Apuntes sobre la reconstitución del movimiento comunista

Unas palabras previas

         En los últimos tiempos estamos asistiendo en el Estado español a un doble proceso de naturaleza ideológico-política y social de considerable relevancia.

       Por una parte, la Línea de Reconstitución ha avanzado posiciones en el panorama del movimiento comunista, esclerotizado por el revisionismo tanto a nivel de nuestro Estado como en el resto del globo. Este fenómeno reviste una importancia crucial, ya que empieza a ser comprendida por una parte nada desdeñable de la vanguardia ideológica la necesidad de volver a hacer hegemónico el marxismo-leninismo como fase de arranque indispensable para poner nuevamente en marcha los pistones del movimiento de emancipación hacia la sociedad sin clases. El proceso al que nos referimos ha venido acompañado de un incremento -aún modesto pero en modo alguno despreciable- del número de camaradas y colectivos que tienen como núcleo de su lucha la batalla sin cuartel contra el revisionismo. Pero, al margen del desarrollo cuantitativo, lo más destacable es el avance en términos cualitativos, es decir, en términos de lucha entre líneas y avance en torno a posiciones revolucionarias.

       El documento que os ofrecemos a continuación tiene como pretensión la de contribuir a profundizar en la comprensión de las tareas, urgentes a día de hoy, de recomposición del movimiento revolucionario. Las distintas siglas del revisionismo español, que siguen presas de sus dinámicas ya refutadas por la historia de nuestra clase, no son ajenas a esta realidad, y por ello se han dedicado a lanzar ataques a la desesperada para tratar de adulterar y distorsionar la verdadera naturaleza de este movimiento de la vanguardia marxista-leninista por la reconstitución. Este escrito también trata de refutar, de forma indirecta, todas aquellas críticas postuladas de manera oficial u oficiosa por el revisionismo patrio.

        Por otra parte, en las últimas semanas los sectores más avanzados de las masas han protagonizado una serie de luchas que han vuelto a poner encima de la mesa la agudización creciente de las luchas de clases en nuestro Estado y la necesidad de que la clase disponga de su Partido de Nuevo Tipo como mecanismo imprescindible para construir el Nuevo Poder como embrión del Estado de dictadura del proletariado, fase insoslayable para llegar al “reino de la libertad” (Engels), esto es, al comunismo. Tanto las violentas protestas de los jóvenes proletarios de la Cañada de Hidum, en Melilla, como la victoria del barrio proletario de Gamonal, en Burgos, sobre la burguesía de la ciudad castellana (así como las muy loables manifestaciones en solidaridad con Gamonal que han tenido lugar en ciudades como Valencia, Granada, Barcelona, Vitoria, Madrid, Sevilla, Zaragoza, Alicante u Oviedo), corroboran nuevamente dos tesis que deben ser analizadas para comprender mejor las bases del movimiento por la reconstitución del comunismo:

        -en primer lugar, demuestra la capacidad de autoorganización de las masas para defender sus intereses inmediatos como conciencia de clase en sí, algo que echa por tierra los presupuestos economicistas y sindicalistas del paternalismo revisionista, para el que las masas no necesitan a cuadros marxistas-leninistas, sino a militantes comunistas reducidos a la categoría de sindicalistas. Asimismo, estas luchas han vuelto a demostrar que el revisionismo no encabeza ni dirige ni una sola de las luchas de masas más potentes de nuestro país;

      -en segundo lugar, estas luchas vuelven a confirmar la premisa básica sobre la gestación del movimiento revolucionario (según la cual este se articula como una realidad externa e independiente del movimiento espontáneo), algo que, además de demostrar con la práctica nuevamente lo determinante de contar con un Partido de Nuevo Tipo para que la crisis socio-económica actual deje paso a la crisis revolucionaria del sistema de dominación capitalista, debe ponernos en alerta ante la confusión que genera en el grueso de la vanguardia ideológica este tipo de movimientos espontáneos violentos en un contexto caracterizado por la inexistencia de Partido Comunista. Dicha confusión se manifiesta, incluso por parte de quienes comienzan a deshacerse de las cadenas del oportunismo, por el olvido de la premisa que anteriormente mencionamos sobre la génesis de todo movimiento revolucionario. Así, hay quien cree que, si bien el oportunismo electoralista y la estrechez de miras sindicalista no pueden ser jamás el inicio de ningún movimiento de destrucción del orden vigente, estaríamos ya en una fase en la que podemos participar en las luchas de masas de Melilla y Burgos para reconducirlas hacia objetivos revolucionarios; o bien, que este tipo de movimientos puede ser el origen de la construcción del sujeto revolucionario.

