Texto de Nueva Praxis acerca de las elecciones europeas del 25 de mayo

 

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CONTRA LAS FALSAS ILUSIONES PARLAMENTARIAS DEL REVISIONISMO

¡BOICOT A LAS ELECCIONES EUROPEAS DEL 25 DE MAYO!

          La mitología griega cuenta entre sus historias más asombrosas con aquélla que reza acerca de Dédalo y su sobrino Perdix. Dédalo era un afamado arquitecto e inventor ateniense, que se veía continuamente superado por los logros que su genial sobrino, tutelado por él mismo, alcanzaba día tras día. Un buen día, y presto a poner a prueba a un nivel superior al confiado Perdix, Dédalo lo mandó subir con él a la torre del templo de Atenea, conminándole allí la resolución de un complejo problema matemático. Asombrado con la rapidez con la que su joven alumno dio con la correcta resolución del mismo, Dédalo, atenazado por la envidia, arrojó a su sobrino desde lo alto de aquella imponente torre, enviándolo a una muerte que parecía segura. Por fortuna para Perdix –fortuna en nombre de diosa, valga la redundancia–, Atenea, apiadándose de aquel ingenioso zagal, lo salvó durante la caída otorgándole un par de alas y convirtiéndolo así en una conocida ave: la perdiz, que, como muchos sabrán –más allá incluso del estrecho círculo de aficionados o expertos en ornitología– se trata de una especie incapaz por sí misma de asentarse o, siquiera, proliferar lugares elevados por temor a su previsible caída desde los mismos.

          Volviendo al mundo real, pero teniendo en mente el sencillo aunque impactante relato que acabamos de referir, nos enfrentamos a una nueva cita electoral por parte de aquéllos que someten a nuestra clase a una institucionalizada esclavitud asalariada. El proletariado, sabedor, pese a todo, de que nadie le ha dado vela en este entierro, se muestra meridianamente alejado de estas patéticas representaciones con las que la burguesía y sus distintas fracciones nos deleitan con frecuencia más deseada de lo normal –así lo consideramos los firmantes de esta misiva–. A la espera de la rearticulación de un movimiento revolucionario independiente, de nuestra clase propiamente dicho –el Partido Comunista– , ésta trata de defenderse de los envites del capital con lo poco que posee: a saber, con una conciencia en sí que, por su propia naturaleza, no puede ser sino burguesa, en cuanto que reproduce de forma continua las actuales relaciones de dominio capitalista a todos los niveles y sólo alcanza a discernir, debido a su primigenio desarrollo histórico, la contradicción puramente económica entre el obrero y el patrón en el amplio y complejo tablero en el que se desarrolla la lucha de clases, relegando el factor político –¡y ya no hablemos del ideológico-consciente!– al más lamentable de los ostracismos. Como el ave al que Perdix da nombre, nuestra clase se muestra, por sí sola, incapaz de ocupar cotas demasiado eminentes, nunca más altas que las que marcan las estrechas paredes de la fábrica;cotas éstas que, por otra parte, se encuentran dominadas por aquella fracción de la clase obrera que participa del reparto del pastel imperialista y que posee –en virtud de múltiples órganos de representación y negociación, como los sindicatos; instrumentos que, por otra parte y como cabe reseñar, siguen siendo considerados por revisionistas patrios y foráneos como las “formas naturales” de organización de la clase, supuestamente válidas para erigir, a partir de ellas, la ofensiva revolucionaria– una evidente posición de poder como una clase burguesa más en el aparato político del Estado capitalista. Son, precisamente, aquellos sectores de la aristocracia obrera los que, inevitablemente desplazados de la privilegiada posición que tenían anteriormente a la última, y, a su vez, sempiterna crisis del capital, buscan una base social suficiente –normalmente, en visible o velada alianza con la pequeña burguesía y el capital medio– para ejercer presión sobre aquellas fracciones situadas en la cúspide del dominio capitalista y que exclusivizan cada vez más la acumulación de la plusvalía. Las elecciones burguesas no dejan de ser, así, uno de los múltiples terrenos donde esta clase se juega los cuartos –y su posición política, no lo olvidemos–.

