Mali y el imperialismo

Según relata la edición digital del diario francés Le Figaro (periódico entre cuyo accionista mayoritario se encuentra el grupo armamentístico galo Dassault) el 13 de enero de 2013, las tropas francesas continúan con su “intervención” imperialista en Mali, país africano cuyas abundantes reservas de oro, uranio, fosfato y sal son muy codiciadas por todos los buitres imperialistas. Según ha afirmado Laurent Fabius, el ministro de Asuntos Exteriores galo, se mantiene el ataque sobre “posiciones salafistas” para “asegurar la integridad territorial” del país africano.

Los comunistas, que sabemos que todos los fenómenos sociales, económicos y políticos que se producen en este mundo tienen que ver con el sistema de producción que los alumbra y amamanta, el capitalismo en su fase imperialista, somos perfectamente conscientes de que, detrás de cada “intervención” de las grandes potencias imperialistas, se esconden los intereses de una burguesía o de un bloque de burguesías en pugna por controlar territorios y recursos de vital importancia. En el caso de Mali, estamos ante el enésimo episodio de la debacle y el horror del imperialismo sobre el conjunto de los proletarios y pueblos oprimidos del mundo.

Francia, sabedora de que lleva varias décadas perdiendo hegemonía en el continente africano (en detrimento, por un lado, de un viejo coloso del imperialismo como es Estados Unidos y, por otro lado, de una nueva potencia rapaz representada por el socialimperialismo chino, que viene ganando posiciones en una buena parte del continente africano), se presta a esta nueva operación de asedio imperialista sobre posiciones del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (en la zona septentrional de Mali). En un nuevo ejercicio de propaganda digno de Goebbels, los voceros del imperialismo francés y sus lacayos (entre los que se encuentra la burguesía española) difunden a bombo y platillo que los Rafale –los famosos aviones de combate galos- deben intervenir en el norte de Mali para acabar con el “terrorismo salafista y separatista”.

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La verdad sobre Francia, Mali y el imperialismo

Desde que en 1864 las tropas francesas comandadas por Louis Faidherbe desembarcaran en Mali (llamado, a partir de 1920, el “Sudán francés”), el país africano ha sido un coto de caza del imperialismo francés, fundamentalmente, al que en los últimos años se le han sumado otras aves de carroña como el imperialismo estadounidense.

Tras independizarse formalmente del Estado francés en septiembre de 1960, Mali sigue siendo de hecho uno de los países oprimidos del África occidental con más importancia geoestratégica para Francia, tanto por la abundancia de sus recursos naturales como por su posición en el norte de África. Solo un dato ejemplifica la relevancia de Mali para Francia: multitud de expertos en geoestrategia hablan de una auténtica “fiebre del oro”  que viene produciéndose en el país norteafricano desde hace años.

Los recursos y la posición que ocupa Mali son las fuerzas motrices que llevan al imperialismo francés a intervenir sobre el territorio del Azawad. Curiosamente, en esta región africana (donde el MNLA creó el Estado de Azawad, no reconocido por el imperialismo) se encuentran importantes yacimientos de oro. Como asevera la criminología, si conoces a los beneficiarios de una acción, en muchas ocasiones puedes acabar conociendo a los ejecutores. En este caso, vuelve a quedar patente la naturaleza depredadora y saqueadora del imperialismo, en este caso del francés, el cual, en el colmo del cinismo propagandístico, se atreve a declarar que ataca Mali para “liberar al país del islamismo”. Qué desvergüenza que esto lo venda una burguesía como la gala, que lleva dos años armando, financiando y pertrechando a los mercenarios e islamistas ultrarreaccionarios en la República siria.

La burguesía francesa, que despertó de su letargo en África tras haber comandado la invasión de Libia en comandita con el Reino Unido y la OTAN, es impelida a intervenir en Mali por la propia naturaleza del sistema imperialista. Por un lado, enmarcada en una profunda crisis de sobreproducción, la burguesía francesa tiene necesidad de conquistar nuevos nichos de mercados y de asegurar el control de unos recursos naturales que, hasta el día de hoy, siguen estando vigilados por el Estado-vasallo de Mali. Por otro lado, la guerra es consustancial al modo de producción capitalista y, al igual que en los países imperialistas más desarrollados, la industria armamentística francesa ocupa una porción gigantesca del plusvalor total obtenido por el capital en ese Estado. Al fin y al cabo, los Dassault y los Renault están ávidos de sangre, como vampiros capitalistas que son, y necesitan seguir acrecentando ganancias con la venta de armamento pesado al Estado galo.

