Otro Primero de Mayo… sin el proletariado revolucionario (octavilla de Nueva Praxis)

Otro Primero de Mayo…

sin el proletariado revolucionario

Otro año más en el que el proletariado revolucionario nada tiene que celebrar. Y van ya no sabemos cuántos. Tal es, sin duda, el precio que nuestra clase ha pagado, paga y pagará -no sabemos durante cuánto tiempo más- como consecuencia directa de la crisis del Movimiento Comunista Internacional, que no hacía sino anunciar el ya más que obvio -a pesar del escepticismo de algunos comunistas anclados en el culto moral e icónico, así como también, y esto es lo verdaderamente dramático, ideológico, a un glorioso pasado- fin del Ciclo revolucionario de Octubre (1917-1989).

Pero por mucho que ese lapso de tiempo -que comprendió hitos tales como la Revolución de Octubre y la Revolución china, por citar sólo dos ejemplos- haya acabado con una dolorosa derrota del proletariado internacional, demostró inequívocamente, al menos, tres cosas: por un lado, que la revolución era enteramente posible; seguidamente, que tal transformación consciente de la realidad era, contrariamente a lo que proclaman convencidos y al unísono burgueses y revisionistas -perdónesenos la redundancia- la única opción realista -por ser necesaria subjetivamente– que tiene la humanidad bajo el modo de producción capitalista; por último, y no por ello menos importante, el pasado Ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (RPM) también abofeteó sin piedad alguna la mayoría de los apriorismos que sostenían, consciente o inconscientemente, los revolucionarios. Y es que eso que llamamos paradigma de octubre -en otras palabras, la formulación de los requisitos, mecanismos y procedimientos de la revolución-, aunque permitió la apertura de ese período de experiencias revolucionarias, también llevaba impreso, en sus acotaciones, las limitaciones y límites históricos de ese modelo de articulación del sujeto revolucionario (el Partido Comunista) y su praxis revolucionaria. Pero tales acotaciones no pudieron ser aprehendidas, precisamente porque habían sido aprendidas para la representación de esa grandiosa obra que fue el Ciclo de Octubre.

Nos referimos, en este sentido, al necesario entrelazamiento histórico de los últimos ecos de la revolución burguesa con los albores de la revolución proletaria. Esto se manifiesta, por ejemplo, en cómo la última clase de la historia hereda mecanismos revolucionarios de la burguesía -por ejemplo el insurreccionalismo- ante la falta de experiencia revolucionaria propia. Del mismo modo, integra en su cosmovisión (el Socialismo Científico) elementos ideológicos burgueses -por ejemplo, ciertas concepciones positivistas que merman su capacidad de transformación autoconsciente. Pero a medida que se desarrollaba la lucha de clase del proletariado revolucionario, éste elevaba su propia praxis. A este respecto es notable la diferencia del papel que jugó la conciencia revolucionaria entre la Comuna de París -prefacio del Ciclo de Octubre- y la Guerra Popular en el Perú, último hito de aquél.

El comunismo dominante (el revisionismo), anclado en tal caduco paradigma, que ni quiere ni puede sacar las lecciones pertinentes de todo este riquísimo bagaje histórico -y para el que la crisis ha sido siempre el leitmotiv de la revolución-, se ha visto impotente e incapaz de construir no ya una alternativa real al régimen capitalista, sino siquiera un movimiento de masas relativamente potente. ¡Y van ya 7 años de tal esperadísima crisis!

En su sempiterna acumulación de fuerzas en la lucha sindical en particular, o reformista en general, subsumen y, en última instancia niegan, al desnaturalizarla convirtiéndola en parodia de lo que fue, la ideología revolucionaria del proletariado: el marxismo.

Por todo esto, nuestra opinión es clara. La vía revolucionaria pasa hoy por la asimilación crítica (o Balance) de toda la experiencia revolucionaria legada por el Ciclo que abrió la revolución de Octubre y la rearticulación política que lleve al proletariado a reconstituirse como clase para sí, es decir, como genuino Partido Comunista. Dicho en otras palabras, hemos de resituar la revolución socialista como horizonte plausible; y esto sólo es verosímil si dotamos a la RPM de un punto de partida más alto, nuevo, tomando como eje la ideología revolucionaria desarrollada a partir de la práctica social pasada. Pues, ¿qué clase de comunismo es ese que nos quiere encerrar en la reivindicación económica, parcial y reformista que nunca trasciende -porque no puede- el orden social capitalista, forma actual de la sociedad clasista?

Las condiciones objetivas para la revolución llevan dadas cerca de un siglo. La tarea imperiosa es, pues, la creación de las condiciones subjetivas que permitan a la humanidad, con el proletariado como avanzadilla, su total e incondicional emancipación.

Nueva Praxis

 

Artículo de los camaradas de Nueva Praxis en respuesta al PTD

1

En Marzo de 2013 los camaradas de las Juventudes Comunistas de Almería y Zamora hacían público un interesante -y desde nuestro punto de vista, acertado- documento titulado Reconstitución y movimiento juvenil. Un aporte al combate ideológico , con la intención de plasmar sus puntos de vista en torno a ciertas cuestiones fundamentales para el MCE y enriquecer las reflexiones que acompañarían a los procesos congresuales de las dos mayores organizaciones juveniles -en el aspecto cuantitativo- del campo comunista en el Estado español: los de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) y los Colectivos de Jóvenes Comunistas (CJC).

Hasta donde sabemos, el texto no obtuvo respuesta por parte de las susodichas organizaciones. No obstante, dado que en la radiografía que hacían los camaradas de Almería y Zamora del movimiento comunista juvenil se mentaba el abortado proceso de unidad entre los CJC y la extinta UJC-M, el PTD -partido heredero, precisamente, de la experiencia de la UJC-M- creyó conveniente elaborar su particular respuesta al documento antedicho.