   Ni el espontaneísmo más derechista (el sindicalista y electoralista) ni el insurreccionalista (aquel que sustituye los sindicatos y los comicios electorales por las luchas callejeras espontáneas) constituyen la solución revolucionaria a los problemas que hoy atenazan a la clase explotada. Es evidente que la vertiente insurreccionalista del espontaneísmo supone un avance con respecto al oportunismo más retrasado, por cuanto que materializa –de una forma espontánea y semianarquista aún, como no puede ser de otra forma- la conciencia de la necesidad de la violencia proletaria para derrocar el orden capitalista. Sin embargo, podemos decir que esta forma de espontaneísmo es la otra cara de la misma moneda (“El anarquismo ha sido a menudo una especie de expiación de los pecados oportunistas del movimiento obrero”, Lenin: La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo), ya que presupone la existencia de la teoría revolucionaria hecha cuerpo en la vanguardia ideológica, cosa que a todas luces aún no es una realidad en el Estado español.

        No se trata de negar o infravalorar la relevancia del movimiento de clase espontáneo, sino de profundizar en la lucha ideológica y política comunista como paso para constituir una estructura prepartidaria que se funda con la vanguardia práctica de nuestra clase y conforme el Partido de Nuevo Tipo. Se debe tener siempre claro que el movimiento revolucionario siempre se genera desde fuera del movimiento espontáneo. Y esta máxima es aplicable también para movimientos de resistencia violentos que, a pesar de ello, no logran -porque no pueden- trascender la lógica impuesta por el sistema dominante.

I. La reconstitución ideológica y política del movimiento comunista

          El comunismo lleva décadas a la deriva, naufragando en las turbulentas aguas de un imperialismo que sobrevive rumiando su propia decadencia pero que jamás caerá hasta que la guerra revolucionaria del proletariado lo envíe a los museos de historia. Es una realidad incontestable que hoy, en la mayoría de países del mundo (a excepción de los focos maoístas en India o Filipinas, experiencias que, a pesar de la amenaza que suponen para las burguesías de estos países, tampoco se han desprendido de algunos de los límites del ya agotado Ciclo de Octubre), el movimiento comunista no constituye ninguna clase de amenaza para la clase dominante. Es un movimiento que se autoconsume fruto de una dinámica de descomposición oportunista que solo es abiertamente cuestionada por la línea que precisamente plantea la necesidad de la reconstitución.

        Por razones históricas (que explicaremos en el siguiente epígrafe), el comunismo revolucionario ya no es un referente ideológico, no ya para las masas explotadas, sino incluso para el conjunto de la vanguardia ideológica. De ahí que sea una cuestión de vida o muerte reelaborar el marxismo (en el sentido de eliminar las concepciones extrañas al mismo y adecuarlo a la rica experiencia legada por el pasado ciclo) con el objetivo de situarlo en un punto de partida que nos permita preparar y organizar un nuevo ciclo revolucionario.

       La reconstitución del movimiento comunista debe tener una doble vertiente: por un lado, debe ser ideológica, ya que ha de asumir, aprehender y superar los aciertos y las limitaciones del marxismo vigente durante el pasado ciclo revolucionario; por otro lado, ha de ser política, puesto que forzosamente tiene que implicar la reorganización política del proletariado revolucionario en su organismo superior, el Partido, como síntesis de la teoría revolucionaria y el movimiento de masas.

       Ninguna de estas dos vertientes son separables, pero eso no obsta para que, en una fase u otra del proceso de reconstitución (asunto que estudiaremos más en profundidad en el tercer epígrafe de este escrito), una vertiente tenga más importancia que otra. Hoy, la tarea prioritaria es de índole ideológica, lo que significa que antes de la unificación de los destacamentos por la reconstitución comunista, es imprescindible profundizar en la confrontación ideológica como mecanismo de lucha-unidad. Pero eso no excluye –más bien al contrario- la creciente colaboración y coordinación entre destacamentos con miras a la futura constitución de esa estructura que podemos denominar “prepartidaria”.

