluita contra l’opressió i les desconfiances nacionals no es produeix mai en un buit, entenent-lo doblement: ni pel que fa al moment històric en què pot tenir lloc, ni pel que fa a les formes que aquesta lluita pot revestir. Ja es van exposar en el seu moment aquests termes, però no està de massa tornar a incidir-hi, per tenir una perspectiva més completa. Pel que fa al moment històric en què ens trobem, entenem que ens trobem immersos en un període d’interregne entre dos cicles revolucionaris, amb tot el que això comporta: davant l’absència d’horitzó emancipador, el seu lloc ha estat ocupat per tota mena d’opcions burgeses, entre les quals s’inclou en bona mesura el nacionalisme. Per aquesta raó, i mentre l’incipient moviment per la reconstitució del Partit Comunista no sigui capaç d’erigir-se com a actor polític de primer ordre i pugui generar les seves pròpies dinàmiques que contraposi a aquest nou auge dels moviments nacionalistes, considerem que la prioritat és incidir en l’aspecte democràtic com a atenuant de la qüestió nacional. Quant a l’Estat espanyol en particular, era evident que l’opció que més en contra es posicionava de l’statu quo actual, i, per tant, la que més potencial disgregador tenia respecte dels mecanismes d’enquadrament burgès, era sens dubte la del vot afirmatiu respecte a la independència de Catalunya, no només perquè implicava educar la nostra classe en el menyspreu de les fronteres estatals establertes per la burgesia; sinó perquè, a més, la participació en la consulta afavoria imbuir d’odi a la legalitat vigent al proletariat, atès el caràcter il·legal de la consulta del 9 de novembre: una doble educació (contra les fronteres i contra l’ordre legal) necessària per al proletariat català… i per al proletariat espanyol. Ja que, partint de la veritat que un poble que n’oprimeix un altre no pot ser lliure, aquest últim necessita desempallegar-se de la seva insensibilitat, quan no complaença (apuntalada en la freda hegemonia del revisionisme), respecte de l’opressió nacional, per fondre’s amb els proletaris de la resta de nacions. D’altra banda, i respecte de les formes polítiques que pugui adoptar un moviment nacionalista (i, per tant, burgès per naturalesa) a favor d’una possible independència nacional, és necessari realitzar una distinció fonamental: l’existència o no d’un mandat imperatiu per part de les masses. Així, un referèndum directe, les mecàniques del qual no s’insereixin de manera directa en les mateixes mediacions que estableix la burgesia entre representats i representants, pròpia del seu parlament, suposa la forma més democràtica a través de la qual el poble català es pot expressar sobre la necessitat potencial de crear un Estat propi. I encara que el referèndum de l’any passat només es pot comprendre com a part del procés d’enquadrament nacional de les masses a Catalunya, el fet que es desenvolupés contra la legalitat, lluny d’afavorir la tàctica de Mas i els seus, permetia la diferenciació entre els dos aspectes contradictoris d’un referèndum (el seu aspecte reaccionari com a moment reproductor de les inèrcies parlamentàries del règim burgès; i el seu aspecte democràtic com a fugaç moment d’implicació directa de les masses en els assumptes públics), així que en aquesta ocasió el poble català va poder actuar com a sobirà del seu destí. Per aquest motiu, des del Moviment per la Reconstitució vam entendre que en el 9-N havíem d’encoratjar la nostra classe a participar en el referèndum.

És a dir, en resum: el nostre posicionament partia d’unes condicions concretes, tant a nivell de les circumstàncies històriques en què ens movem com per les formes a través de les quals el poble català podia expressar-se sobre el seu destí. El dit posicionament, per tant, s’inscriu en la línia i l’esperit marcat per l’internacionalisme proletari, i suposa una decisió tàctica sobre la base del context en què ens movem.

