Nueva respuesta de Revolución o Barbarie a ReDRuM

Estimado compañero:

Comenzamos esta nueva respuesta comunicando que, en nuestro caso, ya hemos aclarado que tenemos previsto, cuando el tiempo nos lo permita pero sin demorarlo demasiado, preparar un estudio sobre la cuestión nacional en el Estado español. En cualquier caso, merece la pena destacar el análisis del PCREE -cuyo enlace enviamos en nuestra anterior respuesta- sobre la cuestión nacional, pues en este caso hay un estudio profundo sobre el Estado español, dando especial importancia al MLNV.

Con respecto a lo que comentas de la construcción de la URSS, creemos que no se puede disociar ese desarrollo más o menos unitario de esos países con la política internacionalista del Estado soviético en el sentido de respetar el derecho de autodeterminación y, al mismo tiempo, estrechar lazos entre los proletarios de todas las naciones de la URSS. Asimismo, es obvio que la cuestión nacional es inseparable de la cuestión clasista. De hecho, es la primera la que debe subordinarse en todo momento a la segunda. La opresión nacional en nuestra época no es en el fondo más que la política imperialista determinada por la propia dinámica del sistema capitalista a nivel mundial, por la división internacional del trabajo que origina países oprimidos y países opresores.

La aclaración que realizas sobre la separación y el aislamiento es correcta. El problema es que es en su concreción, en este caso sobre la cuestión nacional para el Partido de nuevo tipo, donde vemos el error de tu análisis. Que el Partido comunista no va a ser exactamente la misma cosa en todos los territorios, naciones o regiones de un determinado Estado es algo obvio (el marxismo nos enseña que ninguna entidad es exactamente igual a otra), pero ello no implica que el Partido de nuevo tipo en el Estado español tenga que esperar a que los diferentes partidos nacionales se fusionen en uno solo. Ya explicamos al analizar el proceso de constitución del Partido bolchevique que este no fue edificado en diferentes unidades nacionales que luego se fusionaron, sino que desde el principio la organización revolucionaria fue construida teniendo como marco de actuación el Estado ruso y no sus diferentes naciones. Y esta no es una cuestión concreta que no pueda ser universalizada, sino que es la piedra de toque para deslindar lo correcto de lo incorrecto en materia de lucha revolucionaria y cuestión nacional. El proletariado, para poder convertirse en clase dominante en un determinado territorio, debe destruir la dominación de la burguesía que toma cuerpo en el conjunto del Estado. No puede fraccionar su lucha en compartimentos nacionales. De hecho, tampoco puede enmarcar su lucha exclusivamente al plano estatal, sino que esta debe estar inserta en el plano de la lucha de clases revolucionaria a escala internacional.

1Parafraseando al imperialista, racista y genocida Churchill, podemos decir que la cuestión nacional es algo demasiado importante para que sea tratada por la burguesía. La materialización del derecho de autodeterminación está muy clara: los comunistas apostamos por el derecho a que las diferentes naciones que componen el Estado español puedan disponer de su propio Estado. Pero este derecho debe estar supeditado -y este es un rasgo general de la cuestión nacional para el comunismo- a la lucha de clase del proletariado por su autodeterminación como clase, por la conformación del nuevo poder en el seno de un determinado Estado.

Primeramente, sería interesante que aclararas -porque al menos a nosotros no nos ha quedado claro- si suscribes o rechazas la tesis del marco de actuación estatal como espacio de (re)constitución del Partido de nuevo tipo, planteamiento heredado de la visión leninista sobre el ámbito de actuación del Partido bolchevique. Yendo al meollo de lo que planteas, consideramos erróneo plantear que es una tarea de los revolucionarios constituir o desarrollar un «proletariado nacional». Recordemos que el comunismo no busca el fomento de la «cultura nacional» en abstracto, sino el derecho a la autodeterminación, la igualdad absoluta entre las naciones y el internacionalismo proletario como medio para llegar a la fusión definitiva de las naciones en la sociedad humana mundial en el comunismo. También entendemos que es un error considerable plantear que la resolución de la opresión nacional no tiene cabida en el arco democrático-burgués. En realidad, el problema nacional es algo que, como la propia historia ha demostrado, puede ser resuelto en el propio sistema de dominación burgués. Una cuestión diferente es que sea solo el socialismo el único sistema social, como periodo de transición al comunismo, que pueda superar de forma definitiva y revolucionaria la cuestión nacional en el sentido de hacer que toda la comunidad de naciones se constituya en una sola unidad humana mundial. Pero, insistimos, para el comunismo solo tiene sentido como proletariado nacional erigido en clase dominante, no como mecanismo para la «promoción» o el «fomento» de la «cultura nacional».

