Un nuevo episodio de la barbarie del imperialismo en Palestina

Como «un nuevo conflicto». Así han tenido la desvergüenza de denominar los voceros mediáticos del capital y del sionismo este nuevo episodio de guerra de exterminio del Estado de Israel en tierras de Oriente Próximo. Un episodio que comenzaba el 14 de noviembre con el asesinato del número 2 de Hamas por parte de la aviación israelí. Según datos del Ministerio de Sanidad palestino, son ya 155 civiles palestinos de la franja asesinados por la maquinaria de guerra israelí en solo 8 días. Decenas de casas, multitud de comercios e infraestructuras civiles y militares básicas palestinas han sido destruidas manu militari, sumiendo nuevamente en la barbarie a un territorio que es denominado por muchos como la mayor prisión a cielo abierto del mundo.

Trasfondo real de la operación «Pilar defensivo»

Los carniceros sionistas, tan dados a bautizar sus operaciones genocidas de forma tan siniestra (la última masacre cometida por el Estado de Israel a gran escala fue conocida como «Plomo fundido»), han vuelto a demostrar a los proletarios y pueblos oprimidos del mundo que la maquinaria sionista, como la del imperialismo en general, solo puede engrasarse con la sangre y el sufrimiento de niños, mujeres, ancianos y hombres cuyo único delito consiste en resistir de forma heroica los embistes del imperialismo genocida o, peor aún, en haber nacido en el lugar equivocado.

Desde el momento en que redactamos este escrito, el Estado de Israel y Hamas parecen haber alcanzado un nuevo alto el fuego. Al margen de especulaciones sobre si esta nueva operación de carnicería contra el pueblo de Gaza ha sido bien calibrada o no políticamente por la burguesía israelí (y su padrino estadounidense), lo que está claro es que el objetivo claro de esta nueva masacre del ejército sionista ha tenido como objetivo prioritario afianzar su política de aplastamiento y doblegamiento de la resistencia palestina, debilitando al máximo su infraestructura civil y militar y demostrando cuál es la política real en un mundo asolado por el imperialismo.

En última instancia, como potencia enmarcada en el sistema imperialista, Israel responde también con esta agresión criminal a sus propias necesidades como parte del bloque imperialista hegemónico, que necesita engrasar los pistones económicos para poner en marcha una nueva guerra imperialista mundial que tendría como epicentro a la República Islámica de Irán. Los comunistas no olvidamos que la única forma en que el capital lograr «salir» de sus crisis pasa por la destrucción, la conquista y la guerra. Por eso, creemos que este nuevo episodio siniestro, que se suma a la ya larga historia de oprobio imperialista contra el pueblo palestino desde finales de los 40, no se puede desligar de la dinámica general del modo de producción capitalista, un modo de producción para el que la guerra y la barbarie son consustanciales.

Tampoco debemos dejar de denunciar, como comunistas del Estado español, el carácter reaccionario, falsario y criminal de esa alianza interimperialista llamada Unión Europea, que, como no podía ser de otra manera, ha apoyado sin fisuras el «derecho a defenderse» que según ellos tiene el Estado de Israel. Estos imperialistas de la UE (galardonados con el premio «Nobel de la Paz», siguiendo la estela de los conocidos genocidas pacifistas Kissinger u Obama) vuelven a demostrar su auténtica alma política y de clase: además de gestionar la dictadura de clase en los Estados imperialistas en esta época de crisis (una gestión que tiene el «honor» de haber creado más proletarios pobres y en paro que en 50 años de historia europea, convirtiendo a países como Grecia, Portugal o España en infiernos poblados de una miseria atroz y auténtica hambre), la UE se caracteriza por intervenir en países oprimidos como carnicero imperialista, unas veces al socaire del imperialismo anglo-sionista, y otras veces como fuerza hegemónica propia.

La única solución posible a la guerra de exterminio contra el pueblo oprimido de Palestina

Los comunistas siempre hemos tenido claro que el imperialismo, como estadio superior y último del desarrollo capitalista, no puede conducir irremediablemente más que a un escenario internacional de guerras de rapiña y exterminio, pugnas interimperialistas, militarización y fascistización a escala global y a toda clase de horrores que provienen de la naturaleza estructural del sistema de explotación capitalista.

Al contrario de lo que piensan los socialdemócratas de viejo y nuevo cuño, el problema de Palestina no es, en última instancia, la existencia de un Estado como el de Israel (responsable de uno de los mayores genocidios de los últimos 60 años). El problema de fondo que sufre el pueblo oprimido de Palestina (como el que sufre el resto de pueblos oprimidos del mundo y el conjunto del proletariado de los países dominantes) es la existencia misma del imperialismo, del modo de producción capitalista, que adopta, en ese lugar milenario del globo, un cariz brutal, sanguinario y genocida.

Denunciar al Estado de Israel sin combatir al sistema social y económico que lo amamanta es un ejercicio de engaño político e ideológico. Que ningún socialdemócrata «humanitario» nos venda la moto: la guerra de exterminio contra el pueblo palestino solo puede ser librada con total éxito si los proletarios de los países opresores combaten a sus propias burguesías y allanan el camino para que las masas palestinas se liberen del invasor imperialista.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que, al estar dirigida la lucha de independencia nacional palestina por la pequeña y mediana burguesía, no puede ser llevada hasta el fin, porque estas clases son vacilantes y optan por llegar a acuerdos con el imperialismo, como demuestra el hecho de que Hamas haya limitado sus reclamaciones iniciales de liberación de todo el territorio palestino ocupado en 1948 a las actuales de edificación de un Estado palestino basado en las fronteras de 1967, lo cual supone reconocer la legitimidad del Estado de Israel (origen de la opresión del pueblo palestino), sin cuya destrucción del mismo el pueblo palestino jamás podrá alcanzar la liberación nacional. Por ello, solo la alianza entre las masas populares palestinas y el proletariado israelí contra el imperialismo y las burguesías israelí y palestina -con vistas a desarrollar la revolución democrático-popular que tenga como objetivo crear un Estado plurinacional de democracia de nuevo tipo en toda Palestina- puede acabar con el genocidio y la opresión sionista sobre el pueblo palestino.

¡Solidaridad absoluta con el pueblo oprimido de Palestina!

¡Alto a la maquinaria genocida del imperialismo!

¡Revolución socialista o barbarie!

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