I potser en aquesta paraula, tàctica, es trobi almenys part de la substància de la nostra posició respecte al 9-N. A diferència de les nombroses organitzacions nacionalistes tenyides de roig, el programa inclou de manera explícita la lluita per la independència d’una o altra nació, el nostre moviment a favor del Sí-Sí des de la resta de l’Estat espanyol es circumscrivia a aquestes condicions que acabem d’establir; si no hagués estat així, si s’hi hagués realitzat una certa genuflexió davant de les proclames sempre independentistes de certs sectors de la burgesia, estaríem incorrent en un delicte doble pel que fa als principis: d’una banda, estaríem soscavant la sempre necessària independència política del proletariat, mentre que, de l’altra, estaríem atorgant tasques positives a la nostra classe respecte a la nació. Com ja hem esmentat en algun altre moment, al proletariat no li competeix cap tasca de construcció nacional, aquelles que Lenin anomenava positives respecte a la nació (és a dir, de nacionalització de masses), sinó que, justament al contrari, la seva tasca consisteix a atenuar per tots els mitjans possibles els frecs i les desconfiances nacionals, amb la vista sempre posada sobre l’articulació internacionalista del seu projecte polític revolucionari. Alhora, i entroncant amb la necessitat d’evitar les tasques d’ordre positiu per part del proletariat en la seva agenda respecte a la nació, des del Moviment per la Reconstitució entenem que és l’Estat espanyol el marc polític a través del qual s’ha d’emmarcar la lluita de classes del proletariat en l’actualitat, i serà així mentre no es produeixi la independència d’una o altra nació. Això, evidentment, marca clarament la nostra posició respecte a aquelles organitzacions que, fent el joc a les seves respectives burgesies nacionals, plantegen l’enquadrament del proletariat seguint un principi nacional, el qual el mena a la segregació i per tant a la seva pèrdua d’independència política davant una burgesia que és, de facto, internacional. És a dir, i ja en síntesi: el nostre moviment tàctic va preservar els nostres principis, i per tant va confirmar l’estratègia general: incidim en la qüestió nacional per intentar atenuar-la de manera concreta, al mateix temps que preservem la independència política del proletariat i explicitem, a través del nostre treball polític, la necessitat de la reconstitució del Partit Comunista en el marc de tot l’Estat sota les circumstàncies actuals.

Així doncs, podríem dir que la nostra posició respecte al 9-N es podria presentar com a exemple d’aplicació correcta i creativa d’una altra d’aquelles grapejades frases que sempre li ve de gust repetir al revisionisme patri: “fermesa en els principis, flexibilitat en la tàctica “. Creiem que la manera adequada de procedir, com hem vist, consisteix en l’assimilació de l’esperit que va donar llum a les consignes, amb l’objectiu de poder implementar la tàctica adequada en cada moment. Al contrari, el que ens ofereix el revisionisme, des de la seva eterna escolàstica, és la utilització de tota consigna com a subterfugi des del qual justifica el seu abandonament d’uns principis i un esperit que ja no vol ni pot aprehendre, ja que el seu immediatisme pragmatista li ho impedeix completament: en plegar-se a l’espontaneïtat, la seva actuació no suposa més que una monòtona repetició de consciència en si, en què l’esperit ha anat morint dia rere dia.

Una diferència qualitativa

Però tornem a les formes polítiques de canalitzar el moviment nacionalista, ja que encara hi ha assumptes a tractar. Tal com vam dir en la vigília del 9-N, la fracció de la burgesia catalana al capdavant de la qual marxa el president, no mostrava cap signe de voler implementar el mandat popular i democràtic que es va expressar a les urnes, sinó més aviat tot el contrari: els moviments entre bastidors de tots els actors, independentment que aquests es mostressin més o menys aguerrits o contestataris davant l’Estat espanyol, eren evidents abans de la celebració de la votació, i no han fet més que incrementar-se durant tot el període posterior. Tant és així, tan intenses han estat les negociacions inter-burgeses, que fins i tot el mateix procés va tenir en repetides ocasions símptomes de detenir-se, de frenar en sec. Únicament després de la cessió per part d’ERC a sumar-se a una llista unitària dominada per CDC tant en nombres com en candidat a president, la candidatura anomenada Junts pel Sí, el procés ha tornat a agafar aire, després de diversos mesos en què va estar ben custodiat per Artur Mas i els seus coreligionaris.