Si no se ha elaborado una línea ideológica correcta en relación a la cuestión nacional, ello no es óbice -sino todo lo contrario- para plantear y defender la necesidad de la reconstitución del Partido Comunista en el ámbito del Estado español. La cuestión no tiene que ver con el grado distinto de desarrollo revolucionario del proletariado en función del territorio de un Estado en que actúe, sino con la necesidad de elaborar la estrategia y aplicar la táctica de la Revolución socialista en el marco jurídico-político en el que la burguesía nos oprime. La unidad que debe buscarse es la de todos los proletarios del Estado español como paso previo e indisociable de la unidad con el resto de proletarios del mundo.

1Está claro que la situación nacional del Estado español es muy específica y casi única en el mundo -de ahí también su complejidad-, pues es uno de los pocos países imperialistas en los que la cuestión nacional aún no ha sido resuelta desde el propio marco de la democracia burguesa. Ciertamente, tal y como afirmas la opresión nacional que se vive en determinados territorios de este Estado es muy diferente de la que se vive en los países oprimidos por el imperialismo. Aun compartiendo los matices que estableces sobre la peculiar forma de dominación nacional que existe en el Estado español, minimizas un hecho político de mayor calado que todas las manifestaciones culturales/lingüísticas que señalas: nos referimos a la imposibilidad de iure que tienen las naciones catalana, gallega o vasca para crear su propio Estado. En el fondo, los conflictos nacionales que afloran en el seno del Estado español tienen que ver con el grado elevado de contradicciones internas que existen en el complejo arco de fracciones de la clase dominante de este país. Pero una política torpe y ajena al comunismo en la cuestión nacional sería negar el derecho de esas naciones a la autodeterminación, lo cual, como ya expusimos anteriormente, es inseparable de defender al mismo tiempo la necesidad de que el proletariado de todo el Estado golpee con un puño unitario a toda la burguesía del Estado español.

Al margen de que la cuestión sobre si hemos sufrido o no opresión nacional no viene al caso para este debate (por un lado, quizá a más de uno le sorprendería saber que no provenimos precisamente del centro del Estado; por otro lado, esta argumentación nos parece que carece de rigor al ser fundamentalmente empirista), sobre tu diferenciación entre nación y pueblo insistimos en lo dicho anteriormente. El marxismo-leninismo siempre ha hablado de autodeterminación nacional, y el apelativo de «pueblos» ha sido utilizado para designar realidades sociales y políticas de países coloniales y semicoloniales, así como para defender, a partir del VII Congreso de la Internacional Comunista, tácticas de alianzas entre el proletariado, la pequeña burguesía y la burguesía democrática en los Frentes Populares y los sistemas de democracias populares.

Ciertamente desconocemos en qué trabajos de Marx, Engels, Lenin o Stalin se subdivide, como tú haces, a las naciones en «pueblos». Esto no significa que necesariamente tu planteamiento sea incorrecto por ser «novedoso» (nosotros somos de los primeros en criticar lo que consideramos erróneo o limitado de los grandes referentes del movimiento comunista internacional), pero al introducir categorías tan peculiares debes explicar el sentido y la utilidad ideológico-política de estas.

1Planteas entonces que, dentro de una nación oprimida (o con características nacionales oprimidas, como tú preconizas), debemos defender que un territorio concreto de esta -que tú denominas «pueblo»- pueda situarse «a la vanguardia» y hacer efectivo su derecho a la autodeterminación como parte de una nación. ¿No es esto fraccionar aún más al proletariado? ¿No es esta posición una justificación clara de la posición que defiende que los más avanzados deben «liberarse» antes que los más rezagados? ¿No se supone que la labor de los revolucionarios es arrastrar al grueso de las masas hacia la liberación, y no primar a territorios que se encuentren en una posición más avanzada? Es como si, al iniciar una guerra civil revolucionaria en una zona de mayor conciencia revolucionaria, defendiéramos que dicha zona pudiera ya crear su propio Estado proletario sin conquistar el grueso del territorio del Estado.