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Las limitaciones de las fuerzas opuestas al imperialismo en un mundo con un Movimiento Comunista Internacional desarticulado

El movimiento de tuaregs que ha provocado que el imperialismo francés vuelva a hacer uso de su moderna y genocida aviación es, desde el punto de vista del desarrollo del imperialismo, un freno y un obstáculo al avance de este en su política de dominación sobre los distintos pueblos oprimidos del mundo. Sin embargo, estas fuerzas de contención del imperialismo se muestran impotentes ante un enemigo que es sabedor de su poderío militar, económico, político y propagandístico. Además, las fuerzas imperialistas son perfectamente conscientes de que, sin la constitución de ejércitos populares que se enfrenten al imperialismo desde posiciones revolucionarias y sin la amenaza de un Movimiento Comunista Internacional fuerte y organizado, se puede cercar y destruir con más facilidad al enemigo.

Nosotros entendemos que, tanto en Mali como en el resto de países dependientes y aún con espacios de dominación semifeudales, las necesidades de las masas explotadas pasan por la articulación de un proyecto revolucionario que, emulando a los camaradas de India, Filipinas o Perú, pugne por organizar la Revolución de Nueva Democracia, para desalojar del poder a la burguesía compradora al servicio del imperialismo y para sentar las bases políticas, sociales y económicas del socialismo.

Sin embargo, sin un Movimiento Comunista Internacional fuerte, organizado y depurado de todo compromiso con el oportunismo en los países imperialistas, los procesos revolucionarios protagonizados por nuestros hermanos de los pueblos oprimidos del mundo serán brutalmente cercados y aplastados por la maquinaria militar del imperialismo. Es por ello indispensable que las revoluciones de Nueva Democracia vayan acompañadas de la solidaridad internacionalista desde las potencias imperialistas, pero no solamente en el sentido de apoyar material e ideológicamente estos procesos, sino fundamentalmente en el sentido de organizar revoluciones proletarias triunfantes en los países dominantes. Esto sería una garantía de éxito de la propagación de la llama revolucionaria a escala mundial. Y, para esto, sigue siendo imprescindible el deslindamiento con el revisionismo y la reconstitución del movimiento revolucionario en Estados imperialistas como el español o el francés.

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8 pensamientos en “Mali y el imperialismo

  1. Buff… hablais de acabra con todo vestigio de revionismo el MCI y luego de “Nueva Democracia”… El maoismno es revisionismo, con la excusa de ese paso intermedio entre feudalismo y socialismo busca potenciar a la burguesia nacional y convertirla en fuerza motriz de la sociedad. ya pueden llamarlo como quieran, que esto no es el camino hacia el Comunismo.

  2. Buenas, he llegado desde meneame al blog, pero al leer tu artículo me entra una duda, una pregunta sencilla con el ánimo de debatir la situación en la que se encuentra el imperialismo capitalista. ¿Los comunistas deben aliarse con pueblos oprimidos que luchan por liberarse a través de la religión? O por el contrario, ¿deben apoyar a los imperialistas para acabar con la lacra de la religión? ¿no es más fácil llegar al comunismo a través del capitalismo que del integrismo? Ya se que la pregunta es bastante simplista, espero no molestar por ello.

    Un saludo.

  3. Iraultza Ala Basakeria, Mao y la experiencia práctica de la Revolución China hicieron aportes fundamentales al marxismo y uno de ellos es el carácter de la revolución en los países oprimidos, esto es, la Revolución de Nueva Democracia. En los países semicoloniales y semifeudales un sector de la burguesía industrial, de la mediana burguesía, es privada del desarrollo económico y desplazada de las relaciones de poder por la gran burguesía (la burguesía burocrática y la burguesía compradora), en alianza con la clase terrateniente y la burguesía imperialista extranjera. Por esta razón algunos elementos de esta clase social pueden apoyar la lucha revolucionaria del proletariado y el campesinado contra la gran burguesía, los terratenientes y los imperialistas extranjeros. Obviamente, por su carácter burgués estos son elementos vacilantes que pueden virar también hacia la gran burguesía y los terratenientes contra el proletariado y el campesinado. Ahora bien, este aspecto no es el fundamental del carácter de la RND ni mucho menos, sino que es una cuestión de carácter secundario.