Aquesta fracció del capital català (el qual en conjunt té poc d’homogeni respecte a aquest assumpte: aquí hi ha les materialitzacions partidàries del còmode encaix d’altres fraccions en el gresol de la hispanitat: dels inveterats constitucionalistes de Duran-Espadaler a la moderna caspa de Ciutadans) ha preferit i prefereix, per tant, intentar regatejar a l’Estat espanyol abans que materialitzar a l’instant el mandat imperatiu que va sorgir de la voluntat popular; ha optat per adaptar-se a les regles del joc de l’Estat espanyol, o dient-ho d’una altra manera: ha preferit astúcies davant valentia, mercadeig enfront de democràcia. I és que la burgesia tem el que considera l’horror vacui: la possibilitat de veure’s desbordada per les masses.

No obstant això, fins i tot la mateixa burgesia és conscient de la diferència qualitativa que hi ha entre un referèndum i unes eleccions parlamentàries, per més que aquestes tinguin l’epítet de plebiscitàries; per aquesta raó, intenta constantment amagar, llimar aquesta diferència: només des d’aquesta perspectiva s’entén l’engegada de diferents maniobres per atorgar la impressió que l’enèsima pantomima parlamentària tingui un major caràcter participatiu. Mesures com el programa Tots som candidats (en el qual ja hi ha 70.000 candidats inscrits) o la inclusió de diverses personalitats públiques allunyades al principi de l’adust món de la política, com poden ser Lluís Llach o Pep Guardiola, mostren que la mateixa burgesia adverteix que necessita donar la imatge que es tracta d’un procés popular i no d’un de dedicat únicament al repartiment de butaques i aspiracions (i també mostra, d’altra banda, fins a quin punt el sistema parlamentari té caràcter de classe, fins a quin punt fons i forma estan indissolublement units: més enllà que Artur Mas posés el crit al cel per la intenció de conformar una llista sense polítics, el que posa de manifest la mera intenció d’intentar-ho és que ni tan sols cal que els polítics professionals gestionin la Res publica: el sistema proporciona els canals a través dels quals només és possible gestionar-la a favor del capital).

Les diferències entre un referèndum i unes eleccions parlamentàries a l’ús, per tant, haurien d’estar clares: en síntesi, en un referèndum pot obrir-se la possibilitat que les masses s’impliquin de manera directa en els assumptes públics i, al mateix temps, de desbordar l’ordre jurídic establert i els innombrables arranjaments burgesos sobre els quals se sosté la vida política diària, sempre que hi hagi circumstàncies com les provocades per l’entossudiment del govern espanyol, que ha situat fora de la legalitat l’expressió democràtica del poble català. En canvi, unes eleccions parlamentàries suposen irremeiablement la canalització i l’embrutiment de les masses, la tornada a la cleda mediatitzada per la burgesia de manera permanent, on predominen els pactes amb la nació opressora i els arranjaments per conquerir una o altra parcel·la de poder.

Així les coses, i amb una nova festa de la democràcia als seus inicis, el proletariat català no té res a guanyar amb les pròximes eleccions del 27 de setembre, ni tan sols en l’àmbit de l’alliberament nacional. A diferència d’un referèndum directe a través del qual pugui corporificar la voluntat popular, la mediació parlamentària que s’acosta només pot atorgar a les masses el trist paper de darrer signatari de l’enèsim mercadeig polític al Parlament. La missió històrica del proletariat, però, és realitzar la revolució a escala mundial, i no la de ser un simple i gris testaferro dels seus vils explotadors, sigui en una o altra nació. Per aquest motiu, i perquè la nostra missió va molt més enllà d’escollir una o altra papereta grisa, amb què continuaríem sancionant el menyspreable règim d’explotació del capital, l’única resposta coherent davant l’enèsima farsa electoral de la burgesia és el boicot.

