El Partido Comunista del Perú. Reconstitución y Guerra Popular

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En este texto abordaremos de forma resumida el proceso de reconstitución del Partido Comunista del Perú y la posterior Guerra Popular dirigida por este Partido. Dicha guerra revolucionaria estaba encaminada a la conquista del poder político por parte de las masas populares y al establecimiento de una dictadura de carácter democrático-popular –debido a las condiciones del Perú, esto es, semicolonialidad y semifeudalidad- como paso previo al socialismo y, posteriormente, a la sociedad sin clases sociales, al comunismo.

El proceso de reconstitución del PCP es un ejemplo de aplicación de la tesis leninista del Partido de nuevo tipo como fusión de vanguardia y masas. Frente a la concepción en boga dentro del campo revisionista que equipara el Partido Comunista a una organización de vanguardia, la cual, posteriormente, se dirige al movimiento de masas para intentar dirigirlo (siempre con un resultado nulo, ya que, aunque en algunos casos –los menos- consigan ejercer cierta influencia sobre las masas, no son capaces de conformar un movimiento revolucionario y se quedan dentro de los límites de la legalidad burguesa, es decir, dentro de la participación electoral-parlamentaria y la lucha sindical), los comunistas peruanos reconstituyeron el Partido Comunista conquistando a los sectores más avanzados de las masas mediante la creación de organismos generados y de escuelas populares. Estos sectores avanzados son los que actúan de intermediarios entre la vanguardia ideológica y las amplias masas de obreros y campesinos pobres para así conformar un movimiento político revolucionario que fusione el socialismo científico con el movimiento de masas. De este modo fue la vanguardia maoísta quien, de forma consciente, construyó el movimiento revolucionario a través de su línea de masas y no se plegó ante el espontaneísmo, al contrario de lo que hace el revisionismo, que espera a que surjan movimientos de masas para, posteriormente, acudir a ellos e intentar dirigirlos sin ningún éxito en dicha tarea.

Del mismo modo, el proceso revolucionario de toma del poder político, la Guerra Popular, fue iniciado y dirigido por el PCP de forma consciente mediante la movilización de masas y la creación de los órganos del Nuevo Poder -en el caso de Perú, dichos órganos fueron denominados Comités Populares, los cuales conformaban el Estado de nuevo tipo, el Estado de democracia popular- defendidos por los destacamentos armados. En estos órganos de Nuevo Poder las masas peruanas se educaban en la gestión de su propio poder político y adquirían conciencia revolucionaria. Esto rompe con la premisa defendida de forma mayoritaria en el Movimiento Comunista Internacional, que confía la revolución al estallido de una crisis revolucionaria y, hasta que eso ocurra, la tarea de las organizaciones comunistas es acumular fuerzas de forma pacífica (sin distinguir entre vanguardia y masas) mediante las luchas económico-sindicales y la participación en las elecciones. Partiendo de esta premisa es imposible la construcción de ningún movimiento revolucionario, ya que las amplias masas populares no adquieren conciencia de clase para sí por la simple propaganda y agitación, sino que lo hacen mediante su propia experiencia revolucionaria. En cambio, el PCP rompe con estas concepciones de acumulación de fuerzas a través de las luchas de resistencia y del estallido espontáneo de la revolución. Primero, en el periodo de reconstitución del Partido, los maoístas peruanos realizan una acumulación de fuerzas de la vanguardia a través de la propaganda y agitación, y posteriormente -una vez construido el movimiento revolucionario-, en el periodo de conquista del poder, realizan una acumulación de fuerzas de las masas populares a través de la creación de órganos del Nuevo Poder y de otras formas de lucha revolucionaria, como los paros armados, en confrontación armada contra el Estado burgués peruano.

Por todo ello, y porque es una de las experiencias revolucionarias más recientes en el tiempo, creemos que el proceso revolucionario peruano debe ser conocido entre la vanguardia comunista y con este motivo elaboramos el presente texto.

Reconstitución del PCP

La Fracción Roja del PCP surge en el año 1963, en base al Comité Regional José Carlos Mariátegui de Ayacucho, en medio de la lucha ideológica que sacudía por aquellas fechas al Movimiento Comunista Internacional y al propio Partido Comunista Peruano. Tras la toma del poder en la URSS por la burguesía burocrática, en el XX Congreso del PCUS, este llevó a cabo una revisión de los principios del marxismo-leninismo que fue combatida por el Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania, de forma principal,  dando lugar a una de las mayores luchas ideológicas que han existido en el campo revolucionario. El Partido Comunista Peruano no fue ajeno a esta lucha ideológica entre revisionismo y marxismo que daría lugar a su ruptura en la IV Conferencia Nacional del Partido, en 1964, entre los que se alineaban con el PCUS y los que, por otra parte, lo hacían con el PCCh, donde se incluía la Fracción Roja. Ambas organizaciones comenzaron a ser conocidas por el nombre de sus órganos de expresión: Unidad en el caso de los «prosoviéticos» y Bandera Roja en el de los «prochinos». El combate ideológico en el seno del PCP, aparte de las cuestiones relativas a la línea general del MCI que provocaron la escisión de este,  giraba en torno a la forma de establecer el socialismo (es decir, si se producía mediante una revolución violenta o si se alcanzaba por la vía pacífica), el carácter del gobierno de Belaúnde y la posición a adoptar respecto de él, la caracterización de la sociedad peruana, etc. Tras la ruptura, las fuerzas numéricas quedaron parejas entre ambas organizaciones, situación nada habitual tras la escisión del MCI, donde los partidos alineados con el PCUS por regla general conservaban a la inmensa mayoría de la militancia siendo una pequeña parte la que rompía con el revisionismo.

En base a esta lucha de dos líneas, en la V Conferencia, en 1965, se definió la línea general de la revolución en el Perú. Se estableció que la sociedad peruana tenía carácter semifeudal y semicolonial debido a la existencia del gamonalismo (1), a la concentración de la tierra en pocas manos, a las relaciones semifeudales de explotación y a la dependencia del Estado peruano respecto de las potencias imperialistas. Se rechaza el tránsito pacífico al socialismo y se reafirma que la revolución será violenta y que la conquista del poder político se producirá mediante una Guerra Popular Prolongada del campo a la ciudad con creación de bases de apoyo. Se consideraba que el campesinado era la fuerza motriz y el proletariado la fuerza dirigente de la revolución democrático-popular en el Perú. También se acordó la construcción de los tres instrumentos de la revolución (Partido, ejército y frente único), y que la actividad de la organización debería ser clandestina. En esta conferencia se abogó por recuperar y estudiar la línea del fundador del PCP, José Carlos Mariátegui.

Por estos años, la Fracción tenía su fuerza principal en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, en la capital de Ayacucho. Por ello, su militancia estaba compuesta de forma mayoritaria por alumnos y profesores de la UNSHC (entre ellos Abimael Guzmán, que era uno de los responsables de la formación de la Fracción Roja y su principal dirigente). Durante esta época el Comité Regional tuvo un papel importante en la formación de la Federación de Barrios (FBA) y del Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho (FDPA). La primera de estas organizaciones surgió como consecuencia de la migración de campesinos a la ciudad y sus actividades principales consistían en la ocupación tierras con el objetivo de construir viviendas en ellas y en demandar la prestación de servicios básicos a estos nuevos barrios. La existencia de la FBA junto a la necesidad de defender la Universidad, puesto que esta estaba en el punto de mira del Estado burgués por la influencia que en ella tenían las organizaciones de izquierda, propiciaron la creación del FDPA en 1966. Desde esta fecha a 1969 el Frente de Defensa del Pueblo realizaría movilizaciones que conseguían convocar a 10.000 personas en una ciudad que tenía 50.000 habitantes. Ello es muestra de la gran conflictividad social existente en Ayacucho, en la segunda mitad de los años 60, que culminaría en el movimiento por la gratuidad de la enseñanza de junio de 1969.

La lucha ideológica dentro del PCP continuaba y en 1967 los miembros del Buró Político de la organización juvenil del PCP, la Juventud Comunista, iniciaron el combate contra el Secretario General del PCP, Saturnino Paredes, y su fracción, por la no aplicación por parte del Comité Central de lo aprobado en la V Conferencia. Un sector de estos jóvenes solicitaría a Abimael Guzmán que encabezase la lucha contra Paredes, pero este lo rechazó al considerar que estos jóvenes estaban influidos por el radicalismo pequeñoburgués y las tesis foquistas. Posteriormente, estos se escindirían del PCP en el año 68 para crear al año siguiente el PCP-Patria Roja.

A partir de este momento la lucha de líneas en el PCP se da entre su dirección, encabezada por Paredes, que encarna una línea oportunista de derecha, y la Fracción Roja. Durante este periodo, que terminaría a principios de 1970 con la ruptura orgánica, se dan dos hechos de gran importancia: la VI Conferencia del PCP en enero de 1969 y el movimiento por la gratuidad de la enseñanza de junio del mismo año.

En la VI Conferencia se establece la base de unidad partidaria, que es el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse Tung y Mariátegui, la línea política general y se acuerda la reconstitución del Partido Comunista. El grupo de Paredes se opone a esto y eso provocará que se intensifique la lucha de líneas, llegando a la delación por parte de la fracción de Paredes respecto de los dirigentes de la Fracción Roja.

