En torno al Antiimperialismo y la Liberación Nacional en la actualidad.

En el presente trabajo, queremos presentar una serie de reflexiones generales sobre las cuestiones, de vital importancia en el avance del proceso revolucionario del proletariado, de la lucha antiimperialista y de la liberación nacional (que están muy ligadas entre sí), con el fin de contribuir a su análisis colectivo por parte de la vanguardia teórica, teniendo en cuenta las condiciones generales de la época actual.

Sin menoscabo de que en el futuro desarrollemos análisis más profundos y detallados, este será de carácter muy general y para ir situando la cuestión en un marco de partida que resulte válido para irlo desarrollando progresiva y colectivamente.

Como venimos afirmando desde este espacio de “Revolución o Barbarie” la etapa actual es, desde el punto de vista del Movimiento Revolucionario del Proletariado, una etapa marcada por la derrota del que podemos denominar como Ciclo Revolucionario de Octubre y en el que el MC ha quedado derrotado, inmovilizado y desorientado en muy gran medida, tanto a nivel internacional como en la mayoría de los países y naciones.

El Movimiento Comunista ya no es está a la ofensiva a nivel internacional, como lo estuvo en el Ciclo de Octubre. Sólo hay ofensivas revolucionarias, muy prometedoras pero de corto alcance todavía, en unos pocos territorios. Ya no existe la Internacional Comunista ni nada que se le asemeje en cuanto a estructura y funciones como “Cuartel General” del Proletariado Revolucionario Internacional. Ya no hay ninguna potencia socialista ni ninguna alianza de Estados socialistas que pueda asistir de alguna manera a los brotes y movimientos revolucionarios locales. Es más, ya no hay casi verdaderos partidos comunistas en el mundo, sino que lo que existe mayoritariamente son las ruinas y residuos, desorientados e incapacitados revolucionariamente, del Ciclo de Octubre y un incipiente movimiento entre la vanguardia teórica, consciente de esta realidad, por la reconstitución de todo el Movimiento Revolucionario del Proletariado tras la derrota o agotamiento del Ciclo de Octubre.

Todo eso, que fueron posiciones y victorias logradas por el Movimiento Revolucionario Internacional, con mayor o mejor fortuna y acierto y mayor o menor nivel de desarrollo, ha desaparecido, derrotado por el imperialismo, los inevitables errores acumulados y, en enorme medida, por la penetración burguesa en el marxismo-leninismo en forma de revisionismo.

Cierto es que la derrota no ha sido total, hasta llevar a la extinción todo rastro de marxismo-leninismo y de su capacidad o potencial revolucionario, pero sí ha sido lo suficiente para considerarla una derrota grande, muy extensa y temporal que aún no ha sido superada, ni siquiera comenzada a superar.

Y todo esto obliga a redefinir muchos aspectos de la realidad que afectan a la praxis revolucionaria, entre los que se encuentra como uno de la mayor importancia la lucha antiimperialista y por la liberación nacional, dado que ahora el avance del imperialismo está libre de las trabas que le imponía la pasada ofensiva revolucionaria de proletariado a nivel internacional, incluso cuando ya la práctica totalidad de lo surgido de Octubre era presa del revisionismo antes de ser liquidadas por completo sus conquistas.

La lucha antiimperialista y por la liberación de las naciones oprimidas es, en consecuencia, una necesidad revolucionaria objetiva de la mayor importancia, pero, desgraciadamente, el enfoque de este tema entre buena parte de los comunistas de la actualidad está distorsionado por los remanentes del ciclo revolucionario ya cerrado y por el revisionismo que lo devoró (y sigue devorando en la actualidad) desde dentro.

Como consecuencia de esa deformación, introducida principalmente por el revisionismo de origen soviético, se tiende demasiado a considerar el imperialismo sólo o muy principalmente desde su aspecto de opresión y explotación de la mayoría de los Estados del mundo por parte de los Estados imperialistas, olvidando que el origen de ese fenómeno en el imperialismo actual está en el carácter de éste como la etapa superior del capitalismo y que , por tanto, esa opresión y explotación es inseparable de la naturaleza básica del imperialismo.

Fruto de esa deformación, que se centra en un aspecto secundario del imperialismo, erigiéndolo como su característica principal o su naturaleza esencial, incluso, se empezó a plantear el antiimperialismo en todo el MC que participó del revisionismo como la lucha por liberarse de la dominación del propio Estado por parte del Estado o alianza imperialista que lo somete, con el fin de emprender un desarrollo propio como Estado plenamente soberano, siendo este el objetivo estratégico a lograr y supeditando a él toda la estrategia subsiguiente.

Las potencias y países revisionistas elaboraron, como aporte supuesto del proletariado revolucionario internacionalista a la lucha antiimperialista, el concepto de “vía de desarrollo no capitalista” para establecer en los Estados que lograran éxito en aquella lucha antiimperialista, vista como liberación del yugo que le imponía la dominación del Estado o polo imperialista correspondiente, pues resulta evidente que para lograr esa liberación efectiva es necesario no sólo el romper los lazos políticos con el imperialismo, sino también los lazos económicos, para que la liberación del imperialismo no fuera sólo formal o político-jurídica.

Para asistirles en esa “vía de desarrollo no capitalista”, que tampoco era socialista (ni carne, ni pescado, vamos, aunque no se sepa cómo eso era y es posible), ya estarían ahí las potencias revisionistas, que apoyarían al gobierno resultante de la alianza nacional “antiimperialista” en el desarrollo de la etapa democrático-popular mediante la cual se iría consolidando la ruptura de los lazos imperialistas y la construcción de un modelo económico y político independiente del imperialismo, que se iría encaminado, con ayuda revisionista externa, hacia el socialismo de manera “democrática”, relativamente pacífica y gradual.