II. La necesidad histórica de la reconstitución ideológica y política del comunismo: balance integral del Ciclo de Octubre y recomposición del movimiento comunista

         El movimiento comunista internacional demostró al mundo entero que el capitalismo no es ese monstruo inexpugnable que la burguesía se había encargado de construir en el imaginario colectivo de las masas explotadas. Además, confirmó que es posible construir el socialismo, que la clase obrera (y la alianza de esta con el campesinado pobre en los países donde fuese necesario) alberga dentro de sí la capacidad potencial para revolucionar la sociedad y poner los cimientos del comunismo.

        Sin embargo, el comunismo revolucionario no puede limitarse a este análisis, pues hoy nuestro movimiento está totalmente desarmado y el capitalismo ha conseguido imponerse a nuestra clase en una ofensiva sin precedentes en la historia. Es este el marco que explica la necesidad histórica de la reconstitución ideológica y política del movimiento comunista: el Balance del Ciclo de Octubre no es más que “el ajuste de cuentas” con nuestro propio pasado, el estudio de todas las experiencias revolucionarias (tanto las que lograron la conquista del poder político como las que no) y del conjunto del movimiento comunista; experiencias que se articularon en base al paradigma imperante desde la Revolución de Octubre y la constitución del movimiento comunista internacional tras su escisión del movimiento socialdemócrata. Hay que decir que dicho paradigma, si bien superó en gran medida la desnaturalización del marxismo puesta en práctica por el revisionismo bernsteiniano y kautskista, no logró desprenderse completa y definitivamente de algunos de sus presupuestos, sobre todo en cuanto a la incomprensión (más agudizada en unos dirigentes y organizaciones que en otros) de la gestación del movimiento revolucionario.

         Para sintetizar esta cuestión, podemos establecer tres componentes esenciales que facilitaron el avance de las posiciones revisionistas en el seno de los Partidos y Estados proletarios y de la propia Internacional Comunista:

         Primeramente, destaca la concepción economicista de las fuerzas productivas y la primacía otorgada al desarrollo de las fuerzas productivas; una concepción que provocó tres hechos muy graves e interrelacionados: por un lado, infravaloró o negó el papel consciente del sujeto revolucionario a la hora de destruir los Estados burgueses; por otro lado, fruto de una mala comprensión de las dinámicas y relaciones entre clases en la fase de transición hacia el comunismo provocó que se relajara la vigilancia revolucionaria y se hiciera ver a las masas que el peligro de restauración capitalista solo podía provenir del exterior o de elementos de la burguesía privada, obviando así la amenaza de la incipiente burguesía burocrática insertada en los aparatos administrativos, económicos y políticos del Estado y el Partido proletarios (cabe reseñar la excepción de la comprensión de este fenómeno por parte de la experiencia revolucionaria china, la cual, aun así, no pudo evitar su fracaso final); y, por último, se acrecentó de manera irreversible la brecha entre la vanguardia y las masas, pues dicha concepción economicista hacía depender la consecución del comunismo al mero desarrollo de las fuerzas productivas, quedando desatendido el aspecto ideológico-político, la tarea de la vanguardia de elevar el nivel de conciencia de las masas, lo que tuvo como efecto el triunfo –casi incruento- del revisionismo.

           En segundo lugar, cabe mencionar la confusión generada en torno a una incorrecta comprensión de la relación entre las formas jurídicas de propiedad y las relaciones de producción. Dicha confusión alimentó la dinámica anteriormente expuesta en la que el revisionismo podía medrar, de forma silenciosa pero firme, en los aparatos de poder de la dictadura del proletariado.

            En  tercer lugar, en relación con los dos elementos ya referidos, hay que señalar la tendencia progresiva del movimiento comunista internacional a reducir el marxismo a una especie de “determinismo” merced al cual los revolucionarios no debían crear las condiciones que posibilitaran la guerra revolucionaria contra la burguesía, sino que tenían que esperar a que el capitalismo agonizara aún más, precipitara los acontecimientos (produciendo estallidos sociales: “crisis revolucionarias espontáneas”), y, finalmente, a que la vanguardia se prestara a darle la “estocada final”. Esta visión eludía el fundamento básico del marxismo, según el cual el motor de la historia no es el desarrollo de las fuerzas productivas, sino las luchas entre clases que tienen su teatro de operaciones en las relaciones de producción y en las distintas formaciones políticas e ideológicas propias del imperialismo, la era de la guerra y la revolución.

