La agresión imperialista contra Siria y la revolución proletaria

no a la guerra imperialista
En el imperialismo (fase superior y decadente del capitalismo), cuando las relaciones capitalistas de producción han alcanzado el dominio mundial y los bloques imperialistas se han formado, la pugna del capital financiero internacional por la obtención de nuevos mercados y fuentes de recursos naturales y, en general, por la consecución de las condiciones propicias para la extracción de plusvalía, deviene un factor inherente al funcionamiento del capitalismo. Así, a medida que la burguesía imperialista se desarrolla, va generando vínculos con fracciones de las burguesías de los países oprimidos, supeditándolas a sus proyectos y estableciendo aparatos estatales que favorezcan sus intereses. Sin embargo, en esta incesante -y, en periodos de crisis, urgente- búsqueda de ganancias, las potencias imperialistas chocan, no ya con otros bloques o sus correspondientes Estados subalternos, con los cuales el conflicto es seguro pero no inmediato, sino con Estados que por su propia configuración de clase gozan de cierta autonomía tanto política como económicamente respecto a los imperialismos extranjeros, sin que ello les impida relacionarse de forma preferencial con alguno de estos.

          Este es el caso de Siria, que, por su posición estratégica en el Medio Oriente, las importantes reservas de gas que posee, así como por un posible futuro empleo del país como trampolín hacia Irán, hacen de la república árabe un objetivo ya inminente del imperialismo occidental. El enfrentamiento, lejos de ser iniciado por un movimiento popular tal y como aseveraron en un principio los medios de comunicación del imperialismo occidental o como lo hace todavía hoy el trotskismo, está siendo llevado a cabo por fuerzas fundamentalistas islámicas de corte ultrarreaccionario (en su gran mayoría provenientes de otros territorios), opuestas al Estado laico sirio. Mientras que en un comienzo las potencias occidentales impulsaron estos sectores de forma indirecta y torpemente disimulada mediante financiación o instrucción militar, en tanto que ha ido evolucionando la guerra, su apoyo se ha ido manifestando más explícita y directamente, hasta que, a día de hoy, es fácil comprobar en la prensa burguesa el reconocimiento franco de este hecho por parte del bloque imperialista occidental. Con todo, el ejército gubernamental ha logrado avanzar en detrimento de los «rebeldes» durante los últimos meses, obligando así al imperialismo a hacer un cambio cualitativo en su estrategia depredadora y pasar a la intervención militar, que parece ya inmediata. Por tanto, el conflicto sirio no es fruto de una «oposición» interna como quieren hacernos ver los voceros burgueses, sino que responde a una agresión imperialista encabezada por EEUU, Europa, Turquía, Arabia Saudí, Qatar e Israel, entre otros. Ahora bien, no podemos olvidar que, en última instancia, el «conflicto sirio» no es sino una manifestación más del enfrentamiento creciente entre los dos grandes bloques imperialistas en el mundo, el «occidental» y el «oriental» (encabezado este último por Rusia y China).