De este modo, no habría necesidad de agrupar a los sectores antiimperialistas nacionales en torno a un programa del proletariado revolucionario que pusiera como objetivo estratégico el Comunismo (pasando por la etapa democrático-popular bajo dirección del proletariado revolucionario), cosa a menudo nada fácil ni rápida de lograr en países atrasados y carentes de mayoría proletaria y en el que la correlación de fuerzas le sería en principio desfavorable al proletariado revolucionario. Así, con esa ayuda “antiimperialista” externa proporcionada por los “países socialistas”, se podría llegar al objetivo bajo una alianza interclasista, patriótica y antiimperialista no dirigida por dicho proletariado revolucionario, sino por los sectores antimonopolistas y nacionalistas de la burguesía nacional, que se iría encaminando por la “vía de desarrollo no capitalista” gradualmente hacia una especie de “socialismo por vías pacíficas y democrático-populares”. Es decir, se esquivaba la dictadura del proletariado y se creaba una supuesta nueva vía pacifica y “democrática” al socialismo. Eso, supuestamente haría más fácil articular la lucha antiimperialista, debilitando más rápidamente la cadena imperialista mundial y logrando un avance indirecto y más seguro del socialismo en el mundo, con la colaboración de los sectores burgueses y populares nacionalistas y antimonopolistas, pero no necesariamente socialistas ni consecuentemente revolucionarios, pero que aceptarían las reformas “no capitalistas” bien “dosificadas” y llevados por la necesidad de independencia respecto del imperialismo.

Es evidente que el fomento de ese tipo de “antiimperialismo” debilitaba temporalmente, al menos, la cadena imperialista internacional, que es algo siempre deseable y necesario para ser aprovechado por la ofensiva del proletariado revolucionario, que en la época del imperialismo vence conquistando el poder en los Estados burgueses debilitados, en los eslabones débiles de la cadena imperialista. Pero en esa época, ocurre que la ofensiva proletaria internacional había sido desplazada de la escena por el revisionismo organizado internacionalmente, como bien ha demostrado la historia reciente. Con lo que, a la larga, ha fortalecido de hecho el dominio imperialista del mundo.

El asunto de la liberación nacional, tan a menudo conectado en la actualidad de manera directa con el imperialismo, se enfocaba de forma sumamente parecida por parte del pretendido MC, que era en realidad ya Movimiento Revisionista para la erradicación encubierta del socialismo. Y que en realidad lo único que lograba (porque así lo pretendía) era el fortalecer los intereses geoestratégicos de las potencias revisionistas en su competencia contra las abiertamente imperialistas.

Pues bien, esa farsa, ese batiburrillo de falsedades antirrevolucionarias y por ello, revisionistas (apelando al marxismo-leninismo, provocaban su desactivación revolucionaria frente al imperialismo, de hecho) se ha traspasado casi sin modificación alguna a nuestra época en la mayor parte del supuesto MC, en la que no existen ya ni potencias socialistas, ni la IC, ni siquiera potencias revisionistas que jueguen a ser antiimperialistas y revolucionarias.

Como consecuencia, llegan a presentarse y a apoyarse como luchas antiimperialistas y de liberación nacional todas aquellas en que unos determinados sectores burgueses, apoyados por sectores populares, sólo están persiguiendo el zafarse del dominio sobre el propio Estado o nación de un Estado o alianza imperialista, sin que esa lucha se haga necesariamente bajo dirección del proletariado revolucionario, si no que basta con sólo que apele al “antiimperialismo”, a la “liberación nacional” y, eso sí, a algún tipo vago, raro y supuestamente “democrático” de “socialismo”o de “democracia popular”. Un caso paradigmático muy claro en la actualidad es el de “Venezuela Bolivariana”, por ejemplo, tan aplaudido y apoyado, “críticamente” o sin “peros” de ningún tipo, por una parte considerable de los autodenominados “partidos comunistas” de buena parte del mundo.

Y con ello se obvia que, efectivamente, con ese tipo de luchas se debilita temporalmente el polo imperialista que sometía y oprimía ese Estado o nación, pero que en ausencia de verdadero MR a la ofensiva, no hay forma revolucionaria de aprovechar ese debilitamiento temporal de la cadena imperialista. Durará lo que el polo imperialista desgarrado tarde en recuperarse del golpe y responder de una u otra forma, lo que tarde el nuevo Estado “libre” en depender de otro polo imperialista o lo que tarde en desarrollarse a sí mismo como Estado imperialista. Lo que antes suceda.

Se obvia también que, siendo en realidad el imperialismo la fase superior del capitalismo y que todos sus males y manifestaciones concretas surgen de esa base, la única forma de lucha verdaderamente antiimperialista, consecuente y hasta el final, es la lucha comunista, el avance del Socialismo Científico a nivel mundial. En otras palabras, que no hay más antiimperialismo que el marxismo-leninismo.

Y, por último, se obvia que sólo la lucha revolucionaria agrupada, organizada y dirigida entorno a y por el PC es la que puede llevar a cabo el antiimperialismo en cada rincón del mundo, al destruir el capitalismo (del que el imperialismo es “sólo” su fase superior de desarrollo) mediante la edificación del Comunismo.

La Internacional Comunista siempre defendió a los “movimientos nacional-revolucionarios” de los países oprimidos y de las colonias, pues estos movimientos, a pesar de que no podían ser aún genuinamente proletarios y revolucionarios, suponían un obstáculo para la dominación imperialista de gran parte del planeta y, en ese sentido, coadyuvaba al fortalecimiento de los lazos entre el Estado soviético, el proletariado internacional y las masas oprimidas de los países oprimidos. A eso se aferran quienes defienden el apoyo a las luchas antiimperialistas actuales carentes de dirección proletaria revolucionaria. Y lo que olvidan estos herederos directos del revisionismo es que ya no existe ninguna de las condiciones del MCI que la IC tenia en cuenta cuando elaboró esa postura. Y olvidan que la situación empezó cambiar radicalmente con la desaparición de la IC y con la victoria revisionista en el seno de la mayoría MC y de los países socialistas. No digamos ya con la derrota actual, que ha llevado a la inexistencia del MCI. Por todo ello, esa postura no es valida en la actualidad.

