En torno al Antiimperialismo y la Liberación Nacional en la actualidad.

En el presente trabajo, queremos presentar una serie de reflexiones generales sobre las cuestiones, de vital importancia en el avance del proceso revolucionario del proletariado, de la lucha antiimperialista y de la liberación nacional (que están muy ligadas entre sí), con el fin de contribuir a su análisis colectivo por parte de la vanguardia teórica, teniendo en cuenta las condiciones generales de la época actual.

Sin menoscabo de que en el futuro desarrollemos análisis más profundos y detallados, este será de carácter muy general y para ir situando la cuestión en un marco de partida que resulte válido para irlo desarrollando progresiva y colectivamente.

Como venimos afirmando desde este espacio de “Revolución o Barbarie” la etapa actual es, desde el punto de vista del Movimiento Revolucionario del Proletariado, una etapa marcada por la derrota del que podemos denominar como Ciclo Revolucionario de Octubre y en el que el MC ha quedado derrotado, inmovilizado y desorientado en muy gran medida, tanto a nivel internacional como en la mayoría de los países y naciones.

El Movimiento Comunista ya no es está a la ofensiva a nivel internacional, como lo estuvo en el Ciclo de Octubre. Sólo hay ofensivas revolucionarias, muy prometedoras pero de corto alcance todavía, en unos pocos territorios. Ya no existe la Internacional Comunista ni nada que se le asemeje en cuanto a estructura y funciones como “Cuartel General” del Proletariado Revolucionario Internacional. Ya no hay ninguna potencia socialista ni ninguna alianza de Estados socialistas que pueda asistir de alguna manera a los brotes y movimientos revolucionarios locales. Es más, ya no hay casi verdaderos partidos comunistas en el mundo, sino que lo que existe mayoritariamente son las ruinas y residuos, desorientados e incapacitados revolucionariamente, del Ciclo de Octubre y un incipiente movimiento entre la vanguardia teórica, consciente de esta realidad, por la reconstitución de todo el Movimiento Revolucionario del Proletariado tras la derrota o agotamiento del Ciclo de Octubre.

Todo eso, que fueron posiciones y victorias logradas por el Movimiento Revolucionario Internacional, con mayor o mejor fortuna y acierto y mayor o menor nivel de desarrollo, ha desaparecido, derrotado por el imperialismo, los inevitables errores acumulados y, en enorme medida, por la penetración burguesa en el marxismo-leninismo en forma de revisionismo.

Cierto es que la derrota no ha sido total, hasta llevar a la extinción todo rastro de marxismo-leninismo y de su capacidad o potencial revolucionario, pero sí ha sido lo suficiente para considerarla una derrota grande, muy extensa y temporal que aún no ha sido superada, ni siquiera comenzada a superar.

Y todo esto obliga a redefinir muchos aspectos de la realidad que afectan a la praxis revolucionaria, entre los que se encuentra como uno de la mayor importancia la lucha antiimperialista y por la liberación nacional, dado que ahora el avance del imperialismo está libre de las trabas que le imponía la pasada ofensiva revolucionaria de proletariado a nivel internacional, incluso cuando ya la práctica totalidad de lo surgido de Octubre era presa del revisionismo antes de ser liquidadas por completo sus conquistas.

La lucha antiimperialista y por la liberación de las naciones oprimidas es, en consecuencia, una necesidad revolucionaria objetiva de la mayor importancia, pero, desgraciadamente, el enfoque de este tema entre buena parte de los comunistas de la actualidad está distorsionado por los remanentes del ciclo revolucionario ya cerrado y por el revisionismo que lo devoró (y sigue devorando en la actualidad) desde dentro.

Como consecuencia de esa deformación, introducida principalmente por el revisionismo de origen soviético, se tiende demasiado a considerar el imperialismo sólo o muy principalmente desde su aspecto de opresión y explotación de la mayoría de los Estados del mundo por parte de los Estados imperialistas, olvidando que el origen de ese fenómeno en el imperialismo actual está en el carácter de éste como la etapa superior del capitalismo y que , por tanto, esa opresión y explotación es inseparable de la naturaleza básica del imperialismo.