Davant la farsa electoral, boicot!

Ni un vot obrer a les urnes!

Per la reconstitució ideològica i política del comunisme!

Guerra popular fins al Comunisme!

Setembre del 2015

Estat espanyol

En galego:

Ante as eleccións ao Parlament de Catalunya: Boicot!

27-S, ou cando a vontade popular deixa paso ao vil mercadeo

Tras varios meses de pugna inter-burguesa, a fracción da clase dominante catalá que encabeza a día de hoxe o procés, decidiu chamar ás urnas ao pobo catalán, nunha descarada mostra de que entre democracia e mercadeo parlamentario, optou de maneira clara polo segundo. O Movemento pola Reconstitución, ante esta nova convocatoria, e na liña co que se expresou en anteriores ocasións, chama ao boicot ante esta nova farsa electoral burguesa, como non podía ser doutra maneira. Porén, o noso posicionamento ao respecto é, por forza, cualitativamente distinto ao que mostramos ante as pasadas eleccións de maio, en parte porque ven precedido pola audaz postura que esgrimimos ante o referendo do pasado 9 de novembro. Así pois, antóllase necesario que nos retrotraiamos un pouco e comecemos cunha breve retrospectiva, na busca de que se observe mellor a coherencia das nosas argumentacións, tanto pasadas como presentes.

9-N: dous camiños, un mesmo obxectivo

Como dicíamos, o noso posicionamento ante o referendo do 9 de novembro púidose considerar audaz, máxime considerando o estado do movemento “comunista” no Estado español. Este, que xace morto como un lánguido corpo á espera de que a historia volva simplemente cara atrás na busca de glorias pasadas, encóntrase ademais absorto na súa particular escolástica; dado que non comprende a relación entre os termos que utiliza e o espírito que fai xa tempo os creou, os seus posicionamentos van sempre ao remolque dunha ou doutra fracción da burguesía. Un dos moitos, moitísimos termos que os nosos revisionistas repiten cal cacatúa, intentando que a súa mera pronunciación faga que broten por arte de maxia os posicionamentos políticos que os elevaron, é o do dereito á autodeterminación. Amentado case sempre, no mellor dos casos, como a solución ao problema nacional presente no Estado español, dito termo foi anquilosándose, converténdose nunha sobada frase feita que nada por si soa pode resolver. Lóxico, pois, que nese baleiro ideolóxico teñan vía libre tanto o nacionalismo de nación opresora como o de nación oprimida, ambos pechando o paso ao xenuíno espírito internacionalista na cuestión.