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En conclusión, que sólo mediante la reconstitución del PC y del MR en cada territorio, así como del Movimiento Revolucionario Internacional es que se podrá reconstituir las verdaderas luchas antiimperialista y de liberación nacional, organizadas en torno al PC en todos y cada uno de los casos, pues sólo el avance en la senda del Socialismo Científico, de la praxis marxista-leninista, lleva a completar los procesos y fases necesarios para erradicar el imperialismo y toda forma de opresión al avanzar en la edificación de la sociedad comunista.

Creemos que sin esa base, el antiimperialismo y la liberación nacional son espejismos que se desvanecerán en una reorganización del desarrollo concreto imperialista, pues si no se construye el comunismo, en la actualidad sólo se puede estar desarrollando el capitalismo, que ya alcanzó la fase imperialista hegemónica hace mucho tiempo. Lo único que se habrá logrado si no, es alterar el desarrollo imperialista en curso hasta el triunfo de esas falsas luchas “antiimperialistas” y de “liberación nacional”.

Sobre politiquería y podredumbre burguesas en España

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La llamada “corrupción política” campa a sus anchas en España. Son ya cientos de gestores políticos de la burguesía procesados por delitos de malversación de fondos públicos, cohecho, estafa, prevaricación y un sinfín de tropelías que en España, los proletarios y oprimidos en general, tenemos el placer de disfrutar. Estos casos de corruptelas implican sobre todo a los dos grandes partidos de la burguesía monopolista (PP y PSOE), pero también salpican a otros partidos políticos del Estado burgués y a instituciones tan respetadas como la alta judicatura o la monarquía.

El último caso que ha salido a la palestra mediática ha sido el del PP y los famosos “sobresueldos”. Mientras millones de proletarios apenas tenían para consumir lo más básico, mientras otros millones ya dependían de la caridad para poder subsistir y ni siquiera podían pagar facturas de gas, electricidad o agua, la alta dirección del PP era untada con jugosos “sobresueldos” en forma de sobres que eran entregados por el extesorero del PP, Luis Bárcenas, quien hasta hace escasos días era una personalidad “honorabílisima”, pero que ahora se ha convertido en todo un quebradero de cabeza para el partido que ostenta el honor de gestionar la cada vez más brutal dictadura de la oligarquía financiera.

Según destapó El Mundo hace escasos días, todo el dinero que Bárcenas entregó a la cúpula del PP provenía de dinero obtenido mediante comisiones ilegales procedentes de la famosa trama Gürtel. El periódico El Mundo, presidido por Pedro J. Ramírez y propiedad del poderoso grupo mediático RCS MediaGroup, ha vuelto de nuevo a erigirse en protagonista mediático (como ya hiciera, recientemente, con el “caso Urdangarín”), con unas informaciones que desde luego han pillado por sorpresa a la jefatura del PP y que han vuelto a demostrar la catadura moral de quienes nos exigen día tras día apretarnos cada vez más la soga que oprime nuestro cuello.

En el caso de El Mundo, es posible que, además de la razón puramente monetaria (ya sabemos lo que hace aumentar las ganancias un “escándalo” de politicastros burgueses como este), detrás de este “notición” haya algún tejemaneje por parte de Esperanza Aguirre, una de las grandes aplaudidas por el periódico ultrarreaccionario. Y es que la Thatcher española, después de haber sido fulminada del PP, no parece dispuesta a tirar la toalla por conseguir algo por lo que lleva mucho tiempo peleando: poder dirigir a uno de los dos grandes partidos de la burguesía monopolista española. En cualquier caso, sería aventurado decir que Aguirre está detrás de todas estas informaciones, ya que este escándalo puede suponer de hecho un serio daño a la imagen y a la misma estructura del Partido, cuestión que no le interesaría a Aguirre. En todo caso, la ultrarreaccionaria ya ha declarado que la investigación debe ser profunda, “caiga quien caiga” (añadiendo que entiende que “la gente” esté cada vez más indignada por los casos de corrupción), lo que demuestra que las nueces del árbol caído puede recogerlas “la lideresa”.

Perro no come perro: apuntes necesarios desde el comunismo para entender este entramado de corruptelas

Los comunistas entendemos que el sistema capitalista es, por sí mismo, corrupto. Y es que el capitalismo en su fase imperialista es un sistema social que, además de tener como basamento económico la explotación de la gran mayoría de la población y la opresión hacia multitud de países oprimidos, necesita dotarse de una superestructura que genera y potencia la decadencia moral, la falta de escrúpulos, la hipocresía de los gestores políticos, el arribismo y un sinfín de prácticas viciadas que son parte consustancial e inherente del sistema de explotación capitalista.

Dicho esto, para cualquier persona que sea consciente de la necesidad de proceder a la demolición revolucionaria de este sistema decadente, es un hecho indiscutible que el problema de fondo de la mal denominada “clase política” (una clase es un grupo social que tiene una relación históricamente determinada con los medios de producción y su superestructura política, ideológica, jurídica, etc.) no es que sea “corrupta”, sino que representa y gestiona los intereses espurios de una clase (el capital) que explota y domina a la abrumadora mayoría de la sociedad.

