“El socialimperialismo soviético forma parte del imperialismo mundial” (PCCh, 1975)

El texto que a continuación compartimos con todos vosotros entronca con la corriente revolucionaria y antirrevisionista que, desde los años 60, encabezaron el PCCh, el PTA y otras organizaciones comunistas del mundo. Dicha corriente se caracterizó por la ruptura ideológica y política con el socialimperialismo soviético, un concepto revolucionario y muy audaz en unos años en que pocos se atrevían a cuestionar la hegemonía aplastante del revisionismo soviético. Recordemos que, anteriormente, este término solo había sido utilizado por Lenin y los revolucionarios durante la primera Guerra Mundial para denunciar a los reformistas chovinistas, socialistas de palabra e imperialistas de hecho. Sin embargo, ahora el concepto se adaptaba para definir la nueva realidad de la Unión Soviética revisionista, antaño la primera patria mundial del proletariado.

Parece claro que en los 60 y en las décadas siguientes los camaradas chinos, albaneses y de otros pueblos no tuvieron la posibilidad de profundizar en una cuestión de capital importancia para el movimiento comunista internacional como era el socialimperialismo soviético y su influencia sobre el campo revolucionario mundial. Aunque este documento que hemos traducido del francés tiene la virtud de introducir un esquema sobre el que se podía empezar a analizar de forma seria el asunto, lo cierto es que al final este trabajo se detuvo con el posterior agotamiento del Ciclo de Octubre, que se tradujo en el triunfo del revisionismo en la China Popular, en el restablecimiento del capitalismo de corte “liberal” en Albania y en una derrota sin precedentes para el conjunto del movimiento revolucionario mundial.

En nuestra opinión, más allá de las limitaciones y los errores de documentos como este, es imprescindible que estudiemos y discutamos trabajos como el que presentamos (o el artículo publicado este año por el blog Crítica Marxista-Leninista), pues son una materia prima fundamental para poder completar con éxito el balance del Ciclo de Octubre y recomponer a nivel internacional el movimiento proletario revolucionario, tanto a nivel ideológico como político. Además, tenemos el deber de profundizar en este tipo de análisis, ya que hoy sí contamos con herramientas suficientes para sistematizar un estudio teórico que nos explique de forma científica la naturaleza del socialimperialismo soviético y su influencia nefasta, que aún hoy pervive entre quienes defienden de forma descarada o sutil el socialimperialismo chino e incluso el imperialismo “benigno” de la Rusia capitalista de nuestros días.

Por último, os recordamos que podéis leer y descargar el texto del PCCh de 1975 desde Drive en el siguiente enlace.

Revolución o Barbarie

Diciembre, 2013

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El socialimperialismo soviético forma parte del imperialismo mundial

El socialimperialismo es el socialismo de palabra y el imperialismo de hecho

PCCh  

(diciembre, 1975)

 

El socialimperialismo soviético apareció a mediados del siglo XX en el transcurso del proceso de debilidad progresiva del imperialismo.

Cuando la URSS estaba dirigida por Lenin y Stalin, era un país socialista prestigioso.

Pero después de la muerte de Stalin, la camarilla de renegados de Kruschev-Brezhnev desencadenó un golpe de Estado contrarrevolucionario y usurpó el poder supremo del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Dicha camarilla restauró el capitalismo y transformó a la URSS en un Estado socialimperialista.

Durante la Primera Guerra Mundial, Lenin denunció a la corriente kautskista, siendo Kautsky en esa época jefe de filas del Partido Socialdemócrata Alemán: se trata de «socialimperialistas, es decir, de socialistas de palabra e imperialistas de hecho» (Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo).

En lo relativo a la camarilla de renegados de Brezhnev, se trata, como sucede en el caso de la corriente kautskista, de socialimperialistas.

Lo que diferencia a esta última camarilla es que, no contenta con divulgar el revisionismo y con hacerse defensora del imperialismo, controla el poder del Estado y ha logrado degenerar el prestigioso Estado socialista que Lenin había construido por sí mismo, convirtiéndolo en un Estado socialimperialista.

El socialimperialismo es el imperialismo con etiqueta «socialista».

Nació en la URSS, patria de Lenin, que fue el primer Estado socialista, y no ha tenido más que un carácter embustero, siendo por consiguiente aún más peligroso.

Es uno de los imperialismos más feroces.

El capitalismo monopolista de Estado es la base económica principal del socialimperialismo.

   La formación del capitalismo monopolista de Estado en la URSS

Ya se trate del imperialismo capitalista clásico o del socialimperialismo, sus características económicas fundamentales son completamente idénticas.

Su base económica principal es el capitalismo monopolista de Estado.

Pero en los Estados imperialistas de tipo clásico, la económica capitalista monopolista presenta dos formas: el capitalismo monopolista privado y el capitalismo monopolista de Estado.

Dentro del Estado socialimperialista, el capitalismo monopolista toma siempre la forma de capitalismo monopolista de Estado: este es la base económica principal del socialimperialismo.

Esta diferencia entre socialimperialismo e imperialismo capitalista está determinada por las condiciones históricas diferentes en las que nació el capital monopolista.

En los países imperialistas capitalistas, el capital monopolista se constituyó progresivamente a partir de la economía capitalista privada en el transcurso de un proceso de competencia encarnizada y a través de la acumulación y la concentración de capital.

En este caso es el capitalismo monopolista privado el que hace su aparición en primer lugar y existe a gran escala.

Solo después de que el capitalismo monopolista privado hubo conocido un cierto desarrollo, que los órganos del Estado burgués se sometieron al capitalismo monopolista y que este último se terminó vinculando con el poder del Estado, pudo entonces aparecer el capitalismo monopolista de Estado.

En el seno del Estado socialimperialista, el capitalismo monopolista de Estado apareció después de que los dirigentes comprometidos en la vía capitalista hubieran usurpado el poder supremo del Partido dentro del Estado socialista.

Eso provocó la degeneración de la economía socialista en el curso del proceso de restauración del capitalismo.

Después de que la camarilla soviética de renegados hubiera usurpado el poder supremo del PCUS, la capa privilegiada de burgueses soviéticos infló considerablemente su propio poder político y económico.

Dentro del Partido, en los campos político, militar, económico y cultural, dicha capa ocupa la posición dominante y forma de esta manera, desde el interior, una burguesía burocrática monopolista que controla todo el aparato del Estado y dispone del conjunto de las riquezas sociales.

Esta burguesía burocrática monopolista de nuevo tipo transformó, gracias al poder de Estado que controlaba, la propiedad socialista en propiedad de los dirigentes comprometidos en la vía capitalista y la economía socialista en una economía capitalista (en concreto, en una economía capitalista monopolista de Estado).

Juzgar la naturaleza socio-económica de un país no depende de la bandera que enarbole, sino de la naturaleza de su sistema de propiedad de los medios de producción; es decir, se trata de saber quién detenta los medios de producción, quién dispone de ellos y al servicio de quiénes están.

Después de que la camarilla de renegados de Kruschev y Brezhnev usurpara el poder supremo en el seno del PCUS, esta se hizo con las riendas del poder político y económico y aplicó una línea totalmente revisionista en el terreno económico.

