Huelga de hambre en Telefónica: todo o nada para los explotados

Marcos, ex trabajador de Telefónica-Movistar en Barcelona, se ha convertido en todo un símbolo de dignidad, orgullo y lucha para el conjunto de la clase obrera del Estado español. Su huelga de hambre (que hoy, día 28 de noviembre, va ya camino de alcanzar los 24 días) apenas ha tenido eco en los medios del capital, como no podía ser de otra manera. Pero el ejemplo de Marcos -y el de los cuatro compañeros que se han sumado por solidaridad- ya inunda las “redes sociales” y su referente está siendo conocido por cada vez más proletarios.

El motivo de su particular gesta es la de haber plantado cara ante una de las miles de tropelías que el capital comete a diario contra el conjunto del proletariado. En este caso, Marcos fue despedido por estar de baja médica, gracias a una Reforma Laboral aprobada por el PSOE y perfeccionada por el PP (los dos grandes partidos del capital monopolista español). Tras ser despedido, el compañero demandó a la empresa y, después de ser readmitido por haber sido declarado nulo el despido, el Tribunal Supremo (el máximo órgano y garante judicial del orden capitalista en España) sentenció que el despido era improcedente. Teniendo en cuenta que, en la legislación laboral española, es la empresa quien decide la readmisión o la indemnización en el caso de los despidos improcedentes, Telefónica-Movistar, uno de los grandes puntales de la burguesía española, optó por despedir a Marcos. De nuevo, la judicatura sentenciaba, en base a una legalidad cocinada al gusto de la burguesía, contra un explotado cuyo delito imperdonable para el capital había sido su estado de baja por enfermedad.

Fue entonces cuando este proletario, junto con cuatro compañeros unidos en esa hermandad de intereses que todo trabajador forja con sus iguales cuando resiste las embestidas de la patronal, decidió ir a por todas y lanzarse a una batalla valiente y tenaz por su readmisión y por la derogación de una legislación que permite despedir a un trabajador que esté de baja médica justificada.

Como comunistas, en primer lugar debemos dar a conocer y apoyar con todos los medios a nuestro alcance luchas como las de estos trabajadores de Telefónica. Sin embargo, este tipo de luchas obreras deben servirnos para que quienes integramos el conjunto del Movimiento Comunista del Estado español apostemos por un cambio claro de rumbo, tratando de superar la estrechez de la línea sindicalista que hoy impera en gran parte de nuestro movimiento.

Las luchas como las de Marcos son muy positivas por dos motivos que, a largo plazo, deben estar interrelacionados. En primer lugar, estas luchas sirven de revulsivo para un proletariado que, lo quiera o no, al final está llamado a luchar por sus intereses de clase más inmediatos. En segundo lugar, a los comunistas estas luchas nos ayudan a ir identificando a los sectores más combativos de nuestra clase, que son los que deben ejercer de intermediarios ante las grandes masas para que el mensaje comunista pueda llegar.

Conscientes de que no se puede comenzar la casa por el tejado, los diferentes grupos que hoy apostamos por la reconstitución del Partido Comunista sobre nuevas bases ideológicas y políticas marxistas-leninistas, entendemos -y creemos que la realidad cada día nos otorga más razón- que, para engarzar esa vanguardia práctica (es decir, aquel sector de la clase explotada que destaca en las luchas de resistencia frente al orden capitalista) con la línea revolucionaria del comunismo, es imprescindible que la vanguardia comunista camine a paso firme y audaz por su propia constitución como sujeto político revolucionario unificado, purgado de toda forma de oportunismo y en estrecho contacto con los estratos más avanzados del proletariado a nivel de luchas económicas.

Cuando ese nuevo sujeto (el movimiento comunista en lucha contra la línea revisionista) esté formado, tenga sus propios medios de propaganda y disponga de las células necesarias para atraerse a los proletarios más combativos y mejor organizados, el Partido de nuevo tipo será un hecho y los comunistas podremos comenzar a utilizar las luchas sindicales en un sentido revolucionario. Mientras estas premisas no se den, los ejemplos como el de Marcos seguirán alimentando unas esperanzas vanas que, al final, terminarán chocándose de bruces contra la lúgubre realidad que la clase dominante nos dibuja diariamente.