El movimiento de junio tiene como causa un decreto de la Junta Militar presidida por el general Velasco Alvarado, que contaba con el apoyo de la URSS revisionista y había sido instaurada el año anterior –el PCP definía al régimen militar como fascista-. Este decreto recortaba la gratuidad de la enseñanza y ante esto se produjeron una serie de movilizaciones de masas, tanto en Ayacucho como en Huanta, en las que se llevaron a cabo toma de locales y enfrentamientos con la policía. Esta importante movilización social fue contestada con gran brutalidad por parte del Estado burgués saldándose con casi una veintena de muertos y decenas de heridos, aunque finalmente el gobierno tuviera que dar marcha atrás y eliminar su intento de terminar con la gratuidad de la enseñanza. Los miembros de la Fracción Roja participaron y ejercieron influencia en estas movilizaciones y parte de sus miembros fueron detenidos, entre ellos Abimael Guzmán, junto con los dirigentes del FDPA.

Hasta la fecha de la última ruptura orgánica de la línea proletaria del PCP  -representada por la Fracción Roja- con el revisionismo existente dentro del Partido, la Fracción ejercía cierta influencia de masas en Ayacucho, principalmente a través del Frente de Defensa del Pueblo. Ahora bien, esa influencia no conformaba una ligazón entre el socialismo científico y estas masas que tuviese como consecuencia la existencia de un movimiento revolucionario para la lucha por el poder político, sino que el movimiento de masas que constituía el FDPA se centraba en reivindicaciones parciales (en el ámbito estudiantil, campesino y barrial) dentro del marco de relaciones sociales existente, el capitalismo.

Una vez la Fracción rompió con el revisionismo, quedó reducida a un pequeño número de militantes –el CR de Ayacucho y pequeños grupos en Lima y otras ciudades- sin vínculo con las masas, pero que se propuso llevar adelante el proceso de reconstitución del Partido. Aquí termina el periodo de establecimiento de la línea general de la revolución, en base a la lucha de líneas con las fracciones revisionistas que formaban parte del PCP, y comienza el periodo de constitución del movimiento revolucionario mediante la formación de cuadros comunistas y la conquista de los elementos conscientes de las masas.

En este contexto, los maoístas peruanos crearon el Centro de Trabajo Intelectual Mariátegui dedicado al estudio teórico de las obras de los clásicos del marxismo –Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao- y de J.C. Mariátegui, así como a la formación de la vanguardia en la ideología del proletariado. Gracias a esto extendieron su influencia entre profesores y alumnos de la UNSCH, formándolos como cuadros comunistas a través del estudio del socialismo científico. El PCP, en oposición al revisionismo, concibe a los cuadros comunistas en el sentido leninista, es decir, como portadores de la ideología de vanguardia y no como militantes dedicados al estrecho trabajo sindical, como defienden los oportunistas de toda laya. Esta vanguardia ideológica armada con el socialismo científico sería la que posteriormente se ganaría a los sectores más avanzados de las masas, elevando su conciencia de clase a conciencia revolucionaria y ligando el marxismo con las amplias masas del proletariado y el campesinado pobre para formar un movimiento revolucionario que pondría en jaque al Estado peruano.

A partir de 1973, concretamente mediante la decisión adoptada en el III Pleno del Comité Central, es cuando comienza este trabajo de la vanguardia comunista para fusionarse con las masas, incorporando a los sectores conscientes de estas. Para ello se crean los organismos generados y las escuelas populares. Los primeros eran organizaciones donde se agrupaban los sectores más avanzados de las masas que actuaban de correa de transmisión entre la vanguardia ideológica y las amplias masas del proletariado y el campesinado pobre. Así, dependiendo de los frentes de masas en los que actuasen, se crearon el Movimiento de Campesinos Pobres, el Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas, el Movimiento Femenino Popular, el Movimiento Clasista Barrial, etc. Las escuelas populares, por su parte, tenían como función elevar el nivel de conciencia de estos elementos avanzados mediante la formación ideológica en el socialismo científico y en la línea política del Partido.

En 1975 es derrotada una línea oportunista de izquierda en Lima que negaba la posibilidad del trabajo de masas y de la ligazón con estas por parte de la vanguardia maoísta peruana. Este mismo año, desde el Comité Regional de Ayacucho -que había crecido cuantitativamente-, son enviados cuadros comunistas tanto a Lima como al campo para reconstituir allí el Partido fusionándolo con las masas. Al año siguiente se reorganiza, en Lima, el Comité Metropolitano del PCP.

Durante todo este periodo el proceso de reconstitución avanza y para abril de 1977, en el VII Pleno, se considera que la reconstitución del PCP está llegando a su etapa final y que, a partir de esa fecha, la construcción del Partido se realizará en función de la lucha armada; es decir, comienza la preparación para el inicio de la Guerra Popular. De esta forma se celebra la Escuela Nacional de Cuadros para posteriormente desplazar a estos cuadros al campo con el propósito de desarrollar los organismos generados, principalmente el Movimiento de Campesinos Pobres, y realizar escuelas populares para fundirse con las amplias masas del campesinado peruano. De esta forma se sentaban las bases para el inicio de la GP, ya que el campesinado formaría las masas en armas que se enfrentarían a las fuerzas represivas de la burguesía con la creación de vacíos de poder en donde construirían su propio poder político popular.

Entre el VII Pleno y hasta el IX Pleno se desarrolla una feroz lucha de líneas en el seno del PCP contra la línea oportunista de derechas que se oponía y negaba la posibilidad del inicio de la Guerra Popular. Esta lucha ideológica finalizaría con la derrota de la línea derechista y, como consecuencia de esto, se produciría la expulsión y rebaja a la base de un importante número de miembros del Comité Central. Es en el IX Pleno, de mayo de 1979, cuando se considera que después de un intenso trayecto de lucha de dos líneas y de trabajo con los elementos avanzados de las masas, el PCP ya está reconstituido y, por tanto, la tarea pendiente es iniciar la lucha revolucionaria de masas contra la burguesía y los terratenientes para la construcción de la República de Nueva Democracia. Como consecuencia de esto, en diciembre del mismo año, se forma la I Compañía de la I División del Ejército Rojo y se establece el primer plan militar de la Guerra Popular.

Guerra Popular

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La Guerra Popular comenzó el 17 de mayo de 1980, la víspera de las primeras elecciones generales después de la dictadura militar,  con la quema de los padrones y urnas electorales en el pueblo de Chuschi, en el departamento de Ayacucho. Esta acción se produjo en  el marco del boicot a las elecciones llevado a cabo por el PCP.

En esta primera fase de la lucha armada revolucionaria, la mayoría de acciones se realizan en los departamentos de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, donde funcionaba el Comité Regional Principal del PCP. Las acciones van encaminadas a crear vacíos de poder, por ello, los objetivos son las instituciones del Estado burgués-terrateniente presentes en esta región andina, es decir, las autoridades políticas, judiciales y la policía. Los ataques contra estos últimos y sus puestos policiales también tenían como objetivo conseguir armamento, ya que los militantes del Ejército Rojo, en un principio, prácticamente no disponían de armas de fuego (otra forma de aprovisionamiento era el robo de dinamita en explotaciones mineras). La expulsión de los representantes del poder burgués en el campo era el paso previo necesario para el inicio de la construcción del Nuevo Poder popular, ya que donde existía poder burgués no podía existir poder popular al mismo tiempo y, por tanto, era necesario la previa destrucción del primero para crear el segundo.

También se producen acciones donde participan cientos de campesinos invadiendo propiedades de latifundistas para expropiarles la tierra y ser repartida entre los campesinos pobres y expropiando cosechas, maquinaria agrícola y ganado a la burguesía agraria para entregárselas a la población.

En los primeros años de la Guerra Popular la eliminación del poder burgués, con la destrucción de los puestos policiales y la expulsión del campo de la policía, que tiene que refugiarse en las capitales de provincia o departamento, avanzaba de forma rápida y exitosa en las regiones anteriormente nombradas y para 1982 se inicia la creación de los Comités Populares para ocupar esos vacíos de poder político.

Estos Comités, como órganos del poder político del pueblo, estaban formados por las masas oprimidas que, reunidas en asamblea, debatían sobre todas las cuestiones relacionadas con su vida social y la organizaban ellos mismos. Así, trataban el reparto y la forma de cultivar la tierra, la utilización de nuevas tierras, organizaban el trabajo colectivo en el agro, el aprovisionamiento de ganado y agua, decidían sobre la educación, impartían justicia popular, etc. También era el pueblo el que elegía en asamblea o mediante delegados a los comisarios que dirigían el Comité Popular. Existían cinco comisarios: el comisario secretario, que era el máximo dirigente del Comité Popular y coordinaba el trabajo de los restantes comisarios; el comisario de seguridad, encargado de la defensa del pueblo donde funcionaba el Comité; el comisario de producción, cuya función era la organización del trabajo agrícola; el comisario de asuntos comunales, que se encargaba de organizar los juicios populares, de la educación, los matrimonios, etc., y el comisario de organizaciones populares, que organizaba a los organismos generados existentes en el pueblo. Estos comisarios, en base a la democracia directa, podían ser revocados en cualquier momento por las masas populares (2).

Un conjunto de Comités Populares formaban una base de apoyo y la totalidad de las bases de apoyo constituían la República de Nueva Democracia en formación, como materialización del Nuevo Estado que destruye y elimina al viejo Estado burgués-terrateniente.