          El revisionismo, expresión ideológica por excelencia de la fracción radicalizada de la aristocracia obrera, gusta de otorgar à gogo epítetos descalificativos de lo más variado a los que luchamos por la Reconstitución del Partido Comunista, por la completa independencia de nuestra clase en los terrenos político e ideológico. Y, para justificar ante el conjunto de la vanguardia y ante sus exiguas masas sus ya conocidas –por recurrentes– boutades oportunistas y electoralistas, coronan la disertación haciendo uso de ese oscuro objeto suyo de deseo titulado “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”,–oscuro en cuanto a la forma en la que esta pléyade de vocingleros descontextualiza el proceso de constitución del Partido por parte de los bolcheviques, no por la indiscutible importancia teórica de la obra de Lenin–. Así, a los ojos de nuestros guardianes del dogma, lógicamente renuentes a constatar la manifiesta contraproducencia de la estrategia parlamentaria en la época actual, bien merecemos el calificativo de izquierdistas. Quizá vaya siendo hora de adentrarnos en la postura leninista sobre el parlamentarismo, con el objeto de diferenciar entre la necesaria flexibilidad táctica durante el desenvolvimiento de las tareas que el Plan revolucionario exige, y las posturas oportunistas –ergo, contrarrevolucionarias– que abanderan los que se refieren a nuestra línea en los términos anteriormente mencionados.