Nuestro joven destacamento -que, por otro lado, ya tendrá tiempo de presentarse como es debido, formalmente- consideró oportuno entrar en el debate que ya estaba sobre la mesa por una serie de cuestiones: primero, como destacamento juvenil integrante del movimiento comunista que somos, las problemáticas tratadas nos afectaban directamente; segundo, dada la predisposición de cara al debate que presentan los camaradas del PTD -lo que se refleja, por ejemplo, en la acertada apuesta por el formato de cartas públicas para este tipo de confrontaciones ideológicas-, creímos ésta una buena ocasión para expresar abiertamente nuestros puntos de vista, de modo que el conjunto de la vanguardia pudiera, cuanto menos, conocerlos; y, tercero, dado ese leve reposicionamiento de fuerzas que ya mentaban los camaradas de Almería y Zamora en su documento -y que, valga decir, ha seguido desarrollándose positivamente desde las fechas en las que ellos lo dijeran-, vimos útil sumar nuestras humildes fuerzas al polo del movimiento que apuesta decididamente por la Reconstitución ideológica y política del Comunismo, polo del que nos consideramos parte. Si el presente texto alcanza o no los objetivos que se proponía, le corresponde al conjunto de la vanguardia, y no a nosotros en exclusiva, determinarlo.

Por otro lado, ya explicados los motivos que nos llevaron a la redacción del presente documento, cabe alguna explicación adicional. Como podrá comprobarse, lo publicamos coordinadamente con el trabajo que los camaradas de JCA/JCZ aportan al desarrollo de este combate ideológico. Además, y hasta cierto punto, sendos textos de respuesta -el nuestro   y   el de los camaradas almerienses y zamoranos- se complementan mutuamente.

Esto no es casual, sino fruto de la coincidencia de posiciones ideológicas y de la identificación de la necesidad de desarrollar sistemática y conscientemente la lucha de dos líneas en toda su amplitud, única vía que permitirá -teniendo como centro el Balance del Ciclo de Octubre- la edificación de un referente de vanguardia verdaderamente revolucionario.

El sacrificio del nonato. Respuesta al PTD

En aras de hacer este debate todo lo claro e inteligible posible, estructuraremos nuestra réplica en tres grandes apartados –teoría y conciencia revolucionarias, Reconstitución del Partido Comunista y Nuevo Poder– que coinciden con las cuestiones de mayor relevancia ideológica tratadas por el PTD en su texto y que, a su vez, nos permitirán ir hilando las contenidos de cada uno con el siguiente, en una disposición similar a la que presentan en la realidad.

Teoría y conciencia revolucionarias

Nuestros camaradas del PTD comienzan caracterizando las posiciones fundamentales de las Juventudes Comunistas de Almería y Zamora, que versan sobre las necesidades de la Reconstitución, como una desviación teoricista, lo que, para ellos, es resultado de la simple inversión del practicismo imperante en el MCE. Según dicen, esto quedaría reflejado, en su expresión más elocuente, en frases como esta:

“Pero resulta que la contradicción sobre la que camina la reconstitución del único organismo social que puede desarrollar “praxis revolucionaria” es hoy sobre la teoría revolucionaria y no sobre la forma en que se organizan las luchas económicas de las masas.” (1)

Y, para contraargumentar, comienzan cometiendo un error manifiesto. Para ellos, la teoría revolucionaria es la experiencia sintetizada de la práctica revolucionaria del proletariado internacional. No podemos estar de acuerdo, al menos completamente, con semejante afirmación. La práctica social del Ciclo de Octubre estuvo presidida por el proletariado revolucionario, pero en ningún caso se puede circunscribir a su actividad.

Por tanto, esta formulación obvia la práctica social de todas las clases ajenas al proletariado -aunque aquélla esté, efectivamente, dirigida por la ideología revolucionaria de este último- y, al aceptarla como válida, los camaradas del PTD dejan de lado, implícitamente, toda la experiencia revolucionaria en la que el campesinado haya jugado un papel motriz -quizá, por eso, se permitan el lujo de hablar de Nuevo Poder sin mentar siquiera la Guerra Popular-; supone, también, la irresponsable renuncia a aprender y extraer las lecciones pertinentes de toda actuación pretérita de las clases burguesas; amputa, en cierto sentido, la capacidad de desarrollo de la teoría al dar por supuestos -o, lo que sería peor, como innecesarios- los avances científicos de cada época; etcétera. El marxismo, por el contrario, ha de tener y tiene en cuenta toda la práctica social pasada -en nuestro caso, principalmente la que abarca el Ciclo de Octubre- para sintetizarla pasándola por el tamiz de la crítica revolucionaria. Quitarle ese caracter totalizador a nuestra cosmovisión es mutilarla y convertirla en otra vulgar teoría exclusivamente política o filosófica, lista para ser instrumentalizada o limitarla a guía para la acción en la reproducción del proletariado como clase subalterna y asalariada, en vez de ocupar el puesto de teoría de vanguardia en la transformación social que le corresponde. (2)

Continuando con su exposición, los camaradas incurren en nuevo error. Primero afirman que la lucha de dos líneas ha de estar a la altura, ha de responder a las cuestiones prácticas candentes e inmediatas del MCE. Hasta ahí podríamos estar de acuerdo. Pero, desgraciadamente, escasas líneas después y tras una vistosa cita de Mao, se contradicen fatalmente diciendo que el estudio y debate acerca de la construcción del socialismo no responde a las tareas inmediatas de la clase obrera del Estado español (ambas negritas son nuestras). Así, vemos como identifican, indiscriminadamente, al Movimiento Comunista con la clase obrera. Habríamos de plantearles a los camaradas algunas preguntas respecto a esto: ¿Bajo qué criterio establecéis esa correspondencia entre el MCE y clase obrera o, en otras palabras, entre el movimiento de la vanguardia y el movimiento de las masas de la clase? ¿No es esto un sinsentido si afirmais -a nuestro juicio con acierto- que no existe en el Estado español Partido Comunista? Si es menester reconstituir políticamente -reconstitución ideológica mediante- el Comunismo, es, precisamente, porque los polos contradictorios que conforman el proletariado se encuentran escindidos, porque la vanguardia y las masas no tienen esos vínculos profundos, objetivos, que articulen ese organismo social que es el Partido de NuevoTipo. Pero estas sutilezas y ambigüedades no son, como veremos después, algo fortuito.