           Lógicamente, el balance no solo debe preocuparse por los errores que posibilitaron la victoria del revisionismo (aunque hay que insistir en que esto es lo más importante de este trabajo histórico-político), sino que además debe estudiar y valorar los éxitos cosechados por el movimiento revolucionario mundial tanto en lo relativo a los logros materiales considerables para la vida de las grandes masas como en lo referente al ascenso a nivel cualitativo, de conciencia para sí, que se manifestaron en las formas más avanzadas de lucha contra toda forma de opresión en los países socialistas.

         Por último, debemos refutar otra de las acusaciones que los adversarios de la Línea de Reconstitución han lanzado contra esta en relación al Balance del Ciclo de Octubre. Según el oportunismo, que actualmente -sobre todo a partir de la caída del bloque revisionista, a principios de los años 90- el movimiento comunista internacional haya perdido hasta la más mínima centralidad en el campo del proletariado y las clases oprimidas; más aún, que actualmente el marxismo-leninismo esté ausente como línea revolucionaria en el propio movimiento comunista… todo ello no implica que haya finalizado un ciclo revolucionario porque… ¡aún seguimos viviendo en la era del imperialismo! Todo este despliegue de “dialéctica” obvia el hecho de que la revolución proletaria mundial tiene su propia periodización, sus fases de flujo y reflujo. En este caso, la fase de reflujo que vivimos desde hace décadas no puede ser sustraída como si no pasara absolutamente nada.

         Por ello, si sostenemos que el Ciclo de Octubre se ha agotado es porque, a pesar de los focos heroicos que hoy persisten en India o Filipinas, desde hace varias décadas el comunismo ya no es ningún referente hegemónico ni para la vanguardia proletaria ni para el conjunto de las masas explotadas. Y esa pérdida de referencialidad hunde sus raíces en el propio paradigma fracasado durante el Ciclo de Octubre: en concreto, el que gira en torno a las premisas sobre la “crisis revolucionaria” y la cuestión de la revolucionarización de las relaciones de producción durante el periodo socialista.

III. Fases del proceso de reconstitución

        Para entender un fenómeno, sea del tipo que sea, es fundamental comprender el entrelazamiento de las leyes dinámicas que lo rigen y explican, así como las diferentes fases que lo recorren. El proceso de reconstitución del Partido Comunista no podía ser ajeno a esta dinámica, por lo que también está sujeto a una serie de fases a las que el marxismo-leninismo no puede sustraerse. Por supuesto, ello no significa que haya una separación tajante entre una fase y otra.

          La primera fase del proceso de reconstitución es la que nos ocupa hoy, y tiene que ver con la consecución de la hegemonía ideológica y política en el campo de la vanguardia ideológica, es decir, en una acumulación de fuerzas en el seno de la vanguardia teórica. Anteriormente hemos aclarado que la hegemonía ideológica y política son dos caras de una misma moneda, pero ha de tenerse claro que la primera es una condición necesaria -aunque no suficiente- para concluir con éxito la reconstitución del Partido Comunista. En esta fase las tareas prioritarias son el desarrollo de la lucha de líneas en torno al Balance del Ciclo de Octubre, del que se extraerán los elementos que conformarán la Línea General de la revolución proletaria, y la formación de cuadros comunistas, de militantes armados con la concepción proletaria del mundo.

       La segunda fase del movimiento por la recomposición del movimiento obrero revolucionario consiste en la aplicación de los principios del socialismo científico, de la Línea General, a las condiciones concretas de la lucha de clases del Estado español, con lo que se obtiene la Línea Política. En cuanto a la línea de masas, esta sigue estando dirigida a la vanguardia teórica, pero se empieza a tomar contacto con elementos de la vanguardia práctica, de modo que la teoría revolucionaria pasa a concretarse progresivamente.