          Si algo caracterizó a la época en la que se constituyó el Partido Bolchevique –constitución cuyos dos principales hitos a nivel histórico-temporal fueron las revoluciones de 1905 y, fundamentalmente, la de 1917– fue la existencia de un movimiento de masas ascendente, en natural consonancia con los últimos vestigios que la ola de revoluciones burguesas iniciada en 1789 mantenía aún con reseñable fulgor. Así, la conformación del bisoño movimiento obrero entronizaba por aquel entonces a la socialdemocracia como una fuerza en franco ascenso y con enorme influencia entre las masas obreras de Rusia, fuerza con la que los dirigentes de la fracción bolchevique del POSDR tuvieron que confrontar durante todo un proceso de lucha de dos líneas en aras del progresivo avance de las posiciones revolucionarias, el cual incluso se llevó a cabo, en momentos muy puntuales, siguiendo los cauces que marcaba la Duma rusa. En la actualidad, y tras la escisión de la clase obrera en dos y la transformación de la socialdemocracia –otrora mecanismo y, a su vez, expresión ideológica de la conformación de la clase en base a sus luchas económicas contra el capital– en su contrario dialéctico, es decir, en una ideología que no puede ofrecer nada progresivo a nuestra clase, sino el encuadramiento de un sector burgués de la misma en la estructura política imperialista y la postración ad eternum del otro sector a las dinámicas que impone la división del trabajo en su fase capitalista, es este sector de la clase, el proletariado, el que, en la actualidad, y con toda lógica ante las expresiones ojipláticas del revisionismo, se muestra totalmente desinteresado del devenir de las luchas intestinas que las fracciones de la burguesía, en su indisimulada rapiña, dirimen en el cuadrilátero parlamentario. Nuestros electoralistas hacen gala de una obvia incomprensión de las tareas más acuciantes a día de hoy, cuando la liquidación del marxismo como ideología revolucionaria de vanguardia nos debe inducir, por necesidad, a otorgar la primacía a la resolución de las contradicciones ideológicas en el seno de la vanguardia, en base a la lucha de dos líneas en torno al Balance del Ciclo de Octubre, colocando la teoría revolucionaria a la altura de las circunstancias históricas y de la posición cualitativamente más elevada que ha alcanzado a nivel político-ideológico el proletariado revolucionario tras el ejercicio de su lucha de clases. La hegemonización de la ideología revolucionaria en el seno de la vanguardia teórica en base a la lucha de dos líneas contra el revisionismo en particular, y contra toda expresión de ideología burguesa en general, cristaliza en forma de Línea General, de Plan que guiará el devenir práctico de la Revolución Proletaria Mundial –con sus consiguientes vicisitudes tácticas–, colocándose la vanguardia marxista-leninista, auténtico núcleo embrionario del Partido Comunista, en una posición cualitativamente más elevada para abordar el acercamiento y la conquista y transformación revolucionarias de aquellos elementos que lideran las luchas parciales y resistenciales de las masas: la vanguardia práctica. En esta fase de la reconstitución del Partido, la última contemplada por dicho proceso previo a la Guerra Popular, sí empieza a ser factible la participación parlamentaria, no como medio de llevar a cabo una pretendida “política –burguesa, en tal situación– de construcción del socialismo dirigida a las grandes masas”, sino como formato plausible de agitación para con aquellos intermediarios entre dichas masas y la vanguardia teórica –los también llamados intérpretes de las masas–, los cuales, a día de hoy, continúan en no despreciable medida imbricados en dinámicas tendentes a azuzar las ilusiones parlamentarias de la clase obrera –o más bien, de cierto sector de la misma–. A medida que avanza la Reconstitución del Partido y éste va generando de forma consciente los organismos necesarios para dar inicio a la Guerra Popular, va tomando forma y, a su vez y en consecuencia, siendo efectiva la relación orgánica de fusión entre vanguardia y masas. Cabe decir, una vez llegados a este punto, y habiendo ahondado en la cuestión de cómo se dará inicio a la guerra abierta contra toda expresión de la ideología y dominación burguesas, que la flexibilidad táctica deja abierta la posibilidad, siempre y cuando se supedite a la correcta puesta en marcha y resolución del Plan revolucionario –y ya se ha mencionado previamente en el texto cómo logra cristalizar dicho Plan–, del empleo efectivo de una táctica parlamentaria, entendida ésta necesariamente no sólo como referente al Parlamento u otros órganos subsidiarios o a menor escala del gobierno burgués, sino como utilización de cualquier espacio controlado o generado por la burguesía y sometido ab origene a las dinámicas de ésta, véase una Universidad, una Biblioteca, etc., así como ciertos mecanismos legales del capital, incluso en estadios incipientes de la Guerra Popular misma, siendo la utilización táctica de estos resortes un paso más –si así lo requieriese el propio Plan– para la acumulación de fuerzas en cada etapa del proceso, teniendo en cuenta que las masas que vayamos incorporando progresivamente tendrán un carácter cualitativamente distinto dependiendo de la fase político-militar en la que se encuentre el movimiento revolucionario. A gran escala, las masas –y, he aquí una lección universal que nos ha legado el anterior ciclo revolucionario– únicamente podrán ser transformadas ideológicamente y, en consecuencia, elevadas hacia la posición política de la vanguardia mediante el ejercicio consciente de su propio poder: la dictadura revolucionaria del proletariado hacia el Comunismo, confrontando a todos los niveles con el viejo poder burgués. Las ilusiones parlamentarias de estas grandes masas –ilusiones contra las cuales en su día la fracción bolchevique sí estimó conveniente dirimir la lucha en el terreno parlamentario si la situación así lo requería– hace mucho que se diluyeron. Basta, a tal respecto, con comprobar las cifras de abstención constatadas en todas y cada una de las citas electorales de la burguesía, así como las más que previsibles para la inminente fiesta de la democracia europea que tratamos aquí (en torno a un 60%). Ante este revelador panorama –que ha permitido, por otra parte, superar en buena medida el trabajo sucio parlamentario que la vanguardia tuvo que abordar a mayor escala en tiempos pretéritos–, nuestros electoralistas pretenden acabar con las ilusiones parlamentarias del proletariado… ¡llamando al voto en las urnas! Y lo que es peor: su desentendimiento de las tareas que nos deben ocupar actualmente, así como su preocupante incomprensión del contexto en el que Lenin escribió la obra con la que aducen, no sin denuedo, las más fantasmagóricas razones para justificar su cretinismo parlamentario –etapa aquella en la que el Partido Comunista ya estaba constituido, a diferencia de hoy, y la dirección bolchevique ya controlaba los órganos de nuevo poder (sóviets) con los que confrontar política, ergo, militarmente, al gobierno provisional burgués–. ¿Qué Nuevo Poder han generado –o pretenden generar– estas organizaciones, las cuales no tienen otra cosa que vendernos que repetidos cantos de sirena en todas y cada una de las llamadas a las urnas que la burguesía lleva a cabo? Pues, para ellos todo vale, ya sean elecciones europeas, generales, autonómicas, municipales, etc, para tratar de llevar su conciencia sindicalista hacia nuevas cotas y espacios. ¿Acaso se puede denominar uso revolucionario del parlamento a las llamadas reformistas –por la “Europa social”, en general; por “un futuro sin Troika, sin Deuda y sin Bipartidismo”, como corea el PCE-UJCE; o, por otra parte, aunque, bien mirado, en el mismo lado que estas dos organizaciones, por la educación pública (burguesa) y unas condiciones ligeramente mejores de explotación asalariada bajo la mesa del “trabajo con derechos”,tal cual blande el PCPE,así como las vergonzantes llamadas al voto para IU o Podemos por parte del PTD – que realizan estos señores?