Abundando en la diferenciación que estableces entre nación y pueblos dentro del Estado español, en primer lugar debemos aclarar que este es un asunto que nosotros, en particular, aún tenemos pendiente (lo estudiaremos cuando realicemos, lo antes posible, un estudio sobre la cuestión nacional en España y el movimiento revolucionario); además, en general, entendemos que el movimiento comunista aún no ha realizado un análisis materialista y de clase completo y actualizado en torno a esta cuestión, sobre todo en lo relativo a los intereses en juego de las diferentes fracciones nacionales de la clase dominante que conforman el Estado español.

En segundo lugar, y teniendo en cuenta lo anterior, nosotros no somos partidarios de establecer dicha categorización jerarquizada de nación y pueblo (entendida esta última categoría como parte integrante territorial de una entidad nacional más extensa), y ello por dos razones además de por lo expuesto dos párrafos antes. Primeramente, porque, aunque ya hemos aclarado que todavía necesitamos estudiar con mayor profundidad y detenimiento el problema nacional en nuestro Estado, no encontramos elementos básicos de la teoría marxista-leninista en torno al tema nacional para catalogar a territorios como el País Valencià o las Illes Balears como partes integrantes («pueblos») de la nación catalana. En segundo término y como complemento a lo anterior, insistimos en que carecería de sentido disgregar y atomizar aún más la realidad nacional para el proletariado de un Estado que ya debe hacer frente a la peculiaridad -dentro del ámbito de Europa occidental- y la dificultad de articular un proyecto de liberación de clase en un Estado muy complejo desde el punto de vista nacional.

Matizando lo que señalas de la República unitaria, aclaramos nuevamente que dicha República centralizada deberá ser absolutamente respetuosa con el derecho a la autodeterminación. Pero quedarse aquí es ver solo el anverso de la hoja y no su reverso igualmente, ya que ese derecho básico a la autodeterminación, como toda la problemática nacional, debe estar subordinado al proyecto emancipatorio del proletariado y a su necesaria unidad política. En cualquier caso, nos parece totalmente justa la premisa de la absoluta igualdad entre los proletarios de las diferentes naciones que preconizas para la articulación de esa República proletaria centralizada, entendiendo por dicha igualdad la ausencia de dominación de una lengua determinada o de cualquier manifestación nacional sobre otras dentro del Estado. Esto explica por qué nos detuvimos en nuestra anterior respuesta con la suficiente profundidad sobre el desarrollo del Estado soviético, justamente para hacer entender de forma correcta por qué y cómo es posible esa conformación del Estado socialista plurinacional con igualdad jurídico-formal y política entre el proletariado de todas sus naciones y regiones.

Es cierto que aún hay errores y serias limitaciones en relación al movimiento comunista del Estado y la utilización de las diversas lenguas del territorio para análisis, propaganda, agitación, etc. Sin embargo, tú mismo entiendes perfectamente que este tipo de tareas son ahora secundarias, máxime teniendo en cuenta que aún estamos embarcados en la primera fase de la línea de reconstitución, es decir, todavía es necesario reconstituir la ideología comunista y avanzar lo más rápido posible hacia la unidad política de los destacamentos comunistas más avanzados con el objetivo de fusionar el socialismo científico y las masas explotadas. De todas formas, en nuestro caso es obvio que las limitaciones propias de un blog modesto también pesan, pues ya nos gustaría disponer de más tiempo para realizar traducciones a lenguas como el gallego o el catalán (son las dos únicas, además del castellano, de las que algunos de nosotros somos hablantes naturales) de todos nuestros documentos. Si por ahora todos nuestros artículos están escritos en castellano no es por falta de «sensibilidad nacional», sino por una cuestión de prioridades a la hora de dirigirnos a los comunistas que puedan seguirnos con más o menos asiduidad.

Resumiendo nuestra respuesta, queremos destacar que es necesario interpretar el movimiento comunista internacional como algo más que la suma de sus partes. Ello implica entenderlo más bien como un movimiento revolucionario de carácter cualitativamente superior a los movimientos revolucionarios «locales» (estatales o nacionales). Es cierto que desde el punto de vista de la unidad internacional del proletariado, las fronteras estatales juegan un papel subsidiario. Pero, ya que no se puede sostener como punto de partida que el proletariado de los diferentes Estados del mundo se organice y unifique obviando los distintos marcos estatales de cada proletariado, hay que aclarar que el marco político concreto para desarrollar la lucha de clase revolucionaria desde el punto de vista concreto no es algo que se pueda escoger à piaccere, sino que viene impuesto por el marco organizativo del enemigo de clase, la burguesía con sus diversas fracciones.