Espoleada por movimientos pequeñoburgueses como el del 15-M, en los últimos tiempos se ha extendido de forma peligrosa la idea tramposa de la “regeneración política”, que busca engatusar a los proletarios para que crean que su problema fundamental son los políticos. Pero criticar a quienes gestionan este sistema de miseria sin atacar la base que lo sostiene (y a sus verdaderos dirigentes, los capitalistas) es, además de iluso y erróneo, la expresión típica de elementos provenientes de “estratos intermedios” (pequeña burguesía y aristocracia obrera, fundamentalmente) que lo único que buscan es salvarle la cara a un sistema que solo puede ser superado por el nuevo poder de las masas explotadas organizadas en su Partido Comunista. El problema de raíz no son los políticos burgueses, tampoco los bancos; el problema de verdad de nuestra era es el sistema de explotación capitalista, que genera a los Botín, a los Alierta y a sus perros faldero Rajoy, Rubalcaba o Durán i Lleida.

Por otro lado, como reza el clásico refranero castellano, perro no come perro. Es una auténtica tomadura de pelo hacerles pensar a los explotados que, desde las entrañas del mismo sistema, desde los aparatos podridos y corruptos de todos los partidos burgueses, se puede cambiar, no ya la base de este sistema putrefacto, sino incluso su fachada de politiquería infame y miserable. El mismísimo PSOE se ha cuidado mucho de no alzar demasiado la voz en el “caso Bárcenas”, no vaya a ser que otros se vayan de la lengua demasiado y saquen a la luz a los verdaderos responsables de corruptelas criminales y de proporciones colosales como las relacionadas con los EREs falsos en Andalucía. Efectivamente, perro no come perro, y ninguno de los delincuentes organizados que están al frente de los aparatos políticos de la burguesía va a hacer nada por revertir esta situación de podredumbre sistémica.

Las corruptelas políticas son típicas de cualquier sistema clasista, y en realidad acontecen en cualquier país, incluyendo a los más “avanzados” de los diferentes bloques imperialistas. Pero lo que también está muy claro es que en el Estado español, en concreto, los niveles de corruptelas sobrepasan con creces el de otros muchos países de su entorno. Según Transparency International, España es, a excepción de Grecia, el Estado más corrupto de toda la UE. El grado de miseria política y moral alcanzado por los gestores del capital español llega hasta el punto de que Estados como Barbados y Bahamas (célebres por ser grandes paraísos fiscales para el capital financiero internacional) son, oficialmente, menos corruptos que el Estado español.

Sería largo y complejo entrar a analizar las razones por las cuales el Estado español es especialmente corrupto y gangsteril, pero básicamente esto tiene mucho que ver con la tradición política de la clase dominante española, amamantada por décadas de dictadura burguesa y Estado fascista, y que ha desarrollado de manera formidable todo un entramado mafioso en torno a los dos grandes partidos del capital, a instancias del Estado como la monarquía o la alta judicatura, que, como auténticos parásitos, han proliferado gracias al compadreo con sus jefes los capitalistas y a costa del sufrimiento y la miseria de la inmensa mayoría de la sociedad del Estado español.

Al final, el proletariado sigue siendo como la vaca en el matadero: una vez que entra en él, no sale viva de allí. Nuestra clase, mientras no haya sido capaz de poner en pie su nuevo poder (lo cual solo es posible con la reconstitución del Partido Comunista, que es su instrumento auténtico para lograr la destrucción del Estado burgués y su emancipación total), seguirá viendo impotente cómo los miserables politicastros, que legislan y ejecutan los planes de la clase explotadora, siguen poniendo en práctica aquello para lo único que sirven: estafar, robar y mentir sistemáticamente.

En definitiva, sin movimiento comunista reconstituido y purgado de todo oportunismo, nuestra clase seguirá hurgando en la basura y siendo desahuciada, mientras los gestores de la burguesía seguirán gastándose el dinero de los parados en inflar las cuentas corrientes de sus gerifaltes. Mientras no haya un auténtico movimiento social revolucionario, los Botín, las Koplowitz y sus gestores políticos sabrán que no tienen nada que temer, pues el cortijo estará bien protegido. Frente a tanta desvergüenza, frente a tanta deshumanización, se hace más necesario que nunca reconstituir el comunismo para cambiar radicalmente esta sociedad corrupta hasta la médula.

Mali y el imperialismo

Según relata la edición digital del diario francés Le Figaro (periódico entre cuyo accionista mayoritario se encuentra el grupo armamentístico galo Dassault) el 13 de enero de 2013, las tropas francesas continúan con su “intervención” imperialista en Mali, país africano cuyas abundantes reservas de oro, uranio, fosfato y sal son muy codiciadas por todos los buitres imperialistas. Según ha afirmado Laurent Fabius, el ministro de Asuntos Exteriores galo, se mantiene el ataque sobre “posiciones salafistas” para “asegurar la integridad territorial” del país africano.

Los comunistas, que sabemos que todos los fenómenos sociales, económicos y políticos que se producen en este mundo tienen que ver con el sistema de producción que los alumbra y amamanta, el capitalismo en su fase imperialista, somos perfectamente conscientes de que, detrás de cada “intervención” de las grandes potencias imperialistas, se esconden los intereses de una burguesía o de un bloque de burguesías en pugna por controlar territorios y recursos de vital importancia. En el caso de Mali, estamos ante el enésimo episodio de la debacle y el horror del imperialismo sobre el conjunto de los proletarios y pueblos oprimidos del mundo.

Francia, sabedora de que lleva varias décadas perdiendo hegemonía en el continente africano (en detrimento, por un lado, de un viejo coloso del imperialismo como es Estados Unidos y, por otro lado, de una nueva potencia rapaz representada por el socialimperialismo chino, que viene ganando posiciones en una buena parte del continente africano), se presta a esta nueva operación de asedio imperialista sobre posiciones del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (en la zona septentrional de Mali). En un nuevo ejercicio de propaganda digno de Goebbels, los voceros del imperialismo francés y sus lacayos (entre los que se encuentra la burguesía española) difunden a bombo y platillo que los Rafale –los famosos aviones de combate galos- deben intervenir en el norte de Mali para acabar con el “terrorismo salafista y separatista”.