          Llegados a este punto, no es baladí un análisis más profuso acerca de las posturas –e implicaciones ideológicas de las mismas– que defienden, ante este y otros tantos encuentros electorales, varias de las mayores organizaciones del revisionismo español. Por un lado, aquéllas que apuestan por una abstención activa o consciente –principalmente, PCOE y R*C– utilizan dicha táctica como acicate en sus fatalistas pretensiones de agudizar la crisis política [1] que, supuestamente, padece la burguesía –según ellos, ayudados, cómo no, del advenimiento de la pertinente fluctuación económica del capital–. Ciertamente, estos señores –exactamente igual que el PCPE–, no han comprendido que el único mecanismo que puede generar conscientemente la crisis política del capitalismo es el Partido Comunista, resolviendo la misma a favor de los intereses revolucionarios a través de la Guerra Popular. Para nuestros abstencionistas, la revolución se encuentra a tan sólo un empujón –más flojo que el que Perdix sufrió a manos de Dédalo, parece ser–; en consecuencia, sus llamadas a la abstención, con todos los imponentes ropajes con que quieran vestir a ésta, van encaminadas a la acumulación de fuerzas en torno a órganos de lucha económica, auténticos baluartes del Viejo Poder burgués –bien sea el FUP, en el caso del PCOE, o la hegemonización del llamado sindicalismo de clase y combativo, en el caso de R*C–, instrumentos a partir de los cuales estas organizaciones pretenden dar el golpe definitivo a esa –supuestamente existente– crisis política del capital. ¡Los preceptos de la insurrección decimonónica extrapolados al siglo XXI! A todas luces, carecen de plan político independiente de construcción del movimiento revolucionario, confinando a la mínima expresión el problema –de crucial relevancia– de los intermediarios entre el núcleo de vanguardia y las masas no militantes –y su correspondiente cadena de mediaciones en forma de organismos generados por el Partido a distintos niveles ideológico-políticos–, lo cual les lleva, en todo momento, a tener presente la posibilidad de llamar al voto con todas las de la ley en el momento en que dispongan de una base social –y electoral– suficiente, y, por consiguiente, cultivar, de la misma manera que llevan haciendo durante décadas organizaciones más respaldadas a pie de calle, como el PCPE, las ilusiones parlamentarias y los objetivos reformistas [2] que, aparentemente, nuestros abstencionistas critican en la actualidad a dichas organizaciones. Por otra parte encontramos al propio PCPE, que, como principal destacamento del revisionismo español, se alimenta de los mismos presupuestos ideológicos que los denominados abstencionistas; si bien esta organización, debido a que goza de la posesión de una mayor base social a pie de calle, sí se ve en condiciones efectivas de saltar al terreno de juego con su propia plataforma electoral–que no parlamentaria, ya que el PCPE no puede aspirar, a día de hoy, a conseguir un solo escaño [3] –. A tal respecto, nos ofrecen un sinfín de proclamas cuya finalidad no es otra que el embellecimiento ante las amplias masas de la fachada de la explotación capitalista [4], la cual, esta organización, como fiel representante de cierta fracción radicalizada de aristocracia obrera, considera, al igual que las otras dos anteriormente referidas, como relación puramente económica y remanente de la dictadura exclusiva de los monopolios [5]. Como es lógico, su lucha va dirigida contra la oligarquía financiera que ha logrado relegar, dentro del aparato de poder estatal pero hacia una posición menos ventajosa en el reparto de la plusvalía imperialista, a su clase y a otras aquiescentes con ella en mayor o menor medida, tales como la pequeña burguesía y el capital medio, en virtud de la enésima crisis de reproducción del capital. Además, para colmo de males –pensará el PCPE, y de ahí que lo tomen en consideración como un blanco principal de sus críticas ideológicas–, estas dos últimas clases han logrado articular un “nuevo” proyecto político de cierta relevancia –nos referimos a Podemos–, el cual se encuentra, hoy, en perfecta disposición de dar al traste en poco tiempo con el grueso del trabajo de masas que la organización en la que centramos esta parte de nuestra crítica lleva, ardua y pacientemente, desarrollando durante casi treinta años. C’est la vie !