Desde o Movemento pola Reconstitución, non obstante, sempre interpretamos o dereito á autodeterminación como parte indisolúbel da unidade dialéctica, onde operan tanto a cuestión democrática e a loita contra toda opresión, como o espírito universal da clase dos explotados. Ao igual que sucede coa propia constitución do Partido Comunista, onde vangarda e masas se fusionan de xeito dialéctico para despregar o potencial revolucionario da humanidade explotada, só a síntese da democracia co internacionalismo permite afrontar con garantías o correcto tratamento da cuestión nacional. O resultado da ausencia dun dos dous elementos salta á vista non só hoxe en día, senón tamén a nivel histórico, pois as posturas dos distintos destacamentos revisionistas sobre a cuestión nacional non son en absoluto novidosas: cada unha delas non é máis que a expresión actual dos esquemas presentes fai máis dun século, e contra as que o nacente partido bolxevique desenvolveu a súa loita de dúas liñas. Por aquel entón, unha parte da socialdemocracia ditou a imposibilidade da independencia de feito de calquera nova nación devida en Estado, dada a súa inclusión no amplo organigrama imperialista global; é dicir, baseándose na división internacional do traballo a escala mundial, negouse de antemán a independencia política de calquera novo Estado, e por tanto denigrouse a posibilidade de acción do proletariado revolucionario en pos de eliminar a opresión nacional: nunha especie de reverso escuro da inevitabilidade do socialismo, aducíase que, debida a que a tendencia intrínseca do imperialismo era, supostamente, conformar Estados cada vez máis grandes e polo tanto camiñábase cara a disolución das nacións, resultaba inútil dedicar esforzos a unha cuestión cuxa solución viría dada a través do propio desenvolvemento do sistema capitalista. Así, non só se desprezaba a utilización do elemento democrático para intentar aliviar a cuestión nacional, senón que se negaba a posibilidade de separación política, o que evidentemente alimentaba o nacionalismo de nación opresora. Fronte a esta visión encontrábase a súa contraria, representada principalmente pola escola austríaca (Bauer e cía.): aquí, a nación deixaba de ser un elemento da propia época burguesa e pasaba a converterse en verdadeira adagio da humanidade universal, presente en toda época e lugar; desta maneira, eternizábase dita conformación social tamén baixo o socialismo, onde o proletariado collería as rendas dunha formación aínda imperfecta para desenvolvela en toda a súa potencialidade, perpetuando sine die a segregación do ser humano a través de fronteiras e trabas auto-impostas.

Fronte a ambas idealizacións, tanto a do imperialismo como simple trituradora de corpos nacionais de menor entidade, como a da nación como única mostra posíbel de socialización humana, a liña internacionalista defendida polo partido bolxevique mostrou que o proletariado, a través da defensa do dereito á autodeterminación e igualdade de todas as nacións, pode minimizar e atenuar os choques e desconfianzas nacionais, permitindo así a implementación práctica da unidade internacionalista do proletariado na súa loita revolucionaria, a cal alisará o camiño cara a fusión e a disolución das nacións na humanidade emancipada no Comunismo. Esa é a postura que intentou explicitar o Movemento pola Reconstitución ante o 9-N, aínda que quizais sexa necesario que insistamos nalgo máis: tal e como propugnaba Lenin, o dereito á autodeterminación necesita ademais, para despregarse en toda a súa potencialidade, dunha división funcional do traballo internacionalista entre os proletarios da nación opresora e os da nación oprimida. Así, mentres que desde as organizacións procedentes da nación opresora ten que realizarse axitación a favor da liberdade de separación, desde a nación oprimida ten que insistirse na liberdade de unión. Só desde esta perspectiva pódese entender que se pedise o voto para o Si-Si desde as organizacións radicadas principalmente na nación opresora, pero se declarase liberdade de voto desde a organización presente en terras catalás, Balanç i Revolució. Ambos camiños eran diferentes, pero o obxectivo seguía sendo o mesmo: pór en pé de novo o internacionalismo proletario xenuíno co obxectivo de posicionarse contra toda opresión e aliviar as tensións nacionalistas entre a clase obreira das distintas nacións, cuxa tarefa histórica concreta segue sendo a día de hoxe a de reconstituír o Partido Comunista en todo o Estado español, para destruír ao mesmo mediante a Guerra Popular, estratexia militar desa clase universal que é o proletariado.

Contexto, máis contexto, sempre contexto!