Los dirigentes revisionistas dieron que hablar en torno a planteamientos descabellados como «el rublo es el patrón de valor del mérito en el trabajo», «el beneficio es la mejor referencia para un comunista encargado de la gestión de una empresa», etc.

El economista soviético revisionista Liberman elaboró, con el apoyo de la camarilla de renegados soviéticos, un proyecto de gestión de las empresas estatales centrado en el beneficio para los puestos de dirección y en estímulos materiales. Por otra parte, se lanzaron multitud de «experimentos».

Después de que Brezhnev reemplazara a Kruschev, se aplicó completamente el denominado «nuevo sistema económico»: se consolidaba, bajo la forma de decretos, el principio del beneficio capitalista y se agravaba la explotación del pueblo trabajador por la oligarquía burocrática monopolista.

Gracias a esta «reforma», los medios de producción que eran, originariamente, propiedad del pueblo trabajador soviético, son a partir de ahora controlados por la burguesía burocrática monopolista de nuevo tipo: la que dispone de los medios de producción y los pone a su servicio.

Los obreros y campesinos soviéticos, expoliados de su derecho de propiedad sobre los medios de producción, han vuelto a caer en la miserable situación de trabajadores asalariados.

La URSS de hoy, aunque enarbole todavía la bandera del socialismo, ha transformado de hecho el sistema -en otra época socialista- de la propiedad en propiedad de la burguesía burocrática monopolista.

En la sociedad socialista, la economía estatal, establecida sobre la base de la propiedad socialista del Estado, es el elemento dirigente en la economía nacional.

Desde el momento en que la camarilla de renegados revisionistas usurpó el poder dirigente de la economía socialista, ella debía transformar necesariamente dicha economía en una de tipo capitalista monopolista de Estado.

Mientras más acapara esta burguesía burocrática monopolista de nuevo tipo fuerzas productivas a través de la propiedad estatal que representa sus intereses, más puede ella, en nombre del Estado, disponer del conjunto de las riquezas sociales.

De esta manera, es fácil continuar engañando al pueblo trabajador, enarbolando la bandera del Estado, y se puede hacer del Estado un capitalista colectivo que controle en sus propias manos de forma sólida el conjunto de la economía nacional.

Es este el motivo por el que la economía capitalista en la URSS tiene una particularidad: el capitalismo monopolista de Estado lo domina y dirige todo.

Esta situación es muy rara en los países imperialistas clásicos.

En estos países, aunque el capitalismo monopolista de Estado haya conocido un desarrollo relativamente importante, no ha alcanzado aún, sin embargo, el mismo nivel que hoy existe en la URSS.

Precisamente a causa de esto, la clase obrera y las hondas masas de trabajadores en la URSS sufren una explotación y una opresión particularmente severas.

Lenin ya había escrito:

«Dada la propiedad privada de los medios de producción, esta monopolización y esta estatalización crecientes de la producción entrañan necesariamente una explotación más intensa de las masas trabajadoras, una opresión más pesada, mientras la resistencia a los explotadores se hace cada vez más difícil; dichas monopolización y estatalización refuerzan la reacción y el despotismo militar, al mismo tiempo que conducen inevitablemente a un aumento increíble del beneficio de los grandes capitalistas a expensas de todas las otras capas de la población y que condenan a las masas laboriosas a pagar a los capitalistas, durante decenas de años, un tributo bajo la forma de millones de intereses en préstamos» (Lenin: La séptima conferencia de Rusia del POSD[b]R).

¡Cómo se parece este fragmento de Lenin, al leerlo hoy, al análisis de la economía capitalista monopolista de Estado en la URSS revisionista!

El célebre poeta ruso Nékrassov preguntaba ya con dolor, dirigiéndose a la siniestra dominación zarista: «En Rusia, ¿quién puede sentirse feliz y libre?».

Hoy, en Rusia, los gloriosos hijos de la revolución de Octubre padecen innumerables miserias, privados como están de felicidad y libertad.

Ahora bien, la burguesía burocrática monopolista, con Brezhnev a la cabeza, reinando por encima del pueblo, se ha apoderado del tesoro público sin ningún escrúpulo, se entrega a un desenfreno y a un lujo insolentes, reina mediante la violencia y la barbarie, tiene poderes absolutos y puede así beneficiarse de la sangre y del sudor del pueblo soviético.

Esta burguesía es la base de clase del socialimperialismo, es la «personificación» del capitalismo monopolista de Estado.

   Las joint ventures*: forma fundamental de la organización monopolista en la URSS

 

Las joint ventures o “sociedades conjuntas” constituyen una forma fundamental de la organización del capitalismo en la URSS.

El camino seguido por estas sociedades es parcialmente diferente de las organizaciones monopolistas en los países imperialistas capitalistas: en esencia, estas se apoyan sobre el poder coercitivo del poder de Estado y se constituyen a partir de la absorción de muchas pequeñas y medianas empresas por parte de las grandes empresas.

Las joint ventures, organizaciones monopolistas, se desarrollan muy rápido en la URSS.

En 1961, no existían en la URSS más que 2 joint ventures, y 10 años después, en junio de 1971, había ya 1.400, englobando más de 14.000 empresas y 7,7 millones de obreros y empleados.

Cerca de un tercio de las empresas industriales y mineras fueron ya absorbidas por las joint ventures.

En el XXIV congreso del partido revisionista de la URSS, en 1971, Brezhnev proclamaba: «La directiva sobre el establecimiento de sociedades y empresas conjuntas debe ser aplicada con mayor diligencia aún (en el futuro, ellas deberán constituir la unidad contable económica de base de la producción social)».

Siguiendo las órdenes y decretos de la camarilla dirigente soviética, las sociedades soviéticas continúan, desde 1971, extendiendo su esfera de dominación y agrupando rápidamente a todos los sectores de la industria nacional.

Estas joint ventures soviéticas presentan las tres formas fundamentales que describimos a continuación:

1) La empresa absorbida «perdió su independencia y sus derechos de persona moral», la sociedad conjunta se convierte en «la unidad de cuenta económica de base de la producción social», teniendo todos los derechos frente a las empresas que dependen de ella.

2) La empresa absorbida perdió algunos aspectos de su independencia jurídica. «Conserva una independencia relativa en tanto que empresa».

3) La empresa absorbida «permanece independiente», pero se somete a la gestión de una sociedad conjunta.

Entre estos tres tipos de sociedades conjuntas, es el primero el que los revisionistas soviéticos se esfuerzan por desarrollar más.

Es el tipo calcado del modelo de las empresas capitalistas monopolistas occidentales y está fundado «utilizando» el plan sistemático de organización de los monopolios americanos.

Los revisionistas soviéticos postulan que las joint ventures «refuerzan las estructuras del futuro de la industria que, comprimidas, no han eclosionado aún»; se trata de un tipo «particular soviético de Konzern**».

Las joint ventures se ocupan, no solamente de la producción, sino también de la provisión de las materias primas y de la distribución de los productos.

Lo que diferencia a las empresas capitalistas monopolistas de Occidente es que, en la URSS, dichas empresas están aún más estrechamente vinculadas al poder estatal.

La joint venture no es solamente una unidad de cuenta económica de base, sino que posee también una parte del poder que, en su origen, dependía de la dirección principal, incluso del departamento ministerial en los terrenos del plan, la producción, el aprovisionamiento y la venta.