       Naturalmente, los comunistas debemos posicionarnos en contra de cualquier ofensiva realizada por el imperialismo y apoyar la lucha antiimperialista que está llevando a cabo el pueblo sirio, además de reivindicar el derecho de autodeterminación de los pueblos. No obstante, este tipo de lucha debe ir subordinada a la lucha revolucionaria por la dictadura del proletariado y el comunismo y, por consiguiente, debe utilizarse  para estos propósitos. Asimismo, a pesar de estar enfrentada al bloque hegemónico occidental, la República Árabe Siria mantiene una esencia de clase burguesa, siendo la burguesía “nacional” la clase dirigente del estado, a través de la alianza llamada Frente Nacional Progresista, formada también por otros sectores democrático-populares. La composición de clase de este tipo de estado revela que no se trata, al contrario de lo que afirma el revisionismo, de un país socialista, sino que entre el actual Estado sirio y el Nuevo Poder media una ruptura que tiene que efectuarse por la vía revolucionaria. Aun así, la constatación de que el proletariado no tiene a día de hoy el poder en Siria y que debe conquistarlo para la consecución de los objetivos estratégicos del socialismo y el comunismo, no supone caer en la tesis izquierdista de abandono del apoyo a la lucha antiimperialista que está desarrollando la República Árabe Siria. Esta postura, que de forma acertada comprende que los intereses del proletariado sirio no están expresados en ningún bando, concibe erróneamente a ambas facciones como unilateralmente enemigas, sin considerar el aspecto progresista que representa la lucha antiimperialista, que puede estar correcta y necesariamente enmarcada en el proceso revolucionario. Por otro lado, si bien los comunistas debemos denunciar en cualquier latitud que la democracia burguesa no deja de ser una dictadura encubierta de la burguesía contra las masas explotadas, no podemos obviar el hecho de que determinados formatos de dominación estatal de la burguesía ofrecen menos posibilidades para el desarrollo de la lucha de clases revolucionaria. Es obvio que una Siria fragmentada y con el poder político en manos de salafistas a sueldo del imperialismo occidental supondría un nuevo y formidable obstáculo para avanzar en el proceso de constitución de un genuino movimiento revolucionario sirio.

   Precisamente por esos intereses comunes que el proletariado comparte momentáneamente con la burguesía nacional siria y los sectores democrático-populares frente al imperialismo extranjero, no solamente es factible, sino también obligatoria, la alianza táctica –y no estratégica- con estas clases, actualmente en la dirección del viejo Estado. Desprovisto de esta alianza antiimperialista, el proletariado será incapaz de derrotar la agresión imperialista por sí solo y saldrá en una posición inferior en la lucha de clases de la que empezó. Tales son los efectos de una posición izquierdista en esta cuestión.

        Sin embargo, es imprescindible que en dicho vínculo se conserve, en todo momento, la independencia ideológica y política del proletariado sirio; esto es, haberse constituido previamente en Partido Comunista, y en consecuencia, conformar un movimiento revolucionario a fin de que no actúe como furgón de cola bajo el programa de la burguesía nacional (como actualmente sucede con el revisionista Partido Comunista Sirio, que mantiene la unidad orgánica con el Frente Nacional Progresista), clase que ha demostrado, a lo largo de la historia, una actitud claudicante frente a las ofensivas imperialistas más contundentes. Únicamente de este modo el proletariado, una vez solventado el peligro imperialista, estará en condiciones de iniciar consecutivamente la lucha por la destrucción del Estado burgués sirio mediante la organización del Nuevo Poder. En este sentido, debemos rescatar dos de las experiencias revolucionarias del siglo XX en los países oprimidos (la china y la albanesa) y recordar cómo, en momentos en que gran parte de la burguesía del país dependiente se muestra en el fondo indecisa ante las acometidas del imperialismo, el proletariado revolucionario -organizado en su Partido de nuevo tipo- tiene enormes posibilidades para arrebatarle a la burguesía la dirección del frente antiimperialista y, con el prestigio ganado ante las masas por su efectividad político-militar, el Partido Comunista puede convertir de forma eficaz la lucha antiimperialista en lucha contra el viejo Estado de su propia burguesía.

       Desafortunadamente, la derrota del Ciclo de Octubre y la liquidación del marxismo por parte del revisionismo impide, tanto al Movimiento Comunista Internacional en general como a los comunistas sirios en particular, emprender cualquier tipo de acción revolucionaria a corto plazo que pueda transformar la agresión imperialista en guerra civil revolucionaria. Para ello es indispensable, como venimos diciendo desde Revolución o Barbarie, la existencia previa de un Partido Comunista constituido sobre la base de la ideología revolucionaria del marxismo, por lo que la reconstitución ideológica y política del comunismo a nivel internacional pasa a ser requisito insoslayable para la destrucción del sistema de dominación capitalista así como de las guerras que origina.

 ¡Viva la lucha antiimperialista del pueblo de Siria!

¡Por la reconstitución ideológica y política del comunismo!