A través del Nuevo Poder las masas se educaban revolucionariamente en la gestión del poder político y adquirían conciencia de clase para sí. De esta forma la línea de masas para la acumulación de fuerzas durante la guerra revolucionaria se aplicaba mediante la participación de las masas en la lucha revolucionaria y la creación del Nuevo Poder, siendo los destinatarios de esta línea las masas profundas del campesinado pobre y el proletariado. Así, miles de obreros y campesinos se unieron a la Guerra Popular.

Ante el avance imparable de la guerra revolucionaria de masas, el gobierno peruano decide que las fuerzas armadas se hagan cargo de la lucha contra el movimiento revolucionario dirigido por el PCP. A principios de 1983 el ejército peruano entra en las regiones de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac. A partir de esta fecha comienza un genocidio contra las masas que se prolongará durante toda la guerra y dará lugar a miles y miles de muertes. Para eliminar el Nuevo Estado en gestación se producen asesinatos en masa de personas, quema de pueblos enteros, violaciones de mujeres y niñas, ametrallamientos de población desde helicópteros, saqueos de las posesiones de los campesinos, etc. (3). Un auténtico genocidio contra las masas oprimidas peruanas. La entrada en el conflicto de las fuerzas armadas también dio lugar a la agrupación de manera forzada de campesinos, principalmente campesinos medios, en poblados para formar comités de defensa (también conocidos como rondas campesinas), a imitación de las aldeas estratégicas creadas por el ejército estadounidense en la guerra de Vietnam, para luchar contra las fuerzas revolucionarias.

Para hacer frente a esta nueva situación y por el crecimiento de los efectivos armados del Ejército Rojo, en 1983, se forma el Ejército Guerrillero Popular. El aumento de la capacidad operativa militar del Ejército Rojo había quedado demostrada el año anterior, aparte de por las múltiples acciones de ataque a puestos policiales y a otras instituciones del Estado burgués-terrateniente, por el asalto a la cárcel de Ayacucho donde habían sido liberados 70 presos del PCP y más de 200 presos comunes. El EGP se forma por la integración en él de los pelotones y de las milicias, quedando así formado por tres fuerzas: fuerza principal, que actuaba en el marco de una región y estaba formada por los combatientes mejor preparados y con mejor armamento; fuerza local, que actuaba en marcos territoriales más pequeños como las provincias y auxiliaba a la fuerza principal; y fuerza base, formada por población de los Comités Populares y que se encargaba de la defensa de estos, plasmando en la práctica el mar armado de masas.

A partir de 1983, existe una lucha de contrarrestablecimiento y restablecimiento del poder, es decir, el ejército peruano destruye Comités Populares reinstaurando nuevamente el viejo orden capitalista y semifeudal, mientras que el PCP, dirigiendo al EGP, vuelve a expulsar al poder burgués e instaurar nuevamente el poder popular. Así, unas zonas cambian varias veces de poder y en este conflicto entre poder popular y poder burgués-terrateniente se forja el Nuevo Estado democrático-popular, que las fuerzas represoras de la burguesía, pese a sus matanzas, no pueden eliminar. En este periodo, sobretodo alrededor de 1985, la lucha se extiende a casi todos los departamentos del Perú, principalmente a los departamentos de la Sierra, desde Cajamarca, al norte, hasta Puno, en el sur, siguiendo el mismo proceso de creación de vacíos de poder para crear organismos de poder político popular, Comités Populares. Aun así las regiones donde se desarrolla principalmente la guerra civil revolucionaria siguen siendo Ayacucho, Huancavelica y Apurímac.

Para 1986, a pesar de las matanzas cometidas por las fuerzas armadas y los ronderos contra los campesinos de las bases de apoyo, existían cientos de Comités Populares funcionando en gran parte de la sierra de los Andes. Para esta fecha, según los datos del PCP, el número de víctimas mortales en el conflicto armado ascendía a 15.000 personas. También en este año tiene lugar la matanza de presos políticos del PCP y del EGP en las cárceles de Lurigancho, El Frontón y El Callao por parte de las fuerzas armadas. A finales del año anterior, 30 presos del PCP ya habían sido asesinados en la cárcel de Lurigancho y, para mediados de 1986, ante el traslado de prisioneros que se iba realizar  desde las cárceles de Lurigancho, El Frontón y El Callao a la de Canto Grande y ante la previsión de un asesinato masivo contra los presos comunistas, estos se amotinaron. Al final, las fuerzas armadas tomaron las “luminosas trincheras de combate” (denominación que el PCP daba a las cárceles, donde sus presos controlaban y organizaban toda la vida carcelaria) y 250 presos del PCP fueron asesinados.

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La lucha entre viejo y nuevo poder se seguía desarrollando en el campo peruano expandiéndose y consolidándose el Poder Popular, lo que daría lugar a que en 1989 se multiplicasen los Comités Populares Abiertos, ante la estabilidad de las bases de apoyo. Anteriormente, muchos Comités Populares adoptaban una forma clandestina al existir una gran posibilidad de ser destruidos por las fuerzas armadas, pero una vez el Nuevo Poder estaba asentado y consolidado adoptaban una forma abierta.

Mientras eso sucedía en el campo, hacia finales de 1988 la actividad del PCP crece en las ciudades, especialmente en la capital, Lima. Ese mismo año se celebró el I Congreso del Partido Comunista del Perú, acordándose en el mismo avanzar en la lucha revolucionaria para alcanzar la segunda fase de la Guerra Popular, el equilibrio estratégico, antesala de la ofensiva final para la conquista del poder en todo el país. Para ello, era necesario potenciar el accionar revolucionario en las ciudades para preparar en ellas la insurrección, fundamentalmente en la capital del país.

Lima contaba casi con un tercio de la población del Perú, en total, más de seis millones de habitantes. La mitad de esta población vivía en barriadas que rodeaban el centro de la ciudad en las cuales existía una gran pobreza (por ello eran llamadas cinturones de miseria). El PCP ya venía realizando acciones en la capital de forma complementaria y secundaria a la lucha revolucionaria en el campo desde el inicio de la Guerra Popular. Su influencia se concentraba en las Universidades de San Marcos y La Cantuta (las cuales serán objeto de la represión masiva por parte del Estado, así, por ejemplo, en 1987 en una redada detienen a 800 estudiantes universitarios y en 1989 a 500), en algunos sindicatos (a través del organismo generado MOTC) y en las barriadas (donde se llegaron a producir detenciones masivas de hasta más de 15.000 personas, como en Barrios Altos).

En las ciudades el frente único recibió el nombre de Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo  y agrupaba a los diversos organismos generados que actuaban en las áreas urbanas: Movimiento de Obreros y Trabajadores Clasistas, Movimiento Clasista Barrial, Socorro Popular, Movimiento Femenino Popular, Frente Estudiantil Revolucionario, etc. Aparte de las formas generales de lucha que se desarrollaban en la GP, es decir, acciones de propaganda y agitación (en las ciudades se realizaban en las barriadas, fábricas, universidades y en cualquier lugar donde hubiese masas: mercados, clubes deportivos, conciertos, etc.), combates guerrilleros, aniquilamientos selectivos y sabotajes, la forma de lucha que tenía una importancia fundamental en la actividad en las urbes fueron los paros armados, que consiguieron paralizar a las ciudades, incluida Lima, en varias ocasiones. En los paros armados se paralizaba la actividad productiva y se combinaban todas las formas de lucha de la Guerra Popular, es decir, se realizaban acciones de agitación y propaganda, se realizaban atentados contra infraestructuras, se ejecutaba a determinados individuos contrarrevolucionarios y se mantenían enfrentamientos armados contra las fuerzas represivas. En Ayacucho, entre 1989 y 1992, se realizaron once huelgas armadas y en Lima, en el mismo período, nueve. En las ciudades el PCP también organizaba manifestaciones armadas.

Ante el incremento del accionar revolucionario en Lima, con la realización de los primeros paros armados (4) y manifestaciones armadas, el ejército es desplegado en Lima a finales de 1989. Por estas fechas, el PCP trabajaba en las barriadas que rodeaban el centro de Lima, principalmente en Villa El Salvador y las situadas alrededor de la Carretera Central como Huaycán, donde ganaban apoyos entre la población y en las organizaciones de masas allí existentes. En estas barriadas los comunistas peruanos realizaban repartos de comida (que transportaban camiones previamente secuestrados), expulsaban al lumpen (ladrones, narcotraficantes, etc.), controlaban a los comerciantes que se aprovechaban del hambre del pueblo, hacían campañas contra la droga y de ayuda a los drogodependientes, etc. También atacaban los puestos policiales allí existentes, siendo destruidas varias comisarías, para generar vacíos de poder.

Pero uno de los hechos más reseñables conseguidos por el PCP en Lima se produjo en 1990 con la formación del Comité Popular Raucana. Este CP se construyó mediante la invasión de un terreno, a iniciativa del Partido, para formar un asentamiento humano, a 8 kilómetros del centro de Lima, donde la vida era organizada por los propios habitantes. Estos realizaban trabajo colectivo en los huertos y en el cuidado de los animales, para la construcción de caminos, pozos, desagües y demás infraestructuras necesarias para la vida cotidiana. Ellos establecían las normas sobre la producción y distribución de los productos agrícolas obtenidos en las tierras que cultivaban, organizaban los comedores populares, etc. Los mismos pobladores organizaban la justicia para reprimir a ladrones, traficantes, maltratadores, violadores, etc. También organizaban la defensa frente a la policía de forma conjunta formando comités de vigilancia, mediante la construcción de muros y torres de control y enseñando técnicas de autodefensa a la población. El Nuevo Poder en Raucana perduró hasta que a finales del 1991 fue tomada por las fuerzas armadas, las cuales establecieron allí una base militar.