[Glavki, en ruso, es una subdivisión de los ministerios industriales que agrupan administrativa y económicamente todos los trusts, es decir, los establecimientos públicos encargados de coordinar el mercado de fábricas idénticas. Del texto original. Nota de Revolución o Barbarie.]

Las joint ventures regionales de gran envergadura «son, no solamente los complejos de producción, sino también los órganos de gestión económica».

 

Entre los departamentos económicos, administrativos y las sociedades conjuntas no existe órgano intermediario alguno.

 

El director de una joint venture, como cada ministro y viceministro, cuenta entre «el personal dirigente de la economía nacional» soviética: es un elemento importante de la burguesía burocrática monopolista del que Brezhnev es el jefe de filas.

Es esta la razón por la que la sociedad conjunta encarna la unidad entre los órganos estatales y la organización monopolista: es una forma importante del sistema de gestión del capitalismo monopolista de Estado.

 

De hecho, dejando a un lado esta organización monopolista de las sociedades conjuntas, las empresas de Estado soviéticas viraron muy pronto hacia el capitalismo.

En la URSS, en las empresas de Estado revisionistas, las masas obreras han sido relegadas al rango de dirigentes de la empresa al de esclavos asalariados de la burguesía burocrática monopolista.

Son los representantes de la camarilla revisionista dirigente quienes detentan el poder de dirección en las empresas.

Después de la reglamentación de los «estatus de las empresas de producción de Estado socialistas», el director de la empresa controla «el poder que concierne a las actividades productivas en la empresa», tiene poder para fijar la cantidad de personal en la misma, tiene poder para «contratar y despedir al personal y de adoptar, frente a los trabajadores de la empresa, medidas de promoción y de sanción», tiene poder para fijar salarios y primas al personal, para vender, ceder o alquilar los medios de producción de la empresa, etc.

En suma, incluso en las sociedades conjuntas, los administradores y directores de fábrica nombrados por la camarilla revisionista dirigente son los jefes omnipotentes de las empresas de Estado, mientras que las hondas masas de obreros se han convertido en esclavos asalariados de esta burguesía burocrática monopolista.

Hoy, después de la aparición de esta organización monopolista de las sociedades conjuntas, la burguesía burocrática monopolista ha podido incluso reforzar su control sobre los circuitos económicos del Estado soviético.

Esta nueva gran burguesía utiliza el aparato de Estado y las sociedades conjuntas de las que dispone, además de tomar abusivamente la etiqueta del Estado y, gracias a medios como los impuestos y los beneficios, se apodera de los frutos del trabajo de los obreros soviéticos.

Dicha burguesía satisface así el despilfarro dispendioso de un puñado de burgueses, reprime al pueblo soviético en el interior y aplica en el exterior una política socialimperialista de agresión y de expansión.

La camarilla de renegados de Brezhnev, al mismo tiempo que desarrollaba lo máximo posible la organización monopolista en las empresas industriales y mineras, desarrollaba también toda suerte de organizaciones monopolistas en la agricultura:

1) Trusts agrícolas, organizaciones conjuntas de granjas de Estado especializadas, como el trust avícola, el trust de cría, el trust de las verduras, etc.

2) Sociedades conjuntas agrícolas, organizaciones conjuntas de algunas formas de Estado (sovjoses), de algunas granjas colectivas (koljoses) o de granjas estatales y colectivas.

3) Complejos unificados agroindustriales, también denominados «empresas conjuntas agro-industriales», empresas conjuntas o empresas agrícolas que se ocupan directamente de las fábricas de transformación de los productos agrícolas.

Gracias a estas organizaciones monopolistas en la agricultura, la burguesía burocrática monopolista reforzó su control y su pillaje en el campo soviético.

   «La experiencia Chtchekino»: modelo del sistema sanguinario de las empresas monopolistas revisionistas en la URSS

 

En la URSS revisionista, esta nueva burguesía burocrática monopolista monopolizó los circuitos de la economía nacional, restauró completamente el sistema del trabajo asalariado capitalista, reforzó la explotación y la opresión del pueblo trabajador.

La denominada «experiencia Chtchekino», comenzada en 1967, es la mejor prueba de la restauración total en la URSS del trabajo asalariado.

Chtchekino es un combinado químico en la periferia de Moscú con más de 7.000 empleados y obreros que produce abonos químicos y otros productos químicos.

En agosto de 1967, conforme a las necesidades de la burguesía burocrática monopolista, comenzó la denominada «experiencia económica para reforzar el interés del personal en el aumento de la producción, para elevar la productividad del trabajo y reducir el personal».

A través de medidas como el cupo de puestos, la concentración de trabajos diferentes, el aumento de las tareas, etc., esta «experiencia» no dejó de incrementar la intensidad del trabajo de los obreros y alcanzó su objetivo de reducción del personal y de elevación de la productividad del trabajo.

Al mismo tiempo, se estipuló que el monto global de los salarios y de las primas en la empresa no variaría en varios años. También los salarios y las primas ahorradas por la reducción de personal vuelven a estar en gran medida a disposición de un puñado de privilegios en la empresa.

Esta «experiencia» fue contada por Brezhnev como «un modelo perfecto de remuneración» y fue extendida al conjunto de la URSS.

El corazón de esta «experiencia de Chtchekino» es «el aumento de la productividad del trabajo por la reducción del número de empleados, pudiendo la empresa así «disponer del máximo potencial».

Entonces, ¿cómo aumentar la productividad del trabajo? «La experiencia de Chtchekino» prueba que se puede alcanzar este objetivo elevando la intensidad del trabajo de los obreros.

Según las estadísticas de junio de 1971, el combinado químico de Chtchekino redujo todo su personal en más de un millar de obreros, o sea, más de una séptima parte del total del personal desde que se practica esta «experiencia» (entre ellos, la reducción de personal como consecuencia del aumento del nivel de automatización y de la reducción de la carga de los trabajos penosos afecta a 68 obreros, es decir, al 6%).

Sin embargo, más del 90% de los obreros víctimas de la reducción fueron despedidos de la fábrica como consecuencia del aumento de la intensidad en sus puestos de trabajo.

Marx indicó:

«Todo el sistema de la producción capitalista tiende a prolongar este trabajo gratuito por la extensión de la jornada de trabajo o por el desarrollo de la productividad, es decir, por una presión más grande sobre la fuerza de trabajo, etc.» (Karl Marx: Crítica del programa de Gotha).

 

En la época del imperialismo, la extorsión del trabajo gratuito de los obreros por el capital monopolista ha sido centuplicado.

En los países imperialistas capitalistas clásicos, el capital monopolista utiliza el «taylorismo» y otros «métodos científicos de gestión» para forzar a los obreros a incrementar al máximo la intensidad del trabajo y a acrecentar la extorsión de la plusvalía.

«La experiencia de Chtchekino», que la camarilla de renegados soviéticos ensancha al máximo, es la reedición del taylorismo, denunciado firmemente por Lenin como «sistema sanguinario».

Su objetivo es obligar a los obreros soviéticos a aceptar que uno solo haga el trabajo de varios, de sacar, de forma salvaje y sobre la espalda de los obreros soviéticos, más plustrabajo, aún más plusvalía.