Revolución o Barbarie

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5 pensamientos en “La agresión imperialista contra Siria y la revolución proletaria

  1. Hola camaradas, un artículo interesante, como todo lo que soleis escribir.
    Sin embargo, veo un problema en el posicionamiento ante la guerra civil siria. Por un lado, denunciais la posición “ni-ni” por considerar a las dos facciones (fuerzas gubernamentales y rebeldes) “unilateralmente enemigas”. Por otro lado decís que el proletariado debe establecer una alianza táctica con la burguesía nacional y los sectores “democrático-populares”, pero luego señalais que para esta alianza es necesaria la existencia del PC (entendido como movimiento político revolucionario, y no como “organización), lo que yo considero correcto. Por lo tanto, como no existe PC, esta alianza o es imposible o seria un error.
    Partiendo de este hecho, la falta de independencia del proletariado en el conflicto sirio, ¿cual debe ser la posición de los comunistas? Por un lado, apoyar a cualquiera de la facciones es apoyar a faciones burguesas, pero no defender a ninguna seria caer en el “ni-nismo”.
    El artículo señala el verdadero problema de nuestra época: la falta de independencia de la clase obrera, pero al final no queda muy clara la cosa, más allá de las tareas históricas pendientes en casi todos los estados del mundo (reconstitución ideológica y política (PC) del comunismo).
    Salud

  2. La verdad es que estoy un poco como Manu.
    Entiendo que se quiera tomar parte a favor de la burguesía nacional siria, pero ¿no nos estaremos equivocando? ¿No estaremos tomando como dados esquemas pretéritos que no tienen por qué tener validez ahora mismo? Bien es cierto que estamos faltos de análisis adecuados de la realidad siria, pero todo hace indicar que su burguesía no puede jugar ya ningún papel progresista. Al fin y al cabo, ¿hay alguien que pueda argumentar que tiene un rol anti-feudal, y por lo tanto es coherente apoyar que el proletariado sirio se asocie con ella de manera momentánea? ¿Creemos de veras que la burguesía siria puede jugar un papel similar a la china en los años 30 o 40? Y por seguir un poco con las similitudes chinas: ¿no creemos que la alianza PCCh – Kuomintang trajo muchas más cosas perniciosas que beneficiosas? Todos conocemos cómo la burguesía china aprovechó esos dictados de la Komintern para masacrarnos, y eso en un momento en el que, analizando la estructura de clases china, esa alianza era mucho más coherente, debido a su naturaleza feudal. Si ahora estamos hablando de un país en el que la burguesía no tiene que eliminar tantas trabas de ese tipo, ¿hasta qué punto se justifica una alianza semejante?
    ¿No será que, hasta cierto punto, pesa sobre nuestras conciencias el que se nos tache de “imperialistas por omisión de acción”, y por eso mismo se proponen alianzas de las que el proletariado sirio no puede sacar nada, más que su probable utilización como carne de cañón, dado que no se cuenta con partido?
    Sabemos que es una cuestión compleja, pero, dado que la cuestión principal, aquí y en cualquier rincón del planeta, es la existencia o no de un partido verdaderamente comunista, proponer alianzas sobre la base de un proletariado fragmentado y sin ningún horizonte revolucionario puede que se vuelva en nuestra contra.

    • Estimado compañero:

      En primer lugar, en nuestro comunicado decidimos hablar de burguesía “nacional” (con comillas, sí) para no entrar a debatir a fondo la cuestión de la fracción de la burguesía que ahora mismo tiene las riendas del Estado en ese país. Siguiendo lo dicho por Manu en el último mensaje, parece claro que la fracción dominante en Siria hoy es la burguesía burocrática. Por cierto, a mi juicio comete un error muy evidente al caracterizar a la burguesía nacional, y es que la relaciona con la pequeña burguesía. En realidad, la definición de “burguesía nacional” dada por Mao fue esta:

      “La burguesía nacional es oprimida por el imperialismo y constreñida por el feudalismo, y de ahí su contradicción con ambos. En este sentido, constituye una fuerza revolucionaria. En la historia de la revolución china ha mostrado cierto entusiasmo en la lucha contra el imperialismo y el gobierno de los burócratas y caudillos militares” (Mao Tse-tung, La revolución china y el Partido Comunista de China).*

      Dicho esto, Matthys, nosotros no tomamos parte “a favor de la burguesía nacional siria”. Lo que hacemos es, partiendo de una situación que intuimos extremadamente compleja y difícil para los camaradas de Siria, tratar de esbozar una posición que, sin renunciar a la independencia ideológico-política del proletariado pero analizando de forma concreta la realidad del país de Oriente Próximo, lleve a los comunistas a apoyar a los combatientes antiimperialistas sirios y kurdos.

      Es decir, no es en absoluto lo mismo apoyar a las fuerzas (burguesas, obviamente) que combaten a los agresores imperialistas y sus correas de transmisión internas, que defender directamente y con la subordinación total de los comunistas al actual bloque burgués que detenta el poder en Siria. Lo que no podemos hacer es plantear un discurso metafísico y “puro”, de “fraseología revolucionaria” al decir de Lenin, que eluda la cuestión concreta de qué deben hacer los comunistas de Siria para enfrentar el ataque imperialista. Por supuesto, ya hemos aclarado que la tarea prioritaria es la constitución de la vanguardia marxista-leninista y el movimiento de masas en Partido de nuevo tipo, pero mientras esto se trabaja los comunistas, como destacamento más avanzado de la clase obrera de Siria, no pueden mirar para otro lado mientras sus hermanos de clase sufren una brutal agresión del imperialismo occidental.

      No se trata, por tanto, de reproducir la vieja fórmula china de Revolución de Nueva Democracia, pues en Siria no existe una burguesía nacional en el sentido de existir una clase burguesa progresista con verdadera proyección nacional por enfrentarse al imperialismo y por estar subyugada por fuerzas feudales o semi-feudales. No, de lo que se trata es de que en el periodo actual en que se encuentra el -que nosotros sepamos, y parece que es así- inexistente movimiento revolucionario de Siria, no existe posibilidad alguna de derrocar tanto a la burguesía del país como al imperialismo. Es decir, es una cuestión de posibilidades reales, de táctica; de correlación de fuerzas entre clases si se quiere.

      Matthys, desde luego a nosotros no nos afecta nada lo que otros puedan decir sobre nuestras posiciones de forma visceral o ponzoñosa. O sea, no realizamos este análisis por temor a ser tachados de “ni-nis”, de “cómplices del imperialismo” o de “trotskistas”, sino porque entendemos que la postura correcta de los comunistas de Siria debe huir tanto del camino derechista (que implica atar de pies y manos al proletariado sirio con respecto a la burguesía burocrática siria) como del camino izquierdista (que elude la cuestión de la legitimidad y necesidad de la lucha antiimperialista y de las necesarias limitaciones y contradicciones que deben enfrentar los comunistas sirios al plantear simultáneamente las tareas de reconstitución y de contribución a la expulsión de los invasores).

      Sobre lo que comentas del PCCh y su política de alianzas con el Kuomintang, en primer lugar comparto que ese balance (como el de toda la experiencia revolucionaria china, desde el proceso revolucionario de conquista del poder hasta la Revolución Cultural y la posterior restauración del capitalismo por el revisionismo, pasando por el Gran Salto Adelante) aún ha de hacerse. Nosotros estamos en ello, pero tenemos nuestras limitaciones de tiempo y medios, y eso hace que no vayamos todo lo rápido que nos gustaría. Partiendo de esto, entiendo que no se puede hacer una crítica que obvie las complejidades, los retrocesos y los avances que hubo en el proceso revolucionario chino con respecto a la burguesía nacional. Esto significa que no se puede equiparar, como si de un mismo proceso se tratara, al PCCh de los 20 que propugna una alianza política con el Kuomintang con respecto al PCCh que, para hacer frente a la invasión del imperialismo japonés, se alía temporal y tácticamente con el Kuomintang. En cualquier caso, yo sí opino que una de las limitaciones del proceso chino fue que justamente la dirección del PCCh en conjunto no fue capaz de analizar con profundidad el peligro que suponía no ajustar cuentas lo más rápidamente posible con la burguesía nacional china.