     En la tercera fase de la reconstitución finaliza la conquista de los elementos avanzados de las luchas de masas mediante la creación de organismos en los frentes de masas que faciliten la vinculación de la vanguardia ideológica (que previamente ha sido constituida a través de la unificación ideológico-política en torno al marxismo-leninismo) con la vanguardia práctica y, en consecuencia, con el movimiento de masas, realizándose definitivamente la fórmula leninista del partido revolucionario como fusión entre socialismo científico y movimiento obrero. Con esta etapa tiene lugar la cristalización de la Línea Política en Programa, o, en otras palabras, la solución revolucionaria a los problemas de las contradicciones sociales en el Estado español que forman parte de la Línea Política. En definitiva, como expresión de la unidad entre la teoría y la práctica en el proceso de reconstitución, el desarrollo teórico del marxismo, su concreción, está paralelamente vinculado al aumento del alcance del mismo sobre el proletariado mediante la línea de masas, que durante este curso toma la forma de lucha de dos líneas.

           Al concluir esta última fase ya tiene lugar la reconstitución del Partido Comunista, que es –y solo puede ser- el producto histórico más elevado del proletariado, la simbiosis del socialismo científico y el movimiento obrero de masas.

          Una vez reconstituido el Partido Comunista la tarea pasa a ser el inicio por parte de este de la guerra revolucionaria de masas o Guerra Popular (con sus diferentes fases: defensiva estratégica, equilibrio estratégico y ofensiva estratégica) y la construcción de los órganos de poder político de la clase obrera, peldaño indispensable para derrocar a la clase capitalista e instaurar el Estado de dictadura del proletariado como periodo revolucionario de transición entre el capitalismo y el comunismo. Sobre esta fase no nos detendremos más; solamente os remitiremos al epígrafe “Casuística de la Guerra Popular”, del documento El debate cautivo, elaborado por los camaradas del MAI.

IV. Vanguardia y masas, vanguardia teórica y vanguardia práctica: Partido Comunista reconstituido y movimiento de masas revolucionario

        La clase proletaria no es una entidad monolítica cuyo desarrollo y nivel de conciencia sean uniformes. Efectivamente, el proletariado es una clase social compuesta por diversas capas y estratos a través de los cuales se expresan diferentes clases de conciencia y desarrollo. Cuando un sector de la clase proletaria ha entendido que forma parte de una comunidad de intereses a nivel inmediato, sindical o económico, utilizamos la noción de “clase en sí”; si, por el contrario, existe un sector determinado que ha adquirido la conciencia sobre la necesidad y la posibilidad de constituir un nuevo orden social usamos el concepto de “clase para sí”.

       Dentro de la clase obrera, hay dos categorías que responden a dos realidades nítidamente diferenciadas: vanguardia y masas. El primer sector está constituido por aquel segmento de la clase que se sitúa en primera línea, ya sea como vanguardia práctica o como vanguardia ideológica o teórica. El segundo sector es el grueso de la clase obrera, es decir, es el grupo social más numeroso. Por ello, tanto la vanguardia como las masas son dos partes constitutivas de la misma clase social. La relación entre ambas es dialéctica, esto es, se produce mediante la dinámica de la escisión y la fusión, y ello es así porque la vanguardia, en un primer momento, está separada de las masas, no ejerce influencia sobre las mismas. Solo a través de la reconstitución del Partido Comunista, mediante la Guerra Popular, y, por supuesto, mediante el ejercicio del poder durante el periodo socialista (que busca fusionar cada vez más a la vanguardia con las masas hasta la completa desaparición de toda forma de división social clasista), se produce un proceso paulatino de fusión completa entre la vanguardia y las masas.

           Pero la vanguardia tampoco es un ente homogéneo. Es este el motivo por el que quienes apostamos por la Línea de Reconstitución subdividimos a la vanguardia en vanguardia teórica y vanguardia práctica. La vanguardia teórica o ideológica es aquella que es consciente del carácter decadente y parasitario del sistema capitalista y de todas aquellas manifestaciones clasistas previas a dicho sistema (cuya forma más importante es la del patriarcado, fenómeno socio-histórico que surge con el primer modelo social clasista de la historia y que continúa persistiendo bajo nuevas formas de dominio a través del modo de producción capitalista en su fase imperialista). La vanguardia teórica posee conciencia de clase para sí. Por su parte, la vanguardia práctica es aquella que encabeza y dirige las luchas de resistencia de las masas frente a las imposiciones del capital. Posee conciencia de clase en sí.