En julio de 1971, las 121 empresas que aplicaban «la experiencia de Chtchekino» habían reducido ya su plantilla en 65000 personas.

Hoy, un ejército de parados ha nacido en la URSS.

Este sistema económico que es el capitalismo monopolista de Estado, en la URSS revisionista, ha empujado ya a lo más alto las relaciones entre capital y trabajo asalariado.

Ha suscitado ya -y continuará haciéndolo en el futuro- la resistencia encarnizada de la clase obrera y del pueblo trabajador de la URSS.

Las «relaciones internacionales de nuevo tipo» de la URSS: otro nombre para el neocolonialismo

 

La integración económica: principal medida neocolonialista de los revisionistas soviéticos

 

Al mismo tiempo que acentúa la explotación del pueblo en el interior, el capital monopolista que tiende a acaparar superbeneficios debe necesariamente buscar la expansión en el exterior; gracias a la exportación de capitales y a una política colonialista, saquea y esclaviza a los pueblos de otros países.

Evidentemente, el capitalismo monopolista de Estado, en la URSS revisionista, tampoco puede contentarse contentarse con la explotación de las masas campesinas y obreras soviéticas: debe necesariamente extender sus zarpas al exterior.

Los primeros países amenazados son los «países hermanos» de esta «gran comunidad socialista».

La camarilla de renegados de Brezhnev ha enrolado a varios países de Europa del Este y Mongolia en la supuesta «gran comunidad socialista».

De palabra, se pretende que las relaciones entre la URSS y los «países hermanos» en el interior de esta gran familia constituyan «el nuevo tipo de relaciones internacionales»; en realidad, lo que se ve practicar aquí son las relaciones gato-ratón que existen entre una metrópolis imperialista y sus colonias.

Es con los métodos más salvajes, más feroces, como los soviéticos agravan su control sobre estos países.

En cuanto al plan militar, gracias al «Pacto de Varsovia» y a acuerdos bilaterales,  permanece un gran número de tropas en algunos países, hasta el punto de enviar a centenares de miles de hombres a ocupar Checoslovaquia.

En cuanto al plan político, gracias a la corrupción y la subversión, los revisionistas soviéticos llegan incluso al punto de crear gobiernos-fantoches directamente a punta de sable. En cuanto al plan económico, gracias a su instrumento del «Consejo de Ayuda Mutua Económica» (COMECON), los revisionistas soviéticos aplican sus autodenominadas «integración económica», «división internacional del trabajo» y «especialización de la producción»: con respecto a algunos países de Europa del Este y de Mongolia, practican una dominación neocolonialista y una explotación espantosa.

 

«La integración económica», aplicada por el socialimperialismo soviético, tiene por objetivo la desarticulación de los sistemas económicos nacionales de los países miembros del COMECON, además de crear en dichos países economías coloniales que experimentan un desarrollo unilateral monstruoso e intentar «integrar» totalmente a la dirección de la URSS socialimperialista el territorio, la población y los recursos de estos países.

Para la URSS, la «división internacional del trabajo» y la «especialización de la producción» están subordinadas a la realización del objetivo de la «integración económica», estando ambas al servicio de esta última.

El primero de los métodos soviéticos para esclavizar a los «países hermanos» en nombre de la «integración económica» consiste en sabotear la industria de los combustibles y materias primas en los países del COMECON y en hacer de estas industrias el gran monopolio de la URSS.

Según las estadísticas oficiales realizadas por el COMECON y la URSS sabemos que, entre 1966 y 1970, las proporciones de las 5 importaciones principales de combustibles y de materias primas que provenían de la URSS hacia Bulgaria, Hungría, la RDA, Polonia y Checoslovaquia son las siguientes: 93% de petróleo, [el documento que hemos utilizado, en francés, no especifica aquí ninguna cantidad. Nota de Revolución o Barbarie] % de carbón, 86,9% de hierro, 97,5% de hierro para fundición, 64,3% de algodón bruto.

Monopolizando ampliamente el suministro de combustibles y de materias primas de estos países miembros del COMECON, la URSS les ha puesto una soga al cuello.

El segundo método consiste en obligar a los países del COMECON a desarrollar unilateralmente los productos y las producciones según los intereses de la URSS.

De esta forma, Polonia está obligada a desarrollar la industria naval necesaria para la URSS. A Checoslovaquia se le obliga a especializarse en material ferroviario para la URSS. La RDA debe desarrollar la industria de maquinaria de extracción minera, fabricando para la URSS los equipamientos en este campo. Bulgaria es forzada a desarrollar la producción de verduras y frutas a conveniencia de la URSS. Mongolia ha de desarrollar unilateralmente su ganado para abastecer de carne a la URSS.

Los «países hermanos» se convierten de esta manera en fábricas de transformación, en vergeles y huertos, en zonas de ganado sometidas a la URSS.

Con el objetivo de acelerar esta «integración económica» y de controlar todavía más eficazmente a los países miembros del COMECON, la URSS ha conformado toda una serie de «organismos supranacionales» como «la Organización de Cooperación Internacional para la Industria Metalúrgica», «la Organización de Cooperación Internacional para la Industria Química», «la Banca Internacional de Inversiones», etc.

Estos «organismos supranacionales» son de hecho organizaciones monopolistas internacionales controladas por el capitalismo monopolista de Estado soviético.

Gracias a ellos, los sectores neurálgicos de la economía nacional de cada miembro del COMECON están bajo control de los revisionistas soviéticos.

La URSS ha oprimido a los «países hermanos» y obligado a la economía de estos países a hipertrofiarse monstruosamente según las necesidades de la URSS.

Esto hace posible un comercio en forma de pillaje sobre la base de la dominación monopolista y colonial.

La URSS ocupa una posición de absoluta preponderancia en el comercio exterior de los países miembros del COMECON.

Según revistas soviéticas y otras fuentes de información, en 1970, los intercambios con la URSS representaban el 80% del comercio exterior global en Mongolia, más del 50% en Bulgaria, alrededor del 40% en la RDA y en torno a una tercera parte en Polonia, Hungría y Checoslovaquia. Con respecto al comercio exterior, la URSS utiliza su posición hegemónica frente a estos países para entregarse a intercambios desiguales y a una cruel explotación.

La URSS intercambia 1 bicicleta por 4 caballos mongoles, una oveja de peluche por una real.

El precio de los coches eléctricos importados de Checoslovaquia por la URSS es inferior en 2/5 partes al que el primero paga a la República Federal Alemana, mientras que vende 2 veces más caro su hierro a Checoslovaquia que a la Alemania occidental.

La URSS vende reactores atómicos a algunos países de Europa del Este: su precio es 4 veces superior al del mercado mundial.

El antiguo responsable del Comité del Plan en la RDA se quejaba de que su país sufría cada año la enorme pérdida de 2 millones de marks en su comercio con la URSS.

El socialimperialismo soviético, tal y como hace el imperialismo capitalista clásico, se entrega, en nombre de la «cooperación», a la exportación de capitales en ciertos países de Europa del Este y en Mongolia.

A principios de 1971, la URSS había exportado hacia Bulgaria 2150 millones de capitales en rublos bajo el concepto de «préstamos» a largo plazo.