Como expusimos anteriormente, la táctica marxista-leninista plantea la unidad internacionalista del proletariado como contrapeso dialéctico al principio de autodeterminación dentro de su política nacional, que consiste en fijar de forma sólida el principio de unidad de la clase junto al reconocimiento inequívoco del derecho a la separación de las naciones. En esto consiste la dialéctica que sostiene la política revolucionaria en la cuestión nacional.

En el caso del Estado español, entendemos que sería contraproducente y hasta suicida proponer que el proletariado vasco, catalán, gallego, canario y español se unificaran formal e indirectamente en la futura Internacional Comunista (o en un estadio «más avanzado de la lucha de clases» en el Estado español), mientras luchan separados, sin su Partido unitario (como el bolchevique, que agrupaba a los proletarios ucranianos, rusos, bielorrusos, armenios, letones, lituanos, etc.) y cada uno por su cuenta contra la alianza conjunta de la burguesía vasca, catalana y española. Es decir, mientras la burguesía del Estado español sí tiene su aparato de dominación superior unificado, el proletariado estaría fragmentado y sin capacidad suficiente para demoler el aparato de dominación política de la burguesía del Estado español.

Recordemos algo de lo que no podemos sustraernos al analizar el problema nacional (dicho sea de paso, se debe rechazar igualmente la tesis «izquierdista» según la cual es el socialismo el único sistema que puede resolver el problema nacional; esto es desconocer lo más elemental del marxismo-leninismo, puesto que el socialismo -más aún, el socialismo pleno, es decir, el comunismo- no tiene como cometido resolver la problemática nacional, sino superarla mediante la erradicación de las clases y la fusión de todas las naciones en una sola comunidad humana mundial), y es que el Estado español no es otra cosa que la alianza plurinacional de la gran burguesía para el dominio y la explotación de las masas explotadas de diversas naciones; pero no cada una sobre su nación, sino todas ellas en su conjunto exprimiendo beneficios indistintamente en un solo mercado.

En este sentido, debemos rechazar la tesis que sostiene que el proletariado debe organizarse principalmente en partidos nacionales. Desde el punto de vista marxista, es erróneo suponer la existencia de una «clase nacional» refiriéndose al proletariado, puesto que el proletariado es una clase internacional que se divide en destacamentos territoriales en función de las correlaciones entre las clases, de la lucha entre ellas y, en primera instancia, del contexto socio-político en el que la burguesía genera las condiciones del desarrollo económico capitalista, creando, al mismo tiempo, a su proletariado.

Así, la verdadera línea revolucionaria en torno al problema nacional en el Estado español debe basarse, a nuestro juicio, en la existencia de una sola clase revolucionaria (el proletariado), con su Partido de nuevo tipo (también unitario) organizado en función del marco de dominación política mediante el que la burguesía del Estado español sojuzga al conjunto de la clase obrera.

Por último, comunicamos al camarada que esta será nuestra última respuesta a este interesante debate ideológico, y ello por dos motivos fundamentales. Primero, tenemos previsto, como comentamos al principio de esta respuesta, elaborar un documento sobre la cuestión nacional y el movimiento revolucionario en el Estado español en el que intentaremos profundizar en las cuestiones aquí tratadas y en otras que puedan surgir. Segundo, entendemos que, por nuestra parte, una nueva respuesta haría que repitiéramos demasiado determinados mensajes que ya hemos dejado muy claros. Eso sí, el camarada tiene vía libre para enviarnos su nueva réplica, criticar nuevamente lo que considere incorrecto de nuestras posiciones y responder a algunas cuestiones que le hemos planteado en esta respuesta. Como siempre hacemos con todos los compañeros con quienes debatimos, tomaremos buena nota de las críticas para futuros análisis y posicionamientos.

Saludos revolucionarios.

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Un pensamiento en “Nueva respuesta de Revolución o Barbarie a ReDRuM

  1. Saludos, compañeros de Revolución o Barbarie. Primero, disculparme por la tardanza de mi respuesta, pero había tanto que sacar de este debate, bastante más de lo que me imaginaba, que me puse a escribir más allá de una réplica, intentando sacar y fijar unas posiciones ideológicas claras que puedan servir de forma más general; y aparte, tener que redactar una respuesta ordenada e inteligible para otra persona es la parte más costosa para mi, sobretodo no teniendo mucho tiempo ni mucha habilidad para ello. Para no hacer muy larga la intervención y no escribir una gran parrafada, la dividiré en unas 2 o 3 intervenciones, colgando ahora la primera parte, y la semana que viene ya colgaré la siguiente.

