Apuntes sobre represión, capitalismo y vanguardia revolucionaria en el Estado español (I): Caracterización política y económica del Estado español.

El Estado español, en lo económico, es uno donde el capitalismo ha alcanzado el desarrollo imperialista, la fase superior del capitalismo, en el que las posiciones predominantes de la economía las ocupan, en todos los sectores productivos, unos pocos monopolios (los más poderosos, incluso, tienen gran proyección internacional y actividad imperialista, sobre todo en Latinoamérica). Asimismo, predomina la forma financiera del capital y, por tanto, la hegemonía de una fuerte y poderosa oligarquía financiera.

Quizás, el caso más claro de este tipo de monopolio imperialista de sello “español” sea el de Telefónica, quinta compañía de telecomunicaciones del mundo en tamaño e importancia, que teniendo su sede y principal actividad en el Estado español, extiende sus tentáculos de manera abrumadora a Brasil, Perú, Argentina, Venezuela, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Guatemala y Nicaragua y va introduciéndolos en Alemania, Eslovaquia, República Checa, Reino Unido e Irlanda. Además, como monopolio imperialista paradigmático, su capital es financiero (fusión del capital industrial y el bancario), ya que entre sus principales accionistas se encuentran el Banco Bilbao-Vizcaya Argentaria (BBVA), la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona, Criteria Caixa S.A. y el BNP Paribas, entre otras corporaciones bancarias y grupos de grandes accionistas privados.

De modelo similar están también monopolios tales como las petroleras REPSOL y CEPSA, las eléctricas ENDESA e Iberdrola, la gasista Gas Natural, la de abastecimiento de agua potable Aguas de Barcelona, la constructora FERROVIAL, la arrocera Ebro PULEVA, la de tecnología militar y de comunicaciones INDRA, la aseguradora MAPFRE, la de seguridad privada PROSEGUR, las hoteleras NH y Sol Meliá y la textil INDITEX (acusada por Brasil de usar incluso mano de obra esclava).

Además, en la economía se produce un elevado volumen de exportación e importación de capital en comparación con el de mercancías, todo en correspondencia con dicha fase imperialista de desarrollo del capitalismo en dicho Estado. Estos monopolios financieros tienen además fuertes conexiones con otros monopolios similares a nivel internacional y están inextricablemente unidos por millones de hilos e intereses al propio Estado español, que funciona enteramente al servicio de aquellos, conformando por ello un capitalismo monopolista de Estado, que es la forma de imperialismo más elevada, en que los monopolios financieros se han fundido con el propio Estado, completando así una implacable dictadura burguesa de enorme eficacia en las labores de producción, acumulación y concentración de capital en manos de la burguesía, sobre todo del sector que constituye la oligarquía financiera más poderosa y desarrollada.

Además de esto, el Estado imperialista español está integrado en las estructuras imperialistas de la Unión Europea, subsidiarias a día de hoy en gran medida del imperialismo norteamericano, con el que al mismo tiempo compiten sin llegar a superarlo en cuanto a hegemonía en expolio de las masas trabajadoras del mundo y en el dominio político y estratégico de la mayor parte del planeta.

Debido, entre otros factores, al escaso desarrollo industrial actual del estado español, que le hace muy alejado de la autosuficiencia productiva y de posiciones hegemónicas a nivel internacional, su modelo imperialista está formado principalmente por empresas monopolistas de servicios, lo que le convierte en un imperialismo subsidiario de las asociaciones imperialistas de que forma parte, esto es, la U.E. y la O.T.A.N., de cuyas decisiones y participación depende en gran medida su funcionamiento. Por ello, la oligarquía financiera que domina el Estado es firme defensora de los intereses de las oligarquías de la U.E. y de los EE.UU. de Norteamérica, con los que están firmemente ligados los suyos propios.

Esta infraestructura económica de la sociedad española, determina los rasgos principales de su superestructura política, de las formas políticas concretas en que la oligarquía imperialista ejerce su poder sobre las masas trabajadoras del Estado español y de otros Estados, que en todo momento, desde la llamada “transición española a la democracia” se adaptan a las impuestas por las de la U.E. y las de los países de la O.T.A.N., con los EE.UU. de Norteamérica a la cabeza, sirviendo como instrumento político para el pacto entre clases y el mantenimiento de la “paz social”, no sólo entre proletariado y burguesía, sino también entre los diferentes sectores de la propia burguesía, tan necesaria a la burguesía para desarrollar sus planes de actividad de expolio y latrocinio sin sobresaltos ni incómodas “interferencias”. Y esta forma básica de dominación política burguesa es, en la actualidad, el modelo de monarquía parlamentaria, de carácter cada vez más bipartidista.

De este modo, políticamente, el Estado español adopta para ejercer la burguesía su dictadura de clase diversos elementos de democracia burguesa parlamentaria, como son un cierto pluralismo político más o menos amplio y “tolerante”, libertades formales de empresa y de mercado, libertades cívicas formales, elecciones “libres” periódicas a las cámaras del Parlamento, el Senado y las diferentes cámaras territoriales, separación formal de “los tres poderes” (legislativo, ejecutivo y judicial), etc., todo ello sancionado por una Constitución pretendidamente democrática. Así sigue en sus rasgos fundamentales el modelo político y económico de dominación burguesa de los demás Estados “de su entorno” desde que se dio por liquidado, por prácticamente las mismas oligarquías que lo impusieron en su día -a las que jamás se desplazó realmente del poder, de la dominación del Estado- el modelo fascista impuesto a sangre y fuego durante el franquismo.