      La alianza temporal (o, si se quiere, el “cese de hostilidades” temporal) entre los comunistas y la burguesía representada por Al Assad no la justificamos por una pretendida semi-feudalidad de Siria (algo absurdo, pues hablamos de un país netamente capitalista), sino porque los comunistas no pueden quedar al margen de la lucha de los combatientes antiimperialistas sirios y kurdos contra el bloque imperialista agresor. Los revolucionarios no pueden decir: “Vaya, están bombardeando el pueblo o el barrio de mis hermanos de clase, pero nosotros mejor nos vamos a abstener de hacer propaganda y agitación contra la guerra imperialista y vamos a decir que ambas fracciones representan lo mismo. Mientras, vamos a ver si logramos reconstituirnos”. Eso es pura retórica, pura metafísica que, por miedo a hacerle el juego a la burguesía burocrática siria, al final se lo hace involuntariamente a los mercenarios a sueldo del bloque imperialista occidental.

      Si tienes a dos enemigos pero solo puedes acabar en un primer momento con el primero y después con el segundo, ¿dónde está el problema si decides -sin aliarte en el fondo con el segundo- no atacar a este para poder vencer más eficazmente al primero? Por tanto, considero que podemos hablar de un “apoyo pasivo” o de un “alto el fuego” temporal entre los comunistas de ese país y su burguesía burocrática. Y ese apoyo pasivo puede traducirse ya perfectamente en diversas formas de agitación y propaganda contra la agresión imperialista (que, insisto, no es lo mismo que apoyar a la burguesía capitaneada por el partido Baath) para, en una etapa posterior, poder conformar milicias comunistas e incluso un ejército propio que, si la guerra imperialista se prolonga, puede disputarle y arrebatarle la hegemonía a la burguesía burocrática siria hasta dirigir todas sus armas contra ambas fracciones burguesas.

      Por último, quiero insistir en una idea transmitida en nuestro texto que considero justa: los comunistas no luchamos por la democracia burguesa (o por un Estado lo más “progresista” posible desde el punto de vista democrático-burgués), pero no podemos olvidar que no se puede emprender de la misma forma la lucha revolucionaria bajo un marco político democrático-burgués que bajo uno de corte ultrarreaccionario, “teocrático” y “feudal”.

      Saludos.

      *Edito para añadir esta definición más completa de burguesía nacional dada por Mao en Análisis de las clases de la sociedad china:

      “Esta clase representa las relaciones de producción capitalistas en la ciudad y el campo de China. La burguesía media, por la que entendemos principalmente a la burguesía nacional[3] tiene una actitud contradictoria hacia la revolución china: siente la necesidad de la revolución y favorece el movimiento revolucionario contra el imperialismo y los caudillos militares cuando padece los golpes del capital extranjero y la opresión de los caudillos militares pero desconfía de la revolución cuando siente que, con la valiente impetuosa participación del proletariado del país y el activo apoyo del proletariado internacional, la revolución amenaza su esperanza de alcanzar la condición de gran burguesía”.

  3. Estimados compañeros,

    Justamente, creemos haber dejado suficientemente claro en el texto que esa visión de concebir ambas facciones como enemigas en un sentido unilateral o absoluto, tal y como hace el izquierdismo, es un error. En cambio, desde una perspectiva dialéctica, un elemento deviene en su contrario cuando el contexto varía. De esta manera, la burguesía “nacional” siria, representada por el Gobierno de Al-Asad, pasaría, de ser una aliada táctica durante la guerra contra la intervención imperialista (pues el proletariado por sí solo sería incapaz de derrotar simultáneamente una agresión extranjera y la burguesía siria), a convertirse en el enemigo principal para el proletariado revolucionario. Esta clase cumpliría únicamente esta función y no la de sujeto implicado en una revolución democrático-popular con un papel anti-feudal. Sin embargo y como apunta el texto, esta alianza antiimperialista sólo podría realizarse cuando el proletariado dispusiera de independencia política, de Partido Comunista, condición inexistente en Siria. De aquí que la constitución del mismo fuera la primera tarea para los comunistas sirios.