Porén, dita loita contra a opresión e as desconfianzas nacionais non se produce nunca nun baleiro, entendido este por partida dobre: nin en canto ao momento histórico no que pode ter lugar, nin en canto ás formas que esa loita pode revestir. Xa se expuxeron no seu momento ambos condicionantes, pero non está de máis volver a incidir neles, para contar cunha perspectiva máis completa. En canto ao momento histórico no que nos encontramos, entendemos que nos atopamos inmersos nun período de interregno entre dous ciclos revolucionarios, con todo o que iso conleva: ante a ausencia de horizonte emancipatorio, o seu lugar foi ocupado por todo tipo de opcións burguesas, entre as que se inclúe moi poderosamente o nacionalismo. Por esa razón, e mentres o incipiente Movemento pola Reconstitución do Partido Comunista non sexa capaz de erixirse como actor político de primeira orde e poida xerar as súas propias dinámicas que contrapor a este novo auxe dos movementos nacionalistas, consideramos que o prioritario é incidir no aspecto democrático como atenuante da cuestión nacional. En canto ao Estado español en particular, era evidente que a opción que máis en contra se posicionaba do statu quo actual, e por tanto a que máis potencial disgregador tiña ao respecto dos mecanismos de encadramento burgués, era sen dúbida algunha a do voto afirmativo respecto a independencia de Catalunya, non só porque o mesmo implicaba educar a nosa clase no desprezo ás fronteiras estatais estabelecidas pola burguesía; senón porque ademais a participación na consulta favorecía imbuír de odio na legalidade vixente ao proletariado, dado o carácter ilegal da consulta do 9 de Novembro: unha dobre educación (contra as fronteiras e contra a orde legal) necesaria para o proletariado catalán… e para o proletariado español. Pois partindo de que un pobo que oprime a outro non pode ser libre, este último precisa sacudirse da súa insensibilidade, cando non compracencia (apuntalada na fría hexemonía do revisionismo) respecto da opresión nacional, para fundirse con proletarios do resto de nacións. Por outra parte, e respecto as formas políticas que poida adoptar un movemento nacionalista (e por tanto burgués por natureza) en pos dunha posíbel independencia nacional, é necesario realizar unha distinción fundamental: a existencia ou non dun mandato imperativo por parte das masas. Así, un referendo directo, cuxas mecánicas non se vexan inseridas de maneira directa nas propias mediacións que estabelece a burguesía entre representados e representantes, propia do seu parlamento, supón a forma máis democrática a través da cal o pobo catalán se pode expresar sobre a potencial necesidade de crear un Estado propio. E aínda que o referendo do pasado ano só pode comprenderse como parte do procés de encadramento nacional das masas en Catalunya, o que o mesmo se desenvolvese contra a legalidade, lonxe de favorecer a táctica de Mas e os seus, permitía a diferenciación entre os dous aspectos contraditorios dun referendo (o seu aspecto reaccionario como momento reprodutor das inercias parlamentarias do réxime burgués; e o seu aspecto democrático como fugaz momento de implicación directa das masas en asuntos públicos), podendo nesta ocasión o pobo catalán actuar como soberano do seu destino. Por ese motivo, desde o Movemento pola Reconstitución entendemos que no 9-N debiamos animar a nosa clase a participar no referendo.

É dicir, e a modo de resumo: o noso posicionamento partía dunhas condicións concretas, tanto a nivel das circunstancias históricas nas que nos movemos como polas formas a través das cales o pobo catalán podía expresarse sobre o seu destino. Dito posicionamento, por tanto, inscríbese na liña e espírito marcado polo internacionalismo proletario, e supón unha decisión táctica en base ao contexto no que nos movemos.

