Para un balance del maoísmo en el Estado español

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Seguidamente os presentamos un documento que consideramos de gran relevancia para profundizar en el Balance del Ciclo del Octubre y, en concreto, en el estudio del maoísmo a nivel internacional y en el marco del Estado español. La experiencia revolucionaria china y las aportaciones de Mao Tse-tung —que podemos resumir en la teoría y la práctica de la Guerra Popular Prolongada, en la concepción revolucionaria sobre la continuación de la lucha de clases ininterrumpida hasta la construcción de la fase superior del comunismo, que toma cuerpo en la categoría de la Revolución Cultural, y en la noción de la lucha entre dos líneas como expresión de la contienda revolucionaria entre el proletariado y la burguesía en el seno del Partido Comunista y del Estado-comuna— llevaron a las cotas más altas el paradigma revolucionario de Octubre con la eclosión de la Gran Revolución Cultural Proletaria. No obstante, pese a los focos que el maoísmo hoy mantiene en India o Filipinas, este tampoco ha sido capaz en última instancia de superar las limitaciones y los errores de dicho paradigma.

En esta breve presentación solo deseamos dejar claras algunas cuestiones que nos parecen de sumo interés. En primer lugar, hemos de reseñar que el movimiento maoísta o con simpatías hacia el maoísmo fue entre finales de los años 60 y principios de los años 70 un movimiento de considerable importancia ideológica y política en el seno del autodenominado movimiento comunista del Estado español. A nivel electoral, por ejemplo, las principales organizaciones adscritas al maoísmo del Estado español (PTE, ORT, MC, y OCE-BR) llegaron a obtener más de 450 000 votos. Sin duda, dentro del movimiento comunista del Estado español, el maoísmo se convirtió, después del oportunista PCE, en el movimiento que mayores desafíos generó al Estado español, como lo muestran las 16 sentencias dictadas por el Tribunal de Orden Público (TOP) contra las organizaciones con mayor o menor influencia del maoísmo desde 1972: 14 contra el PCE (m-l)-FRAP, 1 contra el PCE (i) (denominado PTE a partir de 1975) y 1 más contra el Partido Comunista Proletario (PCP), siendo esta última la de mayor pena.

Aunque el Estado franquista no fue el único que hizo uso de una brutal represión y de la guerra sucia contra la vanguardia proletaria (la gran democracia burguesa francesa —a la que nunca le han dolido prendas para mostrar que, como toda democracia burguesa, es una dictadura encubierta del capital contra el proletariado— proscribió en esa época histórica tanto al Parti Communiste Marxiste-Léniniste de France como a la Union de Jeunesses Communistes y la Gauche Prolétarienne), es innegable que este fue indudablemente más reaccionario que otros Estados capitalistas europeos, más aún, aunque pueda sorprender a quienes desconozcan la historia reciente de España, durante la transición a la democracia burguesa, momento en que se aprobó el decreto-ley de 26 de agosto de 1975 que permitía un periodo de detención de hasta 10 días, además de registros domiciliarios sin autorización judicial. En total, el TOP (recordemos que los delitos de terrorismo fueron competencia exclusiva de los Consejos de Guerra hasta 1971) llegó a dictar 3894 sentencias desde el 23 de marzo de 1964 hasta el 20 de diciembre de 1976, siendo, tras el PCE, las más afectadas las organizaciones maoístas del Estado español (sobre todo el PCE (m-l) y su brazo armado, y, en menor medida, el PCE (i)). Pese a todos los errores y limitaciones de estas organizaciones que referiremos en esta introducción al documento que os ofrecemos, lo cierto es que el maoísmo en España se convirtió en un auténtico problema de Estado a principios de los años 70. Y es que el aparato represivo español ya tenía constancia, a mediados de los años 60, incluso de la pugna sino-soviética y de las primeras iniciativas “prochinas” en España, detectando los primeros brotes maoístas en 1964, cuando se incautó de ejemplares de la revista La Chispa en la Universidad madrileña y en algunos barrios obreros de la capital española.

Haciendo un repaso breve de la línea y el programa de las organizaciones de vanguardia más destacadas en este sector del movimiento comunista del Estado español, la primera organización que más destacó fue el PCE (m-l), que, además de disponer de su propio brazo armado (el FRAP), levantó toda una estructura con organismos como la Juventud Comunista de España (marxista-leninista) (JCE (m-l), la Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), la  Federación de Estudiantes de Enseñanza Media (FEDEM), la Unión Popular del Campo (UPC), la Unión Popular de Mujeres (UPM) o la Unión Popular de Artistas (UPA). Sus órganos de prensa fueron Vanguardia Obrera (con una tirada de 5000 ejemplares por número) y Revolución española. La estrategia del PCE (m-l) no difirió en esencia de la del resto de organizaciones más o menos influenciadas por el maoísmo en el Estado español, teniendo como base el insurreccionalismo y el economicismo (a pesar de que nominalmente hablasen de Guerra Popular). Según la errónea concepción del PCE (m-l) sobre la revolución, esta debía materializarse en una República Popular y Federativa (programa que expresaba una línea abiertamente derechista), en cuya articulación debían participar tanto la pequeña burguesía como algunos estratos de la burguesía media. El sumum de la revolución llegaría con la “huelga general revolucionaria”, que permitiría, con la acción del “Partido” y su brazo armado —el cual llegaría a sufrir una escisión por su flanco izquierdo con Acción Revolucionaria Unida (ARU), que tampoco fue capaz de superar el paradigma espontaneísta del terrorismo pequeñoburgués—, la toma de las armas y la sublevación popular. Todas las organizaciones armadas surgidas en los 60 y 70, más o menos influenciadas por el maoísmo, al partir de una visión economicista y espontaneísta del marxismo fueron incapaces de superar una actividad armada sin vinculación con las masas proletarias. En definitiva, como ya hemos comentado en otras ocasiones, el economicismo (electoralista o no) y el terrorismo pequeñoburgués fueron y son las dos caras de la misma moneda revisionista.