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La verdad sobre Francia, Mali y el imperialismo

Desde que en 1864 las tropas francesas comandadas por Louis Faidherbe desembarcaran en Mali (llamado, a partir de 1920, el “Sudán francés”), el país africano ha sido un coto de caza del imperialismo francés, fundamentalmente, al que en los últimos años se le han sumado otras aves de carroña como el imperialismo estadounidense.

Tras independizarse formalmente del Estado francés en septiembre de 1960, Mali sigue siendo de hecho uno de los países oprimidos del África occidental con más importancia geoestratégica para Francia, tanto por la abundancia de sus recursos naturales como por su posición en el norte de África. Solo un dato ejemplifica la relevancia de Mali para Francia: multitud de expertos en geoestrategia hablan de una auténtica “fiebre del oro”  que viene produciéndose en el país norteafricano desde hace años.

Los recursos y la posición que ocupa Mali son las fuerzas motrices que llevan al imperialismo francés a intervenir sobre el territorio del Azawad. Curiosamente, en esta región africana (donde el MNLA creó el Estado de Azawad, no reconocido por el imperialismo) se encuentran importantes yacimientos de oro. Como asevera la criminología, si conoces a los beneficiarios de una acción, en muchas ocasiones puedes acabar conociendo a los ejecutores. En este caso, vuelve a quedar patente la naturaleza depredadora y saqueadora del imperialismo, en este caso del francés, el cual, en el colmo del cinismo propagandístico, se atreve a declarar que ataca Mali para “liberar al país del islamismo”. Qué desvergüenza que esto lo venda una burguesía como la gala, que lleva dos años armando, financiando y pertrechando a los mercenarios e islamistas ultrarreaccionarios en la República siria.

La burguesía francesa, que despertó de su letargo en África tras haber comandado la invasión de Libia en comandita con el Reino Unido y la OTAN, es impelida a intervenir en Mali por la propia naturaleza del sistema imperialista. Por un lado, enmarcada en una profunda crisis de sobreproducción, la burguesía francesa tiene necesidad de conquistar nuevos nichos de mercados y de asegurar el control de unos recursos naturales que, hasta el día de hoy, siguen estando vigilados por el Estado-vasallo de Mali. Por otro lado, la guerra es consustancial al modo de producción capitalista y, al igual que en los países imperialistas más desarrollados, la industria armamentística francesa ocupa una porción gigantesca del plusvalor total obtenido por el capital en ese Estado. Al fin y al cabo, los Dassault y los Renault están ávidos de sangre, como vampiros capitalistas que son, y necesitan seguir acrecentando ganancias con la venta de armamento pesado al Estado galo.

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Las limitaciones de las fuerzas opuestas al imperialismo en un mundo con un Movimiento Comunista Internacional desarticulado

El movimiento de tuaregs que ha provocado que el imperialismo francés vuelva a hacer uso de su moderna y genocida aviación es, desde el punto de vista del desarrollo del imperialismo, un freno y un obstáculo al avance de este en su política de dominación sobre los distintos pueblos oprimidos del mundo. Sin embargo, estas fuerzas de contención del imperialismo se muestran impotentes ante un enemigo que es sabedor de su poderío militar, económico, político y propagandístico. Además, las fuerzas imperialistas son perfectamente conscientes de que, sin la constitución de ejércitos populares que se enfrenten al imperialismo desde posiciones revolucionarias y sin la amenaza de un Movimiento Comunista Internacional fuerte y organizado, se puede cercar y destruir con más facilidad al enemigo.

Nosotros entendemos que, tanto en Mali como en el resto de países dependientes y aún con espacios de dominación semifeudales, las necesidades de las masas explotadas pasan por la articulación de un proyecto revolucionario que, emulando a los camaradas de India, Filipinas o Perú, pugne por organizar la Revolución de Nueva Democracia, para desalojar del poder a la burguesía compradora al servicio del imperialismo y para sentar las bases políticas, sociales y económicas del socialismo.

Sin embargo, sin un Movimiento Comunista Internacional fuerte, organizado y depurado de todo compromiso con el oportunismo en los países imperialistas, los procesos revolucionarios protagonizados por nuestros hermanos de los pueblos oprimidos del mundo serán brutalmente cercados y aplastados por la maquinaria militar del imperialismo. Es por ello indispensable que las revoluciones de Nueva Democracia vayan acompañadas de la solidaridad internacionalista desde las potencias imperialistas, pero no solamente en el sentido de apoyar material e ideológicamente estos procesos, sino fundamentalmente en el sentido de organizar revoluciones proletarias triunfantes en los países dominantes. Esto sería una garantía de éxito de la propagación de la llama revolucionaria a escala mundial. Y, para esto, sigue siendo imprescindible el deslindamiento con el revisionismo y la reconstitución del movimiento revolucionario en Estados imperialistas como el español o el francés.

Siguiendo el debate con UCCP en torno al asunto de “Tras el 14-N, Las Tareas del Momento Actual”

(El presente texto, se elabora en respuesta al de los compañeros de la UCCP, a cuyo original se acede mediante este enlace: http://unionccp.wordpress.com/2012/12/21/los-zapatos-son-para-caminar/ )

Desde este espacio de “Revolución o Barbarie” y a la luz de cómo se va desarrollando este intercambio con los compañeros de la UCCP, nos parece claro, no el que se “haya pasado olímpicamente” por nuestra parte del documento de los compañeros, sino que es evidente que vemos tareas diferentes correpondientes a la fase actual en lo referente a la reconstitución del Partido Comunista y del Movimiento Revolucionario del Proletariado en el Estado español, comunicándoles a los compañeros de la UCCP, dentro de ese espíritu de debate abierto entre comunistas que compartimos la convicción de que existe la urgente necesidad de dichas tareas de reconstitución, cuál es nuestra visión general de dicho asunto, de cuál es la situación actual y las necesidades que la misma conlleva o señala.