Fruto de esa deformación, que se centra en un aspecto secundario del imperialismo, erigiéndolo como su característica principal o su naturaleza esencial, incluso, se empezó a plantear el antiimperialismo en todo el MC que participó del revisionismo como la lucha por liberarse de la dominación del propio Estado por parte del Estado o alianza imperialista que lo somete, con el fin de emprender un desarrollo propio como Estado plenamente soberano, siendo este el objetivo estratégico a lograr y supeditando a él toda la estrategia subsiguiente.

Las potencias y países revisionistas elaboraron, como aporte supuesto del proletariado revolucionario internacionalista a la lucha antiimperialista, el concepto de “vía de desarrollo no capitalista” para establecer en los Estados que lograran éxito en aquella lucha antiimperialista, vista como liberación del yugo que le imponía la dominación del Estado o polo imperialista correspondiente, pues resulta evidente que para lograr esa liberación efectiva es necesario no sólo el romper los lazos políticos con el imperialismo, sino también los lazos económicos, para que la liberación del imperialismo no fuera sólo formal o político-jurídica.

Para asistirles en esa “vía de desarrollo no capitalista”, que tampoco era socialista (ni carne, ni pescado, vamos, aunque no se sepa cómo eso era y es posible), ya estarían ahí las potencias revisionistas, que apoyarían al gobierno resultante de la alianza nacional “antiimperialista” en el desarrollo de la etapa democrático-popular mediante la cual se iría consolidando la ruptura de los lazos imperialistas y la construcción de un modelo económico y político independiente del imperialismo, que se iría encaminado, con ayuda revisionista externa, hacia el socialismo de manera “democrática”, relativamente pacífica y gradual.

De este modo, no habría necesidad de agrupar a los sectores antiimperialistas nacionales en torno a un programa del proletariado revolucionario que pusiera como objetivo estratégico el Comunismo (pasando por la etapa democrático-popular bajo dirección del proletariado revolucionario), cosa a menudo nada fácil ni rápida de lograr en países atrasados y carentes de mayoría proletaria y en el que la correlación de fuerzas le sería en principio desfavorable al proletariado revolucionario. Así, con esa ayuda “antiimperialista” externa proporcionada por los “países socialistas”, se podría llegar al objetivo bajo una alianza interclasista, patriótica y antiimperialista no dirigida por dicho proletariado revolucionario, sino por los sectores antimonopolistas y nacionalistas de la burguesía nacional, que se iría encaminando por la “vía de desarrollo no capitalista” gradualmente hacia una especie de “socialismo por vías pacíficas y democrático-populares”. Es decir, se esquivaba la dictadura del proletariado y se creaba una supuesta nueva vía pacifica y “democrática” al socialismo. Eso, supuestamente haría más fácil articular la lucha antiimperialista, debilitando más rápidamente la cadena imperialista mundial y logrando un avance indirecto y más seguro del socialismo en el mundo, con la colaboración de los sectores burgueses y populares nacionalistas y antimonopolistas, pero no necesariamente socialistas ni consecuentemente revolucionarios, pero que aceptarían las reformas “no capitalistas” bien “dosificadas” y llevados por la necesidad de independencia respecto del imperialismo.

Es evidente que el fomento de ese tipo de “antiimperialismo” debilitaba temporalmente, al menos, la cadena imperialista internacional, que es algo siempre deseable y necesario para ser aprovechado por la ofensiva del proletariado revolucionario, que en la época del imperialismo vence conquistando el poder en los Estados burgueses debilitados, en los eslabones débiles de la cadena imperialista. Pero en esa época, ocurre que la ofensiva proletaria internacional había sido desplazada de la escena por el revisionismo organizado internacionalmente, como bien ha demostrado la historia reciente. Con lo que, a la larga, ha fortalecido de hecho el dominio imperialista del mundo.

El asunto de la liberación nacional, tan a menudo conectado en la actualidad de manera directa con el imperialismo, se enfocaba de forma sumamente parecida por parte del pretendido MC, que era en realidad ya Movimiento Revisionista para la erradicación encubierta del socialismo. Y que en realidad lo único que lograba (porque así lo pretendía) era el fortalecer los intereses geoestratégicos de las potencias revisionistas en su competencia contra las abiertamente imperialistas.

Pues bien, esa farsa, ese batiburrillo de falsedades antirrevolucionarias y por ello, revisionistas (apelando al marxismo-leninismo, provocaban su desactivación revolucionaria frente al imperialismo, de hecho) se ha traspasado casi sin modificación alguna a nuestra época en la mayor parte del supuesto MC, en la que no existen ya ni potencias socialistas, ni la IC, ni siquiera potencias revisionistas que jueguen a ser antiimperialistas y revolucionarias.