Gracias a estas exportaciones de capitales, la URSS se embolsa intereses y controla la orientación seguida por estos países en su edificación.

Al mismo tiempo, la URSS puede, gracias a la exportación de mercancías que resulta de esto, forzar al alza el precio de multitud de productos y materiales en stock, embolsándose de esta forma superbeneficios monopolistas.

Paralelamente a la exportación de capitales, la URSS utiliza su posición hegemónica en la «integración económica» bajo el pretexto de que cada país del COMECON aumentará incesantemente sus importaciones en materias primas provenientes de la URSS, que obliga a algunos países a construir fábricas en su propio beneficio, a explotar para sus intereses yacimientos mineros, desembolsando capitales y fuerza de trabajo. Es decir, puro pillaje.

Por ejemplo, en 1966, Checoslovaquia tuvo que proveer a la URSS con un préstamo especial de 500 millones de rublos bajo la forma de suministro en tubos de acero y en equipamiento petrolero para comenzar a explotar el campo petrolífero de Tiumen.

En 1968 [en el documento original figura 168. Hay, pues, una errata evidente. Nota de Revolución o Barbarie], Checoslovaquia tuvo que proveer, nuevamente, multitud de camiones y de tubos de gran calibre para la construcción de un gasoducto en Siberia.

Los revisionistas llegaron incluso a requisar mucha mano de obra en Bulgaria para enviarla a la URSS, incluso para ser empleada en trabajos penosos, explotando así su plustrabajo.

Lenin ya condenó el zarismo que «basaba sus relaciones con sus vecinos… sobre el principio feudal de los privilegios» (Lenin: Del orgullo nacional de los gran-rusos). Hoy, la URSS, en cada uno de sus actos con respecto a sus países vecinos, es peor aún que el zarismo.

 

 La «división internacional del trabajo» y la «especialización de la producción», que están al servicio de la «integración económica» de los revisionistas soviéticos, son de la misma naturaleza que la «división del trabajo» entre metrópolis y colonias que preconizaban los militaristas japoneses que defendían «un Japón industrial y una China agrícola».

La «gran comunidad socialista» de los revisionistas soviéticos es el «nuevo orden europeo» de la Alemania hitleriana y el «gran aire de prosperidad asiático» del militarismo japonés.

Es simplemente un sinónimo de las zonas de influencia imperialistas, eso es todo.

En nombre de la «cooperación», se ha puesto en marcha una política de expansión colonialista hacia los países de Asia, África y América Latina.

Puesto que la URSS se ha transformado en un Estado socialimperialista, esta está sometida forzosamente a las leyes del imperialismo.

Por supuesto, la URSS no puede satisfacer sus intereses en los límites de la «gran comunidad socialista» para poner en práctica su dominación colonialista y debe, necesariamente, acaparar en vastas regiones del globo aún más mercados para deshacerse de sus mercancías, aún más fuentes de materias primas y zonas de inversión.

El objetivo del expansionismo colonialista de los revisionistas soviéticos son los países de Asia, África y América Latina, donde los recursos son abundantes y la economía está atrasada.

La camarilla de renegados soviéticos declara, de palabra, que ella ofrece una «ayuda» a estos países, pero de hecho, bajo la bandera de la «ayuda», dicha camarilla se esfuerza por llevar a ciertos países de estas regiones hacia su propia esfera de influencia y disputa al imperialismo americano la zona intermedia.

La «ayuda soviética» es la herramienta que permite penetrar totalmente en el país «ayudado», ya que va acompañada de condiciones políticas y económicas muy exigentes.

Se trata esencialmente de «ayuda militar», es decir, de venta de material militar desfasado y, a partir de ahí, se controla al país «ayudado» y se produce la injerencia en las áreas militar, política y económica.

Cada año, la «ayuda» otorgada por la URSS en estas regiones alcanza 1.000 millones de rublos, siendo el 30% «ayuda económica» y el 70% «ayuda militar».

Las zonas importantes son sobre todo el Medio Oriente y la región del Golfo Pérsico, seguidas del subcontinente sudasiático.

El Medio Oriente y la región del Golfo Pérsico tienen una gran importancia estratégica. Por su cantidad de petróleo cada vez más abundante, la URSS se esfuerza con su «ayuda» de establecer allí basas navales y aéreas, controlar la prospección, la explotación, el refinamiento y el transporte del petróleo de una gran cantidad de países de estas regiones; además de monopolizar las compras de petróleo.

El subcontinente sudasiático no solamente reviste una gran importancia estratégica, sino que también es muy rico en recursos humanos y materiales.

Gracias a exportaciones de armas, capitales y a un comercio desigual, la URSS controla sus recursos, se entromete en los asuntos internos de los países de esta región y acapara, «a la chita callando», bases militares.

En el subcontinente sudasiático, India es el principal beneficiario de la «ayuda» soviética: una parte muy grande de los circuitos de su economía está de ahora en adelante controlada por los revisionistas soviéticos.

A fines de 1970, las empresas que la URSS había «ayudado» a construir controlaban la producción industrial del país en las proporciones siguientes: 30% del acero, 60% del petróleo refinado, 85% de la industria pesada, 20% de la producción de electricidad, 30% de productos petrolíferos y 60% de material eléctrico.

En las obras en las que la URSS aporta su «ayuda», este Estado no se contenta con acaparar los planes del proyecto y de ejercer un poder absoluto durante la construcción de la fábrica, sino que se las arregla también para ponerla en marcha posteriormente. India, por su parte, no puede liberarse de su dependencia frente a la URSS.

En los sectores de la reparación de equipamientos, de suministros de piezas y material, materias primas básicas, etc., el país debe apoyarse aún más sobre los revisionistas soviéticos.

Por otro lado, por medio de la cláusula según la cual su «ayuda» debe ser reembolsada en especie por parte de India, la URSS se adueña aún mejor de toda la producción del país entero.

En India, varias fábricas de zapatos, de ropa, de colorantes, de cuero, de bombillas, etc., fueron creadas para satisfacer las necesidades de la URSS.

Los productos de estas fábricas no son destinados a la India misma sino a la URSS en concepto de reembolso de deudas.

Es esta la forma en que, bajo la apariencia de «ayuda», los revisionistas soviéticos utilizan las materias primas y la mano de obra cualificada de India y transforman este país en su fábrica de transformación anexa.

La prensa india se lamentaba de ello de la siguiente manera: «La India es el huevo que tiene lugar seguro en la cesta rusa».

La camarilla de renegados soviéticos se jacta de que India solamente se apoya en su «ayuda», practicando la URSS una «división internacional del trabajo» con dicha ayuda, permitiendo que los países en vías de desarrollo «puedan sin tropiezos alcanzar una verdadera independencia política y económica, y oponerse al poder arbitrario del imperialismo».

He aquí en realidad una gigantesca mentira.

Los mismos revisionistas soviéticos están obligados a reconocer que la división del trabajo entre la URSS y los países en vías de desarrollo «se constituyó bajo la influencia relativamente fuerte de una división anterior de las tareas», y que su particularidad es que «productos industriales, sobre todo machines, se intercambian por materias primas, productos tropicales, combustibles, etc.»: 5% de caucho importado de la URSS, 2% de algodón recolectado de las regiones de Asia, África y América Latina.