Esta última peculiaridad del desarrollo político histórico del Estado español, en que la misma oligarquía que edificó un Estado fascista, se pone luego a la tarea de modernizarlo bajo formas “democráticas burguesas”, ha introducido también peculiaridades en la actual forma política del Estado, que inciden de manera directa, brutal y evidente en la forma en que ejerce la represión y coerción de la clase dominante sobre las masas para mantener el orden social bajo su control, que es la función esencial de todo Estado.

Un signo innegable del estrecho margen de “normalidad democrática burguesa” del modelo político del Estado español (herencia directa del período franquista) es que esas elecciones “libres” de la burguesía de dicho Estado ni siquiera han sido tales en el caso de Euskal Herria, donde movimientos políticos y sociales pequeño-burgueses han sido violentamente reprimidos e ilegalizadas sus formaciones políticas.

Por otro lado, está la forma particular en que se configura la representación institucional de los diferentes sectores de la burguesía del territorio plurinacional del Estado español, así como los frutos de los pactos con la aristocracia obrera.  Así se dota de una red, de equilibrio inestable y complejo, pero que se ha mantenido operativo hasta el momento sin amenazas serias, de parlamentos estatal y autonómicos, en que queda representado el bloque burgués hegemónico, constituido principalmente por la burguesía monopolista agrupada en los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE), la burguesía nacional vasca (PNV), la burguesía nacional catalana (CiU) y la aristocracia obrera (PCE-IU y las estructuras sindicales de CC OO y UGT).

Lejos de haberse liquidado en su totalidad todos los fundamentos y mecanismos de poder fascista de la época franquista, en la llamada “transición” se procedió a transformarlos en unos más adecuados para la integración en las asociaciones imperialistas mencionadas más arriba, que las oligarquías necesitaban para seguir prosperando en su desarrollo imperialista y para la que las formas pura y abiertamente fascistas eran entonces un serio impedimento, por los corsés de restricciones que el modelo corporativista de Estado del franquismo y su funcionamiento por asignaciones de cotas de poder por “familias” (falangistas, militares, monárquicos, tecnócratas del Opus Dei, clero, etc.) eran un serio impedimento. Y lo eran para el desarrollo de dichas oligarquías tanto a nivel nacional (del interior del Estado) como a nivel internacional.

Esos planes de “modernización del Estado y del sistema productivo” tan necesarios para la oligarquía monopolista, se vieron matizados y precipitados en gran medida también por la presión creciente originada por la movilización de los sectores de las masas populares y de la burguesía no monopolista antifranquistas, tanto del interior como del exterior del Estado español, que forzaron tanto el ritmo como la naturaleza del proceso, que fue pactista por un lado y extremadamente violenta (llegando a producir centenares de muertos) por otro, en el que no se logró comprometer en la vía pactista a gran parte del independentismo de las naciones oprimidas del Estado español y a determinados sectores del movimiento comunista y del movimiento republicano.

Esa fuerte presión (que, como acabamos de señalar, llegó a generar grandes dosis de violencia y de represión, mezcladas con la firma de grandes y numerosos pactos) amenazaba con conseguir que el control del proceso de cambio político se escapara de las manos de las oligarquías monopolistas, que se apoyaron en el Estado fascista del franquismo hasta ese momento y que necesitaban dirigirlo para salvaguardar sus intereses en adelante.

Así, en el proceso se suprimieron las principales ataduras de regulaciones estatales, el sindicato vertical y los sectores de la economía considerados obsoletos, ineficaces y poco rentables y se sustituyeron las instituciones y formas de dominación políticas más propias del fascismo por otras de carácter parlamentario, pero manteniendo varias que se consideraron esenciales para reproducir el orden social dentro de los cauces deseados por esas oligarquías, que no debemos jamás olvidar que eran las mismas que usaron del franquismo en su día para imponer de manera abiertamente terrorista y asesina (en vez de solapadamente y supuestamente legitimado por las urnas) su modelo de desarrollo social.

Los principales elementos de dominación política presentes en el franquismo que se consideraron no liquidables fueron: la Jefatura de Estado no electa -en manos, por derechos de herencia, de la saga monárquica de los Borbones restituida por el propio dictador y genocida Franco-, el Ejército como garante de la unidad indivisible e incuestionable del Estado-nación, la fuerte presencia e influencia de la Iglesia Católica en la vida social, amparada por el Estado, los cuerpos represivos o “de seguridad del estado” (que, al igual que el Ejército, jamás fueron depurados de sus mandos, ideología y métodos fascistas, que se han ido perpetuando, adaptados formalmente a la “modernidad”) y el Tribunal de Orden Público (auténtico tribunal político fascista), que tomó el nombre de “Audiencia Nacional” y que goza de un peso y protagonismo actuales gigantescos en el orden jurídico.

Todo ello ha conformado un Estado español que podríamos caracterizar de imperialista, subsidiario de la U.E. y de la OTAN, monárquico y parlamentario, pero con enormes carencias democráticas en comparación con los demás Estados de “su entorno”, que lo hacen extremadamente represor de todo movimiento y organización de masas que cuestione o ponga en riesgo, por mínimo que este sea, el modelo social surgido de “la transición”, un modelo fuertemente explotador de las masas trabajadoras y opresor de todo tipo de derechos y avances sociales básicos, que va liquidando con gran rapidez e impunidad en favor de la oligarquía financiera, que realiza su dictadura de clase por medio de este Estado burgués  tan peculiar, antiobrero, represor e inhumano que es el Estado español.

Segunda parte

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s