A pesar de la práctica diaria de aquellos comunistas que, rompiendo con los principios más elementales del marxismo-leninismo, consideran que es a través de las luchas económicas como se genera la conciencia revolucionaria, la historia de nuestra clase ha refutado totalmente esta tesis que ya Lenin denunció hace más de 100 años. Las dos grandes revoluciones del proletariado internacional en el siglo XX (la soviética y la china) demostraron que, para que de las luchas económicas pudiera surgir el fermento revolucionario, era imprescindible que antes la vanguardia comunista se hubiera ganado para el comunismo a los mejores exponentes de la clase obrera y el campesinado pobre. Solo de esa forma las grandes masas explotadas podían constituir, extender y fortalecer sus propios órganos de poder. Solo gracias a la experiencia política de su propia capacidad para producir un nuevo orden social el conjunto de las masas proletarias podía entender la necesidad de la Revolución.

Desde Revolución o barbarie entendemos que ya va siendo hora de romper con la eterna “acumulación de fuerzas” de un comunismo convertido en sindicalismo, incapaz de constituirse en referente ante las masas obreras. Apostamos por una reconstitución del Movimiento Comunista en el Estado español que, fusionando a los comunistas con referentes como Marcos y sus compañeros, pueda emprender la guerra exitosa de liberación contra el sistema de explotación capitalista. Por tanto, nuestro objetivo no puede ser otro que luchar sin tregua hasta convertir las luchas de resistencia de nuestra clase en lucha por la construcción del nuevo poder.

¡Solidaridad absoluta con todos los proletarios en lucha!

¡Hagamos que el comunismo se convierta en necesidad y posibilidad para las grandes masas de explotados!

 

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Vivienda, lucha contra los desahucios y vanguardia comunista en el Estado español (y 2).

3. La solución revolucionaria al problema de la vivienda.

El problema del acceso universal a vivienda por parte de las masas populares, sobre todo en el caso de las clases trabajadoras, que son siempre las más susceptibles de caer en la pobreza (que no es sino la falta de acceso a la riqueza social con la que se satisfacen las necesidades de todos y cada uno de los seres humanos) no puede ser separado del resto de problemas de acceso de los trabajadores a los frutos del trabajo social, que son los que constituyen dicha riqueza.

Al fin y la cabo, la vivienda no es más que uno de esos frutos, uno que además satisface una necesidad humana absolutamente esencial para una vida digna y sana, hasta el punto de que el acceso a la vivienda es reconocido a nivel mundial como un derecho humano básico, fundamental.

Siendo así, la vivienda es tratada en cada forma de sociedad como es tratado en general todo fruto del trabajo; esto es, en función del régimen de propiedad imperante, el cual es determinado por el modo de producción social.

En el caso del capitalismo, ese régimen es el de propiedad privada en manos de la burguesía de los medios de producción, la clase social poseedora y parasitaria, que los pone a disposición de los trabajadores, del proletariado (mediante determinadas condiciones y relaciones sociales de explotación), para que produzcan mediante esos medios la riqueza social, de la que la burguesía se apropia tras descontar la parte de dicha riqueza producida por el proletariado que constituye los salarios, que entrega al proletariado bajo formas mercantiles propias del capitalismo y en condiciones que están desarrolladas para satisfacer los intereses de la burguesía ante todo, incluso cuando sea dando acceso a los trabajadores a los bienes correspondientes a sus propios salarios.

La burguesía en todo momento está entregada a la tarea de apropiarse de toda la riqueza social, salvo de la que mantenga con capacidad productiva al proletariado. Y lo hará en cada fase y cada acto del proceso de producción y distribución de la riqueza social. Necesita hacerlo para seguir existiendo y subsistiendo como tal burguesía, como clase social propietaria y parasitaria. Si no lo hace y además con éxito, perece como tal clase social.