    Decís al principio de vuestro escrito que la cuestión nacional es inseparable de la cuestión clasista, que la primera ha de subordinarse a la segunda. Y aquí es donde parte la tergiversación y el error en la visión de la cuestión nacional desde el movimiento comunista en general, que ha calado en muchas de sus posiciones, tanto la más reformista como la más revolucionaria, pasando por la llamada revisionista o conservadora soviética. Hemos de ajustar la perspectiva de visión, que es donde veo que se encuentra la clave. La cuestión nacional no es un tema externo con el cual la cuestión clasista se encuentra, para unirse y subordinar el primero al segundo, no, ya que para empezar la cuestión nacional nace de la propia represión que ejerce el capitalismo a todos los niveles. El capitalismo no reprime un día a la clase y luego otro día a la nación, o no reprime a la carta, decidiendo si va a reprimir a los obreros, a las mujeres, a los catalanes o a destrozar el medio ambiente. El capitalismo ejerce un dominio, una explotación, y por lo tanto, una represión, única y a todos los niveles, sin mirar si afecta a tal o cual característica, grupo o nivel categórico. A veces afectará más a un ámbito y a veces más a otro, pero todo fruto de un mismo dominio de clase burgués. Por lo tanto, si todo es fruto de una misma represión de clase, los marxistas tenemos que realizar un análisis único y global, viendo la situación desde una perspectiva que permita contemplar el conjunto entero y a éste verlo como un todo fruto de la represión de clase. Por lo cual, [u]tenemos que analizar la cuestión nacional como un tema que se encuentra DENTRO de la cuestión clasista[/u], no como un tema que está a su lado y hemos de intentar unir y no separar, no; uno ya está dentro del otro como fruto de la represión, y por lo tanto, uno ha de estar dentro del otro como fruto del análisis. Así pues, hablar de no separación y de subordinación es hablar de dos temas independientes en su origen, cosa errónea. Una mano se puede subordinar a un pie para rascarlo, o persona se puede subordinar a otra para servirla, o un país se puede subordinar a otro para ser saqueado, pero no se subordina la mano al cuerpo, la persona al grupo o el país al mundo, así en abstracto, igual que el Proletariado no se subordina a la sociedad, sino a otra clase, la burguesía. En definitiva, que un elemento se hace inseparable y se subordina a otro, como es vuestra visión de la cuestión nacional respecto a la cuestión de clase, pero un elemento no se une al conjunto del cual ha nacido, y por lo tanto, no se ha de subordinar a éste; [u]no es un tema de unión, sino de inclusión[/u]. Es una relación de inserción a priori, cualitativamente diferente a una relación externa y a posteriori, y ésta es la perspectiva desde la cual tenemos que partir para analizar, tratar y elaborar nuestra teoría, discurso y practica respecto a la cuestión nacional. Y al hilo de esta perspectiva escorada de la cuestión nacional vienen deformaciones que no resultan extrañas, como es la subordinación de la cuestión nacional no ya a una supuesta cuestión de clase externa y ajena a priori, sino a la cuestión sindical, con lo que ya tenemos abonado un campo de discusión estéril y ficticio entre aristocracias obreras, pequeñas burguesías y burguesías nacionales o no monopolistas, para mayor gloria de la reproducción del sistema y del dominio de la burguesía monopolista.