El petróleo del Medio Oriente, el cobre chileno, el estaño boliviano, la carne del Este de África, el uranio somalí: he aquí contra quién la URSS comercia viejas máquinas desfasadas.

¿Acaso esta «división internacional del trabajo» entre una «URSS industrial y una Asia, una África y una América Latina agrícolas» no es la división del trabajo típica entre metrópoli y colonias?

La camarilla de renegados soviéticos se jacta de que la tasa de interés de sus préstamos no es superior al 2,5% por año, lo que es inferior a lo practicado por el imperialismo clásico, prueba de que se trata de una «ayuda desinteresada».

De hecho, los préstamos soviéticos son usura camuflada: la tasa usurera se esconde en el precio alto de las mercancías suministradas. En los préstamos acordados por la URSS a los países de Asia, África, y América Latina, se estipula que deben servir para comprar mercancías soviéticas.

En lo esencial, estas mercancías son armas desfasadas, equipamientos arcaicos y productos en stock. No solamente presentan atraso técnico y mala calidad, sino que sus precios son anormalmente elevados, superiores en un 20-30% a los del mercado mundial (algunos incluso dos veces más elevados).

Por otro lado, el socialimperialismo soviético se beneficia a menudo de su posición de prestamista para obligar al reembolso y decidir de forma brutal que el país deudor tiene que reembolsar sus deudas abasteciendo a la URSS con determinadas materias primas.

Según la prensa, un país de Oriente Medio debe, siguiendo los acuerdos, reembolsar toda su deuda y su déficit comercial con la URSS mediante su petróleo, y debe hacerlo entre 1973 y 1980. Por otro lado, el precio del petróleo ha de ser inferior al 20% con respecto al precio del mercado mundial.

Esta «ayuda desinteresada» no es, de hecho, más que una feroz forma de explotación.

La camarilla de renegados soviéticos pretende, de palabra, que «apoya totalmente» la lucha revolucionaria de los pueblos de Asia, África y América Latina.

En realidad, para practicar el neocolonialismo, los revisionistas soviéticos están conchabados con todas las fuerzas más reaccionarias del mundo, saboteando de esta forma la lucha revolucionaria de estos pueblos. Envían dinero y armas para ayudar a los reaccionarios de todos los países a masacrar a los revolucionarios.

Se entregan a actividades de subversión en multitud de países de Asia, África y América Latina, apoyan por todos los medios a los reaccionarios de todos los países para apagar las llamas de la lucha armada de los pueblos de estos países, reprimen a los movimientos de liberación nacional y se convierten en los gendarmes del mundo.

El socialimperialismo soviético es el preludio de la segunda revolución de octubre

   Parasitismo y podredumbre extremos del socialimperialismo soviético

 

El socialimperialismo soviético es el capitalismo monopolista. Tiene la ferocidad de una bestia salvaje, explota y oprime cruelmente al pueblo trabajador de la URSS, saquea y esclaviza de manera despiadada a los pueblos de otros países, en particular a los de Asia, África y América Latina, lo que no tiene nada que envidiar al imperialismo capitalista clásico.

Desde este punto de vista, es un verdadero tigre y hay que tenerle en cuenta de manera muy seria. Pero, como todos los imperialismos, el socialimperialismo soviético es al mismo tiempo un tigre de papel.

Por el hecho de que todo capitalismo monopolista es necesariamente podrido y parasitario a la vez, se puede hablar de un capitalismo agonizante. El capitalismo monopolista de Estado de la URSS no es una excepción.

Ya sea en los terrenos económico o político, el socialimperialismo soviético deja aparecer en todas partes sus características de parasitismo y podredumbre extremos; el día en que el pueblo soviético y los pueblos del mundo lo pongan en el museo de la historia no está muy lejos.

La extrema podredumbre del socialimperialismo soviético se manifiesta, en primer lugar, en el estancamiento del desarrollo económico.

Las relaciones de producción del capitalismo monopolista de Estado en la URSS bloquean de forma seria el desarrollo de las fuerzas productivas sociales.

Cuando la URSS era un país socialista, la producción industrial se desarrolla de manera considerable, al ritmo elevado del 17,4% de media por año, entre 1929 y 1938.

Cuando el socialimperialismo soviético hubo hecho su aparición, la producción industrial entre 1961 y 1970 vio cómo su ritmo medio de crecimiento se desmoronaba a un 8,6% por año; en 1971, era del 7,7% y en 1972, continuaba cayendo por debajo del 7%.

Bajo la dominación de la camarilla de los renegados Kruschev-Brezhnev, la situación de la producción agrícola soviética es aún más desastrosa, provocando numerosas veces graves crisis en la agricultura, hasta el punto de no poder evitar la importación de una gran cantidad de cereales provenientes de EEUU, Canadá y Australia.

Como consecuencia de la decadencia de la industria, del desmoronamiento de la agricultura, de la disminución de la ganadería, de la inflación, de la escasez de mercancías en el mercado y de los problemas de aprovisionamiento, el pueblo trabajador vive cada día con mayores dificultades.

La extrema podredumbre del socialimperialismo soviético se manifiesta también en el hecho de que invierte una enorme cantidad de fuerzas humanas y materiales en preparativos de guerra.

Para dirigir la agresión y la expansión en el exterior, la burguesía burocrática monopolista, cuya camarilla de renegados de Brezhnev es la representante, debe forzosamente aplicar la política hitleriana «Cañones, no mantequilla», practicando a gran escala la militarización de la economía nacional.

Según determinadas estimaciones, los gastos militares de la URSS serían entre 3 y 4 veces superiores a las cifras reconocidas oficialmente: desde los años 70, los gastos militares anuales alcanzan alrededor de los 80 mil millones de dólares, o sea, más del 30% de los presupuestos del Estado.

Para disputar la hegemonía marítima, la URSS ha ampliado formidablemente su flota de guerra: los gastos militares para la construcción naval aumentan de año en año.

Según algunas estimaciones, en los años 60, los gastos de la URSS en este campo eran, de media, de unos 2 mil millones de dólares por año, mientras que en 1970 alcanzaban los 3 mil millones de dólares, es decir, 900 millones de dólares más que los EEUU durante el mismo año.

Una cantidad grande de riquezas sociales no se utiliza para la reproducción ampliada o para mejorar la vida del pueblo, sino que está al servicio de los preparativos de guerra del socialimperialismo, de su política exterior de agresión y de expansión: he aquí una manifestación sensible de la decadencia del socialimperialismo.

Esta se manifiesta además en su política reaccionaria en cualquier aspecto y en una grave decadencia de la vida social.

El presidente Mao indicó:

«En la URSS, hoy, domina la dictadura de la burguesía, la dictadura de la gran burguesía; es una dictadura de tipo fascista alemán, una dictadura hitleriana» (extracto de una entrevista del 11 de mayo de 164 [sic], citado por el Diario del Pueblo, 22 de abril de 1970).

Esta tesis del presidente Mao ha desenmascarado perfectamente la naturaleza de clase y el origen social del socialimperialismo soviético, ha subrayado su naturaleza fascista y ha desenmascarado esta mentira de los renegados soviéticos sobre «el Estado de todo el pueblo».