Para los compañeros de la UCCP, estamos ante una etapa en la que afirman en su documento “Tras el 14-N, Las Tareas del Momento Actual”, que “Debemos centrarnos tanto en favorecer el desarrollo interno de los distintos colectivos como impulsar el proceso de confluencia entre ellos mediante el fortalecimiento teórico, la lucha ideológica y la unidad de acción política.”, pero para nosotros resulta evidente que, dado que la principal característica que diferencia a la vanguardia revolucionaria de la que aún no llega a serlo (y a la que, como comunistas, debemos elevar a la posición de vanguardia revolucionaria para poder fundir el Marxismo-leninismo con el Movimiento Obrero, constituyendo con ello el PC) es la conciencia revolucionaria -que nace de la praxis revolucionaria- sólo se puede favorecer el desarrollo del Movimiento Revolucionario en la actualidad empezando por el fortalecimiento ideológico, por deslindar la ideología revolucionaria de toda falsificación, desviación y revisionismo. Es decir, que en primer lugar, y ante la innegable ausencia actual de Partido (que no de vanguardia pertrechada con el Marxismo-leninismo como ideología revolucionaria, que “haberla, hayla”) hay que realizar las tareas de batalla ideológica que lleven a clarificar esta, diferenciarla claramente de toda desviación y lacra revisionistas y empezar a unir a los marxistas-leninistas en torno a esa ideología y no otra que aparente ser tal. No podemos partir de la base, que nos parece errada, de que los destacamentos, individuos y organizaciones que se denominan o consideran a sí mismas como marxistas-leninistas, existentes tras la derrota apabullante frente al revisionismo, sean portadoras por defecto de la conciencia y la praxis (fusión de teoría y práctica) revolucionarias sin antes realizar las tareas de reconstitución ideológica, de reagrupamiento de la vanguardia revolucionaria en torno a la verdadera ideología revolucionaria, sin la que es imposible praxis revolucionaria, pero es perfectamente posible cualquier otro tipo de praxis no revolucionaria y perder en ella un tiempo y unos recursos muy valiosos.

Por tanto, nuestra principal diferencia con los compañeros de la UCCP consiste en determinar qué tarea revolucionaria es la que corresponde ahora realizar, considerando que no es la unidad de acción “con las masas” junto a los actuales destacamentos que se consideran comunistas, con o sin acierto, ni tampoco la unidad o coordinación políticas con dichos destacamentos.

Sin Partido, consideramos que no hay posibilidad alguna de praxis revolucionaria (fusión de teoría y práctica revolucionarias) más allá de la de ir dando todos los pasos necesarios, sin saltarse ni uno, para dotar al final al proletariado de su Partido Revolucionario, de vanguardia proletaria comunista.

Corresponde pues, a esta etapa, en nuestra opinión, la unidad de acción de toda la vanguardia comunista, sí, sin duda alguna (vanguardia aún dramáticamente incapaz de dirigir, por carecer de las bases materiales e ideológicas para ello, a su “retaguardia”, a las masas proletarias, de las que permanece extremadamente desconectada, a diferencia de los revisionistas -que dirigen a un exiguo sector de las masas- y de la Aristocracia Obrera – que dirige a una parte considerable de las mismas- y que entre ambos las mantienen cautivas en acciones economistas y democrático-burguesas), pero unidad en torno a la ideología revolucionaria, para empezar y, a partir de ese punto -muy lejos de haberse logrado en la actualidad- ir dilucidando y completando los demás pasos a dar para llegar a dotar a las masas proletarias del Estado español, mediante el desarrollo del proceso de fusión del Marxismo-leninismo con el Movimiento Obrero, de su flamante Partido Comunista y del Movimiento Revolucionario con él conectado y por él verdaderamente dirigido hacia los objetivos revolucionarios de edificación del Nuevo Poder y del Comunismo.

Sin PC, la unidad de acción con los diferentes “destacamentos comunistas” existentes, que son un batiburrillo que mezcla a verdaderos m-l con revisionistas de todo tipo y que no tiene en conjunto una línea revolucionaria clara ni consecuente, no constituye en modo alguno praxis revolucionaria, al menos en la etapa actual de desorientación teórica y práctica generalizada. En nuestra opinión, antes hay que ir resolviendo esa desorientación fomentando la lucha y el debate ideológicos en el seno de todo el Movimiento que se considera como revolucionario, comunista, así como de toda persona que se considere como comunista, como marxista-leninista; es decir, entre todos los miembros posibles de la vanguardia m-l dispuestos a ello.

Siguiendo con la metáfora de los zapatos que han elaborado los compañeros de la UCCP, nosotros consideramos que en la etapa actual, la tarea general que corresponde es buscar, localizar, reunir y preparar los materiales adecuados para construir los zapatos adecuados para recorrer la ruta revolucionaria que hemos de recorrer un día (que no es el de hoy ni el de un futuro inmediato, desgraciadamente) junto con las masas proletarias. No nos parece acertado construir esos zapatos, que han de ser de una calidad excepcionalmente buena y extremadamente resistentes a deformaciones y desgastes, uniendo los pedazos dispersos de todos aquellos que se consideran a sí mismos materiales adecuados y en ese proceso de ir uniendo todo lo que se recoja o se preste a ello, tratar de separar lo inservible de lo válido. Eso no funciona, como la práctica ha ido mostrando en innumerables casos.