          A su vez, dentro de la vanguardia teórica cabe establecer otra categorización: nos referimos a la diferenciación entre vanguardia teórica marxista-leninista y el resto de la vanguardia teórica. En el primer caso, obviamente, aludimos a aquel sector de la vanguardia ideológica que considera -y lo demuestra a través de su actividad- que el marxismo-leninismo es la herramienta teórica y política para la liberación de la clase explotada. Por el contrario, la vanguardia teórica no marxista-leninista es aquella constituida por corrientes tan heterogéneas y dispersas como el revisionismo ortodoxo (que, en el papel, no renuncia a la autodenominación de marxista-leninista), el anarquismo en sus diversas variantes (anarcosindicalismo, “anarcocomunismo”, insurreccionalismo, etc.), elementos del reformismo socialdemócrata “de izquierda”, el trotskismo, la “izquierda comunista” o determinados elementos “de izquierdas” de movimientos de liberación nacional en el Estado español.

         En este caso, también sería un craso error establecer una línea divisoria tajante entre una forma de vanguardia y la otra. Pero lo cierto es que ambos sectores de la clase han de ser necesariamente diferentes hasta la culminación del proceso de reconstitución del Partido Comunista. Es a través de la vanguardia práctica como la vanguardia teórica consigue penetrar en las masas de la clase proletaria y, mediante un desarrollo concéntrico y una serie de mediaciones sociales, conformar esa estructura proletaria y revolucionaria superior denominada Partido Comunista o Partido de Nuevo Tipo. Por tanto, la vanguardia práctica es el conjunto de los intérpretes de las masas; es aquella que hace posible la traducción de la línea revolucionaria que porta la vanguardia ideológica en programa político para la destrucción revolucionaria del sistema de dominación capitalista.

          Evidentemente, hay elementos que pueden formar parte de la vanguardia teórica y, al mismo tiempo, de la vanguardia práctica. Por ejemplo, puede haber marxistas-leninistas que, además de ser parte integrante de algún destacamento comunista, destaquen en algunos núcleos de resistencia de nuestra clase. No obstante, mientras no esté constituido el sujeto revolucionario como tal, esto es, el Partido Comunista, no existirá una fusión real entre la vanguardia teórica y la vanguardia práctica.

        La escisión entre ambos sectores de la vanguardia proletaria se refleja en la práctica en que los diversos destacamentos revolucionarios no dirigen a las masas de la clase obrera ni en las luchas de resistencia ni mucho menos en la lucha revolucionaria. Dicho estado de cosas solo se superará con la fusión de ambos sectores de la vanguardia, con la reconstitución del Partido Comunista, del movimiento político revolucionario del proletariado.

          Utilizar los adjetivos “teórica” y “práctica” hace alusión al elemento determinante de cada tipo de vanguardia: obviamente, si a la vanguardia teórica la denominamos de tal forma no es porque no realice ninguna práctica, sino porque su fuerza constitutiva primordial es la asunción teórica del carácter decadente de este sistema social; asimismo, hablar de vanguardia práctica no implica desechar de esta todo aspecto teórico, sino que entendemos que son las prácticas de resistencia las que configuran el espacio central de esta forma de vanguardia.

          En cualquier caso, nunca debemos olvidar que el Partido Comunista es el mismo movimiento revolucionario con los instrumentos que ello implica: el Ejército Proletario y el Frente-Nuevo Poder. Así, mediante el triángulo Partido-Ejército-Frente, el proletariado tiene la capacidad para derrocar a la clase dominante y subvertir definitivamente el orden criminal de la burguesía.

V. ¿Teoría sin práctica? ¿Práctica sin teoría? Praxis revolucionaria y rol de la teoría revolucionaria en el movimiento comunista

        Llegados a este punto, conviene refutar algunos de los lugares comunes que el revisionismo ha utilizado contra quienes defendemos estas tesis. El núcleo de estas críticas tiene que ver con el hecho de interpretar de un modo mecanicista y antileninista la cuestión de la teoría revolucionaria y la fusión de esta con la práctica para generar la praxis revolucionaria ejercida por el Partido Comunista. Con frecuencia, nuestros revisionistas nos achacan un pretendido teoricismo, demostrando así su incapacidad para entender la importancia estratégica de formular, defender y aplicar la teoría revolucionaria, una teoría que hoy no ocupa un lugar hegemónico en nuestro movimiento como sí ocupó en otros periodos históricos y latitudes.