No obstante, abordemos algo más profusamente la cuestión de la lucha de dos líneas y las necesidades concretas, esta vez sí, del MCE. A pesar de los equívocos que hemos señalado, el PTD plantea en su texto que la tarea del proletariado consciente es la creación de su Partido revolucionario. Bien. Mas, ¿cuáles son las necesidades concretas de este proceso?, ¿cuáles son los requerimientos prácticos que presenta? Dicen nuestros camaradas que el punto de partida no es la teoría revolucionaria ni las luchas espontáneas de la clase, sino las tareas prácticas revolucionarias inmediatas del proletariado consciente en cada momento histórico. Pero, desgraciadamente, no esbozan siquiera el esquema del momento histórico que vivimos, por lo que sus buenas intenciones se quedan en el papel y dejan al lector como estaba, deseando la revolución pero sin respuestas a los interrogantes que, indefectiblemente, nos abordan.

Desde nuestro punto de vista, el momento histórico actual se caracteriza por el fin de todo un Ciclo revolucionario que se desarrolló a lo largo del s.XX, concretamente desde Octubre (1917) hasta la caída del Muro de Berlín (1989). Pero ¿qué supone este fin de Ciclo? Dadas las exigencias de la práctica revolucionaria internacional, la ideología proletaria se fue desgastando como consecuencia de las fricciones a las que la lucha de clases la sometía. Incorporó elementos ajenos que pasaron por revolucionarios, sus premisas ideológicas fueron agotándose al tener que afrontar problemáticas totalmente nuevas y, en definitiva, dejó vacíos ideológicos que rellenó el revisionismo y alrededor de los cuales articuló y ganó influencia su discurso contrarrevolucionario. En una palabra: el marxismo perdió, momentánea pero generalmente, su posición de teoría de vanguardia, su capacidad de transformar, en sentido revolucionario, el mundo.

Entonces, ¿cómo repercute esto en el proletariado? Por un lado, disocia a la vanguardia de las masas -cosa que en Estado español ocurrió ya en la primera mitad del siglo pasado-, haciendo imposible toda praxis revolucionaria, concepto en el que creemos que los camaradas no han profundizado lo suficiente.(3) Por otro, y dada la amplitud de esta derrota coyuntural y sus profundísimas implicaciones ideológicas, priva al conjunto de la vanguardia de todo horizonte realmente revolucionario.

El PTD nos ofrece la vía rápida -o la vía suicida– para superar esta situación. Dicen:

Solo mediante intentos de transformar el movimiento espontáneo de la clase obrera en movimiento revolucionario puede la vanguardia proletaria constatar los errores de su línea política de cara a su corrección.” (4)

Esta propuesta -que, por otro lado, no tiene nada de nueva, pues lleva fracasando décadas y décadas- nos revela las limitaciones ideológicas de los camaradas y el estrecho empirismo que profesan. Atrás dejaron aquellas vagas afirmaciones sobre la teoría como experiencia sintetizada: ahora nos ponen sobre la mesa, y sin escrúpulo alguno, la epistemología positivista como instrumento revolucionario. Resulta, pues, que nuestros compañeros arrastran consigo todas las limitaciones que presentaba ese marxismo neonato y decimonónico que estaba profundamente influenciado por todos los recientes descubrimientos científicos -y su metodología- al ser sus portadores, usualmente, miembros del ala más progresista de la burguesía, que se veían naturalmente arrastrados por el ímpetu revolucionario de las masas proletarias.

Frente a esto, la Línea de Reconstitución plantea la lucha de dos líneas en torno al Balance del Ciclo de Octubre. En otras palabras, abogamos por la realización de una verdadera síntesis intelectual de la práctica social del pasado Ciclo sumergida profundamente en la lucha de clases (L2L; -conviene apuntar que esta lucha en lo ideológico, obviamente, continuará siendo imprescindible una vez el Partido sea reconstituido y durante todo el desarrollo del socialismo-) como método para deslindar los campos de la revolución y la reacción, desarrollar -reconstituir- la teoría en vista a las necesidades del nuevo Ciclo revolucionario que hemos de comenzar en un estadio cualitativamente superior al anterior y construir conscientemente, y resituar el marxismo como ideología de vanguardia -revolucionaria- en los procesos de transformación social. Esto se concretiza, en un primer momento, con la hegemonía revolucionaria en la vanguardia teórica, lo que es sinónimo de la recuperación efectiva del horizonte del Comunismo.

En otro subapartado, cuyo contenido está íntimamente ligado con todo lo anterior, los compañeros del PTD nos hablan sobre su concepción acerca de la conciencia revolucionaria. Ésta, dicen, no podría limitarse al conocimiento teórico del Socialismo Científico, sino que tendría que complementarse con la adquisición de un instinto de clase proletario. Apuntábamos algunos párrafos más arriba que su ambigua identificación entre MCE y clase obrera no era algo fortuito; nuestras sospechas se confirman ahora al ver lo que entienden por conciencia revolucionaria, pues dicen que ésta es inalcanzable sin ese instinto que según ellos se adquiere, cómo no, en el terreno de las luchas espontáneas de la clase.

Pero el marxismo ha resuelto este problema hace tiempo, y de modo diametralmente opuesto a como lo solventan nuestros camaradas. Y es que la conciencia espontánea de la clase, su conciencia en sí, tradeunionista, burguesa, es consustancial al proletariado desde que éste se conforma históricamente como clase, ya entrado el s.XIX. Por lo tanto, este planteamiento es absurdo: está claro que en el plano histórico-universal la conciencia de clase en sí precede y es precondición para el surgimiento de la conciencia de clase para sí; sin embargo, en el terreno político-concreto, la segunda surge fuera del movimiento de la primera, y por eso precisamente el Partido de Nuevo Tipo es la fusión de la teoría revolucionaria con el movimiento práctico de la clase. Para que no queden dudas al respecto: no existe ninguna clase de instinto revolucionario inherente al proletariado.

Éste se configura como clase social revolucionaria capaz de acabar con el mundo clasista y sus fundamentos -división social del trabajo y apropiación del trabajo ajeno- precisamente negándose como clase en sí. Dicho de otro modo, el proletariado revolucionario lidera el proceso de construcción del Comunismo dejando atrás sus intereses particulares en tanto que parte integrante del modo de producción capitalista, armonizando sus objetivos con los del resto de clases subalternas pero desde fuera y en oposición al viejo mundo. Y, si puede hacer esto, es precisamente por su posición objetiva en este sistema, que crea y no deja de desarrollar un antagonismo social irreconciliable e irreformable entre una inmensa mayoría de productores y una ínfima minoría de apropiadores del trabajo ajeno, lo que se resume en la fórmula de la humanidad proletarizada que, a su vez, muestra muy gráficamente el carácter universal de nuestra clase.