    Decís que la opresión nacional es fruto del sistema capitalista a nivel mundial y de la división internacional del trabajo que origina países oprimidos y países opresores, y éso es solo una parte del asunto, aparte que no es el que concretamente estamos tratando nosotros en este debate. Justamente, nosotros hacemos referencia aquí, o al menos en mi caso, a la opresión nacional dentro de los propios países opresores. [u]La opresión nacional es fruto del sistema capitalista, sí, pero no se produce solamente dentro de los países oprimidos debido a la opresión de países imperialistas, sino también dentro de los países imperialistas[/u], como es el caso del estado español y otros Estados europeos. Y muchas veces, los comunistas han tratado la opresión nacional en los países imperialistas con coordenadas y manuales de opresión de un país oprimido o colonial y un país opresor o imperialista, lo que demuestra que el error de análisis se encuentra ya en su raíz. Es por ésto que quería hacer hincapié en la diferenciación entre naciones oprimidas y características nacionales oprimidas, ya que las primeras son naciones atrasadas oprimidas por otra nación o Estado imperialista, y el segundo término hace referencia a la opresión dentro de un Estado imperialista, y no solo de una parte de ese Estado a la otra parte con esas características nacionales diferentes, sino que se suele producir desde esa misma nación “periférica”, por esa misma burguesía del territorio, que ha de abandonar las características nacionales propias, y reprimirlas en el resto de clases, para ejercer su dominio de clase, elevar su tasa de ganancia y aprovechar la ampliación de mercado. No podemos analizar la opresión nacional en Galicia, País Vasco o Países Catalanes con esquemas de opresión del imperio ruso en Georgia o Turkmenistán de principios de siglo XX o de opresión de los EEUU a Irak. Las primeras no entran en los esquemas países oprimidos-países opresores que comentáis, sino en la opresión “intraimperialista” donde el concepto clave a tratar y desarrollar no es una nación oprimida, sino una característica nacional oprimida.

    El Partido Comunista no tiene que esperar a que diferentes partidos nacionales se fusionen en uno. Yo no he dicho eso, y no es la idea que intento transmitir. Esta visión o conclusión vuestra la relacionaría con el tema que comentaba anteriormente sobre la visión de la cuestión nacional y la de clase como temas separados a unir, y no como una relación de pertenencia. No hay un Partido Comunista “estatal”, embrionario, etéreo, suspendido en el aire a la espera de la unión de Partidos Comunistas “nacionales”, [u]sino que son esos Partidos Comunistas “nacionales”, o mejor dicho, ese Partido Comunista nacional, que como no puede ser de otra manera ha de ser eso mismo, nacional, el que será el Partido Comunista estatal[/u]. Aquí está la clave de la perspectiva nacional que hemos de tener a la hora de la formación, o constitución, o reconstitución, del Partido Comunista. Por ejemplo, si se constituye el Partido Comunista de Galicia, como fusión del Socialismo científico y de las masas obreras, ésto solo podrá haberse producido por una teoría y línea ideológica correcta de la vanguardia científica, y ésto solo puede suceder si la teoría revolucionaria se ha elaborado a partir de un análisis correcto, con un tratamiento de la cuestión nacional riguroso, contextualizado y actualizado. Y será ese PCG la forma que presente el PC en el estado español, al menos en su fase inicial. [u]No es que yo crea que ha de ser el PC estatal el que tenga que esperar a que se formen y fusionen los PC nacionales, como insinuáis que pueda pensar yo, sino que lo que veo constantemente en el mensaje comunista del Estado lleva a los partidos nacionales a tener que esperar la formación o constitución del “PC estatal”[/u]. Otra vez tenemos como origen del problema la perspectiva o la posición desde donde se mira el asunto: la cuestión nacional está DENTRO de la cuestión de clase, la opresión nacional de nuestro ámbito está DENTRO de un mismo país imperialista, y el Partido Comunista de nuestro Estado ha de estar ya DENTRO del PC nacional. Y aquí entran en disputa dos visiones en la creación, formación o constitución del Partido Comunista, que entronca con la cuestión nacional, lo que demuestra que o resolvemos acertadamente esta cuestión o no hay PC posible en el estado español: a grandes rasgos sería una visión “de arriba a abajo” o “de abajo a arriba”. De arriba a abajo significaría la constitución del PC “estatal”, así a priori, apretando mucho y abarcando poco, desde el cual se organizaría su articulación en los diferentes países, sus comunicaciones en las diferentes lenguas, etc, un esquema de organización más que utilizado en el estado español, no solo en el ámbito comunista, sino a todos los niveles ideológicos, y que en el caso comunista demuestra la fata de resolución ideológica de la cuestión nacional. Y de abajo a arriba significaría la constitución del PC fruto de una elaboración teórica y de línea política revolucionarías, fruto de un análisis correcto, y ésto SOLO puede conseguirse si la cuestión nacional la tenemos clara con una teoría de esta cuestión correcta, actualizada y científica, sin fetichismos, conservadurismos, mecanicismos, sectarismos ni repeticiones huecas de frases descontextualizadas y metidas con calzador. O sea, o empezamos la casa por el tejado, con una organización y visión “estatal”, derivando después las secciones nacionales, lo que llevaría luego a discusiones no resueltas de raíz y a esconder los problemas debajo de la alfombra, que pueden ser infinidad, o la empezamos por los cimientos, que significa tener un corpus ideológico COMPLETO (que no cerrado), lo que significa que la cuestión nacional está clara, y ser conscientes, por tanto, de que el PC se va a constituir de manera focal en algún o algunos núcleos territoriales, que ese PC ha de ser profundamente y claramente nacional de ese territorio, homogeneizando políticamente al Proletariado, y que ese PC es al mismo tiempo el PC estatal. Por ejemplo, si se llega a la fusión de la vanguardia teórica y práctica, por utilizar estos términos, y a la adopción de la ideología revolucionaría por amplias capas obreras en, pongamos por caso, Vizcaya y Guipúzcoa, y en las zonas industriales de Cataluña, o sea, la constitución de un PC vasco y otro catalán, ésto solo puede y ha de significar que “esos” PCs son profundamente y arreladamente nacionales, y al mismo tiempo que uno y otro son el MISMO Partido, y que ese ÚNICO Partido es el Partido ESTATAL.