El MC existente hasta la fecha en el estado español ha sido derrotado por la burguesía, a través entre otras cosas del revisionismo, hasta en sus mismas bases ideológicas, que son las que, alumbrando la conciencia, permiten determinar colectivamente a la vanguardia las tareas a ir desplegando para construir y desarrollar todo el proceso revolucionario, esta vez sin volver a ser derrotados, quizás por actuar con impaciencia y sin haber separado previamente los materiales adecuados y genuinos para construir los zapatos de toda falsificación burguesa que puebla el campo de lo que un día fue el Movimiento Comunista del Estado español.

Tenemos en nuestra historia comunista más que suficiente praxis acumulada (tanto acertada como errada) para no tener que preocuparnos de “estar teorizando sin base en la práctica”. Sobre esa praxis debemos trabajar, analizar, debatir y teorizar para desarrollar la lucha ideológica de dos líneas, como el primer paso práctico (que lo es) a completar en la actualidad. Esa es, en nuestra opinión, la praxis revolucionaria principal y urgente que corresponde realizar a la vanguardia revolucionaria en la actual etapa, independientemente de qué estén haciendo hora mismo las masas por su cuenta para detener la fuerte ofensiva imperialista, pues de lo que nosotros tratamos es de reconstituir desde sus mismas bases más elementales un Movimiento Revolucionario inexistente en la actualidad, sin el cual no puede haber praxis revolucionaria alguna, por más voluntad que tengamos de ello. Y sólo la praxis revolucionaria puede, no sólo detener la ofensiva salvaje imperialista actual, sino derrotar al Imperialismo mismo mediante la edificación del Nuevo Poder y, desde él, del Comunismo.

Creemos que la unidad de acción en otros niveles de práctica más avanzados y ambiciosos sólo podrá venir tras completar esa fase o estar muy avanzados en su desarrollo. Querer ir ahora a esas tareas de un nivel más avanzado, está destinado al fracaso por no corresponder a las necesidades actuales del Movimiento Revolucionario, que no existe aún en el Estado español sobre las bases del Marxismo-leninismo genuino, que ni siquiera ha sido reconstruido libre de desviaciones revisionistas, liberado de ellas por la acción colectiva de lucha ideológica de dos lineas del sector de la vanguardia revolucionaria dispuesto a ello, que creemos es el núcleo del futuro PC reconstituido, independientemente de donde actúe en la actualidad.

Estado burgués, luchas contra privatizaciones y Revolución proletaria (2ª parte)

Sobre el “Estado del bienestar”, el empeoramiento sistemático de las condiciones de vida del proletariado y la lucha por el comunismo

“Pero las fuerzas productivas no pierden su condición de capital al convertirse en propiedad de las sociedades anónimas y de los trusts o en propiedad del Estado. Por lo que a las sociedades anónimas y a los trusts se refiere, es palpablemente claro. Por su parte, el Estado moderno no es tampoco más que una organización creada por la sociedad burguesa para defender las condiciones exteriores generales del modo capitalista de producción contra los atentados, tanto de los obreros como de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza, llega al extremo, a la cúspide. Mas, al llegar a la cúspide, se derrumba. La propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es solución del conflicto, pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución.”

Del socialismo utópico al socialismo científico, Friedrich Engels.

En la actualidad, los cantos de sirena que el oportunismo esbozó a finales del siglo XIX -para terminar de completar a lo largo del siglo XX- sobre la cuestión del Estado, siguen embaucando a la inmensa mayoría de los proletarios y, lo que es peor, a la práctica totalidad del movimiento comunista a nivel internacional. Marx y Engels dejaron, ya en pleno siglo XIX, meridianamente clara la cuestión del Estado, de su origen y naturaleza. El Estado era siempre un órgano de opresión de una clase sobre otra. El movimiento proletario revolucionario, destrozando el aparato estatal levantado por la burguesía y construyendo su “Estado-Comuna”, sería el primero en establecer las condiciones materiales para la extinción del Estado proletario y de toda forma de división clasista y de opresión.

Sin embargo, el revisionismo, fiel a los intereses que material e ideológicamente representaba desde su inicio (completamente ajenos a los del proletariado y las masas oprimidas de todo el planeta), siempre entendió el Estado como el órgano político “neutral”, “de todas las clases”, o bien como ese aparato que podía ser reformado desde dentro y utilizado para satisfacer los intereses inmediatos de la clase obrera y para avanzar hacia la construcción del socialismo.

Esta concepción del Estado, completamente ajena a la ideología revolucionaria del proletariado, el marxismo-leninismo, tuvo su corolario lógico en la nueva realidad socio-política creada en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial imperialista, esa que la burguesía bautizó pomposamente como “Estado del bienestar”. Este modelo de Estado surgió en un momento histórico en que la oleada revolucionaria inaugurada por la Revolución de Octubre (que provocó una onda expansiva por toda Europa gracias a la cual la Revolución socialista estuvo al alcance de la mano en países como Alemania o Hungría, emergiendo también importantes movimientos proletarios de simpatía por la República Soviética en países como Francia, Gran Bretaña, Italia o España, creándose también una importante corriente de simpatías entre las masas oprimidas de los países coloniales y semicoloniales), tomaba un nuevo impulso con la Revolución proletaria y campesina en China, y en el que, además, las burguesías de la Europa imperialista temían que, como consecuencia de las brutales condiciones de vida posbélicas de las masas explotadas, reapareciera de nuevo el “fantasma del comunismo” como un desafío serio al orden explotador y genocida de la burguesía internacional.