Como consecuencia, llegan a presentarse y a apoyarse como luchas antiimperialistas y de liberación nacional todas aquellas en que unos determinados sectores burgueses, apoyados por sectores populares, sólo están persiguiendo el zafarse del dominio sobre el propio Estado o nación de un Estado o alianza imperialista, sin que esa lucha se haga necesariamente bajo dirección del proletariado revolucionario, si no que basta con sólo que apele al “antiimperialismo”, a la “liberación nacional” y, eso sí, a algún tipo vago, raro y supuestamente “democrático” de “socialismo”o de “democracia popular”. Un caso paradigmático muy claro en la actualidad es el de “Venezuela Bolivariana”, por ejemplo, tan aplaudido y apoyado, “críticamente” o sin “peros” de ningún tipo, por una parte considerable de los autodenominados “partidos comunistas” de buena parte del mundo.

Y con ello se obvia que, efectivamente, con ese tipo de luchas se debilita temporalmente el polo imperialista que sometía y oprimía ese Estado o nación, pero que en ausencia de verdadero MR a la ofensiva, no hay forma revolucionaria de aprovechar ese debilitamiento temporal de la cadena imperialista. Durará lo que el polo imperialista desgarrado tarde en recuperarse del golpe y responder de una u otra forma, lo que tarde el nuevo Estado “libre” en depender de otro polo imperialista o lo que tarde en desarrollarse a sí mismo como Estado imperialista. Lo que antes suceda.

Se obvia también que, siendo en realidad el imperialismo la fase superior del capitalismo y que todos sus males y manifestaciones concretas surgen de esa base, la única forma de lucha verdaderamente antiimperialista, consecuente y hasta el final, es la lucha comunista, el avance del Socialismo Científico a nivel mundial. En otras palabras, que no hay más antiimperialismo que el marxismo-leninismo.

Y, por último, se obvia que sólo la lucha revolucionaria agrupada, organizada y dirigida entorno a y por el PC es la que puede llevar a cabo el antiimperialismo en cada rincón del mundo, al destruir el capitalismo (del que el imperialismo es “sólo” su fase superior de desarrollo) mediante la edificación del Comunismo.

La Internacional Comunista siempre defendió a los “movimientos nacional-revolucionarios” de los países oprimidos y de las colonias, pues estos movimientos, a pesar de que no podían ser aún genuinamente proletarios y revolucionarios, suponían un obstáculo para la dominación imperialista de gran parte del planeta y, en ese sentido, coadyuvaba al fortalecimiento de los lazos entre el Estado soviético, el proletariado internacional y las masas oprimidas de los países oprimidos. A eso se aferran quienes defienden el apoyo a las luchas antiimperialistas actuales carentes de dirección proletaria revolucionaria. Y lo que olvidan estos herederos directos del revisionismo es que ya no existe ninguna de las condiciones del MCI que la IC tenia en cuenta cuando elaboró esa postura. Y olvidan que la situación empezó cambiar radicalmente con la desaparición de la IC y con la victoria revisionista en el seno de la mayoría MC y de los países socialistas. No digamos ya con la derrota actual, que ha llevado a la inexistencia del MCI. Por todo ello, esa postura no es valida en la actualidad.

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En conclusión, que sólo mediante la reconstitución del PC y del MR en cada territorio, así como del Movimiento Revolucionario Internacional es que se podrá reconstituir las verdaderas luchas antiimperialista y de liberación nacional, organizadas en torno al PC en todos y cada uno de los casos, pues sólo el avance en la senda del Socialismo Científico, de la praxis marxista-leninista, lleva a completar los procesos y fases necesarios para erradicar el imperialismo y toda forma de opresión al avanzar en la edificación de la sociedad comunista.

Creemos que sin esa base, el antiimperialismo y la liberación nacional son espejismos que se desvanecerán en una reorganización del desarrollo concreto imperialista, pues si no se construye el comunismo, en la actualidad sólo se puede estar desarrollando el capitalismo, que ya alcanzó la fase imperialista hegemónica hace mucho tiempo. Lo único que se habrá logrado si no, es alterar el desarrollo imperialista en curso hasta el triunfo de esas falsas luchas “antiimperialistas” y de “liberación nacional”.

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