          Frente a las ilusiones parlamentarias del revisionismo, se hace necesario articular una lucha ideológica desde posiciones auténticamente revolucionarias, que no subsuman las tareas necesariamente actuales del proletariado revolucionario a los intereses de unas u otras fracciones de la clase en el poder. Es por eso que, para este 25 de mayo, nosotros consideramos la consigna del boicot como imprescindible –y acorde con la flexibilidad táctica que mostraron los bolcheviques, quienes difundieron ese mismo lema cuando se hizo necesario– para dejar claro que ni en ésta, ni en ninguna de las subsiguientes citas electorales, los comunistas vamos a ofrecernos comocarne de cañón ni pretender que aquellos sectores más oprimidos y, por consiguiente, apartados de los juegos de la burguesía, emprendan el camino de vuelta a un redil incapaz desde hace mucho de ofrecerles cobijo, y que, por el contrario, hacemos ver a nuestra clase, desde el estudio de la rica experiencia acumulada por el proletariado tras cerca de un siglo de movimiento revolucionario, que el parlamento, aparte de una conquista histórica superada por el devenir de los acontecimientos, supone una conquista política definitivamente relegada por la contradicción principal manifiesta sobre el presente terreno en el que se desenvuelve la lucha de clases: la contradicción existente en el propio seno de la vanguardia teórica, entre el marxismo revolucionario y el revisionismo, en primer nivel, y, de forma subsidiaria, entre el primero y cualesquiera expresiones de ideología burguesa. Si queremos colocarnos en posición y dotar a nuestra clase de los mecanismos con los que pueda ser elevada hasta la posición de tomar el cielo por asalto, debemos ser conscientes de que nuestra clase únicamente se encuentra en disposición de contar con sus propias fuerzas; de que, a diferencia del joven protagonista del mito con el que hemos dado inicio a esta exposición, ningún atisbo de fortuna podrá salvarles del peor de los finales –¿o deberíamos decir de la más cruda de las realidades? – y de que, para dotar a nuestro Perdix de alas suficientes con las que alcanzar tamaña empresa, la vanguardia debe conscientemente escindirse del movimiento obrero en cuanto espontáneo y económico de la clase, del mar de la conciencia en sí, reconstituir y poner a punto, a la altura de las circunstancias históricas actuales, la ideología revolucionaria, basándose en la síntesis de la práctica social –revolucionaria– anterior, así como también la superación cualitativa de ciertas premisas teóricas que iniciaron el pasado ciclo revolucionario [6], articulando en torno a ellas un movimiento político más elevado. Tales aspectos son recogidos en la concepción leninista del Partido de Nuevo Tipo, el cual constituye una unidad dialéctica entre socialismo científico y movimiento obrero, una fusión de ambos en una totalidad distinta y superior a sus dos partes constitutivas, englobando esta totalidad, así, todo un movimiento en progresiva conformación a un nivel superior e independiente por parte del proletariado revolucionario, a medida que se logra avanzar en las tareas que marca la resolución del Plan. Si se nos permite continuar con las metáforas, la vanguardia, al elevarse en su proceso de escisión-fusión, deberá mejorar lo hecho en vuelo por el malogrado Ícaro –primo de Perdix, por cierto–, habiéndose de construir unas alas harto más resistentes que aquéllas endebles de cera con las que el hijo de Dédalo firmase su trágico final al tratar de acercarse al Sol. El empujón que el revisionismo, ataviado aquí con los ropajes del pérfido Dédalo, ha infligido a nuestro inocente protagonista, no debe impedir que éste se despoje definitivamente de su ancestral “vértigo”, para que, con la ayuda de sus nuevas –en cuanto superiores–, y, a la vez, propias fuerzas bajo renovado potencial, emprenda un vuelo definitivamente más excelso que el que ninguno de los demás genios que anteriormente poblaron Atenas lograse siquiera esbozar.

¡POR LA RECONSTITUCIÓN IDEOLÓGICO-POLÍTICA DEL COMUNISMO!

CONTRA LAS FALSAS ILUSIONES PARLAMENTARIAS DEL REVISIONISMO, ¡NI UN VOTO OBRERO EN LAS URNAS!

ANTE LA FARSA ELECTORAL DEL 25 DE MAYO, ¡BOICOT!

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Nueva Praxis

Mayo de 2014

NOTAS:

[1] A tal respecto, nos parece ilustrativo incluir este extracto del texto referente a la cita electoral del 25 de mayo, elaborado por el PCOE:“La crisis económica está alimentando a la crisis política y, con ella, la deslegitimación de su forma de gobierno y de su instrumento de dominación, que tantos réditos y tanta fortaleza le ha dado y otorga a la burguesía”. La concepción fatalista del capitalismo en su fase imperialista está plenamente enquistada en esta organización, algo que se observa con inusitada frecuencia en no pocos de sus textos. El capitalismo nunca puede generar per se su propia crisis política a nivel general y, mucho menos, ésta sobrevendrá a partir de las crisis cíclicas de sobreproducción del capital. El único instrumento que puede generar dicha crisis política es el Partido Comunista, guiado en todo momento por el factor consciente, que pasa a ser el aspecto principal de la contradicción a resolver y que supone en sí mismo el auténtico factor diferencial entre la revolución proletaria, capaz de articular a nivel histórico una respuesta auténtica y cualitativamente superadora de todas las formas procedentes de las sociedades de clases, y el resto de revoluciones precedentes, como la burguesa, de cuya cosmovisión procede el sustrato insurreccional con que estos abstencionistas pretenden abonar inútilmente el campo de la lucha de clases. (El texto completo del PCOE se puede encontrar aquí http://www.pcoe.net/actualidad1/actualidad-nacional/566-elecciones-europeas-piden-el-voto-para-legitimar-la-represion-y-la-explotacion-para-fortalecer-a-los-imperialistas-y-enganar-al-pueblo). La segunda organización en la que centramos aquí nuestra crítica –R*C– también adolece de similares desviaciones ideológicas: El imperialismo en general y el europeo en particular está sumido en una brutal y superior crisis, manifestada ésta en una crisis económica que no encuentra salida alguna y que año tras año impulsa una mayor oleada de explotación y miseria (…) a las trabajadoras y trabajadores (…) La crisis económica ha provocado, como no puede ser de otra forma, una notoria crisis política…” Distintas tapas pero, en definitiva, los mismos libros. ¿Desde cuándo el capitalismo no encuentra salida alguna a sus crisis económicas y políticas? ¿No comprenden que, sumada a la tendencia “natural” hacia el Comunismo –natural con su correspondiente y necesario matiz, puesto que para que esa tendencia se materialice, se requiere la (re)constitución del propio movimiento revolucionario constituido en Partido Comunista–, el capitalismo genera la contratendencia a la reacción y al reforzamiento de todas sus estructuras de clase –y no sólo a nivel económico–? (El texto completo de R*C se puede encontrar aquí http://blog.reconstruccioncomunista.org/2014/05/campana-por-la-abstencion-activa.html )

[2] Con vistas a reforzar su campaña “antielectoral” y ganar adeptos para la misma –cuantos más mejor: la cantidad prima aquí sobre la calidad revolucionaria–, estas organizaciones –no son las únicas, pero sí las dos más relevantes en el florido campo de la abstención activa o consciente– no dudan en esgrimir vistosas consignas, tales como “Contra la Europa del capital y la guerra” o “Extender la propaganda comunista y fortalecer la organización revolucionaria”, en el caso de R*C, y “Abajo la Unión Europea criminal y miserable” o “Por la Unión de Repúblicas Socialistas de Europa”, en el caso del PCOE (todos estos lemas pueden encontrarse en los correspondientes textos referidos con anterioridad, así como en este otro artículo del PCOE http://www.pcoe.net/actualidad1/actualidad-internacional/564-las-supuestas-opciones-de-las-elecciones-europeas ). Si nos centrarnos en las frases que dedican a la “Europa socialista” o “anticapitalista”, cabe preguntarse: ¿qué queda en el discurso de estos oportunistas, pues, de la concepción leninista acerca de la Revolución en el marco nacional como base de apoyo para la Revolución Proletaria Mundial? Es únicamente este ámbito, el mundial –como mundial es, a su vez y como clase, el proletariado–, el que debe ocupar en exclusiva todos nuestros objetivos, sin circunscribir las distintas tareas revolucionarias a los estrictos espacios geográficos y/o nacionales de explotación y de organización del mercado interno y externo, en los cuales la burguesía confina a nuestra clase.

[3] En las últimas elecciones al Parlamento Europeo, celebradas en junio de 2009, el PCPE obtuvo el 0,10% de los votos (15.221 votos), mientras que en las más recientes al Congreso de los Diputados, en noviembre de 2011, dicha organización fue refrendada por el 0,11% del electorado (26.254 votos) (pueden consultarse todos los datos electorales al respecto aquí http://www.infoelectoral.mir.es/min/busquedaAvanzadaAction.html?vuelta=1&codTipoEleccion=7&codPeriodo=200906&codEstado=99&codComunidad=0&codProvincia=0&codMunicipio=0&codDistrito=0&codSeccion=0&codMesa=0 y aquí http://www.infoelectoral.mir.es/min/busquedaAvanzadaAction.html?vuelta=1&codTipoEleccion=2&codPeriodo=201111&codEstado=99&codComunidad=0&codProvincia=0&codMunicipio=0&codDistrito=0&codSeccion=0&codMesa=0 ) Ya que, como acaba de quedar puesto de manifiesto, esta organización no cuenta con la base socioelectoral suficiente como para hacer su entrada en el Parlamento burgués y poder realizar –en el supuesto caso de que tuviesen la más mínima intención de ello, que no es así debido a que su proceder electoralista no guarda, ni puede guardar relación alguna con la acción de denuncia de las instituciones burguesas– un trabajo genuinamente revolucionario en dichos espacios.