    La forma en que ésta tendría que cristalizarse en un escenario de invasión imperialista es algo que no hemos querido tratar en el artículo, pues la falta de información hace difícil un análisis concreto. Personalmente, opino que mientras se prosigue trabajando como tarea principal en la constitución del Partido, debe efectuarse una contundente campaña de agitación y propaganda contra la agresión extranjera y en defensa de los combatientes antiimperialistas, ya sean del ejército sirio o de las milicias kurdas autónomas.

    Salud.

    • Hola camaradas
      La respuesta de Omakarenko me plantea aún más dudas. Me ha quedado claro que la táctica de alianza con Al-Assad sería solo en caso de agresión imperialista, pero el análisis por el que llegaís a esta conclusión me parece equivocado.
      En primer lugar, consideraís a Al-Assad representante de la burguesía “nacional”, y en base a ello podría devenir aliada. Yo creo que Al-Assad es,más bien, representante de la burguesía burocrática, que es la que extrae plusvalía desde las empresas del estado, y que era la clase dominante en los estados socialistas y en los países dominados por el socialimperialismo. El revisionismo considera socialismo la “nacionalización de los medios de producción”, ignorando que las relaciones capitalistas pueden darse independientemente del titular jurídico de los medios de producción. Este es el motivo por el que el revisionismo cosidera estados socialistas lo que son estados gobernados por la burguesía burocrática. Por otra parte, la burguesia nacional, en mi opnión, es la pequeña burguesía que se ve limitada por el imperialismo (ya sea por medio de la burguesía burocrática o la compradora) y cuyo horizonte histórico es muy limitado: o bien sus integrantes prosperan económicamente y pasan a formar parte de una facción de la burguesía en el poder (burocrática o compradora en los estados dominados por el imperialismo, o burguesía imperialista en los estados imperialistas) o se arruina y se proletariza.
      De este modo, la burgesía nacional no puede elaborar un proyecto político autónomo y sus intereses podrían ser representados por el proletariado revolucionario en forma de alianza táctica o por cualquier faccion burguesa.
      Por ello, no considero que el gobierno sirio sea representante de la burguesía nacional.
      Por otra parte, la linea que defendeis de alianza del proletariado revolucionario con el gobierno en caso de guerra imperialista, me parece que repite la experiencia china de alianza del PCCh con el kuomintang durante la guerra de liberación antijaponesa, que tiene balance pendiente, pero creo que no es tan transprantable al caso sirio, aunque solo sea porque entonces el estado chino apenas existia como tal (ahora lo denominarian “estado fallido”) y no existia una burguesía burocrática hegemónica, sino zonas donde el kuomintang (hasta cierto punto asimilable a la burguesia nacional) dominaba, bases de apoyo revolucionarias, concesiones a estados imperialistas y zonas ocupadas por Japón.
      En cualquier caso, a lo que me referia en el primer comentario es ¿Cual es la posición justa sobre Siria? Dado que el proletariado (por cierto, igual que la burguesía nacional) carece de movimiento político independiente, apoyar a cualquiera de los dos bandos es igualmente erroneo, pero esto tiene muy mala prensa en el MCI actual. Sin embargo yo creo que es lo correcto, porque los “rebeldes” son un puñado de ultrarreaccionarios feudales y el gobierno representa la dicatadura de la burguesía burocrática vendida a Rusia e Irán. No hay bando “bueno” y el proletariado no tiene nada que ganar con ninguno de los dos bandos. Ante la lógica del mal menor: propaganda por la Dictadura del proletariado y las tareas de la revolución (y por su puesto, si en medio del contexto de guerra se pude aprovechar para montar una base de apoyo, pues pa’ lante).
      Salud

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