La vivienda, lejos de ser una excepción en este esquema, por mucho que satisfaga una necesidad fundamental de cada ser humano y, por ello, del proletariado, es un fruto del trabajo social que llega a producir enormes beneficios monetarios para la burguesía, tanto en el proceso de su producción, como en el de su venta y distribución, siendo además especialmente útil para operaciones especulativas.

Eso son hechos incontrovertibles, como también es un hecho que, al menos en los países imperialistas, hay viviendas construidas y a la venta en  número muy superior al necesario para alojar en ellas a toda la población. Pero se han producido, no para satisfacer las necesidades de las masas proletarias, sino como medio de producir beneficios para la burguesía, como un medio más (y especialmente lucrativo) de los que emplea esta clase social parasitaria para apropiarse de toda la riqueza social que pueda mientras no llegue a anular la capacidad productiva del proletariado ni a romper el marco de las relaciones sociales capitalistas, la maquinaria social de producción de Capital para sus manos. Y para asegurarse de ello, la burguesía dispone del poder del Estado.

Partiendo de estas bases, las luchas populares sectoriales que pretenden forzar una solución política al problema de acceso a la vivienda por parte de las masas proletarias, dentro del marco de las relaciones sociales burguesas, capitalistas, no podrán conseguir su objetivo, ya que la burguesía empleará otros métodos, dentro del control que tiene de todas las fases del proceso de producción y distribución de la riqueza social, para apropiarse de la mayor parte de esta. Si se le cierra la vía de las hipotecas-estafa y los desahucios, desarrollará otros mecanismos especulativos y de diversa índole para lograr su objetivo, consiguiendo a lo más las luchas sectoriales populares el favorecer a uno u otro sector particular de la burguesía, haciendo que la riqueza robada vaya a un sector en mayor medida que a otro, pero sin poder parar el proceso de latrocinio burgués de la riqueza social producida por el trabajo de las masas proletarias.

La única solución posible pasa por expropiar a la burguesía de todos los medios de producción y de distribución de la riqueza (siempre producto del trabajo exclusivamente), echarla, arrojarla a la fuerza del poder del Estado y sustituir este por un Estado de la Dictadura del Proletariado que, avanzando en la construcción del Socialismo y el Comunismo, haga del suelo y de las viviendas propiedad estatal en un principio y luego propiedad social y las distribuya desde el primer momento entre las masas trabajadoras, de manera planificada, según criterios de satisfacción de las necesidades sociales e individuales de acceso a la vivienda, garantizándolo de verdad así como un derecho inalienable y efectivamente realizado en los hechos.

Para ello, cada Estado Socialista o en tránsito al Socialismo en concreto podrá desarrollar sus formas particulares apropiadas, de acuerdo a sus necesidades, características, nivel de desarrollo y costumbres populares concretas, como podrían ser los alquileres proporcionales al nivel de ingresos de cada residente o la cesión gratuita a cambio del trabajo aportado a la sociedad, por ejemplo.

 Cualquier otra forma de tratar de solucionar el problema de la vivienda, dentro del sistema capitalista, estará abocado al fracaso o, en el menos malo de los casos, a proporcionar a los trabajadores acceso a viviendas de poca o de ínfima calidad, de bajo coste para la burguesía pero que le produzcan alta rentabilidad y usadas en todo caso por ella como lazo que ate al proletariado a las necesidades de producción de Capital para la burguesía, como parte de los eslabones de la cadena de la explotación del proletariado por parte de la burguesía, en un sistema social que lleva inevitablemente a aumentar de manera constante y cada vez más brutal el nivel de dicha explotación.

No hay otro camino que ponernos a la labor de constituir el Partido Comunista y articular en torno a él la lucha por el Comunismo.

¡Desahuciemos a la burguesía para detener los desahucios a los trabajadores! ¡Hagamos que toda vivienda sea una vivienda social!