E quizais nesta palabra, táctica, encóntrese polo menos parte do elemento central da nosa posición respecto ao 9-N. A diferenza das numerosas organizacións nacionalistas tinguidas de vermello, cuxo programa inclúe de forma explícita a loita pola independencia dunha ou doutra nación, o noso movemento a favor do Si-Si desde o resto do Estado español circunscribíase a esas condicións que acabamos de estabelecer; de non ser así, de non realizar certa xenuflexión fronte as proclamas sempre independentistas de certos sectores da burguesía, estariamos incorrendo nun delito por partida dobre en canto a principios: por un lado, estariamos socavando a sempre necesaria independencia política do proletariado, mentres que, polo outro, estariamos outorgando labores positivas a nosa clase respecto á nación. Como xa mencionamos nalgún outro momento, ao proletariado non lle compete ningunha tarefa de construción nacional, aquelas que Lenin denominaba positivas respecto á nación (isto é, de nacionalización de masas), senón que, xustamente ao contrario, a súa labor consiste en atenuar por todos os medios posíbeis os roces e as desconfianzas nacionais, coa vista sempre posta na articulación internacionalista do seu proxecto político revolucionario. Ao mesmo tempo, e entroncando coa necesidade de evitar as tarefas de orde positiva por parte do proletariado na súa axenda respecto á nación, desde o Movemento pola Reconstitución entendemos que é o Estado español o marco político a través do cal se ten que enmarcar a loita de clases do proletariado na actualidade, e será así mentres non se produza a independencia dunha ou doutra nación. Isto, evidentemente, marca claramente a nosa posición respecto a aquelas organizacións que, facendo o xogo as súas respectivas burguesías nacionais, defenden o encadramento do proletariado seguindo un principio nacional, o cal leva a segregación deste e por tanto a súa perda de independencia política fronte a unha burguesía que é, de feito, internacional. É dicir, e xa a modo de síntese: o noso movemento táctico preservou os nosos principios, e por tanto confirmou a estratexia xeral: incidimos na cuestión nacional para intentar atenuala de maneira concreta, ao mesmo tempo que preservamos a independencia política do proletariado e explicitamos, a través do noso traballo político, a necesidade da reconstitución do Partido Comunista no marco de todo o Estado baixo as circunstancias actuais.

Así pois, poderiamos dicir que a nosa postura respecto ao 9-N podería presentarse como exemplo de aplicación correcta e creativa doutra desas sobadas frases que sempre ten a ben repetir o revisionismo patrio: “firmeza nos principios, flexibilidade na táctica”. Cremos que o modo adecuado de proceder, como vimos, consiste na asimilación do espírito que deu luz as consignas, co obxectivo de poder implementar a táctica adecuada en cada momento. Polo contrario, o que nos ofrece a revisionismo, desde a súa eterna escolástica, é a utilización de toda consigna como subterfuxio desde o que xustificar o seu abandono duns principios e un espírito que xa non quere nin pode aprehender, pois o seu inmediatismo pragmatista impídello por completo: ao pregarse ao espontáneo, o seu actuar non supón máis que unha monótona repetición da conciencia en si, onde o espírito foi morrendo día tras día.

Unha diferenza cualitativa

Mais volvamos ás formas políticas de encarrilar o movemento nacionalista, pois aínda hai asuntos que tratar ao respecto. Tal e como dixemos na véspera do 9-N, a fracción da burguesía catalá a cuxa cabeza marcha o president, non mostraba signo algún de querer implementar o mandato popular e democrático expresado nas urnas, senón máis ben todo o contrario: os movementos entre bambolinas de todos os actores, independentemente de que estes se mostrasen máis ou menos aguerridos ou contestarios fronte ao Estado español, eran evidentes antes da celebración da votación, e non fixeron máis que incrementarse durante todo o período posterior. Tanto é así, tan intensas foron as negociacións inter-burguesas, que até o propio procés deu en repetidas ocasións síntomas de deterse, de frearse en seco.

Unicamente tras a cesión por parte de ERC a sumarse a unha lista unitaria dominada por CDC tanto en números como en candidato a president, a candidatura denominada Junts pel Sí, o procés volveu a coller aire, tras varios meses nos que estivo ben custodiado por Artur Mas e os seus correlixionarios.