Así, había sido tan importante el efecto que el PCP tuvo sobre el Perú durante la década de los 80,  que el valor de los daños materiales se cifraba en 17000 millones de dólares, cantidad similar a la deuda externa total del Estado peruano (5). De hecho, a principios de 1990, éste recibía, por parte de EEUU, una ayuda de 35 millones de dólares en equipos militares -además de asesoramiento- en nombre de la lucha contra el narcotráfico (6). Este suceso demostraba que la Guerra Popular en el Perú, lejos de seguir siendo un problema concerniente únicamente a la burguesía peruana, implicaba ya al imperialismo extranjero.

En los años 1990 y 1991 la actividad del movimiento revolucionario, así como sus efectivos, continúa aumentando (7), sobre todo en las ciudades y en la selva, y en el campo como -ya habíamos dicho antes- las bases de apoyo se asientan. Esto, unido al hecho de la profunda y grave crisis política y económica existente en el país en esos momentos, da lugar a que en el II Pleno del Comité Central del PCP, celebrado en febrero del 91, se constate que la Guerra Popular ha entrado en la fase del equilibrio estratégico (8).

En abril de 1992 el presidente peruano, Alberto Fujimori, da un autogolpe de Estado con el apoyo de las fuerzas armadas para centralizar el poder y lanzar una contraofensiva contra el movimiento revolucionario. Poco después del autogolpe se produce una nueva matanza en las cárceles, en este caso en la de Canto Grande, donde tras los enfrentamientos son asesinados de forma selectiva varios dirigentes del PCP (en total son asesinados 50 militantes) (9). El objetivo de esta guerra sucia era descabezar al PCP, cosa que lograrían en septiembre del mismo año con la detención de Abimael Guzmán junto con las también integrantes del Comité Central, Elena Iparraguirre, Laura Zambrano y María Pantoja. A partir de esta fecha la lucha sufre un declive que se hace progresivo en el tiempo y que se agravará con la aparición de las llamadas “Cartas de paz” a finales de 1993, en las que se establecía el final de la lucha revolucionaria y la petición de celebración de un acuerdo de paz con el Estado peruano, similar al realizado por el Partido Comunista de Nepal (maoísta) en ese país. La aparición de estas cartas daría lugar a la ruptura del Partido, entre quienes las apoyaban y quienes las rechazaban.

Conclusiones

En nuestra opinión, en este declive de la Guerra Popular, aparte de la propia ofensiva del Estado burgués contra el PCP y la detención y asesinato de gran parte de su Comité Central, jugó un papel importante la concepción sobre la aplicación del Nuevo Poder en las ciudades, donde el Comité Popular de Raucana constituyó una excepción, ya que los maoístas peruanos no concebían la construcción del Poder Popular en la ciudad hasta una fase muy próxima a la conquista del poder en todo el país y por ello, aunque el PCP tuvo una gran e importante influencia entre las masas oprimidas de las ciudades, no pudo consolidar ese apoyo. También creemos que las tesis de jefatura y pensamiento guía, -las cuales consideramos que forman parte de una concepción equivocada sobre el rol que debe asumir el dirigente revolucionario con respecto a la vanguardia comunista y el movimiento de masas, puesto que al final dicha concepción convierte a un solo dirigente en depositario de la ideología revolucionaria y termina potenciando la división del trabajo propia de la sociedad burguesa en el seno del movimiento revolucionario-, influyeron en la derrota una vez detenido Abimael Guzmán (conocido como Presidente Gonzalo desde 1983) al causar un efecto desmoralizador entre la militancia del Partido Comunista del Perú y las masas que lo apoyaban.

Pero, a pesar de que en Perú el proceso revolucionario no terminó con la conquista del poder político, constituye un verdadero ejemplo para todos los comunistas revolucionarios de aplicación de la tesis leninista del Partido de Nuevo Tipo en el periodo de reconstitución del PCP y de inicio y conducción de una guerra revolucionaria de masas a iniciativa de la vanguardia comunista, previamente fusionada con las masas, que llevó a la construcción de una dictadura democrático-popular en zonas campesinas del país andino y a la movilización revolucionaria de las masas de las urbes, frente a los revisionistas que esperan la llegada de una crisis revolucionaria por causas espontáneas que nunca llega ni llegará, o que apuestan por desarrollar la lucha armada sin la previa fusión con las masas y sin la construcción del Nuevo Poder.

Notas

1. El gamonalismo hace referencia a los latifundistas que adquirieron su propiedad sobre la tierra mediante el despojo de los campesinos indígenas.

2. En el anexo reproducimos un extracto de un artículo titulado “Nuestra Bandera Roja ondea en Perú” publicado en el número 16 de la revista Un Mundo Que Ganar en el año 1991, vinculada al Movimiento Revolucionario Internacionalista -del cual formaba parte el PCP-, donde se explica de forma detallada el funcionamiento de los órganos del Nuevo Poder.

3. Esto es algo reconocido por el propio Estado peruano y en el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Una recopilación de estos hechos se puede leer en el documento del PCP del año 1986 Desarrollar la Guerra Popular sirviendo a la Revolución Mundial.

4. Esta noticia del diario El País da cuenta de la movilización de masas y de la represión contra ellas en los paros armados:

http://elpais.com/diario/1989/07/21/internacional/616975217_850215.html

5. http://elpais.com/diario/1990/01/14/internacional/632271615_850215.html

6. http://elpais.com/diario/1990/04/25/internacional/640994418_850215.html

7. Según unos datos supuestamente incautados por la DINCOTE -policía anti-terrorista- a los dirigentes del PCP, en febrero de 1990 el Ejército Guerrillero Popular, sin contar la región del Huallaga, contaba con 23.406 miembros en sus filas, entre las diversas fuerzas que lo componían.

8. La situación existente en el Perú en los primeros años de la década de los 90, cuando la Guerra Popular se hallaba en equilibrio estratégico, queda plasmada en este documental del Channel Four de Londres: http://www.youtube.com/watch?v=EvnNvlH5zwY (narración en inglés con subtítulos en español).

9. Entre otros, son asesinados los miembros del Comité Central del PCP, Hugo Deodato Juárez, Yovanka Pardavé, Tito Valle Travesaño y Elvia Nila Zanabria.

Anexo

4

El nuevo poder revolucionario es para los que nunca han tenido nada de Poder en toda su vida, para quienes han sido los más humildes y despreciados de la sociedad, aunque llevan al país en sus espaldas: los obreros y campesinos, junto con fuerzas progresistas de las clases medias. El PCP lo describe como la dictadura conjunta de cuatro clases, ya que la débil y vacilante burguesía nacional no participa ahora en la revolución, puede hacerlo en el futuro, y sus intereses son tomados en cuenta, este Nuevo Estado que está naciendo se declara abiertamente una dictadura porque a diferencia del Viejo Estado que pretenden gobernar por los intereses de todos y trata de ocultar el hecho de que descansa en la fuerza armada, la revolución tiene completa razón en revelar el antagonismo entre los intereses de la gran burguesía, los terratenientes y el imperialismo, y los de las masas populares.

Se dice que el Presidente Gonzalo del PCP ha recalcado que incluso desde el comienzo de la guerra, los guerrilleros llevan el Nuevo Poder en sus mochilas. La toma del Poder es la tarea central de toda revolución. En las condiciones de su revolución la tarea era comenzar a establecerlo por parte, en la forma de Comités Populares.

Estos Comités están conformados de cinco miembros, llamados comisarios porque son comisionados por las masas y sometidos a remoción en cualquier momento. Son escogidos por Asambleas de Representantes, que a su vez, cuando es posible, son elegidas por Asambleas Populares de todas las masas del pueblo dado. Son dirigidas por el Partido y están conformados de comunistas, campesinos comunes y otras fuerzas progresistas locales. Su trabajo es comenzar a crear  una nueva política, una nueva economía y una nueva cultura en el campo, como parte de prepararse para poder hacerlo a escala de todo el país.

De los cinco comisarios, el Secretario representa al Partido y al proletariado (que está presente en el campo principalmente a través del Partido). El comisario de seguridad, que también es un miembro del PCP está encargado de la defensa de este Nuevo Poder por la población local en su conjunto, organizada en milicias, junto con fuerzas guerrilleras locales y las fuerzas principales del Ejército Guerrillero Popular. Esto también significa preparar el retiro organizativo de los pobladores de la zona en caso de que sea necesario. El comisario de seguridad también está encargado de las funciones de policía, toma medidas contra los contrarrevolucionarios que ataquen el Nuevo Poder o contra los criminales comunes que perjudiquen a las masas. El robo, las drogas, la embriaguez constante, la prostitución, los juegos de azar, las palizas a las mujeres y niños, la violación y otros azotes que tanto tiempo prosperaron bajo la protección de la vieja autoridad establecida, son ahora reprimidos.