Desde su llegada al poder, los revisionistas soviéticos reforzaron frenéticamente los engranajes de su dictadura fascista.

No solamente han equipado a los órganos policiales y de espionaje con los últimos métodos técnicos y científicos para reforzar su represión sobre el pueblo, sino que establecen también a gran escala organizaciones especiales en las fábricas, las cooperativas agrícolas, las administraciones y las asociaciones para controlar estrechamente a las masas populares.

La URSS de hoy está totalmente ahogada por el terror blanco.

Basta que alguien exprese claramente su descontento frente a la banda de Brezhnev, que se atreva a resistir, para que sea vigilado, espiado, juzgado o enviado a un «hospital psiquiátrico» para verse encausado por el crimen de «calumnias al Estado soviético y sabotaje del orden social» y encerrado en campos de concentración o prisiones.

Además de la violencia pura, para reprimir al pueblo, la camarilla de renegados de Brezhnev usa también métodos sutiles para asesinar: dicha camarilla ha importado al país la cultura, las artes y el modo de vida disoluto más podridos de los países imperialistas clásicos para envenenar al pueblo soviético.

Las cuestiones más atrasadas, reaccionarias y podridas de todas las ideologías del mundo encuentran un terreno favorable en la URSS socialimperialista.

El parasitismo y la podredumbre extremos del socialimperialismo soviético se manifiestan además en el hecho de que esta burguesía burocrática monopolista acapara sus ingresos de varias decenas -e incluso de más de cien- superiores a los de los simples obreros y campesinos.

Ahora bien, si esta burguesía lleva una vida disoluta de parásito, no es solamente gracias a salarios, primas elevadas y multitud de dietas individuales, sino también por el fraude, la corrupción y la injuria, el acaparamiento del bien público, merced a su poder económico y político.

Existe una aristocracia intelectual revisionista íntimamente ligada a la burguesía burocrática monopolista.

Esta aristocracia intelectual está formada por los intelectuales de la burguesía burocrática monopolista, que está a su servicio en el terreno de la ideología y que, como esta burguesía, lleva la misma vida disoluta de parásito.

Sholojov, autor decadente que propaga el miedo a la guerra y el pacifismo burgués, se ha hecho riquísimo: tiene coche particular, pero también avión privado y, en cuanto a su cuenta bancaria, ¡él mismo ignora el montante exacto!

En definitiva, en la URSS, en cada uno de los terrenos económico, político o cultural, reina la atmósfera pestilente de una sociedad putrefacta. Este régimen social, que es como el parásito que vi en un montón de estiércol, permanece sin fuerza propia.

Un nuevo periodo histórico ha comenzado de aquí en adelante, el de la lucha contra el imperialismo americano y el revisionismo soviético

 En el interior, el socialimperialismo soviético oprime y explota salvajemente al pueblo trabajador soviético, mientras que en el exterior practica una dominación colonial feroz sobre los países de la «gran comunidad socialista» y, por todos los rincones del mundo, busca la agresión y la expansión.

He aquí por qué, tanto a nivel interno como internacional, todas las contradicciones a las que debe hacer frente no pueden más que agudizarse día tras día.

Donde hay opresión, hay resistencia.

Opresión y explotación del pueblo soviético por la burguesía burocrática monopolista se tropiezan necesariamente con la resistencia de este pueblo: las contradicciones entre este último y esta burguesía se agudizan cada día que pasa.

Las formas que reviste esta resistencia son múltiples.

Los obreros de multitud de lugares manifiestan su descontento y su resistencia a la camarilla dominante mediante el sabotaje de la producción, el absentismo o la huelga.

En numerosos lugares, las masas revolucionarias se han manifestado en repetidas ocasiones, en manifestaciones de protesta, contra la dictadura fascista de las autoridades soviéticas.

En todas partes en la URSS, se editan a menudo revistas clandestinas, se difunden todo tipo de octavillas, protestando contra la dominación reaccionaria de la camarilla de renegados revisionistas, desenmascarando los perjuicios causados por la capa privilegiada.

Los heroicos hijos de Octubre no pueden en absoluto someterse a la dominación reaccionaria de los nuevos zares. Bajo la siniestra dominación zarista, Lenin escribía ya, lleno de confianza: «El proletariado de Rusia no ha retrocedido ante ningún sacrificio para librar a la humanidad de esta vergüenza que es la monarquía zarista» (Lenin: La guerra y la socialdemocracia rusa).

Hoy, el proletariado, el pueblo trabajador y los intelectuales revolucionarios de la URSS responderán con toda seguridad a la llamada de Lenin para derrocar a los nuevos zares y restablecer la dictadura del proletariado.

Por otra parte, los Estados y los pueblos que sufren las persecuciones del neocolonialismo soviético ver agravarse sin cesar sus contradicciones con el socialimperialismo.

La URSS practica su política neocolonialista de «la integración económica» y esclaviza y expolia de esta forma tanto a países de Europa del Este como a Mongolia.

Es por esto por lo que se acelera el desarrollo de la lucha de estos países contra el pillaje y el control. La URSS envió, de manera insolente, a soldados para ocupar Checoslovaquia, abriendo de esta manera los ojos de los pueblos de los países de Europa del Este y de Mongolia y reforzando la lucha de estos contra el socialimperialismo soviético.

Hoy, Europa del Este es tal barril de pólvora, que algún día tendrá que explotar. Que los carros de combate soviéticos hayan entrado en Praga, lejos de representar la fuerza del socialimperialismo, es al contrario el signo de que su imperio neocolonial comienza a hundirse.

La URSS enarbola la bandera de «la ayuda» para infiltrarse, saquear y agredir a los países de Asia, África y América Latina, y se coloca de esta forma en el campo opuesto de los pueblos de estos países. La mano diabólica del socialimperialismo soviético ha llegado hasta algunos países vecinos del Mediterráneo y del océano Índico: establece allí bases militares, se apropia del derecho a usar los puertos, controla y se inmiscuye en las políticas interior y exterior de todos estos países.

Los pescadores soviéticos de alta mar están por todas partes, esquilmando y destruyendo las reservas de peces de otros países y violando la soberanía marítima.

Los pueblos de Asia, África y América Latina aprenden cada día a ver más clara la naturaleza reaccionaria del socialimperialismo soviético.

Estos han señalado de forma severa que los renegados soviéticos no eran más que «traidores a los pueblos revolucionarios del mundo», «neocolonialistas», «enemigos públicos del mundo».

Los Estados y los pueblos que sufren agresión, control, injerencia y vejaciones por parte del revisionismo soviético y del imperialismo americano se están uniendo y entablan victoriosamente una lucha antiimperialista y anticolonialista, y sobre todo una lucha contra las dos superpotencias atómicas.

En tercer lugar, el socialimperialismo soviético se entrega en el exterior a frenéticas agresiones y expansiones, se entromete en todos los lugares, disputa los mercados, las reservas de materias primas o las zonas de inversión.

También las contradicciones interimperialistas, y en particular las de las dos superpotencias atómicas, la URSS y EEUU (ambas sueñan con dominar el mundo), se agudizan como nunca había sucedido anteriormente.

Hoy, la carrera por la hegemonía de las dos superpotencias atómicas es principal. El aspecto estratégico de su rivalidad es Europa.