Esta fracción do capital catalán, (o cal en conxunto pouco ten de homoxéneo respecto a este asunto: aí están as materializacións partidarias do cómodo encaixe doutras fraccións no crisol da hispanidade: desde os inveterados constitucionalistas de Duran-Espadaler á moderna caspa de Ciutadans), preferiu e prefire, por tanto, intentar regatear ao Estado español antes que materializar ao instante o mandato imperativo que xurdiu da vontade popular; optou por adaptarse ás regras de xogo do Estado español, ou dito doutro modo: preferiu astucias fronte a valentía, mercadeo fronte a democracia. E é que a burguesía teme o que considera o horror vacui: a posibilidade de verse desbordada polas masas.

Non obstante, até a propia burguesía é consciente da diferenza cualitativa que existe entre un referendo e unhas eleccións parlamentarias, por moito que estas teñan o epíteto de plebiscitarias; por esta razón, intenta constantemente ocultar, limar dita diferenza: só desde esta perspectiva se entende a posta en marcha de distintas manobras para outorgar a impresión de que a enésima pantomima parlamentaria conta con un maior carácter participativo. Medidas como o programa tots som candidats (na que hai xa máis de 70.000 candidatos inscritos) ou a inclusión de diversas personalidades públicas alonxadas nun principio do adusto mundo da política, como poden ser Lluís Llach ou Pep Guardiola, mostran que a propia burguesía advirte que necesita dar a imaxe de que se trata dun proceso popular e non un dedicado unicamente ao reparto de cadeiras e aspiracións (e tamén mostra, por outra parte, até que punto o sistema parlamentario ten carácter de clase, até que punto fondo e forma están indisolubelmente unidos: máis alá de que Artur Mas puxése o grito no ceo pola intención de conformar unha lista sen políticos, o que pon de manifesto a mera intención de intentalo é que nin sequera é necesario que os políticos profesionais xestionen a res publica: o sistema proporciona os elementos a través dos cales só é posíbel xestionala a favor do capital).

As diferenzas entre un referendo e unhas eleccións parlamentarias ao uso, por tanto, deberían estar claras: en síntese, nun referendo pode abrirse a posibilidade de que as masas se impliquen de maneira directa nos asuntos públicos e, ao mesmo tempo, de desbordar a orde xurídica estabelecida e os innumerábeis arranxos burgueses sobre os que se sostén a vida política diaria, sempre e cando se dean circunstancias como as provocadas pola cerrazón do goberno español, que situou fora da legalidade a expresión democrática do pobo catalán. A diferenza disto, unhas eleccións parlamentarias supoñen irremediabelmente o encarrilamento e adormecemento das masas, a volta ao campo mediatizado pola burguesía de xeito permanente, onde predominan os pactos coa nación opresora e os arranxos en pos de conquistar unha ou outra parcela de poder.

Así as cousas, e cunha nova festa da democracia á volta da esquina, o proletariado catalán non ten nada que gañar coas próximas eleccións do 27 de setembro, nin sequera no ámbito da liberación nacional. A diferenza dun referendo directo a través do que poder corporizar a vontade popular, a mediación parlamentaria que se aveciña só pode outorgar ás masas o triste papel de último asinante do enésimo mercadeo político no Parlament. A misión histórica do proletariado, porén, é realizar a revolución a escala mundial, e non a de ser un simple e gris representante dos seus viles explotadores, sexa nunha ou noutra nación. Por ese motivo, e porque a nosa misión vai moito máis alá de elixir unha ou outra papeleta gris coa que seguir sancionando o desprezábel réxime de explotación do capital, a única resposta coherente fronte a enésima farsa electoral da burguesía é o boicot.

Ante a farsa electoral, boicot!

Nin un voto obreiro nas urnas!

Pola reconstitución ideolóxica e política do comunismo!

Guerra Popular até o Comunismo!

Balanç i Revolució
Cèl·lula Roja
Juventud Comunista de Almería/Juventud Comunista de Zamora
Movimiento Anti-Imperialista
Nueva Dirección Revolucionaria
Nueva Praxis
Revolución o Barbarie

Setembro do 2015

Estado español

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