El comisario de producción y economía dirige la organización de toda la nueva economía basada en un nuevo tipo de relaciones entre la gente. La tierra es dividida y repartida en primer lugar a aquellos que no tienen tierra, y luego, si queda algo, a los que tienen poca, sobre la base de qué tanta gente hay en una familia. Se le da a la familia en conjunto y no sólo a los padres o a los hombres en general (A los jóvenes que quieran dejar a sus padres y comenzar su propia familia también se les da tierra). Pero mientras que la posesión de la tierra es individual, la siembra y la cosecha son colectivas y organizadas por todos. Este comisario debe ver que se cuide la tierra de los ancianos, las viudas y los huérfanos. El o ella también organizan la producción de propiedad directa del Comité Popular, tal como cría de pollos, patos o cuyes, y el trabajo colectivo en proyectos de riego.

Con frecuencia se hacen cambios en términos de qué cosecha está creciendo, para permitir que las bases de apoyo sean más autosuficientes. El Comité Popular establece el intercambio de semillas, para permitir la selección científica de las semillas y diversificación de cosechas. Este intercambio de semillas es particularmente importante. Junto con los esfuerzos por reemplazar los fertilizantes químicos dependientes de la importación, acaba con la necesidad de crédito. Estas medidas y la abolición de la renta libera a los campesinos de la pesada carga de la burocracia gubernamental que tanto tiempo chupó la sangre de la agricultura y de la tiranía de los déspotas locales cuyo poder sobre la tierra, el crédito y los insumos era ejercido de la manera más arbitraria. La organización de nuevas relaciones de producción y de intercambio, diseñadas para cumplir las necesidades del pueblo y la guerra popular, libera las fuerzas productivas de sus trabas y lleva a mejoras en la productividad. Hay incluso algunos comienzos de manufactura de ropa y herramientas de modo que estas bases de apoyo puedan hacerse más autosuficientes.

A los pequeños y medianos comerciantes se les permite continuar ejerciendo sus importantes funciones; de hecho, para ellos, también esta es su liberación. Pero además de los Comités Populares también organizan el intercambio. Localmente, puede significar una Feria Popular en la que los artículos pueden venderse directamente del productor al consumidor o trocarse. También significa recuas de mulas que pueden cruzar sin riesgo las montañas y permitir el comercio con otras localidades, porque las bases de apoyo no pueden ser completamente autosuficientes y el Partido tiene que guiar en la solución de este problema.

A medida que avanza el fortalecimiento militar de la revolución y su poder político comienza a hacerse relativamente consolidado en algunas zonas, estas cuestiones económicas son cada vez más cruciales. Autosuficiencia económica quiere decir autosuficiencia respecto de la deuda y de la inflación y la oportunidad de comenzar a desarrollar una economía que alimente al pueblo en vez de alimentarse de ellos, Es clave para la guerra, porque sin estos avances el Poder revolucionario colapsaría y el ejército revolucionario ya no podría contar con el pueblo para su sustento. Estos cambios son parte también de constituir el futuro, cuando un Perú económicamente independiente y militarmente poderoso pueda mantenerse firme contra el imperialismo y servir a la revolución mundial.

El comisario de asuntos de la comunidad es el encargado de administrar la justicia. Esto quiere decir organizar los juicios populares: un fiscal presenta el caso del Comité Popular, el acusado tiene el derecho de defenderse a sí mismo y presentar evidencias, mientras que son las masas populares las que escuchan y deciden. Otro ejemplo es la organización de un comité de daños entre los campesinos en forma rotativa. Si la vaca de un campesino daña el campo sembrado de otro campesino, es tarea de este comité imponer pago por los daños. La primera vez, es hacer una advertencia; la segunda vez, se confisca la vaca; la tercera vez, la vaca es sacrificada y la carne repartida para las necesidades de los pobladores.

Este comisario también preside los matrimonios. Las dos personas que desean casarse deben llevar dos testigos que certifiquen que ninguno de los dos está casado con alguien más –ese es el único requisito. Los asuntos de la comunidad también incluyen el registro de nacimientos, el aprovisionamiento del dispensario médico popular (con medicamentos confiscados al enemigo y hierbas medicinales), y exámenes de salud a recién casados y otros. La educación está guiada por la concepción comunista y ligada al trabajo. A los campesinos se les enseña matemáticas básicas, español (que el PCP considera importante porque así la gente que no habla español puede abrir una ventana al resto del mundo), ciencias naturales e historia. El comisario también organiza la recreación, incluyendo los deportes y la cultura (tales como obras de teatro y presentación de títeres), celebraciones para recordar los aniversarios revolucionarios, y ayuda en la fiesta del santo del pueblo. Esta fiesta se ha convertido en una fiesta popular –el Partido ni ayuda ni impide otras celebraciones más religiosas. El Partido lleva a cabo una política de lo que Lenin llamó libertad de religión en el más amplios sentido –respeta el derecho de la gente a sus creencias religiosas paro al mismo tiempo también se reserva el derecho de luchar por educar a la gente en el materialismo dialéctico.

El divorcio se concede inmediatamente, al ser solicitado por cualquier miembro de la pareja, sin condiciones. Este comisario debe conseguir que la pareja llegue a un acuerdo sobre los hijos en general, el comisario de asuntos de la comunidad trata de ayudar a solucionar las disputas familiares, entre una pareja, o entre padres e hijos, mediante un proceso de crítica y autocrítica. Si ocurre que una mujer quiere irse para unirse al Ejército Guerrillero Popular y sus padres o esposo se oponen, ella de todas maneras puede ir. El esposo tiene prioridad para quedarse con los niños, si lo desea: de otra forma, el Comité Popular busca otra solución.

También hay un comisario encargado de convocar y planificar las reuniones de las organizaciones de masas dirigidas por el partido.

Así es como funciona un Comité Popular Abierto, han tomado diferentes formas, de acuerdo con la relativa fuerza de la revolución y la contrarrevolución en una zona dada o en un momento dado y la fluidez de la guerra popular, expandiéndose, contrayéndose, apareciendo y luego posiblemente desapareciendo, sólo para reaparecer allí, o en otro lugar. Por ejemplo hasta 1989 sus miembros  siempre eran secretos (conocidos solo por la Asamblea de Representantes que los escogió). Los intentos por mantener estos comités operando públicamente, al comienzo de la guerra popular, fallaron debido a que con frecuencia los comisarios serían asesinados. Si la reacción reocupaba una zona, el comité estarían en condiciones de ejercer una autoridad paralela a la de las viejas autoridades. Un comité destruido tendría que ser reorganizado. En una nueva zona, un comité de organización debe esforzarse por crear condiciones bajo las cuales sea posible que surja un comité elegido a gran escala. Por supuesto el funcionamiento de los comités clandestinos es algo dificultoso, especialmente debido a que los comisarios no pueden ser conocidos públicamente sino que deben actuar por medio de delegados. En todo caso el partido deja bien en claro que ellos abogan por el poder para el proletariado y el pueblo y no por el poder personal: cualquier comisionado que ejerza un poder personal puede ser sometido a un juicio popular, removido o en otro caso sancionado. Con la aparición de las primeras Bases de Apoyo abiertas todo este proceso puede llevarse a cabo más libremente y a cabalidad.

En 1983 el PCP formó un Comité Organizador de la República Popular de Nueva Democracia, con miras hacia el futuro. Hoy, el desarrollo de los Comités Populares, el crecimiento y unidad de las bases de apoyo y el surgimiento de más y más funciones de Estado que no pueden ser manejadas localmente, han puesto la función de organizar el Poder del Estado en un nuevo y más elevado nivel, en el futuro cercano, e incluso sin la victoria en toda la nación.

En el campo, donde este Poder revolucionario ya puede existir, la totalidad de la población ya está armada y participa de lleno en el Partido o en organizaciones dirigidas por el Partido, el Ejército Guerrillero Popular y el poder del Nuevo Estado. La situación es diferente en las ciudades, porque son bastiones de la reacción, y el Poder allí sólo se podrá tomar en los momentos finales de la guerra. En lugar de los Comités Populares el Partido ha formado el Movimiento Revolucionario de Defensa del Pueblo, cuyo “objetivo es llevar a las masas a la resistencia y a la elevación de sus luchas en guerra popular, para entrabar, socavar y perturbar el viejo Estado y servir a la futura insurrección, preparando a las ciudades con la guerra popular especificada como complemento (a la  guerra en el campo) Usamos la doble política de desarrollar formas propias que es lo principal y penetrar todo tipo de organizaciones”.

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Respuesta a ReDRuM: Notas acerca de la cuestión nacional

       Seguidamente, respondemos a la crítica que el usuario ReDRuM realizó al blog Revolución o Barbarie en torno a la cuestión nacional en Forocomunista.com, concretamente en el hilo: http://www.forocomunista.com/t28380-critica-al-mai-y-al-blog-revolucion-o-barbarie-sobre-la-cuestion-nacional.

cuestión nacional 01

           Compañero ReDRuM:

           Antes de pasar a responderte, queremos hacer un par de aclaraciones. La primera es que, para próximas  respuestas, agradeceríamos que nos hicieras llegar directamente un mensaje a nuestro correo electrónico (revolucionobarbarie@gmail.com) a modo de aviso, pues, aunque en esta ocasión hemos podido leer tu mensaje en www.forocomunista.com hace unos días, podría haber sucedido que ni nos hubiéramos enterado al no dirigirte también directamente a nosotros. La segunda aclaración tiene que ver con la propia respuesta a tu crítica. Queremos dejar claro que, aunque tenemos previsto realizar un análisis desde nuestro blog sobre la cuestión nacional en el Estado español, en esta respuesta -por cuestiones de tiempo, básicamente- solo nos limitaremos a responder a los distintos puntos de nuestras posiciones sobre la cuestión nacional que sometes a crítica.