¡Para garantizar el derecho a una vivienda digna, construyamos el Nuevo Poder, la Dictadura del Proletariado!

Vivienda, lucha contra los desahucios y vanguardia comunista en el Estado español (1).

 

  1.  El problema de la vivienda en España
  2.  El movimiento espontáneo contra los desahucios
  3.  La solución revolucionaria al problema de la vivienda.

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1. El problema de la vivienda en España

 1. 1. La Constitución española y el “derecho a la vivienda”

La Constitución española de 1978 fue la herramienta política a través de la cual el capitalismo español y su régimen político fascista sellaron la necesaria remodelación política del Estado, el cambio de fachada política de un régimen abiertamente fascista a un modelo de democracia burguesa con tintes fascistas y estructuras político-judiciales y represivas calcadas del Estado fascista impuesto a sangre y fuego en 1939.

Esta remodelación del marco jurídico-estatal atendió a dos necesidades estrechamente relacionadas: por un lado, fue una necesidad de las propias burguesías monopolistas nacionales del Estado español, que necesitaban dotarse de un nuevo formato político-estatal que se adecuara de forma más eficaz a sus intereses; por otro lado, fue una operación política impuesta por los intereses del bloque imperialista alineado en torno a la UE y la OTAN. No es casual que, justo después de la entrada de España en instituciones como el  Mercado Económico Europeo y la OTAN, la burguesía española acometiera procesos de “reformas” que tuvieron como consecuencia, a nivel económico, la destrucción de una porción muy importante del tejido industrial y, a nivel político-militar, la implantación de bases militares de la OTAN y la subordinación del Estado español a la burocracia euro-imperialista.

En relación con la cuestión de la vivienda, esta carta magna -para cuya aprobación fue fundamental el membrete de la aristocracia obrera, representada en la organización política del PCE y en el tándem CCOO-UGT, declaró con toda solemnidad lo siguiente en sus artículos 47 y 50

Sanción de la Constitución

Artículo 47

 Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

 Artículo 50

 Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.

 Estos artículos son la más clara representación del carácter falaz de la legalidad instaurada por la burguesía en su “sagrada” carta magna. Sin embargo, cualquier proletario con un mínimo de sentido de la realidad sabe que el “derecho a la vivienda” es mero papel mojado, un derecho condicionado a los intereses del capital, una engañifa que no se lleva a efecto porque no es posible que esto suceda bajo el paraguas de un sistema social y económico como el capitalista.

El único artículo de la Constitución española que sí se cumple en la práctica -y bajo el cual se subordina el resto del articulado- es el 33, que establece que “se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia”. Este articulado, que blinda legalmente los intereses de clase de la burguesía española (sobre todo de la monopolista), es el que se encarga de sancionar legalmente lo que a nivel práctico el orden del capital ya establece por su propio funcionamiento. Es la existencia misma de la propiedad privada de los medios de producción -y su consiguiente protección legal por el Estado capitalista- la que impide en la práctica que el “derecho a la vivienda” pueda materializarse.

1. 2. La realidad de la vivienda en el Estado español

 Según el Observatorio Económico del BBVA (uno de los grandes puntales de la burguesía imperialista española), España vivió entre los años 1994 y 2007 uno de los periodos más duraderos y de mayor crecimiento económico de las últimas décadas. Este crecimiento, que por supuesto fue posible gracias a la sobreexplotación de la mayoría del proletariado, tuvo como motor fundamental el sector de la construcción, que llegó a tener un volumen de negocio superior al de varios países de la Unión Europea y que fue alimentado tanto por el capital monopolista español como por la burguesía del bloque euro-estadounidense.  (Hay que tener en cuenta que, en el pico del “auge económico”, es decir, en  2005, en España se construyeron más viviendas que en Alemania, Francia e Italia juntos: esto es, en un país de 47 millones de habitantes se construyeron más pisos que en tres países que representaban una población de casi 208 millones de habitantes. Este dato da una idea de la magnitud que alcanzó el “boom inmobiliario” en todo el Estado.)