          El revisionismo, prisionero de un practicismo estéril, entiende la categorización de vanguardia teórica y vanguardia práctica de una forma reduccionista y unilateral. Para el oportunismo, como el Partido ya existe, no tiene sentido plantear una diferenciación de esta naturaleza. Además, consideran que es antimarxista separar la teoría de la práctica (lo cual es cierto). Pero ¿somos nosotros los que separamos la teoría de la práctica? ¿O más bien son ellos quienes desgajan la práctica de la teoría (revolucionaria)? Analicémoslo con más detenimiento.

       Desde que Lenin escribiera su libro ¿Qué hacer?, ha sido demostrado el papel crucial que ocupa la teoría revolucionaria para la configuración de cualquier movimiento revolucionario. Por ello, constatando la realidad de un movimiento comunista que carece de un arma vital como la teoría revolucionaria al mando de su programa político, quienes postulamos la necesidad de la reconstitución colocamos la teoría en el lugar que le corresponde, llegando a la conclusión de que hoy no existe nada más práctico que reconstituir el comunismo y sentar las bases para la reconstitución del Partido de Nuevo Tipo.

           Solo quien está maniatado por el activismo economicista más vulgar es incapaz de ver la doble naturaleza (teórica y práctica) de este proceso de reconstitución. Nuestra lucha teórica no es contemplativa; de hecho, es de naturaleza práctica, ya que implica confrontar para la futura reorganización de la vanguardia marxista-leninista como base para la reconstitución partidaria.

          No hay, por tanto, ninguna separación entre teoría y práctica, sino la necesidad de que la segunda sea dirigida por la primera, a diferencia de lo que sucede con la actividad de los destacamentos revisionistas del Estado español y de la gran mayoría de países del mundo. En este caso, nuestros oportunistas sí que disgregan la teoría de la práctica; más aún, desproveen a la vanguardia del proletariado de un arma vital como es la teoría revolucionaria, lanzándose a una práctica que se emancipa completamente de dicha teoría, desvirtuando y contaminando esta de diversas manifestaciones y expresiones ideológicas burguesas y pequeñoburguesas, todas ellas formas más propias de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía que de las masas hondas de la clase obrera. Pero parece que la militancia del revisionismo aún no ha sido abofeteada lo suficiente por la realidad histórica, ese tribunal que pone a cada uno en su sitio, y a pesar de ello continúa con una serie de tesis y prácticas que han demostrado y demuestran su fracaso constantemente.

         Visto ya el rol crucial que juega la teoría revolucionaria, conviene recordar que para el marxismo la praxis revolucionaria no es cualquier cosa. Naturalmente, no es en modo alguno la fusión de la teoría, tal y como la entiende el revisionismo, y la práctica reducida a sindicalismo y cretinismo parlamentario; tampoco es cualquier clase de actividad práctica que desarrollen núcleos comunistas entre sí o con algún sector de la vanguardia práctica. La praxis revolucionaria solo puede hacer acto de presencia cuando la autoconciencia del proletariado revolucionario se ha materializado a través del Partido de Nuevo Tipo; es decir, la praxis revolucionaria solo puede existir cuando el Partido Comunista comienza ya a ejercer y desarrollar, mediante la autoexperiencia política de las masas obreras, el Nuevo Poder, embrión del Estado-Comuna que pugnará por destrozar la institucionalidad de la clase explotadora para sustituirla por el nuevo Estado del proletariado revolucionario.

VI. Soltar lastre hoy: piedras en el sendero de la reconstitución del Partido Comunista en el Estado español y el resto del mundo

        Si bien es cierto que, en el Estado español, la Línea de Reconstitución ha avanzado considerablemente tanto a nivel cualitativo como cuantitativo en los últimos tiempos, podemos decir que el barco de la reconstitución aún debe soltar mucho lastre para llegar a buen puerto.

     Los mayores obstáculos para el avance del movimiento por la reconstitución del comunismo son los siguientes:

       En primer lugar, todavía sigue persistiendo en gran parte de nuestro movimiento un desprecio o una infravaloración considerables de la teoría revolucionaria.

       En relación con lo primero, otro obstáculo tiene que ver con la incomprensión de la naturaleza práctica de una tesis como la lucha ideológica como etapa insoslayable del proceso de reconstitución. Mientras no se entienda que aún no estamos en la fase de dirigirnos a las masas en general, sino a su vanguardia (y, concretamente, a su vanguardia ideológica), se seguirá concibiendo la práctica como una serie de dinámicas en las que la teoría revolucionaria cede su paso a un mejunje de prácticas espontaneístas.