Por otro lado, al divagar sobre esta cuestión, plasman su interpretación desnaturalizada del marxismo. Al separar la conciencia revolucionaria en un pensar y en un sentir, que se adquieren por vías diferentes, vuelven a subvertir lo que es en realidad el marxismo. Éste es, en tanto que cosmovisión revolucionaria, una unidad dialéctica que comprende los aspectos tanto epistemológicos como ontológicos. En otras palabras, aúna la comprensión científica del mundo y la necesidad de su revolucionarización consciente en un todo coherentemente armonizado. En este sentido no cabe, como hacen los camaradas, separar y diferenciar orgánicamente los aspectos de interiorización de los principios del Socialismo Científico de los de transformación práctica en base a aquéllos. En su lugar -y de forma inconsciente- nos proponen, de nuevo, el marxismo como teoría u opción filosófica al servicio del movimiento espontáneo del proletariado, como instrumento para la reproducción de nuestra clase como clase dependiente y sin trascender el papel que este orden social nos tiene reservado. Por eso, frente al cientificismo burgués que limita el conocimiento de los procesos a la visualización/constatación de la experiencia concreta del laboratorio/campo de trabajo, situamos la cosmovisión integral del Socialismo Científico en términos de ‘aprender transformando’ el objeto, identificándose éste en todo momento con el sujeto y situando, por tanto, los aspectos del ser y la conciencia dentro de un mismo plano de unidad e interrelación contradictoria, teniendo en cuenta, también, que el proletariado es una clase universal, lo que nos permite -y nos obliga a- condensar teóricamente la experiencia pretérita del proletariado internacional. Del mismo modo, somos conscientes de que al no existir, a día de hoy, el organismo social revolucionario (el PC) nuestra capacidad de transformación práctica se ve limitada (la praxis revolucionaria requiere de aquél) y enfocada inexorablemente a su reconstitución.

En fin, de poco sirven sus palabras al final del párrafo -el papel lo aguanta todo- abogando por la no supeditación de la teoría a la espontaneidad: el sacrificio llevaba hecho ya bastante tiempo.

Reconstitución del Partido Comunista

Pasamos ahora a abordar la cuestión del Partido Comunista. Comienzan arguyendo que la vanguardia, al estar dispersa, ve mermada su capacidad de análisis. Concretan este planteamiento de la siguiente forma:

“Los distintos destacamentos comunistas existentes tienen una visión determinada por su más que estrecha realidad cotidiana, lo que los conduce inevitablemente a incurrir en grandes errores de unilateralidad en sus análisis de la realidad material, en la toma de conciencia de su situación y de cómo transformarla. Y esto inevitablemente ocurre en todo destacamento comunista del Estado español a día de hoy.” (5)

Tal alegato nos parece, cuanto menos, aventurado. Y es que lo que hacen los camaradas del PTD es, sin mayor análisis, absolutizar su propia situación como destacamento, extendiéndola indiscriminadamente a todo el movimiento. Es cierto que, en parte, la situación del MCE es como describen, pero no por los motivos que aducen ellos ni del modo incondicional en que lo plantean. Porque, ¿quién se ensimisma en su estrecha realidad y práctica cotidiana?, ¿quién comete errores de unilateralidad en sus análisis de la realidad material por un insuficiente conocimiento de la misma? Precisamente es algo que los que apostamos por la Línea de Reconstitución venimos denunciando desde hace tiempo, pues es característico de todas las organizaciones comunistas que toman lo espontáneo como punto de partida -por mucho que lo nieguen de palabra, como es el caso del propio PTD-. Ese practicismo sistemático que no nos cansaremos de denunciar es premisa y resultado de las concepciones empiristas que reinan en la mayor parte del MCE; esos errores de unilateralidad nacen fundamentalmente de las carencias ideológicas que el polo reconstituyente ha señalado una y otra vez. Y ahora que estas cuestiones se hacen cada vez más obvias, los camaradas del PTD apuestan por cubrirse las propias espaldas alegando, simplemente, que es normal, que a todo el mundo le pasa. Pues no, señores. Los problemas de la vanguardia comunista son lo suficientemente serios como para no conformarse echando balones fuera; nuestra responsabilidad histórica exige un poco más de seriedad a la hora de evaluar nuestra práctica y nuestras deficiencias. En este sentido, los camaradas del PTD, al menos, demuestran ser mucho más honestos que buena parte de nuestro movimiento, al estar predispuestos de buen ánimo al debate. No obstante, como decimos, este tipo de generalizaciones no nos parecen serias. Principalmente, porque atentan contra el marxismo y reflejan un trasfondo ideológico positivista. Lo que subyace a esta tesis es la idea de que sólo la yuxtaposición cuantitativa de elementos de vanguardia con diferentes experiencias particulares puede engendrar posicionamientos ideológicos correctos; que la suma de pequeñas verdadas experimentales desembocará en la capacitación para -como dicen ellos- la creación del Partido Comunista.

Todo lo anterior no quiere decir que nosotros -nos referimos a los que defendemos y aplicamos la Línea de Reconstitución- no podamos caer -y, quizá, caigamos de hecho- en errores de unilateralidad o de cualquier otro tipo. Lo que queremos expresar es que, lo que señala ese extracto del texto del PTD es, precisamente, resultado directo de las posiciones que tanto ellos como la mayor parte del MCE sostienen y se niegan a cuestionar.