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria a finales de 2007, cientos de miles de proletarios se vieron abocados al paro en cuestión de meses, teniendo fatales consecuencias para todos aquellos que se habían endeudado con bancos y cajas de ahorro con el objetivo de acceder a una vivienda. Cuando los ingresos de millones de obreros disminuyeron (ya fuera por prestaciones de paro sensiblemente inferiores a los sueldos de sus anteriores trabajos, ya fuera por reducciones drásticas de salario que la burguesía implementa en cada crisis para tratar de luchar contra la tendencia decreciente de la tasa de ganancia) y los tipos de interés comenzaron a entrar en una senda alcista, la soga al cuello de hipotecas o alquileres -que en muchos casos superaban los salarios de los trabajadores- provocó que los desahucios comenzaran a golpear a los estratos más oprimidos del proletariado, sobre todo al inmigrante y a la clase obrera autóctona más joven.

Según el Barómetro social de España (a fecha de 6 de octubre de 2012), desde 2008 hasta el presente año han sido expulsadas de sus hogares más de 600.000 familias, habiéndose producido 371.708 ejecuciones hipotecarias y 273.575 desahucios de alquileres. Cada día se producen en el Estado español 532 desahucios, lo que da una muestra muy clara del gravísimo panorama que enfrentan el proletariado y las capas intermedias en proceso de proletarización en algo tan básico como la vivienda.

En esencia, la realidad de la vivienda en España para la clase explotada tiene que ver con la misma problemática -que ya caracterizara magistralmente Friedrich Engels en su Contribución al problema de la vivienda (1873)- que sufren la clase obrera y los sectores oprimidos en cualquier rincón del globo. Esta problemática hunde sus raíces en la organización económica de la sociedad (la división en clases sociales antagónicas, la propiedad privada de los medios de producción y la sobreproducción de capitales), que provoca que la vivienda sea una mercancía más, un objeto sometido a la ley del valor capitalista y a los intereses de una clase parasitaria, la burguesía, que vive extrayendo plusvalías y rentas a base de explotar fuerza de trabajo en grado progresivamente mayor.

Sin embargo, la realidad de la vivienda en el Estado español adopta un cariz singular, que no se da en la misma magnitud en otros países imperialistas, y que tiene su basamento en el propio modelo característico de desarrollo del capitalismo español durante las últimas dos décadas. Este modelo peculiar tuvo su expresión en la primacía que llegaron a ostentar, dentro del conjunto de la burguesía monopolista, las empresas constructoras, los bancos y los servicios que crecieron bajo el manto del capital inmobiliario. Dicho modelo de desarrollo capitalista (que ahora, a toro pasado, es “criticado” por la aristocracia obrera y una parte de la burguesía no monopolista española) no se desarrolló de forma caprichosa por “elección” de la burguesía, sino que respondió en última instancia a la división internacional del trabajo y al papel que el propio imperialismo le adjudicó a la burguesía española.

Con respecto a la vivienda, la consecuencia fatal de este patrón de crecimiento económico para el proletariado fue la incapacidad de pago creciente de una fracción de nuestra clase muy importante desde el punto de vista cuantitativo. Lo que vino después (desahucios y ahogamiento por deudas de gran parte del proletariado y de la pequeña burguesía) es de sobra conocido y provocó, como no podía ser de otra manera, incipientes luchas espontáneas contra los desahucios que sacaron a la palestra mediática los temas de la dación en pago y la moratoria en las ejecuciones hipotecarias.

Analizar este movimiento de lucha contra los desahucios es fundamental para los comunistas, pues permite a la vanguardia comunista conocer de primera mano las luchas espontáneas de nuestra clase y, sobre todo, seguir perfilando la necesaria unidad ideológica de los elementos más avanzados de nuestra clase con vistas a fusionar vanguardia comunista y masas obreras en el reconstituido Partido Comunista.