[4] El PCPE, en mayor medida que ninguna otra organización revisionista, distorsiona con no casual frecuencia el concepto de uso revolucionario de las instituciones, y, en un infructuoso intento de justificar teóricamente sus posturas políticas, aluden a citas descontextualizadas de Lenin, como la siguiente: “… mientras no tengáis fuerza para disolver el parlamento burgués y cualquier otra institución reaccionaria, estáis obligados a actuar en el seno de dichas instituciones precisamente porque hay todavía en ellas obreros idiotizados …” El empleo sistemático de este tipo de aseveraciones les sirve, en parte, para presentarse ante las masas y hacer pasar por izquierdistas a todos aquellos sectores del Movimiento Comunista que cuestionan sus dinámicas electoralistas, pese a que el PCPE identifica de forma sistemática la participación revolucionaria en el Parlamento –que era lo que razonablemente Lenin defendía en el contexto en que expresó tal aseveración– con la presentación sistemática de un destacamento de vanguardia a toda cita electoral burguesa, aun discerniendo, ellos tan bien como nosotros, la imposibilidad de acceder a un sillón parlamentario a corto y medio plazo. En diversos textos de campaña electoral –adjuntos al término de esta nota– hacen alusión a términos tan socorridos por el oportunismo como “la toma del poder de la clase obrera” –el nuevo poder proletario se construye en contraposición al poder burgués, no se toma de este último–, “la nacionalización de la banca y otros sectores estratégicos” –sin la construcción coetánea del Nuevo Poder, la nacionalización constituye una indisimulable concesión a todos aquellos sectores sociales encuadrados en el aparato estatal imperialista, como son la pequeña burguesía funcionarial y la aristocracia obrera–, una lluvia de demandas encaminadas a mejorar ligeramente las condiciones de esclavitud asalariada –algunas de las cuales han sido previamente mencionadas en esta misiva–, la archiconocida “salida del euro, la UE y la OTAN” y otras tantas diatribas de raigambre antimonopolista y economista similar a las que muestran las organizaciones abstencionistas en sus discursos, y sobre las cuales huelga extenderse en mayor medida. Y, por supuesto, y como guinda del pastel, la teoría de la acumulación de fuerzas a la espera de la entrada en escena de la crisis política definitiva o terminal del capitalismo–similar pretensión que aquélla que ansía una aparición mariana; no en vano, en ambos casos se manejan los mismos niveles de probabilidad–, momento clave en el que nuestros revisionistas se encontrarían prestos y dispuestos para asestar el golpe definitivo –y único– al capitalismo –véase aquí, la oligarquía financiera y aquellos sectores sociales situados por encima de la aristocracia obrera–. Dicha teoría constituye, pues, el auténtico tour de force de la cosmovisión insurreccionalista y fatalista del capitalismo instalada en las cabezas de los dirigentes de esta organización: “…debemos aprovechar las elecciones como medio de propaganda en el proceso de acumulación de fuerzas…” (Algunos de los textos elaborados por el PCPE para la cita electoral del 25 de mayo pueden encontrarse aquí http://www.tintaroja.es/opinion/462-las-elecciones-al-parlamento-europeo-si-que-sirven-al-partido-comunista y aquí http://pcpe.es/comunicados/item/3435-la-lucha-contra-la-ue.html )

[5] Las organizaciones abstencionistas arrastran, al igual que el PCPE –al que, curiosamente, critican por ello– esas mismas desviaciones antimonopolistas y economistas. A tal respecto, nos remitiremos a los escritos elaborados por ellos mismos. R*C, sin andar más lejos, declara lo siguiente: “La salida a esta crisis no viene de la mano de la papeleta oportunista, la superación de la crisis corresponde a la propia superación del capitalismo, a su destrucción y a la modificación profunda de las relaciones económicas” –¿Se requiere superar únicamente las relaciones económicas capitalistas? Nuestros “antirrevisionistas” abrazando la revisionista teoría de las fuerzas productivas, ¡qué ironía! – Y, en el siguiente extracto, el correlativo trasfondo antimonopolista: “Poco a poco se acerca la fecha en la que el deslucido y viejo Poder, el Poder de la oligarquía financiera, de las élites económicas, del imperialismo rapaz y de los intereses monopolistas reclaman la repercusión de un acto que tiende a convertirse en un día de victoria para la clase dominante y de pérdida y frustración para la clase obrera y las capas populares”. Nuevamente, observando con detenimiento afirmaciones como ésta, reiteramos nuestra pregunta acerca de si el Estado imperialista pone de manifiesto el poder exclusivo de la oligarquía financiera o, por el contrario, supone la institucionalización del reparto de la gestión política capitalista por parte de diversas clases burguesas en litigio, con sus correspondientes intereses particulares y –esto no lo negamos, ya que es evidente– con sus cualitativamente diferentes fuerzas de clase. El PCOE también nos deja perlas de similar brillo: “…la envoltura del bloque imperialista europeo (UE), es despreciada por los Pueblos, evidenciándonos la profundización de la crisis política, de la insatisfacción de los Pueblos con el Sistema como consecuencia del efecto de las políticas económicas realizadas por los imperialistas que agravan los problemas de la mayoría para beneficiar a la oligarquía” –de nuevo aquí, el manido recurso de la confrontación entre “la mayoría” y la oligarquía– (hemos usado nuevamente los textos referidos en anteriores notas).