Como consecuencia de que Europa es una región vital para el mundo capitalista, es este un lugar que las dos superpotencias deben disputarse.

Occidente siempre ha imaginado que podría empujar al socialimperialismo soviético hacia el Este y desviar esta plaga hacia China. Pero China es tenaz y, desde hace varios años, todo el mundo ha fracasado en este intento.

Hoy, los revisionistas soviéticos hacen ruido en el Este para golpear al Oeste y redoblan los esfuerzos para disputar Europa. Dos tercios de las fuerzas militares soviéticas de tierra y de aire tienen como base el oeste de los Urales.

Desde los últimos diez años, la flota de guerra soviética se ha inflado de manera espectacular: en 1970, más de 200 navíos eran lanzados. En todas partes de los mares importantes, asistimos a grandes maniobras de carácter planetario que le permiten jactarse de su potencia naval e intensificar su expansión en el Mediterráneo, en el Océano Índico y en todos los lugares en los que pueden posar sus zarpas.

La rivalidad URSS-EEUU es la fuente de la inseguridad en el mundo.

Esta rivalidad por la hegemonía mundial es cada vez más enconada por la resistencia encarnizada del Tercer Mundo, y provoca al mismo tiempo el descontento de Japón y de los países occidentales.

Enmarañamientos de dificultades interiores y exteriores, días cada vez más complicados para las dos superpotencias: eso es lo que significa que «la flor se marchita irremediablemente».

El imperialismo es la agresión, es la guerra.

El socialimperialismo soviético acantona tropas en la frontera china, soñando con hacer de China su colonia. Debemos observar las enseñanzas del presidente Mao: «prepararse en previsión de una guerra y de calamidades naturales, y hacer todo en interés del pueblo». Esto nos hace incrementar nuestra preparación en previsión de una guerra para repeler al invasor, permanecer vigilantes frente al desencadenamiento de una guerra mundial imperialista y, sobre todo, frente a un ataque-sorpresa de la URSS socialimperialista: ¡aniquilaremos resuelta y completamente a todo enemigo que ose invadirnos!

El presidente Mao subrayó:

 «El revisionismo soviético y el imperialismo americano han cometido, en su colusión, tantos perjuicios e infamias, que los pueblos revolucionarios del mundo no los dejarán impunes. Los pueblos del mundo se levantan. Un nuevo periodo histórico ha comenzado a partir de ahora, el de la lucha contra el imperialismo americano y el revisionismo soviético» (citado en el Diario del Pueblo, el 28 de abril de 16 [sic]).

En su lucha contra el hegemonismo y la política arbitraria de las dos superpotencias, el Tercer Mundo toma consciencia y se refuerza. Es un gran acontecimiento en las relaciones internacionales hoy.

La situación en el mundo se caracteriza en la actualiza por «grandes conmociones bajo el cielo».

«Con la llegada de la tempestad, el viento agita la bandera».

Esta es la manifestación actual de las contradicciones mundiales fundamentales analizadas por Lenin.

Los países que sufren agresiones, subversión, injerencia, control o vejaciones por parte de imperialismo están cada vez más unidos y constituyen el frente unido más amplio, aumentando su lucha contra el imperialismo, el neocolonialismo o el colonialismo clásico, y sobre todo contra el hegemonismo de las dos superpotencias: EEUU y la URSS.

Los países quieren la independencia, las naciones desean la liberación y los pueblos quieren la revolución. Esta es ya una corriente imparable de la historia. Esta formidable corriente de la historia empuja a las dos superpotencias.

En vísperas de la victoria en la guerra de resistencia contra Japón, el presidente Mao predecía: «El mundo tomará la vía del progreso y no la de la reacción.

”Debemos, obviamente, mantener toda nuestra vigilancia y saber que el curso de los acontecimientos puede significar temporalmente retrocesos, a veces muy peligrosos.

”En multitud de Estados, las fuerzas de la reacción son todavía poderosas, no quieren que el pueblo de sus propios países y el de los otros se unan, progresen y se liberen.

”Quien pierda este punto de vista cometerá errores políticos.

”Sin embargo, el curso general de la historia está trazado a partir de ahora, no cambiará»

(Mao Tse-tung: Del gobierno de coalición).

La aparición del socialimperialismo soviético es un retroceso temporal de la historia.

Pero, como todo el imperialismo capitalista clásico, el socialimperialismo soviético se ve inmerso en innumerables contradicciones.

Estas son las de la burguesía burocrática monopolista soviética con el proletariado y todo el pueblo trabajador soviéticos, las del socialimperialismo soviético con los pueblos coloniales y los del mundo entero, las del socialimperialismo con el imperialismo capitalista clásico (y sobre todo con el imperialismo americano). Todas estas contradicciones se exacerban cada día más.

Como consecuencia de la existencia y del desarrollo de estas contradicciones, el socialimperialismo soviético será ineluctablemente enviado al museo de la historia por el pueblo soviético y los pueblos del mundo.

Lenin había concluido ya: «El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado» (El imperialismo, fase superior del capitalismo).

El socialimperialismo soviético es el preludio de la segunda revolución socialista de Octubre.

 El presidente Mao señaló:

 «La Unión Soviética fue el primer Estado socialista, y su Partido Comunista, el partido creado por Lenin.

”Aunque la dirección del Partido y del Estado soviéticos haya sido usurpada hoy por los revisionistas, aconsejo a los camaradas tener la firme convicción de que el pueblo soviético, la gran masa de los miembros del Partido y los dirigentes son buenos y desean la revolución, y que la dominación del revisionismo no se prolongará mucho tiempo» (Mao Tse-tung, citado en el Diario del Pueblo, 6 de noviembre de 1967).

Bajo la prestigiosa bandera del leninismo, el pueblo soviético, orgulloso de la gloriosa tradición revolucionaria de Octubre y del apoyo de los pueblos del mundo, terminará por enterrar el socialimperialismo para volver a hacer brillar sobre la inmensa tierra de los soviets la dictadura del proletariado, el socialismo y el marxismo-leninismo.

«Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.

”Proletarios de todos los países, uníos!».

(Marx y Engels: Manifiesto del Partido comunista).

Notas

* Empresa conjunta o joint venture es un tipo de acuerdo comercial de inversión conjunta a largo plazo entre dos o más personas (normalmente personas jurídicas o comerciantes). Un joint venture no tiene por qué constituir una compañía o entidad legal separada. En castellano, joint venture significa, literalmente, ‘aventura conjunta’ o ‘aventura en conjunto’. Sin embargo, en el ámbito de lo jurídico no se utiliza ese significado: se utilizan, por ejemplo, términos como «alianza estratégica» y «alianza comercial», o incluso el propio término en inglés. El joint venture también es conocido como «riesgo compartido», donde dos o más empresas se unen para formar una nueva en la cual se usa un producto tomando en cuenta las mejores tácticas de mercadeo. [Extraído de http://www.e-conomic.es/programa/glosario/definicion-joint-venture. Nota de Revolución o Barbarie.]

** Tipo de empresa capitalista muy común en Europa, sobre todo en Alemania, que resulta de la fusión de varias empresas legalmente independientes dentro de una sola entidad económica que operan bajo una dirección unificada [Nota de Revolución o Barbarie].

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