2. El movimiento espontáneo contra los desahucios en el Estado español

 2. 1. Primer paréntesis necesario: los comunistas y las luchas de resistencia de nuestra clase

Al contrario de lo que sostiene el revisionismo en cualquiera de sus variantes, nuestra clase es capaz por sí misma de defender sus intereses inmediatos y de emprender luchas de resistencia contra las embestidas del capital sin que ninguno de los autoproclamados partidos comunistas, de forma completamente paternalista, vaya a enseñarles a los obreros cómo se organizan asambleas, piquetes, huelgas, manifestaciones, ocupaciones, actos de sabotaje o cualquiera de las formas de lucha que el proletariado aprende a desarrollar cuando implementa su lucha de clase contra la patronal y sus esbirros. Nuestra clase, desde el punto de vista histórico y no desde la estrechez pequeño-burguesa y subjetivista impropia de comunistas, es una clase que está llamada a luchar por sus intereses inmediatos.

Los comunistas podemos y debemos organizar grupos de resistencia a los planes del capital allá donde haya posibilidades, pero sobre todo debemos elevarnos a la categoría de Partido de nuevo tipo, algo que solo es posible conseguir cuando la vanguardia comunista y los sectores más avanzados de la clase obrera en luchas de resistencia se fusionan en un todo orgánico, en su Partido Comunista. Previa a esta labor, está la de combatir toda forma de revisionismo en el seno del movimiento comunista para, mediante una lucha de líneas entre el comunismo y el reformismo, conseguir conformar un solo destacamento de vanguardia revolucionaria unificada en torno a los principios revolucionarios del comunismo que consigan desterrar lacras como el electoralismo, el espontaneísmo y el sindicalismo en la línea comunista. Es entonces –y solo entonces– cuando las luchas económicas pueden servir como herramienta para que los comunistas podamos transformar, a través de nuestros intermediarios con las masas de la clase (los luchadores proletarios más combativos y mejor organizados), la lucha sindical y de resistencia en lucha política y con vocación de poder.

Si el grueso de los comunistas no termina de comprender esta verdad corroborada por el estrepitoso fracaso del Movimiento Comunista en el Estado español y en gran parte del mundo, no es posible ningún tipo de reconstitución del comunismo y, además, nuestra clase seguirá viéndose impotente e inerme ante los brutales ataques de una burguesía monopolista que no está dispuesta a renunciar a su poder y dominio.

2. 2. Segundo paréntesis necesario: suicidios mediáticos y “reformas” del Gobierno español en materia de vivienda

Desde hace pocas semanas, los plumíferos y voceros del capital se han hecho eco de los recientes suicidios (inducidos por la desesperación que produce un sistema absolutamente inhumano y en cuya lógica no puede entrar la de cumplir el tan cacareado “derecho a la vivienda”) de José Miguel y Amaia en Granada y Barakaldo, respectivamente. Sin embargo, como hemos constatado antes, la realidad de los desahucios viene produciéndose de forma masiva desde hace ya más de cuatro años y, por supuesto, en el Estado español tampoco es ninguna novedad la ola de suicidios.

Lo único que ha cambiado ahora para la burguesía es que estas personas se han suicidado de tal forma y en tales circunstancias que sus muertes han sido un espectáculo mediático. Ya sabemos que, para los explotadores, si te suicidas y nadie te ve, formas parte de un dato más (de hecho, en la web del Instituto Nacional de Estadística cualquiera puede consultar el número de suicidios registrados por año, incluyendo registros tan siniestros como formas de llevar a cabo el suicidio); pero si tu suicidio salta a la palestra mediática, entonces es cuando los desahucios “son un problema social” y cuando el Gobierno (ese Consejo de Administración de la burguesía), que tiene “sensibilidad social”, acomete un “plan de reformas para proteger a los más débiles”.