[6] A tal respecto, no está de más aclarar que, en efecto, la teoría es ya síntesis de toda la práctica social anterior –y no únicamente aquélla relacionada con el proletariado como clase en sí, económica–. Los clásicos del marxismo incorporaron como habitual esta práctica de síntesis teórica con respecto a etapas anteriores y, en su tarea de resituar la teoría revolucionaria a la altura de las nuevas necesidades históricas que impuso en su día la irrupción del imperialismo, así como el estado subjetivo alcanzado por la incipiente –e independiente– lucha de clases del proletariado, se vieron naturalmente influidos, durante el desarrollo de la lucha ideológica contra el kautskismo, en particular, y contra los añejos vestigios de la teoría marxista adaptados por la II Internacional, por estas mismas corrientes teóricas; muchas de las cuales se incorporaron de forma natural al paradigma revolucionario que dominó todo proceder durante el ciclo de Octubre. El marxismo, como teoría en necesario proceso de autorrevolucionarización continua, requiere a su vez de la incorporación a la misma del conjunto de saberes y conocimientos alcanzados por la humanidad –por ejemplo, el científico– en su conjunto, negándolos e integrándolos en la cosmovisión proletaria, la cual se encuentra, así, en disposición de superarlos.

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Nuevos textos digitalizados sobre clases sociales, división del trabajo y cuestión nacional

llibres escanejats

Continuando con nuestro trabajo de edición, traducción y digitalización de documentos que consideramos acordes a las necesidades que en este periodo debe encarar la vanguardia marxista-leninista en torno a la formación de cuadros, os presentamos tres libros de sumo interés que versan sobre dos cuestiones que aún debemos estudiar más a fondo para encarar con éxito el próximo ciclo revolucionario. Dos de los libros se relacionan con la naturaleza de las clases sociales y la división social del trabajo. El tercero trata de forma muy amplia sobre la cuestión nacional.

Pues bien, el primero de los libros que hemos digitalizado es La división del trabajo manual e intelectual y su supresión en el paso al comunismo en Marx y sus sucesores, de Yannick Maignien (editorial Anagrama, 1977). Este documento es fundamental para profundizar en la cuestión de la división del trabajo, base -recordemos- de toda sociedad de clases según las tesis de Marx y Engels. Por otro lado, resulta muy interesante por el estudio histórico-crítico que ofrece sobre los análisis de Marx, Engels, Lenin, Stalin o Gramsci sobre el asunto.

El segundo de los libros es Clases sociales y alianzas por el poder, de Nicos Poulantzas (editorial Zero, 1973). Este texto es igualmente sumamente interesante, sobre todo porque, más allá de ciertas limitaciones (por ejemplo, al no profundizar en el análisis de la naturaleza y el papel de la aristocracia obrera), es muy válido para avanzar en uno de los grandes temas pendientes hoy en el Estado español: analizar la formación social clasista y sus diferentes formas y aparatos de representación.

Por último, otro libro que sin duda va a interesar a todos los camaradas es Problemas de política nacional e internacionalismo proletario, una selección de la editorial Progreso (1966) sobre los textos más importantes de Vladimir Ilich, Lenin, en torno a la cuestión nacional. Este libro puede ser uno de los documentos fundamentales básicos para que la vanguardia marxista-leninista, en el Estado español especialmente (donde hay un problema nacional evidente e irresuelto), pueda afrontar un estudio lo más completo posible, enmarcado en el Balance del Ciclo de Octubre, sobre el tema nacional y el pasado y el presente del imperialismo y el Movimiento Comunista Internacional.

La división del trabajo manual e intelectual (Yannick Maignien).

Clases sociales y alianzas por el poder (Nicos Poulantzas).

Problemas de política nacional e internacionalismo proletario (Lenin).