                    Comienzas diciendo lo siguiente:

                 Respecto al escrito de Revolución o barbarie, critican el federalismo, tal y como hacía Lenin, y es de agradecer que expliquen el contexto en el cual lo hizo, y la razón por la que la URSS después se formó como una entidad federal, contextualizaciones que no acostumbran a hacer las organizaciones comunistas y que toman la palabra de Lenin como un testigo de Jehova la toma de la Biblia.

               Estamos totalmente de acuerdo con lo que expones de lo atrasado e incorrecto de realizar una lectura mecanicista y estrecha de nuestros clásicos, como Marx, Engels, Lenin o Stalin. Con respecto a tu crítica, efectivamente, el federalismo siempre fue una forma de organización estatal criticada por Lenin, lo que puede parecer paradójico teniendo en cuenta que las primeras Repúblicas soviéticas se constituyeron como Repúblicas Socialistas Soviéticas Federativas. Pero esto no es en absoluto una “contradicción” de la política leninista sobre la cuestión nacional, el Estado y la construcción del socialismo en la República soviética, sino un exponente claro de la flexibilidad táctica del marxismo-leninismo a la hora de acometer el proceso de construcción socialista. Para entender todo esto mejor es indispensable repasar brevemente, desde el punto de vista histórico, el proceso por el que la Rusia soviética y el resto de Repúblicas proletarias del antiguo Imperio ruso conformaron una red política plurinacional.

              Comencemos recordando que 1920 fue un año decisivo en la historia de la política soviética en relación a la cuestión nacional. Tras el final de la guerra civil y el inicio de un periodo de consolidación y reestructuración social y política en territorio soviético, el derecho de autodeterminación (con ese derecho implícito “a la separación” del que siempre había hablado Lenin) se conjugó más que nunca con el “derecho a unirse”. El rechazo absoluto a cualquier tipo de discriminación por cuestiones nacionales o étnicas se reforzó aún más como principio soviético y socialista para la construcción del nuevo Estado proletario y para permitir el progreso político y económico para los territorios (naciones y regiones) más atrasados del antiguo y vasto Imperio ruso.

          Según afirmaba ya en 1918 Stalin, el Comisario del Pueblo para las Nacionalidades, “el peligro de una rusificación impuesto se ha desvanecido; nadie está interesado ya en fortalecer a una nación a expensas de otra… Nadie piensa en atacar a nadie o en privarle de sus derechos nacionales” (Zhizn Natsionalnostei, núm. 8, 29 de diciembre de 1918). El impresionante e inédito desarrollo social, político y económico que protagonizaron las naciones y regiones más atrasadas de la URSS en la década de los 30 y 40 estuvo muy condicionado por la acertada política nacional implementada por Lenin y -sobre todo- por Stalin. De hecho, como ha demostrado  Domenico Losurdo en Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, multitud de historiadores (no precisamente marxistas) han reconocido que jamás ha habido en la historia un Estado, como el soviético, que haya llevado adelante un ambicioso programa de desarrollo socio-económico y político para hacer efectivo el derecho de todas las naciones a la igualdad. Es interesante recordar en este sentido lo que Stalin escribió sobre esta cuestión en octubre de 1920:

              “Uno de los obstáculos más serios para la realización de la autonomía soviética es la aguda escasez de fuerzas intelectuales de origen local en las regiones periféricas, la falta de instructores en todas las ramas del soviet y de la actividad del partido, sin excepción. Esta escasez no puede más que estorbar tanto la labor educadora cuanto la obra constructiva revolucionaria en estas comarcas de la periferia” (Obras completas, iv, p. 360).

           Un dato histórico introducido por el historiador E. H. Carr que interesa para fundamentar nuestra exposición. La región del Turquestán, en lugar de seguir siendo un proveedor de algodón para Moscú y Petrogrado, gracias a la política nacional bolchevique llegó a tener sus propias industrias algodoneras. Pero más importante aún fue la promoción formidable de derechos políticos y culturales de minorías nacionales anteriormente esclavizadas por el Estado ruso y en la barbarie más absoluta. De esta forma, dichas naciones llegaron a constituir sus propios Soviets nacionales, disfrutaron de los mismos derechos nacionales que los rusos y pudieron ver algunas de sus lenguas con sistemas alfabéticos que anteriormente ni siquiera existían. Bien, pues todo esto solo fue posible por una concepción nacional escrupulosamente respetuosa con el internacionalismo proletario y con una posición flexible y correcta sobre el federalismo.

              Hacia finales de 1920, la cuestión nacional adoptó en el antiguo territorio del Imperio ruso tres formas. En primer lugar, antiguos territorios de Rusia pasaron a independizarse completamente, como Finlandia, Estonia, Lituania, Letonia, Polonia, la Besarabia anexionada por Rumanía y el territorio cedido al Estado turco en el tratado de Brest-Litovsk. En segundo lugar, existió una serie de entidades territoriales (20 unidades autónomas pobladas principalmente por no rusos y musulmanes) que se agrupaban en torno a la República Soviética Federal Socialista Rusa (República que contaba con el 92% del área y el 70% de la población que iba a ser incluida en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). En tercer lugar, hubo varios Estados separados con independencia efectiva: las Repúblicas Soviéticas Socialistas de Ucrania y Bielorrusia, las de Azerbaiyán, Armenia y Georgia; la del Extremo Oriente (cuya capital era Chita) y, por último, las dos Repúblicas de Jorezm y Bujara en Asia central (no obstante, cabe decir que los recientemente separados estados de Georgia y del Extremo Oriente constituían todavía repúblicas burguesas controladas por el menchevismo).

           Stalin, que en ese momento era Comisario del Pueblo para los Asuntos de las Nacionalidades, realizó una declaración en Pravda de un amplio calado político:

            “Tres años de Revolución y de guerra civil en Rusia han demostrado que sin el apoyo mutuo de la Rusia central y sus comarcas periféricas la victoria de la Revolución es imposible, e imposible la liberación de Rusia de las garras del imperialismo (…) La supuesta independencia de las llamadas independientes Georgia, Armenia, Polonia, Finlandia, etc., no es más que una apariencia engañosa que enmascara la completa dependencia de estos -perdóneseme el término -estados, de este o el otro grupo de imperialistas”.

              Por supuesto, los bolcheviques respetaron escrupulosamente el derecho a la separación de las diferentes naciones del liquidado Imperio ruso, pero la cuestión esencial no eran ya los derechos, sino los intereses de las masas explotadas que implicaban que -continuaba Stalin- “la demanda de separación de las comarcas periféricas” era “profundamente contrarrevolucionaria en la presente etapa de la Revolución”. Como es bien sabido, Stalin, que seguramente era el mayor experto bolchevique en la cuestión nacional, combatió abiertamente la posición reaccionaria de la “autonomía nacional-cultural”, abogando por la solución de “la autonomía regional de las comarcas periféricas”.

                   Un ejemplo claro de conjunción de derechos nacionales y unidad proletaria por encima de barreras nacionales lo tenemos en el ejemplo de la República Socialista Soviética de Ucrania, que tenía sus representantes en el Comité Ejecutivo de toda la Unión y en el Congreso de Soviets de toda Rusia, en el cual residía la autoridad última sobre los comisariados unificados.

                  Sin embargo, no es cierto, como afirmas, que la federación fuera la única -o la más importante- forma estatal presente en la constitución de las diferentes Repúblicas soviéticas. En realidad, los tratados constitucionales aprobados entre, por un lado, Bielorrusia, Ucrania y las tres Repúblicas transcaucásicas, y la República propiamente rusa, por otro lado, contenían características mezcladas de federalismo, alianzas y Estado unitario. Para comprobar esto, fijémonos de nuevo en la peculiar posición de Ucrania con respecto a la Rusia soviética. Según se cita en el órgano Izvestiya, el 13 de agosto de 1922:

               “La política extranjera de Ucrania no tiene y no puede tener más intereses que los que le son comunes con Rusia, que es precisamente un estado proletario como Ucrania. La heroica lucha de Rusia, en total alianza con Ucrania, en todos los frentes, contra los imperialistas internos y externos, da ahora lugar a un frente diplomático igualmente unido. Ucrania es independiente con respecto a su política extranjera cuando se trata de sus propios intereses especiales, pero, en cuestiones que son de interés común político y económico para todas las repúblicas soviéticas, los comisariados ruso y ucraniano para Asuntos Exteriores actúan como un poder federal unido” (las negritas son nuestras).

                 Tras los problemas acaecidos en Georgia (no entraremos en el análisis de esta cuestión, pues este es un tema largo y complejo), Orjionikidze, especialista georgiano del PC (b) de Rusia, emprendió una campaña para expresar la necesidad, no de una federación de Repúblicas, sino de una única República federal. Tras haber demostrado el nuevo poder bolchevique, por un lado, que era absolutamente escrupuloso con los derechos nacionales de los distintos pueblos de la antigua Rusia, el Estado soviético, haciendo gala de un internacionalismo proletario radical, consiguió que, el 13 de diciembre de 1922, la República ucraniana y la de Transcaucasia adoptaran acuerdos simultáneos para crear una Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas. Finalmente, la autoridad soberana se trasladaba a un nuevo Congreso de Soviets de toda la Unión y el Congreso de Soviets de toda Rusia seguía siendo el organismo supremo de la RSFSR, que quedaba ahora subordinada a toda la Unión.