El Gobierno del PP, tras haber tratado de negociar con el PSOE (el otro gran partido de la burguesía monopolista, el de la OTAN humanitaria, el de los GAL y la guerra sucia, el de la legalización de la sobreexplotación laboral en forma de ETTs y el del primer Estado de sitio decretado contra un colectivo de trabajadores en toda la historia de la democracia burguesa española), presenta el 15 de noviembre de este año un Real Decreto que, oficialmente, está pensado para aquellos proletarios que estén “en peores condiciones”. Al final, como era de esperar, la “reforma” es un auténtico embuste, pues excluye a la mayoría de familias de esa moratoria de dos años en ejecuciones hipotecarias y, además, deja en el aire cómo va a gestionarse ese “parque de viviendas sociales en alquiler” (el cual, por supuesto, será al final gestionado por el mismo capital financiero).

Una vez más, se vuelve a demostrar que el Ejecutivo de la burguesía (sin importar cuál sea su sigla) solo puede decretar y legislar, junto con el resto de formaciones políticas burguesas, en beneficio exclusivo de los intereses de la burguesía monopolista, del capital financiero. El Real Decreto, dicho sea de paso, trata de calmar unos ánimos que irán caldeándose más; trata, en definitiva, de minimizar unas luchas de resistencia en el plano de la vivienda que, a pesar de las medias tintas del Estado burgués, inevitablemente irán en aumento y alcanzarán mayor amplitud y contundencia.

2. 3. Las luchas proletarias contra los desahucios en España

En el Estado español, en el ámbito de la vivienda (como en el resto de ámbitos que atañen a nuestra clase) no hay ninguna lucha de masas de amplitud estatal que esté dirigida por comunistas. El grueso de las luchas espontáneas contra los desahucios están encabezadas por organizaciones que, provenientes de colectivos que surgieron antes que el 15-M (como la Asamblea por una Vivienda Digna, que ya protagonizó importantes luchas en 2006), se articulan en torno a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y a los colectivos locales del 15-M de “Stop Desahucios”.

Todos estos colectivos tienen como punto en común su visión absolutamente parcial, legalista y espontaneísta de la estrategia de luchas contra las tropelías del capital en materia de vivienda. Organizaciones como la PAH entienden que el problema de la vivienda en España tiene que ver con su “mercantilización”, con una banca “usurera e insaciable” y con unos Gobiernos que habrían sido “comprados” por bancos y demás entes “privados” interesados en hacer de la vivienda un “negocio”.

En primer lugar, hemos de decir que a ningún comunista puede sorprenderle que, sin una reconstitución previa del Movimiento Comunista del Estado español, sea imposible que este tipo de colectivos (en su gran mayoría, dirigidos por elementos de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera) empiecen a blandir las banderas rojas de la Revolución. No se le pueden pedir peras al olmo.

En segundo lugar, este tipo de organizaciones están incapacitadas para entender y afrontar de forma revolucionaria -de la única manera en que se puede afrontar, por otro lado- la problemática de la vivienda. La vivienda es un negocio como lo es cualquier mercancía en el sistema de explotación capitalista. A la burguesía no se le puede pedir que saque del “mercado” un bien, por muy básico que sea, como el de la vivienda. O el proletariado socializa los medios de producción existentes y pone a disposición de la clase obrera todo el parque de viviendas existente, o la lucha por una “vivienda digna” está abocada al más absoluto de los fracasos.

En realidad, no es ilógico que la pequeña burguesía y la base social de la aristocracia obrera elaboren este tipo de discursos y propuestas que nada tienen de comunistas (y que, por supuesto, dejan sin resolver el problema de raíz: la organización de la economía en función de la propiedad privada de los medios de producción y la explotación de una clase sobre otra), pues el seguidismo economicista y el espontaneísmo son propios de estas clases o sectores sociales vacilantes. Lo que sí es ilógico y grave es que, desde posiciones pretendidamente comunistas, se establezcan una lógica y unos patrones de luchas que atrapan igualmente a los proletarios en los estrechos círculos del sindicalismo y el espontaneísmo.