En contraposición a ese planteamiento positivista, el polo reconstituyente de nuestro movimiento pone sobre el tapete un Plan en verdadera coherencia con la dialéctica materialista, que parte de la ideología como único motor capaz de resolver conscientemente las contradicciones que separan a la vanguardia comunista de las masas de la clase o, en otro plano, como única vía posible para superar todos los obstáculos y prerrequesitos que impiden la conversión de la conciencia revolucionaria en genuina praxis revolucionaria. Posteriormente manifiestan sus puntos de vista respecto al proceso de creación del PC. Queda resumido en esta frase:

“Aceptamos que el proceso de creación de este partido no se caracteriza por la unidad formal y la convergencia en la práctica de las luchas de resistencia de la clase, sino que esto último debe ir acompañado del estudio y el debate de la experiencia del movimiento comunista, así como de la organización de la lucha de dos líneas” (6)

Como vemos, para nuestros camaradas la reconstitución del Partido Comunista se limita a esa convergencia entre los destacamentos en los frentes de Resistencia (7), lo que acompañan (!) con el estudio y la confrontación ideológica. Pero el modo en que disponen los elementos en esta ecuación no es, tampoco, casual. De esta forma, queda patente que lo principal para ellos es la intervención en los movimientos espontáneos, lo que aderezan con una organizada lucha de dos líneas entre destacamentos.

Inmediatamente después dicen considerar de igual importancia el aspecto teórico y el práctico, así como manifiestan su desacuerdo con que la resolución de la cuestión ideológica sea la primera parte del Plan político (JCZ/JCA).

Ante eso, hemos de realizar nuevas puntualizaciones. Dada la caracterización que hemos hecho en el primer apartado del presente texto, referida al fin del Ciclo revolucionario y a sus consecuencias, conviene expresar la falsedad de la tesis según la cual, en el momento presente, la teoría y la práctica tengan una importancia pareja. Esto no quiere decir, de ninguna de las maneras, que aboguemos por la separación de la teoría y de la práctica. Al contrario, significa que, dado que toda contradicciión tiene un aspect principal, éste es, ahora, la teoría. En otras palabras: la tarea práctica que se le impone incondicionalmente a la vanguardia marxista-leninista es la reconstitución de la ideología proletaria como punto de partida para la rearticulación del movimiento politico revolucionario. Como decíamos en aquel breve diagnóstico del momento histórico actual, el marxismo ha perdido su posición de teoría de vanguardia. Éste es el aspecto crucial, el eje alrededor del cual se articula la incapacidad de intervención política masiva y revolucionaria de los comunistas. Y no es posible resolverlo con más práctica ciega situada a la retaguardia de cada lucha espontánea. Los problemas de la vanguardia no los pueden resolver las masas: es capital comprender esto. Por eso, en la contradicción teoría/práctica -o, en otro plano, la constituida por ideología/política- el aspecto principal lo ocupa la teoría -la ideología-. Por eso nuestros camaradas de Almería y Zamora sitúan correctamente la resolución del problema ideológico -reconstitución ideológica- como premisa necesaria para la reconstitución política del Comunismo como movimiento revolucionario (Partido Comunista). Evidentemente, las cuestiones ideológicas siguen desarrollándose también -en lucha de dos líneas- tras este primer hito, pero la naturaleza de esas problemáticas serán completamente diferentes por el contexto en el que se inscriben. Nos parece que los camaradas del PTD no han reflexionado lo suficiente sobre esto, y por eso no perciben la centralidad de lo ideológico en esta etapa de la reconstitución.
Seguidamente, querríamos anotar algo sobre la cuestión de la práctica. Y es que resulta grotesca la terrible simplificación, la estrechísima concepción del término de que hace gala el conjunto del MCE y, también, particularmente, el PTD. Nos permitiremos aquí trasladar extensamente un célebre párrafo de Lenin, por poco que nos guste recurrir a citas:

“Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica. Y para la socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia. En primer lugar, nuestro partido sólo empieza a organizarse, sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario, precisamente los últimos tiempos se han distinguido (como predijo hace ya mucho Axelrod a los “economistas”) por una reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas. En estas condiciones, un error “sin importancia” a primera vista puede tener las más tristes consecuencias, y sólo gente miope puede considerar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual “matiz” puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa durante muchísimos años” (8).

No obstante, nuestra situación difiere de la socialdemocracia de 1902. Estamos en un momento aún anterior. Para los compañeros del PTD la situación en el Estado español es análoga a la de Rusia en 1895. Tal y como nosotros lo vemos, estaríamos en un momento precendente que, además, presenta particularidades totalmente nuevas en la historia del MCI.

Y es que nuestro movimiento no sólo está disperso ideológica, política y organizativamente en pequeños círculos o destacamentos, sino que, como ya hemos dicho múltiples veces a lo largo del texto -es fundamental comprender esta novedad histórica- es necesario, además, reconstituir la ideología. Ni Lenin ni ninguno de los clásicos tuvo que enfrentarse nunca a los obstáculos que presenta la rearticulación de un movimiento revolucionario tras todo un Ciclo que recorre cerca de tres cuartos de siglo, termina con una derrota general del proletariado y entroniza al revisionismo en la vanguardia teórica por la inoperancia coyuntural del marxismo revolucionario. Cuando asemejan la situación actual a la de Rusia en 1895 y sus Uniones de Lucha, obvian esta coyuntura de repliegue general que marca toda una época.

Además, centrándonos ahora en el plano político, el proletariado no está en la situación de entonces. Por las caracterísiticas propias del imperialismo y de este interregno intercíclico la clase está sumida en un profundo letargo que poco a poco va rompiendo. Pero aquí vemos de nuevo las limitaciones de esa práctica que defienden nuestros camaradas. Por lo superficial del análisis en que basan su actuar, acuden -física o testimonialmente- de forma inmediata a todo conflicto político que estalla en la vida social del Estado español esperando encontrar ahí, por fin, al proletariado, para fundir su socialismo -acientífico- con ese instinto de clase –en sí-. ¿Cuál es el resultado de todo esto? Quedar a la zaga, no ya del proletariado, sino, principalmente, de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía.(9) Esto puede suceder por dos vías, directa o indirectamente. En el primero de los casos, suponiendo que allá donde acudan no se ventile nada de interés para el proletariado; en el segundo, suponiendo que intervengan en una lucha resistencial verdaderamente proletaria: al quedar a la zaga de ese movimiento quedarán también, antes o depués, tras la estela de tal o cual fracción burguesa, pues el proletariado en su movimiento espontáneo no puede evitar sucumbir, por lo general, ante los intereses de clases subalternas pertenecientes al bloque de poder -cuando no ante la misma oligarquía financiera-. Esto se puede constatar con toda claridad en las campañas democráticas que realiza el PTD, en su defensa de lo público y en su republicanismo (10), por poner solo tres ejemplos.