    Tú comentario es producto de las mentiras procedentes de una determinada corriente del MCI contra el proceso de construcción del socialismo en China. De ahí que hables de una supuesta “potenciación” de la burguesía nacional que fue inexistente, ya que esta fue expropiada de la propiedad de los medios de producción en los años 60.

    Eduardo, los comunistas no podemos ni aliarnos con los islamistas salafistas ni tampoco con la burguesía monopolista de los Estados imperialistas. Ambos representan intereses de clase ajenos y antagónicos a los intereses de clase del proletariado. Los comunistas no podemos renunciar a la independencia política del proletariado, por lo que nuestro deber es defender la reconstitución de Partidos Comunistas que libren una lucha revolucionaria contra las fuerzas imperialistas y las fuerzas de la gran burguesía y de los terratenientes del propio país para la conquista del poder político por parte del proletariado en alianza con el campesinado.

  4. Una respuesta alternativa a Eduardo:

    Para empezar me gustaría hacer un inciso: dado que los comunistas occidentales carecemos de una plataforma (como podría ser un Estado) desde la que dar apoyo material efectivo a los que luchan contra el imperialismo, nuestra postura en estas situaciones sólo servirá, en el mejor de los casos, para influir en nuestro entorno, en la visión de las masas trabajadoras sobre la política exterior de “su” gobierno o en el papel de “su” ejército.

    Así pues, desear públicamente la derrota de los ejércitos imperialistas y explicar el motivo (estas invasiones sirven a la burguesía monopolista, al resto -con algunas excepciones, como el de la aristocracia obrera- nos empobrecen) es útil de cara a que los proletarios vean a quién sirve el Estado y su maquinaria, aquél que probablemente crean “su” Estado. Además, una derrota del imperialismo en el exterior agudizaría sus contradicciones en el interior, situación que nos es favorable.

    Por último, y rebatiendo el argumento que me precede, hay que tener en cuenta que cuando se da un conflicto en el que claramente existe un bando fuerte y otro débil, no posicionarse con ninguno favorece al fuerte, en este caso, las tropas de la OTAN.

    • Hola Aníbal:

      Muy de acuerdo con lo que planteas en los dos primeros párrafos. Hoy día, al carecer de un movimiento comunista internacional como el de hace 100 años, hemos de limitarnos a una denuncia en lo ideológico de “nuestro” imperialismo, demostrando así al proletariado de los países imperialistas los intereses e intenciones reales de las “intervenciones” de los buitres de rapiña, al tiempo que demostramos a las masas explotadas de los países dependientes la necesidad de la solidaridad internacionalista.

      Sobre lo último que comentas, es sin duda interesante y complejo.
      Efectivamente, los comunistas tendremos que aprovechar todas las contradicciones interimperialistas y, por supuesto, habremos de ganar la hegemonía ideológica y política de los movimientos populares que ofrecen resistencia al imperialismo, para colocar al proletariado como fuerza hegemónica en lucha por la Revolución socialista. Además, volviendo a la cuestión anterior, la solidaridad internacionalista con todas aquellas luchas de masas antiimperialistas es un acicate para que los sectores de vanguardia de esos países oprimidos puedan dirigir esos movimientos hacia objetivos revolucionarios, evitando de esta forma que movimientos populares sirvan de escudos humanos y carne de cañón para los intereses de las “burguesías nacionales” enfrentadas parcialmente al imperialismo.

      Un saludo, compañero.

  5. En ningún lado de este artículo he encontrado que se desee potenciar o apoyar a movimientos salafistas, islamistas y semifeudales. No veo donde esté el principio de discusión.

    Iraultza, afirmar y creer saber que el Maoismo es revisionismo exige dos cosas que seguramente no sepas ni tú, pues ni yo, con 41 años casi 42 y varios a las espaldas ya estudiando y viviendo el mundo desde el punto de vista marxista: conocere bien qué se entiende por revisionismo y saber de cabo a rabo la verdadera idiosincrasia del maoismo, que, desde luego, en su génesis, or lo poco que sé, poco de revisionista tuvo, como no fuera dejar que los tecnicos revisionistas de la URSS les viniesen a formar. Pues conseguir que el campesionado, de por sí reaccionario y conservador, se adapte a la revolucion urbana y la apoye, poco de revisionista tiene, como no sea revisar al revisionismo. Es decir, volver a ser marxistas.

    Saludos fraternorevolucionarios!

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