El PCE (i) (PTE desde 1975), por su parte, fue otro de los destacamentos de vanguardia más importantes del arco maoísta en el Estado español. Esta organización, que rechazó el terrorismo individual y que se extendió sobre todo por Andalucía, Aragón, Galicia y Madrid, se gestó a partir de una escisión del PSUC en 1967 y derivó en una línea profundamente derechista, llegando a integrarse en Assemblea en noviembre de 1972 (un conglomerado que en Cataluña agrupó al PSOE, a UDC y al PCE (i)), gracias a la hegemonía lograda por el ala más derechista del destacamento (posteriormente, el PCE (i) no llegó a descartar siquiera concertar alianzas temporales con sectores “moderados” y “aperturistas” del régimen franquista). A pesar de que el PCE (i) defendió nominalmente que la revolución pendiente en el Estado español solo podía ser la proletaria, la socialista, en el fondo su esquema era tan derechista como el del PCE (m-l), dado que también suscribió la idea de que la pequeña burguesía y una parte de la mediana burguesía debían participar en la revolución. Asimismo, la defensa entusiasta de la aristocracia obrera por parte del PCE (i) fue clarísima, dándole a CCOO un papel preponderante en su concepción de la revolución. Como colofón a su carrera marcadamente oportunista, el PTE llegó a concurrir con el Frente Democrático de Izquierdas a nivel estatal, y en Cataluña con ERC. Por último, llegó a pedir el “Sí” en el referéndum constitucional, lo cual por sí solo es un buen botón de muestra del carácter ultraderechista que llegó a tener este destacamento en el seno del movimiento comunista del Estado español. Tras fusionarse con la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) (destacamento proveniente del mundo cristiano de base, de la HOAC y la JOC, así como de la AST, del País Vasco, que, además de aceptar tácitamente la monarquía parlamentaria y de participar en la Plataforma de Convergencia Democrática, defendió la consigna derechista de democracia popular para el Estado español), muchos de sus militantes harían bueno aquel dicho que reza “Para este viaje no hacían falta estas alforjas”, pues terminarían en el PSOE y en el PSC.

Otras organizaciones destacadas fueron el Movimiento Comunista de España (Movimiento Comunista, desde 1976), que llegaría a participar en la Plataforma de Convergencia Democrática junto a la ORT y que se presentaría a las elecciones generales de 1979 en coalición con la trotsquista Liga Comunista Revolucionaria (LCR); la OMLE, creada en 1968 y transformada en el PCE(r) en junio de 1975, destacamento que, como demostramos en las páginas 18-20 de nuestro documento El revisionismo y la revolución espontánea, fue igualmente incapaz de superar su estrecha visión espontaneísta de la revolución proletaria; la Organización Comunista de España-Bandera Roja (OCE-BR), surgida también de una escisión del PSUC, formada casi en su totalidad por elementos pertenecientes a la pequeña burguesía y a la aristocracia obrera; el Partido Comunista Proletario (PCP), posiblemente el destacamento de vanguardia más influenciado por el maoísmo y por el tsunami revolucionario generado por la Gran Revolución Cultural Proletaria en China, pero incapacitado asimismo para constituir un movimiento de masas revolucionario; o la Organización de Izquierda Comunista de España (OICE), grupo a caballo entre el comunismo “de izquierda” y el maoísmo, que llegó a jugar un papel relativamente destacado en Andalucía, formando coalición electoral con el MC en 1979, aherrojada también por la cosmovisión revisionista, hegemónica igualmente en esa época.

En suma, al igual que el conjunto de destacamentos que conformaron y conforman el movimiento comunista internacional, el maoísmo en el Estado español fue incapaz de diseñar, articular y desarrollar una estrategia revolucionaria, dado que concibió —y concibe a día de hoy, a excepción de su ala izquierda— la revolución proletaria desde un enfoque determinista, espontaneísta y economicista, sin comprender que las condiciones subjetivo-conscientes para desarrollar la revolución proletaria deben ser preparadas a través de una táctica-plan dirigida a constituir los instrumentos revolucionarios (Partido, Ejército, Frente/Nuevo Poder). Esta concepción provocó que las organizaciones maoístas en el Estado español, y aquellas con más o menos influencias del maoísmo, no lograran superar sus concepciones de raigambre revisionista, que cristalizaron tanto en su política de masas tradeunionista o abiertamente reformista y capitulacionista como en el terrorismo individual o pequeñoburgués, siendo incapaces de constituir un Partido de Nuevo Tipo y sus correspondientes órganos generados de lucha revolucionaria de masas, y ello pese a su enorme heroicidad a la hora de enfrentarse con un Estado como el español de los años 60 y 70 (de hecho, fueron numerosos los camaradas torturados y caídos en combate por la acción represiva del Estado burgués español).

Si bien la tarea del balance completo del maoísmo aún está pendiente entre quienes formamos parte del Movimiento por la Reconstitución del comunismo, no queremos dejar pasar esta oportunidad para recomendar, además del estudio atento de este libro, el documento de los camaradas del MAI Consideraciones sobre el maoísmo, que consideramos un muy buen punto de partida para esta tarea ineludible de cara a la conformación de un polo de vanguardia marxista-leninista que esté en condiciones de completar con éxito el plan de reconstitución ideológica y política del comunismo.

Enlace para descargar el documento. 

Revolución o Barbarie

Enero de 2015

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