Sin embargo, esto poco tiene que ver con un verdadero proceso de reconstitución partidaria. Lo cierto es que el PTD se muestra incapaz de percibir la gradación de las contradicciones e impotente a la hora de diferenciar la principal de las secundarias. En este sentido, no alcanzan a ver que en la formación social del Estado español -así como en la absoluta mayoría de Estados capitalistas-, a día de hoy, la contradicción principal en la lucha de clases se mueve en el terreno de las facciones burguesas en pugna entre sí, y no, como otrora, entre la burguesía y el proletariado revolucionario. No obstante, habiendo hablado ya lo suficiente de los requisitos ideológicos de este proceso, comentaremos someramente su plasmación política.

Lo que aún no ve la mayor parte de la vanguardia es que la práctica, ese concepto manoseado hasta lo obsceno, no se circunscribe a acudir a las amplias masas de la clase -o intentarlo- esperando una interacción inmediata con ellas. Como decía ya Lenin, el concepto de masas varía según el estado del movimiento revolucionario. Por ello, lo que es fundamental es definir cuáles son nuestras masas en cada momento, lo que se determina en relación a su posición respecto de la vanguardia comunista, es decir, respecto de la conciencia revolucionaria. De tal definición surge la línea de masas que ha regir la actividad consciente de la vanguardia en cada momento. Y actualmente la reconstitución implica la acumulación de fuerzas en torno a la vanguardia. La acumulación de fuerzas de las amplias masas se materializa como Guerra Popular. Curiosamente, como hemos apuntado ya, nuestros camaradas del PTD hablan en su texto de Nuevo Poder pero no dicen ni una palabra de la estrategia militar que posibilite su edificación.

Pero volviendo al momento actual y a la línea de masas adecuada, hemos de remarcar de nuevo que ésta tiene como eje la ideología. En otras palabras, el incipiente movimiento de vanguardia se articula, en lucha de dos líneas, alrededor de las conquistas ideológicas que vamos arrancando de la realización del Balance. Cristaliza, asimismo, en el surgimiento y desarrollo de destacamentos de vanguardia cuya razón de ser, precisamente, es haber sido ganados -ideológicamente- para el Comunismo. Al mismo tiempo, lo que en un principio es un movimiento disperso se va estructurando con tareas y trabajos comunes y planificados que amplían la capacidad de incidencia de la vanguardia revolucionaria y ensanchan su radio de acción en relación a la vanguardia teórica no-marxista ajustando cuentas con ella, negando y asimilando -superando en todo el sentido dialéctico del término- sus doctrinas. La teoría marxista vuelve a estar a la altura de las necesidades históricas -se establece la Línea General de la Revolución Proletaria Mundial- y el Comunismo tórnase en horizonte plausible para el conjunto de la vanguardia -teórica-: se puede dar por reconstituida la ideología. En el transcurso de esta fase nos encontramos, es la defensiva política estratégica.

El equilibrio político estratégico se caracteriza por la aplicación de la Línea General a las condiciones concretas del Estado español. Queda establecida la Línea Política del Comunismo para nuestra realidad estatal internacional. Se termina de hegemonizar la vanguardia teórica en sentido revolucionario y se inicia el acercamiento a la vanguardia práctica, creando organismos que confronten con el oportunismo y el revisionimo en los frentes de resistencia.

En la última fase de la reconstitución, la ofensiva política estratégica, se vinculan las necesidades concretas de las masas con el objetivo estratégico de la Comunismo, lo que se traduce en Programa. Se desarrollan los organismos generados y las fracciones rojas. Llegado este proceso a cierto punto, se puede dar por reconstituido el Partido Comunista y se inician los preparativos de la Guerra Popular.

Como verá el lector, la Línea de Reconstitución (11) -expuesta aquí esquemáticamente-, que sintetiza adecuadamente las últimas y más elevadas experiencias de reconstitución partidaria -como la del PCP- poco tiene que ver con la nebulosa y vaga propuesta que nos ofrece el PTD. Esta organización pretende crear el Partido durante la discusión de un Programa -y mediante la confrontación ideológica que provocaría-, y la elaboración de éste desde la intervención en las luchas espontáneas del proletariado. Como resultado obvio de esta fórmula errónea tendríamos un Programa de mínimos democráticos como señuelo de cara a las masas, la perpetua escisión de éstas con la vanguardia y la sempiterna postración de la última ante la ideología burguesa. En definitiva, el proceso revolucionario queda liquidado antes incluso de dar el primer paso real en el oscuro sendero que nos proponen.

Para justificar esta táctica-proceso que se desarrolla sobre la marcha -a diferencia de la Línea de Reconstitución, que plantea una táctica-plan totalmente consciente y que avanza a iniciativa de la vanguardia- traen a colación diferentes relatos históricos que versan sobre las trayectorias de Marx, Engels y Lenin. Pero, entendemos que sin malicia ninguna, lo que nos presentan son más bien las historias particulares de grandes figuras del marxismo y no elementos universales de constitución partidaria. Ninguno de los clásicos fue portador del Comunismo desde el día de su nacimiento, todos ellos llegaron al y asimilaron -o, en el caso de Marx y Engels, fundaron- el Socialismo Científico mediante procesos individuales concretos. No se puede hacer tal ejercicio de prestidigitación (llegan incluso a justificar su practicismo alegando que Marx, antes de haber roto completamente con los hegelianos de izquierda, ya estaba involucrado en política). ¡Esto no es ni puede ser, obviamente, un ejemplo de praxis comunista, señores!; no se puede identificar el desarrollo político-personal de tal o cual individuo como vía incondicional y necesaria de construcción la vanguardia comunista en su conjunto. Aclaremos esto: seguramente -y como dicen ellos mismos a través de una cita de Ludo Martens, aunque dándole un sentido erróneo, pues el PTB no es ni ha sido un Partido de Nuevo Tipo- buena parte de los que hoy componemos los sectores interesados activamente en la reconstitución hemos pasado en algún momento por las luchas de resistencia de la clase -sindicato, movimiento estudiantil, etc.-. Pero nuestras historias individuales no se pueden identificar con el proceso general mediante el cual el Socialismo Científico se fusiona con las masas. Principalmente, porque los elementos de vanguardia en condiciones de desarrollar un incipiente movimiento comunista van, antes o después, a la teoría y no esperan a que ésta les sea traída desde fuera. Es importante comprender esto pues, de lo contrario, y como muestra el caso de los camaradas del PTD, se pasa del materialismo histórico al idealismo histórico de corte teleológico. Como mostraba Lenin:

“Esto no quiere decir, naturalmente, que los obreros no participen en esa elaboración. Pero no participan como obreros, sino como teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weitling; dicho con otras palabras, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en grado mayor o menor, dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar.” (12)

Además, conviene recordar que el contexto en el que se desenvolvieron Marx y Engels era todavía el de acumulación de fuerzas del proletariado en el plano económico. Es la época del partido obrero de viejo cuño y del sindicato. La revolución proletaria, aunque estaba planteada teoréticamente en sus lineamientos fundamentales, no era todavía una posibilidad material inminente. Incluso la Comuna de París, efímera y relativa excepción, confirma esto al haber acontecido sin la influencia masiva de las ideas marxistas y de forma relativamente espontánea, pues el poder, prácticamente, cayó en manos del proletariado en vez de haber sido edificado por éste de forma consciente en contraposición al de la burguesía. Asimismo, el contexto en que viven Lenin y los Bolcheviques dista del nuestro. Precisamente él desarrolla los fundamentos teóricos -y los pone en práctica- del Partido de Nuevo Tipo. Pero la efervescencia del proletariado ruso -e internacional- de principios del s. XX nada tiene que ver con la situación actual de derrota y reflujo del movimiento obrero. Del mismo modo, los requerimientos para la constitución del Partido en ese marco histórico son menos exigentes, en cierto sentido. Lo que ya se ha desprendido del Balance del Ciclo de Octubre es que el paradigma revolucionario establecido en una época determinada -y relativamente válido sólo para la misma-, se vuelve inoperante con el desarrollo de la lucha de clases por los límites históricos obvios que presenta.

En cambio, una experiencia mucho más cercana -aunque, claro está, no extrapolable mecánicamente- a   nuestro contexto es, como   apuntábamos antes, la   de la reconstitución del Partido Comunista del Perú (conocido como Sendero Luminoso). Como nuestros camaradas del PTD conciben la teoría como práctica sintetizada del (¡y sólo del!) proletariado, quizá obvien lo vivido en Perú precisamente por haber sido articulado de forma principal en torno a las masas campesinas como fuerza motriz de la Guerra Popular.

Esperamos sinceramente que los camaradas del PTD reflexionen, a tenor de todo lo expuesto hasta aquí, sobre las implicaciones políticas e ideológicas de una práctica basada en el inmediatismo ciego y en la insuficiente asimilación de los principios del Socialismo Científico.

Nuevo Poder

Continuando con nuestra exposición pasamos ahora a tratar la cuestión del Nuevo Poder. Los camaradas del PTD, como es de esperar, conciben aquél en el sentido espontaneísta y resistencial que envuelve todos sus postulados, dejando entrever la clásica lógica insurreccional que domina en todo el MCE. Trasladamos aquí el párrafo en que resumen el modo en el que entienden el Nuevo Poder:

“Pero consideramos también que la incorporación de las masas al Nuevo Poder sólo puede impulsarlas la vanguardia revolucionaria interviniendo, introduciendo el elemento consciente desde lo existente y desde las luchas parciales y espontáneas por reformas, por la mejora de sus condiciones de vida a pesar de ser dentro del marco del capitalismo. Se trata de la introducción del elemento consciente empleando como catalizador a esas luchas por reformas que se dan en los diferentes frentes (estudiantil, obrero, anti-imperialista, feminista, democrático, republicano, antifascista…). De la conexión con las inquietudes espontáneas y estrechas de las masas, obreras y populares, y de la elevación de su nivel de conciencia; se las encaminará hacia la conformación de las partes que compongan el Nuevo Poder. En este sentido, el trabajo de fusión del socialismo científico con el movimiento obrero para conformarlas tiene mucho camino que recorrer, adecuándose la táctica en cada momento en virtud a las posibilidades de desarrollo de ese Nuevo Poder. A día de hoy, está pendiente la vinculación con las masas en los frentes por las reformas y el trabajo dentro de los mismos con el objetivo descrito. Sin vinculación con las masas no hay elevación de su nivel de conciencia; sin elevación del nivel de conciencia no hay desarrollo del Nuevo Poder; sin desarrollo del Nuevo Poder no hay contradicción entre el viejo poder y el nuevo, no hay estallido revolucionario para imponer el nuevo poder sobre los escombros del viejo poder burgués.” (13)

Como vemos, y en clara continuidad con todo lo anterior, su comprensión del Nuevo Poder no es sólo limitada, sino también ajena a cualquier postulado leninista. Antes que nada, hemos de señalar que en todo el apartado que dedican al Nuevo Poder, no hacen mención alguna de su vinculación con el Partido Comunista y la Guerra Popular. En sus labios, pareciera que el Nuevo Poder puede surgir independientemente de ambos.

En su esquema, la vanguardia revolucionaria -y no el PC- incorpora a la masas al Nuevo Poder en el transcurso de su intervención en el movimiento espontáneo del proletariado. Según dicen, el elemento consciente se insufla usando como catalizador las luchas por reformas. Una vez más sacrifican la ideología revolucionaria en favor de la espontaneidad y le arrancan todo contenido revolucionario. Al contrario de lo que ellos plantean, el único organismo social capaz de revolucionar las aspiraciones inmediatas del proletariado es el Partido Comunista porque es ya la vinculación objetiva del Socialismo Científico con las masas. Éste (el PC) crea un movimiento revolucionario independiente ideológica y políticamente mediante el cual puede, esta vez sí, incorporar a las amplias masas de la clase al proceso revolucionario. Pero no a través de la propaganda y la intervención en la retaguardia de estos movimientos espontáneos, como nos proponen, sino usando la Guerra Popular y, precisamente, contra esas organizaciones que pugnan por reformas.