                    La nueva Constitución soviética reconocía el derecho de secesión (¡algo que ni siquiera es respetado en  los Estados federales democrático-burgueses, al menos en su inmensa mayoría!), determinando de forma explícita que este derecho no podía suprimirse sin el consentimiento de todas las Repúblicas de la Unión.

               Por tanto, compañero, aunque es cierto que la URSS -por el abigarrado y complejo mapa multinacional del enorme Imperio ruso- se constituyó con el uso de ciertas formas federales, tanto Lenin como Stalin siempre expresaron la necesidad de constituir un Estado proletario unitario que, por supuesto, respetara los derechos políticos y culturales de las diferentes naciones que constituían ese Estado. Y es que el federalismo es, por su propia naturaleza, un formato estatal que no está en consonancia ni con las necesidades económicas del socialismo ni con la imperiosa necesidad que tienen las masas explotadas de contar con un Estado centralizado, unitario y lo más amplio posible.

               Más adelante afirmas en tu crítica lo siguiente:

           El problema es que parece que hagan descansar la conciencia de clase y de unidad obrera en la forma política y jurídica que tome el Estado socialista, y no en el Partido y en la línea ideológica y política que éste marque, como si hubiese una desconfianza estructural en el Proletariado revolucionario y se considere cualquier manifestación organizativa territorial como una consecuencia y una causa al mismo tiempo de concepciones disgregadoras de la unidad de clase.

                 No, compañero, la cuestión es que nosotros no separamos la cuestión político-jurídica del Estado socialista con la línea y el programa del Partido de nuevo tipo. No olvidemos que la concepción marxista-leninista sobre la cuestión nacional descansa en dos principios que deben complementarse en todo momento (y que, por tanto, no deben entenderse como entidades separadas desde el punto de vista ideológico-político): el derecho a la autodeterminación nacional (que implica -en última instancia aunque no solamente- el derecho a la separación, a la creación de un nuevo Estado) con el principio del internacionalismo proletario, es decir, con la necesidad de que los obreros se unifiquen desde el punto de vista ideológico y político.

                 En el caso concreto del Estado español, los comunistas hemos de defender la autodeterminación nacional como un principio indispensable del internacionalismo proletario, pero la cuestión de la conveniencia de un Estado socialista unitario (insistimos: con el derecho de autodeterminación como premisa ineludible para la unidad de los proletarios de las diferentes naciones de España) tiene que ver con lo ya expuesto por el marxismo-leninismo sobre la necesidad de construir Estados lo más amplios y centralizados posible, huyendo de dinámicas federalistas que disgregan la unidad política proletaria y obstaculizan la construcción del socialismo, como ya explicamos anteriormente al hablar de la visión marxista-leninista sobre el federalismo.

              Pero no es que nosotros propongamos ese Estado socialista unitario por entender al Estado español como una realidad inmutable, sino porque la burguesía española tiene al Estado español como aparato de dominación sobre el proletariado de las diferentes naciones de dicho territorio. Si la dominación de la burguesía española se ejecuta con el aparato de dominación estatal español, ¿por qué los proletarios de las diferentes naciones de España tienen que constituir sus propios Estados independientes? ¿Y por qué razón deben tener los proletarios vascos, gallegos, catalanes o españoles diferentes partidos comunistas, si el Estado burgués que los oprime a todos sí está unificado? No se trata de “desconfianza estructural respecto a los pueblos”, sino de entender que el proletariado del Estado español es mucho más potente si se organiza desde el punto de vista estatal, pues es estatalmente como la burguesía española se organiza para esclavizar a los obreros catalanes, vascos, gallegos, canarios o españoles.

           ¿Qué sucedió durante la Revolución de Octubre, como estudiamos anteriormente? Pues fue la resolución del octavo Congreso del partido de 1919 en la que se estableció que el reconocimiento de las Repúblicas soviéticas de Ucrania, Letonia y Bielorrusia no supondría en ningún caso la organización de partidos comunistas independientes (¡ni siquiera sobre la base de una federación!). Más aún: en dicha resolución se determinó que los comités centrales de los comunistas de Ucrania, Letonia y Lituania disfrutasen de los derechos de comités regionales del Partido y estuviesen subordinados al Comité Central del Partido Comunista de Rusia (VKP [B] v Rezoliutsiyaj [1941]). Y es que los bolcheviques entendieron a la perfección que no era posible la unidad ideológica y política del Partido -como fusión del socialismo científico y las masas proletarias- sin la unidad orgánico-estatal de la organización revolucionaria. Es decir, según la posición bolchevique no podía haber unidad obrera plurinacional si cada proletariado nacional se dotaba de su propio Partido; es más, tampoco se admitía el federalismo en el seno del Partido proletario.

                   Más adelante expresas lo siguiente:

                  El caso de la visión que ofrece RoB es parecido, pero a la inversa, en lugar de fobia a la convergencia formal fobia a la divergencia formal, y trasladada a la ideología comunista: si no hay unidad política-territorial en el Socialismo, o mejor dicho, una unidad político-territorial determinada, parece que no pueda haber unidad proletaria. ¿Acaso una España socialista y una Grecia socialista dejarían de colaborar, dinamitarían la unidad obrera entre ellas, se ignorarían o se atacarían por el hecho de no tener unidad política? ¿Sus Partidos no tendrían en sus raíces ideológicas la unidad obrera internacionalista e internacional, y no estarían unidos por la misma organización, la Internacional Comunista? Entonces, ¿por el hecho de tener en el Estado español una organización formal no unitaria, tendría que llevar a los obreros a pelearse entre ellos o a funcionar peor? ¿La creación del PSUC en su momento dividió al Proletariado del Estado español? ¿o más bien, unió al Proletariado de Cataluña?

               Insistimos: no se trata de unidad territorial per se, sino de unidad proletaria sobre el marco de actuación estatal, no nacional, que es donde la burguesía española explota y oprime al proletariado de todo el Estado. La burguesía griega no está organizada en el mismo Estado que la española, luego, desde el punto de vista formal y a corto plazo, la unidad político-territorial entre los proletarios de los Estados español y griego no es factible. Por supuesto, una vez que el socialismo triunfe en distintos Estados, será posible establecer diferentes formas de alianza directa entre unos Estados obreros y otros. Y, previamente, con la reconstitución de la Internacional Comunista -que no se puede disociar de la reconstitución de los movimientos comunistas de los distintos Estados, pero que es la forma cualitativamente superior del movimiento obrero revolucionario-, podrá haber una unidad efectiva y real entre los destacamentos más avanzados de los proletarios de todos los países.

              Vuelves a separar, a nuestro juicio de forma mecanicista, la cuestión de la unidad ideológica de la necesidad de tener el Estado burgués español como marco de actuación para la reconstitución del Partido Comunista y la lucha revolucionaria. Sobre el PCE y el PSUC, debemos recordarte que no fueron pocos (como Togliatti, por ejemplo) quienes detectaron multitud de problemas por el fraccionamiento organizativo del proletariado español en dos partidos comunistas en un territorio, como el español, donde la burguesía atacaba a las masas populares de forma unitaria y centralizada. Por otro lado, es un error (aunque esto no lo aclaramos por ti, sino porque creemos que sigue siendo un error aún no rectificado) pensar que no hay respeto por el derecho de autodeterminación nacional donde hay una línea que aboga por reconstituir un Partido de ámbito estatal y no nacional. La cuestión debe estar siempre supeditada a la lucha de clases, a la construcción del socialismo, por lo que, efectivamente, la constitución de diferentes partidos comunistas nacionales en el Estado español debilitaría al conjunto del proletariado, pues -repetimos- la burguesía monopolista española no se organiza y centraliza de forma nacional, sino de forma estatal.

                    En el texto hablan de naciones oprimidas, y éste es un término erróneo. En un Estado imperialista, como es España, no hay naciones oprimidas. Las naciones oprimidas son las coloniales o semi-coloniales. En el Estado español lo que hay son características nacionales oprimidas, las cuales el imperialismo ataca, reprime e intenta hacer desaparecer, características que entrebancan su unidad de mercado. Y esta opresión a las características nacionales se refleja en una opresión lingüística, cultural o incluso territorial. El hecho que el imperialismo despoje a Madrid de su condición de ciudad y capital castellana sería un reflejo de la orpesión imperialista a las características nacionales a este pueblo, pero no por ello tendríamos que afirmar que Castilla es una nación oprimida; ni Castilla, ni el País Vasco, ni Cataluña, ni Galicia. De lo contrario, estaríamos confundiendo colonialismo con imperialismo. Y esto es un hecho que deja claro que esa opresión nacional es en realidad una opresión de clase; nacional de forma, clasista de fondo. Por lo tanto, vemos que el tema nacional es un tema ideológico, y como tal lo han de tratar los marxistas, a priori de la creación del Partido, y no como se insinúa, a posteriori de la victoria y la creación del Estado socialista.