    Un ejemplo claro sería la constitución del PC de India (maoísta) actual, la Guerra Popular y Revolución que llevan a cabo, también llamada revolución naxalita, proceso que nació desde un foco concreto, en Naxalbari y otros distritos de Bengala, aunque conozco poco sobre el tema, pero intento mantenerme informado, sobretodo gracias a la labor que llevan a cabo los compañeros de Odio de Clase. El caso es que en India habrá zonas donde el PCI(m) ni existe, y otras en las que el Partido tiene el control. Salvando las diferencias y todas las distancias, aquí hemos de tener la misma mentalidad, seguir a grandes rasgos el mismo esquema de formación, difusión y extensión, teniendo claro que lo estatal, y lo mundial, está dentro de lo nacional, que los procesos y las contradicciones que se producen son principalmente INTERNAS, y que para resolver la cuestión del PC a nivel estatal y mundial se ha de resolver ideológicamente la cuestión nacional y del PC nacional, su significado y su universalidad.

    El problema viene cuando no se ha elaborado una ideología fruto de un análisis científico del aquí y ahora, y se siguen mecánicamente guiones, ideas y frases descontextualizados, tanto por un “lado” como por el “otro”. El torpe “estatalismo” y “antinacionalismo” de unos no es el único problema, ya que la mayoría de organizaciones nacionales, que abarcan un determinado ámbito nacional, ha tratado nuestro ámbito como si la cuestión nacional de aquí fuese una cuestión colonial, fruto de lo cual se llega a la utilización de consignas independentistas aprioristas (Independencia y Socialismo) proferidas por un amplio espectro ideológico, que abarca desde organizaciones reformistas hasta supuestamente maoístas. Y volvemos al mismo problema, de poner la cuestión nacional al mismo nivel que la cuestión de clase, y no como una parte de ésta, agravado al mismo tiempo por la reivindicación estructural de la independencia, a veces incluso presentada como una condición base para la consecución del Socialismo, lo que significa poner en bandeja la lucha política a la pequeña burguesía y a la burguesía.