Desde el punto de vista de clase, el “Estado del bienestar” fue posible gracias a la división internacional del trabajo, por un lado, y al mayor periodo de expansionismo y crecimiento registrado por el capitalismo en toda su historia. En cuanto a la división internacional del trabajo, el modelo de asistencia social diseñado por el Estado burgués europeo posbélico -que se manifestó en un programa planificado de protección social en lo relativo a educación, sanidad, pensiones o distintos tipos de prestaciones por invalidez, desempleo, etc.- pudo materializarse gracias a la posición imperialista de las potencias europeas, que tuvieron la posibilidad de transferir salarios diferidos a una fracción importante de los asalariados de estos países. Este andamiaje social y económico se pudo levantar gracias al sojuzgamiento imperialista de los países oprimidos y a la sobreexplotación de una fracción del proletariado de los países opresores, fracción que ni de lejos tenía la posibilidad de engrosar las filas de la base social de la aristocracia obrera. Esto último ha podido demostrarse empíricamente en el Estado español en los años del boom económico de 1995-2007, donde, a pesar del desarrollo considerable del “Estado del bienestar” español, una porción cuantitativamente importante de la clase explotada apenas pudo beneficiarse de esos beneficios  del “capitalismo popular” (gran parte del proletariado migrante, joven y femenino). Ya que hablamos de la sanidad en el anterior punto de este trabajo, es conveniente recordar que, antes de que comenzara esta política criminal de recortes, ya había un porcentaje de proletarios nada desdeñable en el Estado español que, salvo que figurara en la tarjeta sanitaria de algún pariente “activo”, no tenía derecho a cobertura sanitaria en atención primaria.

El otro factor que posibilitó el crecimiento del “Estado social” en Europa, el del periodo de formidable expansión posterior a la Segunda Guerra Mundial imperialista, también estuvo estrechamente imbricado con el desarrollo de la aristocracia obrera como clase burguesa dentro del proletariado, la cual estableció una alianza histórica con el capital monopolista para ahuyentar el fantasma de la Revolución socialista. La gran burguesía permitía un nuevo modelo de Estado que implantaba la Seguridad Social, la educación “pública” y “gratuita”, etc., y que en nada contravenía los intereses del capital, mientras que la aristocracia obrera, a cambio de gestionar conjuntamente ese Estado y de pasar directamente a controlar algunas empresas importantes, subyugaba al proletariado y le vendía la moto sobre las bondades del “nuevo” capitalismo (que, por supuesto, duraría ya hasta el fin de los tiempos).

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Como explicamos en el punto anterior, este modelo de Estado (imperialista) “del bienestar”, que comienza a cuestionarse desde la misma clase dominante a principios de los 70 (dándose el primer experimento de desmontaje de este modelo estatal en el Chile fascista de Pinochet), empieza a ser finalmente desguazado cuando se produce la desintegración de la URSS y este proceso se profundiza cuando sobreviene la peor crisis de la historia del capitalismo, la que comienza en 2007. Es en este momento cuando la alianza histórica entre aristocracia obrera y capital monopolista comienza a resquebrajarse, pasando a protagonizar la primera fracción de la clase dominante una serie de pugnas en las que intenta seguir formando parte de un Estado en el que el capital financiero tiene aún más preponderancia que anteriormente.

Esto es vital entenderlo, ya que es este el contexto sistémico en el que todas las luchas parciales contra las privatizaciones se encuadran en el Estado español y en cualquier país imperialista. Evidentemente, todas estas privatizaciones (tanto de la sanidad como de la educación) tienen un impacto brutal sobre las condiciones de vida de nuestra clase, que está provocando ya que la base social de la aristocracia obrera se quede en los huesos y que gran parte de los explotados sobrevivan en peores condiciones aún. Pero, así como esta política criminal de la burguesía es irreversible en el marco del actual sistema de explotación, los comunistas hemos de denunciar de forma resuelta a todos aquellos elementos oportunistas que, tratando de situar a los proletarios en un campo ajeno a sus intereses de clase, defienden de manera reaccionaria la vuelta a ese modelo de Estado “social”, demostrando a las claras cuál es su concepción contrarrevolucionaria del Estado cómo cuerpo político-militar de defensa de los intereses de una clase social.

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De nuevo, los comunistas volvemos a encontrarnos en ese callejón sin salida en que el revisionismo nos ha colocado desde que el Ciclo de Octubre se agotó. La vanguardia comunista sigue a la deriva en lo ideológico y dispersa en lo político, yendo al final inevitablemente a remolque de la aristocracia obrera y del oportunismo en las luchas espontáneas, sin capacidad alguna para ganarse a sectores sociales que, dentro de la sanidad y la educación, podrían formar parte del Partido Comunista, es decir, de la máxima expresión y síntesis de praxis revolucionaria, de ideología y práctica, de teoría y movimiento político que tienda a superar el estado de cosas actual.

Sin una unificación ideológica sobre bases marxistas-leninistas con vistas a la posterior unificación política, la vanguardia comunista será incapaz de articular ante el proletariado y los estratos más combativos de una aristocracia obrera en proceso de proletarización brutal el discurso sobre la necesidad del comunismo, que es y será la única alternativa para barrer de la faz de la Tierra el siniestro orden que la burguesía nos impone desde hace ya demasiado tiempo. Por eso es imprescindible que los comunistas conozcamos, como si fuéramos científicos sociales, todo lo que atañe al desarrollo revolucionario de nuestra clase, sobre todo en lo relativo a la denuncia implacable de toda forma de revisionismo y al deslindamiento ideológico en todas aquellas realidades que se desarrollan en la actual etapa de lucha de clases. Abandonar la línea sindicalista que hoy asola al Movimiento Comunista del Estado español es la primera tarea para que, más pronto que tarde, todas las luchas parciales contra el capital puedan ser expresión lógica de la línea revolucionaria traducida en programa para la toma del poder, la Guerra Popular y la construcción de la sociedad sin clases.