Como guinda de este amargo pastel colocan el estallido revolucionario, la anunciada y cuasi bíblica insurrección final en la que tienen fe casi todos los destacamentos del MCE. Este despropósito nace de las concepciones evolucionistas que como hemos visto a lo largo del texto profesan sin reparo alguno, lo que desemboca en este fatalismo histórico propio de una particular visión de la dialéctica hegeliana o de un decimonónico materialismo vulgar. Tal y como ellos ven el problema (el del PC, el del Nuevo Poder, el de la Revolución en conjunto…) todo se resume en una suma plana y simple de hechos positivos que terminan resolviéndose por la propia marcha de los acontecimientos. Nada nos dicen sobre la resolución consciente de contradicciones como elemento fundamental de todo proceso social revolucionario. Como decían los padres de nuestra cosmovisión:

“Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.” (14)

Valga decir, entonces, que la revolución no es el acto final que culmina una maduración pacífica del Nuevo Poder. La revolución es, opuestamente, el proceso total y consciente de edificación del Comunismo que arroya todas las relaciones económicas, políticas e ideológicas de opresión y explotación. Y, en ese proceso, el Nuevo Poder constituye la materialización y puesta en práctica de la dictadura de clase ejercida por las masas proletarias alrededor del Partido como eje vertebrador. Así, vemos como para el PTD el Nuevo Poder es exactamente lo mismo que el FOPS del PCPE -aunque, otra vez más, lo nieguen de plabra- o el FUP del PCOE: una estructura de reivindicación económica que no puede subvertir el orden social dado porque parte de él y no dispone de los instrumentos necesarios (pues ha renunciado a ellos desde un primer momento) para destruirlo. En conclusión, podemos decir que no hay Nuevo Poder sin Guerra Popular; no hay Guerra Popular sin Ejécito Rojo -punto sobre el que no hemos entrado en este texto pero del que tampoco se puede, deningún modo, prescindir-; no hay Ejército Rojo sin Partido de Nuevo Tipo reconstituido; y, finalmente, no hay Partido reconstituido sin ideología reconstituida a través del Balance en lucha de dos líneas.

*****

Los camaradas del PTD, a pesar de esa buena voluntad de la que no dudamos, están lejos de poder ofrecer al proletariado una opción distinta o siquiera levemente menos mala -si existiera esto- de la que plantean el grueso de los destacamentos que forman el MCE. Esto es así porque parten, como aquellos, de las mismas premisas ideológicas caducas que se establecieron en el curso del clausurado Ciclo revolucionario de Octubre. Aunque muestran una predisposición de cara al debate que es de agradecer, su práctica política está peligrosa y objetivamente en la extrema derecha del MCE. Les invitamos honestamente a replantearse ese paradigma que han asimilado acríticamente y a evaluar con mayor rigor la historia del MCI y todo el Ciclo pasado, así como su práctica actual, en aras de comprender mejor las necesidades reales que presenta la articulación de un movimiento verdaderamente revolucionario en el Estado español en nuestros días.

Nueva Praxis, Marzo de 2014

NOTAS:
(1) JCA y JCZ, Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico, página 7.
(2) Esta matización no es, de ningún modo, gratuita. Lo que hacen los camaradas del PTD es, en última instancia, reducir la lucha de clases a la pugna entre el obrero y el patrón. Y, como veremos a lo largo del texto, esta concepción errónea domina todos sus postulados: para el el PTD, la revolución no deja de ser la simple extensión, sin mediación dialéctica ni solución de continuidad alguna, de la lucha del proletariado como clase en sí. Contrariamente, el marxismo estudia las relaciones del proletariado con todas las clases sociales y fracciones de clase, y propugna la creación de un movimiento nuevo e independiente que, en colisión frontal con el viejo mundo, sus estructuras, instituciones, etc., edifique una nueva sociedad. Lo que implica, a su vez, que el proletariado revolucionario se niega a sí mismo como clase con intereses particulares, todo lo contrario de la apuesta que realizan nuestros camaradas.
(3) Decimos esto porque plantean que nuestros quehaceres son las tareas prácticas revolucionarias inmediatas del proletariado consciente en cada momento histórico (?). Tal formulación, además de harto nebulosa e incluso, podríamos decir, vacua, deja ver la incomprensión del PTD respecto a la naturaleza de la praxis revolucionaria. Ésta presenta como condición previa la existencia del PC, por lo que plantear la necesidad de práctica revolucionaria para la constitución del instrumento que posibilite esa misma práctica revolucionaria es un completo sinsentido. Como caracterizan los camaradas del PCR en la Nueva Orientación, nos encontramos en la fase burguesa de la revolución, es decir, en la etapa de rearticulación del movimiento independiente del proletariado revolucionario.   (4) Respuesta del PTD al documento “Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico.”, de las JJCC de Almería y Zamora.   (5) Ibídem   (6) Ibidem   (7) Para muestra, un botón: tras haber redactado esta respuesta y poco antes de proceder a su publicación, el PTD anunció que se fusionaría en una sola organización con los exCJC Castilla La Mancha y los renegados de UP.
(8) V.I. Lenin ¿Qué hacer?
(9) De hecho, y confirmando la justeza de nuestros análisis, el PTD hizo público este Marzo que se presentaría a las primarias de la iniciativa Podemos, cuya cara visible es el pequeñoburgués oportunista -y chauvinista– de moda en las tertulias del capital, Pablo Iglesias.
(10) Precisamente, mientras ultimamos la redacción de esta misiva, el PTD ha sacado un artículo llamado La república democrática y el socialismo. En él no hacen más que confirmar nuestros análisis y demostrar que, prácticamente, renegaron hace mucho del marxismo. Se enfangan -¡como los que ejecutan esa violencia vanguardista que denuncian!- en sempiternas formas de transición hacia, precisamente, la etapa de transición que es el socialismo. Pero que juzgue el lector, pues aquí ya hemos tratado de desmontar los presupuestos ideológicos en los que el PTD basa toda su práctica reaccionaria.
(11) Para ampliar recomendamos la lectura de El debate cautivo, texto del MAI que polemiza con el PCE(r), donde se expone este punto más profusa y precisamente.
(12) Ibídem
(13) Respuesta del PTD al documento “Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico.”, de las JJCC de Almería y Zamora.
(14) Marx y Engels, La ideología alemana