    Vuelvo a insistir en que tenemos que cambiar la perspectiva, no solo viendo el tema a nivel INTERNO, sino también viéndolo como PROPIO. Pasar de la actitud de respeto, que es algo que se ejerce hacia un elemento ajeno y exterior, a pasar a ver ese elemento como algo interno y propio. Los comunistas no podemos decir que respetamos el derecho de los obreros a la emancipación, como si fuese algo ajeno y externo a nosotros, porque el Comunismo es en sí el arma y la acción emancipatoria de los obreros. Por lo tanto no podemos decir que respetamos el derecho a la autodeterminación de los pueblos, como si el Comunismo estuviese flotando por encima de la Tierra lanzando derechos a elementos ajenos. Es el Proletariado el que se ha de elevar a clase nacional, y a todos los niveles, y reivindicar y ejercer el derecho a la autodeterminación de su pueblo. El caso es que tomamos al pie de la letra y descontextualizadamente las palabras de Lenin, cuando en su época había procesos de autodeterminación, como el de Finlandia o Polonia, protagonizados por burguesías nacionales en contraposición al poder zarista, con un Proletariado que no tenía el protagonismo para liderar un proceso revolucionario, a diferencia de la Rusia estricta; ahí si tienen que respetar un derecho de autodeterminación ajeno, tanto geográfico como clasista, o actualmente, cuando hablamos de los países latinoamericanos, con burguesías nacionales y capas pequeñoburguesas que pugnan por quitarse de encima la bota imperialista norteamericana. Pero un proceso de autodeterminación en sí, y sobretodo en nuestro ámbito de la Europa imperialista actual se ve más claramente, es un proceso de lucha de clases. En Cataluña, por ejemplo, hay un proceso de pugna interburguesa entre la burguesía catalana y la burguesía monopolista central para reequilibrar las cuotas de poder en un momento de crisis, y esta burguesía catalana utiliza a las clases populares y a su reivindicación política histórica del derecho de autodeterminación para dotarse de más fuerza en el pulso. Y [u]desde España, los comunistas han de reivindicar el derecho de Cataluña a decidir su futuro, atacando a la burguesía española, y desde Cataluña, los comunistas han de reivindicar el ejercicio del derecho a la autodeterminación comenzando por la lucha contra su propia burguesía[/u], representada políticamente por CiU. Lo que vosotros llamáis “problema nacional” (en realidad es el problema capitalista de los pueblos y naciones), en el estado español ya no se puede resolver en el propio sistema de dominación burgués. Casi todo lo que se tenía que hacer por parte de las diferentes burguesías ya se ha hecho, y ahora quedan flecos como la reivindicación de una determinada forma de concierto económico por parte de la burguesía catalana, que en su momento no reivindicó, y ahora lo ve como necesario. ¿Por qué el PNV está tan callado y CiU parece que ha sido afectado por una fiebre de apariencia independentista? La cosa está clara, y aquí y ahora no va a haber cambios estructurales geopolíticos, a nivel europeo occidental, ni ejercicios del derecho a la autodeterminación en un marco burgués, y menos con la UE y la OTAN de por medio, afectando y desestabilizando hasta ese punto a un aliado tan estratégico como España.

    Me preguntáis si suscribo o rechazo el marco de actuación estatal como espacio de constitución del Partido. Creía que había quedado claro, ya que insisto en que hemos de partir del análisis del aquí y ahora, de la opresión burguesa, pero no solo en ese tema, sino como comento más arriba, la opresión nacional es fruto de una opresión de clase, y como tal, inserida en ella, se ha de analizar y tratar. Por lo tanto, sí, claro que no rechazo eso, porque no rechazo la realidad. Ahora bien, como dije en mi intervención anterior, soy yo el que dudo sobre la comprensión y voluntad de los comunistas formalmente “estatales, españoles, unitarios” hacia ese marco. Como digo más arriba, si no llegamos a comprender que en la (hipotética) constitución de un Partido Comunista de Galicia, o del País Vasco o de algún país no español del Estado está ya la constitución del Partido estatal, es que no se ha asimilado la necesidad y el verdadero significado de unidad de acción. Y lo de menos es que yo esté de acuerdo o no con un tema, sino que las ideas que expongo lleven a un determinado posicionamiento, y creo que la ubicación de la cuestión nacional como un tema interno, propio e implícito llevan a una necesidad y al mismo tiempo a una mayor potenciación de esa unidad revolucionaria de clase. Yo tengo claro que no soy español, que decenas de miles de personas en mi país y en otros países del Estado no son ni se consideran así, que varios países del Estado objetivamente no son españoles, y como no me muevo por consideraciones nacionales explícitas, sino por consideraciones de clase, reivindico la unidad de acción basada en nuestra realidad impuesta por el capital y en la potencialidad revolucionaria de unidad y cantidad, esperando que otros se muevan también por esa consideración de clase, y no por esquemas unitarios basados en consideraciones “puebloespañol tercerrepublicanista tricoloristas” o no.

    En intervenciones posteriores trataré los asuntos que quedan pendientes de vuestro escrito. Termino ya esta primera parte de la réplica incidiendo en los puntos que considero clave:

    Visión INTERNA de la cuestión nacional, como elemento inserido en la explotación capitalista, en la cuestión de clase y en la teoría revolucionaria

    Visión PROPIA de la cuestión nacional y del derecho de autodeterminación, como cuestiones a tratar por la teoría comunista y por la acción revolucionaria obrera

    Visión IMPLICITA de la cuestión nacional, que no enfrente, ni obstruya ni se ponga al mismo nivel teórico que la cuestión global, la de clase

    Un saludo

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