          En tercer lugar, es imprescindible romper de una vez por todas con el dogmatismo, el organicismo y el “chovinismo de siglas”. Aún hoy es dominante la existencia de organizaciones autodenominadas comunistas incapaces de salir de sus marcos autorreferenciales, de su onanismo ideológico y político. Desde aquí decimos: camaradas, nuestras siglas no valen nada hoy, nuestros colectivos deberán desaparecer necesariamente para fundirse en esa organización superior que es el Partido de Nuevo Tipo.

           El cuarto obstáculo está relacionado con el dogmatismo y el apriorismo a la hora de realizar el balance de las experiencias revolucionarias más importantes protagonizadas por el proletariado desde la Comuna de París hasta la experiencia en Nepal. En este sentido, es muy habitual aún encontrar análisis que se acercan más a hagiografías que a verdaderos estudios históricos marxistas.

       Conviene aquí precisar algo. Cuando defendemos nuestro legado de las insidias y burdas manipulaciones orquestadas por la burguesía y sus plumíferos para desacreditarnos, no debemos tener ningún tipo de vacilación, al contrario de lo que hacen los más cobardes oportunistas y derechistas, al desmontar dichas mentiras y demostrar la superioridad de un orden social como el comunismo frente a un sistema rapaz e inhumano como es el modo de producción burgués. Dicho esto, entre comunistas no podemos limitarnos a darnos golpes de pecho, puesto que el socialismo al fin y al cabo fue derrotado por el revisionismo, por la burguesía, y esa derrota tuvo mucho que ver con los errores de nuestro movimiento y de sus figuras más destacadas, tanto en la URSS como en China.

    En quinto y último lugar, cabe mencionar el conjunto de lugares comunes y desviaciones de los que aún no ha logrado desprenderse buena parte del movimiento autodenominado comunista. Ya hemos analizado anteriormente estos prejuicios, pero podemos resumirlos en una visión espontaneísta, dogmática y antidialéctica del proceso revolucionario y de la concepción comunista propiamente dicha.

VII. ¿Cuáles son las condiciones para que pueda concluir con éxito el proceso de reconstitución del Partido Comunista?

        La primera condición insoslayable para la victoria de este proceso es la conciencia sobre la necesidad de reconstituir una cosmovisión y un movimiento fagocitados por décadas de oportunismo hegemónico.

        La segunda condición tiene que ver con las tareas ideológicas propias de la primera fase del proceso de reconstitución del comunismo. Estas tareas pasan por iniciar y profundizar la discusión sobre el Balance del Ciclo de Octubre, además de por confrontar ideológicamente con el revisionismo imperante y por analizar y relacionar con las necesidades de la reconstitución las luchas de clases existentes y la formación social y económica de cada Estado en el que los comunistas desarrollen su actividad. Todas estas  tareas están íntimamente relacionadas con la creación de cuadros formados en la concepción proletaria del mundo, el marxismo-leninismo; cuadros que son vitales para el proceso de reconstitución del Partido Comunista.

    En tercer lugar, es imprescindible que la lucha ideológica se acompañe de una creciente cooperación y coordinación con los destacamentos e individualidades que tengan una determinada afinidad con respecto a la Línea de Reconstitución.

      La cuarta condición pasa por unificar orgánicamente a los distintos destacamentos marxistas-leninistas, lo que permitirá que se cumpla la quinta condición: la identificación, la localización y la primera toma de contacto con los elementos más avanzados de la vanguardia práctica de nuestra clase. Esta periodización no excluye que, anteriormente, puedan entablarse algunos contactos con la vanguardia práctica, pero en ningún caso esta tarea puede absorber fuerzas y energías como para impedir lo prioritario en esa etapa, que es imponer la lucha de la línea revolucionaria sobre la línea oportunista en el seno de la vanguardia ideológica.

    Por último, la sexta condición para que finalice de manera exitosa el proceso de reconstitución comunista es la fusión de la estructura unitaria marxista-leninista que se haya conformado por parte de los sectores más avanzados de la vanguardia ideológica, por un lado, y el movimiento de masas, por otro lado.

       A partir de aquí, la reconstitución ya es una realidad y concluye para transformarse en un movimiento revolucionario de nuevo tipo por la construcción de la sociedad sin clases.

Revolución o Barbarie

Febrero de 2014

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