                   Aquí introduces una categorización que, sinceramente, jamás habíamos leído. ¿En el Estado español no hay naciones oprimidas, sino “características nacionales oprimidas”? Pero ¿esas “características nacionales oprimidas” no tomarían la forma de determinadas naciones? ¿Cómo se organiza entonces esa opresión? En nuestra opinión, es este un galimatías que no lleva a ningún sitio. En todo caso, es cierto que la realidad nacional de nuestro Estado es muy peculiar, y decimos esto porque, según Lenin, en la Europa occidental ya estaban cumplidas -a principios del siglo XX- todas las tareas democrático-nacionales pendientes. Pero nosotros, como tú también defendías acertadamente al principio de tu crítica, no tomamos la obra de Lenin cual cristiano al leer la Biblia, sino que entendemos que hay elementos que Lenin no pudo analizar a fondo -al menos, que nosotros sepamos-, como es la realidad plurinacional del Estado español.

             Pero, partiendo de la base de que España es un país imperialista (de segundo orden, pero imperialista al fin y al cabo), donde hay naciones que no tienen el derecho de separarse de una nación dominante hay, desde el punto de vista marxista-leninista, opresión nacional. Podemos hablar de “características nacionales oprimidas”, pero, en nuestra opinión, cambiarle el nombre a una cosa no hace que la cosa en sí cambie. Bien es cierto que esa opresión nacional es sustancialmente diferente de la opresión que todavía hoy sufren multitud de países dependientes sacudidos por el yugo del imperialismo, pero la cuestión es que ni Galicia, ni Euskal Herria, ni Cataluña, ni Canarias tienen hoy el derecho reconocido de autodeterminación.

                     Seguidamente afirmas lo siguiente:

        Otro término empleado que considero erróneo es el de derecho de autodeterminación de las naciones. El derecho de autodeterminación no es un derecho de las naciones, sino de los pueblos, y ésta es una diferencia substancial. Un pueblo es una comunidad humana básica formada a lo largo de la Historia y que se reconoce a sí misma, que puede compartir características nacionales con otros pueblos vecinos, el conjunto de los cuales puede ser considerado una nación, y cada uno de esos pueblos tendrá el derecho de decidir el grado de implicación política con los otros pueblos en la construcción política de esa nación. Pero no es el conjunto de la nación quien ha de decidirlo. Por ejemplo: el País Valenciano, las islas Baleares (o cada una de sus islas) y Cataluña son pueblos que en conjunto forman la nación catalana, llamados popularmente Países Catalanes. El derecho de autodeterminación, pero, no lo ha de ejercer el conjunto de la nación catalana, sino cada uno de sus pueblos. El pueblo valenciano, por ejemplo, será quien decida su futuro, como pueblo que es, y decidirá el grado de implicación en la articulación política de esa nación. O también, será el pueblo andaluz, o el pueblo castellano, o el pueblo murciano, los que decidan su futuro, y no el conjunto nacional que forman entre ellos, español si lo quieren llamar así. Y esta insuficiencia en la comprensión del derecho de autodeterminación deriva en una insuficiencia en la aplicación efectiva y real de este derecho. El derecho de autodeterminación ha de traducirse en una realidad política concreta y material, en una entidad, y en el estado español, por nuestra realidad territorial y nacional, asimiladas las experiencias socialistas internacionales y en vistas a una articualción del Proletariado para la consecución de la victoria, esta realidad concreta ha de ser la República en los países o naciones que forman parte, articulándose y fusionándose entre ellas en una Unión de Repúblicas, como lo era la URSS y otros Estados socialistas europeos plurinacionales, sin olvidar la posibilidad de independencia si eso favorece la implantación del Socialismo en un país determinado del Estado español, debido a una lucha más avanzada en ese determinado territorio.

              En primer lugar, vuelves a introducir categorías que nos parecen completamente ajenas al tratamiento marxista-leninista sobre la cuestión. ¿Derecho de autodeterminación de los pueblos en lugar de derecho de autodeterminación de las naciones? Bien, esa diferenciación nos parece arbitraria y profundamente errónea. Desde que el derecho de autodeterminación nacional fuera proclamado en el manifiesto inicial del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, en su congreso fundacional de 1898 -así como, anteriormente, por una resolución del Congreso de Londres de la Segunda Internacional, en 1896-, todos los comunistas usaron de forma indistinta la categoría de nación y pueblo para referirse al derecho democrático-burgués de autodeterminación. Por lo demás, todos los escritos de Lenin y Stalin insistían en el derecho de las naciones a poder elegir si continuaban formando parte de un Estado o no.

        Sobre lo que comentas de la URSS, no se puede olvidar analizar -como anteriormente hicimos al estudiar el federalismo y la cuestión nacional en territorio soviético- y contextualizar la forma peculiar en que el Estado soviético hizo uso del formato federal para terminar unificando a las diferentes Repúblicas proletarias. En cuanto al desigual avance del movimiento revolucionario entre territorios que comentas, consideramos que, efectivamente, es un hecho objetivo que determinadas zonas estén en un estadio de la lucha más avanzado. Sin embargo, ello no es justificación para romper la cohesión política del proletariado estatal, puesto que el enlace político-organizativo de éste, expresado en Partido Comunista, actúa siempre como una correa de transmisión del contagio revolucionario y nunca como una traba.

            Los compañeros del MAI, y no se si de RoB también, consideran China como la experiencia revolucionaria cualitativamente superior, por encima de la URSS. No se si debido a ésto, es por lo cual en el escrito de RyB abogan por una República unitaria en el Estado español como entidad política que resulte de la Revolución. Pero China tenía una realidad histórica, social y nacional diferente a la URSS. China venía de un pasado feudal y colonial, y allí no primaban las nacionalidades, como en el imperio ruso, sino las etnias, y continúan primando. Las etnias no tienen un soporte territorial o lingüístico como el que tienen las nacionalidades o las naciones, fijadas por el territorio y la lengua, sino que es una ligazón diferente, más primitiva y menos desarrollada. Por lo tanto, la traducción política de la entidad que dé soporte a la Revolución socialista en un país como China no puede tomarse como ejemplo para esa entidad de la Revolución en el Estado español. Aquí la sociedad no está articulada por etnias, ni tan sólo por nacionalidades, sino por naciones, y más concretamente, por pueblos, que territorialmente forman países, a los cuales hay que dotar de una entidad política en el ejercicio de su derecho de autodeterminación. Pero reivindicar una fórmula como la República unitaria, por una posible influencia de China, de forma mimética y metida con calzador, no tiene ningun sentido.

         Sí, nosotros consideramos la experiencia china como la experiencia cualitativamente superior en la construcción del socialismo, aunque ello no nos lleve a considerar el maoísmo como “tercera y superior etapa del socialismo científico” ni desdeñemos las aportaciones fundamentales de otras experiencias, como la albanesa y, evidentemente, la soviética, en el acervo internacional del proletariado revolucionario. Es cierto que la cuestión nacional en China era muy diferente a la de la URSS, pero ambas experiencias deben servirnos, no para mimetizar uno y otro modelo (algo antidialéctico, teniendo en cuenta que cada país debe adaptar la táctica revolucionaria a sus condiciones sociales, políticas, económicas, nacionales, históricas, etc.), sino para aprender sobre cómo uno y otro pudo triunfar y consolidarse mediante la fusión revolucionaria del respeto a la autodeterminación nacional y el internacionalismo proletario.

                 Este reconocimiento a los pueblos y a las naciones, esta necesidad de hacer descender el tema a un nivel de discusión ideológica, no es por capricho ni por deseo de concesiones del comunismo a una visión romántica de las naciones, sino como adaptación y potenciación del Proletariado y su lucha revolucionaria dadas las circunstancias actuales para poder constituir y construir (yo diría crear, pero ese ya es otro tema) el Partido como herramienta útil y capaz de conseguir la victoria en el Estado español e implantar el Socialismo mediante la Dictadura del Proletariado.

               Para finalizar, en esto coincidimos plenamente, pero insistimos en la idea de que, ni en la cuestión nacional ni en ninguna otra de interés para la clase explotada, se puede separar de forma rígida el aspecto ideológico del político-organizativo, tanto a nivel de Partido y frentes de masas como a nivel de marco de actuación revolucionario. Estamos seguros, compañero, de que, a pesar de las evidentes diferencias entre tus planteamientos y los nuestros, el objetivo en el que coincidiremos al final los marxistas-leninistas consecuentes del Estado español será el de “constituir” -aunque, precisamente porque ya tuvimos un movimiento y un Partido comunistas, habría que hablar de “reconstituir”- “el Partido como herramienta útil y capaz de conseguir la victoria en el Estado español e implantar el Socialismo mediante la Dictadura del Proletariado”.

          Por último, como forma de continuar el debate, no queremos desperdiciar la ocasión para proponer -a ti y al resto de comunistas del Estado que puedan leernos- el debate interesantísimo, mantenido entre 1999 y 2000, entre los camaradas del Partido Comunista Revolucionario del Estado español y la Plataforma por la Constitución del Partido Comunista de Euskal Herria. Concretamente, nos referimos al número 22 de La Forja, el órgano de expresión de esta organización. Si no lo has leído aún, observarás que el debate que hemos mantenido es muy parecido, al menos en esencia, a la crítica expuesta por el PCREE sobre la cuestión nacional en el Estado español. Podrás encontrar el texto en este enlace: http://pcree.net/ (haciendo clic en “Edición impresa” y, posteriormente, en el nº 22).

              Saludos revolucionarios,

              Revolución o Barbarie