Además de las decenas de protestas contra los desahucios organizadas semanalmente por organizaciones como Stop Desahucios o la PAH (protestas que casi siempre son brutalmente reprimidas por las fuerzas represivas del capital), ha habido hasta ahora dos luchas proletarias emblemáticas y que han servido como guía e inspiración para otros grupos de explotados que, espontáneamente, están comenzando a organizarse y a oponerse a las expulsiones criminales de sus hogares. Nos referimos a la interesante iniciativa de la Corrala de Vecinas la Utopía (Sevilla) y a la acampada permanente de proletarios (en su mayoría inmigrantes) en la sede de Bankia, ubicada en la plaza del Celenque (Madrid).

Ambas luchas ejemplares han vuelto a demostrar que la clase obrera, cuando es  consciente de que su fuerza reside en su unidad (en la comunidad de intereses que es capaz de forjar), saca lo mejor de sí misma, planta cara y resiste de forma autónoma a las embestidas del capital. Lo único que no es capaz de hacer el grueso de la clase obrera es entender por sí misma la necesidad de la Revolución, una Revolución que debe transformar desde el punto de vista revolucionario este siniestro orden social y generar una sociedad (la sociedad del Estado proletario) que sea capaz de hacer frente al horroroso problema de la vivienda que aquí nos ocupa. Los comunistas entendemos que la nueva sociedad socialista (aquella que camina hacia la extinción completa de las clases sociales) es la única capaz de generar una alternativa al problema de la vivienda bajo el capitalismo.

Segunda parte del texto

Un nuevo episodio de la barbarie del imperialismo en Palestina

Como «un nuevo conflicto». Así han tenido la desvergüenza de denominar los voceros mediáticos del capital y del sionismo este nuevo episodio de guerra de exterminio del Estado de Israel en tierras de Oriente Próximo. Un episodio que comenzaba el 14 de noviembre con el asesinato del número 2 de Hamas por parte de la aviación israelí. Según datos del Ministerio de Sanidad palestino, son ya 155 civiles palestinos de la franja asesinados por la maquinaria de guerra israelí en solo 8 días. Decenas de casas, multitud de comercios e infraestructuras civiles y militares básicas palestinas han sido destruidas manu militari, sumiendo nuevamente en la barbarie a un territorio que es denominado por muchos como la mayor prisión a cielo abierto del mundo.

Trasfondo real de la operación «Pilar defensivo»

Los carniceros sionistas, tan dados a bautizar sus operaciones genocidas de forma tan siniestra (la última masacre cometida por el Estado de Israel a gran escala fue conocida como «Plomo fundido»), han vuelto a demostrar a los proletarios y pueblos oprimidos del mundo que la maquinaria sionista, como la del imperialismo en general, solo puede engrasarse con la sangre y el sufrimiento de niños, mujeres, ancianos y hombres cuyo único delito consiste en resistir de forma heroica los embistes del imperialismo genocida o, peor aún, en haber nacido en el lugar equivocado.

Desde el momento en que redactamos este escrito, el Estado de Israel y Hamas parecen haber alcanzado un nuevo alto el fuego. Al margen de especulaciones sobre si esta nueva operación de carnicería contra el pueblo de Gaza ha sido bien calibrada o no políticamente por la burguesía israelí (y su padrino estadounidense), lo que está claro es que el objetivo claro de esta nueva masacre del ejército sionista ha tenido como objetivo prioritario afianzar su política de aplastamiento y doblegamiento de la resistencia palestina, debilitando al máximo su infraestructura civil y militar y demostrando cuál es la política real en un mundo asolado por el imperialismo.

En última instancia, como potencia enmarcada en el sistema imperialista, Israel responde también con esta agresión criminal a sus propias necesidades como parte del bloque imperialista hegemónico, que necesita engrasar los pistones económicos para poner en marcha una nueva guerra imperialista mundial que tendría como epicentro a la República Islámica de Irán. Los comunistas no olvidamos que la única forma en que el capital lograr «salir» de sus crisis pasa por la destrucción, la conquista y la guerra. Por eso, creemos que este nuevo episodio siniestro, que se suma a la ya larga historia de oprobio imperialista contra el pueblo palestino desde finales de los 40, no se puede desligar de la dinámica general del modo de producción capitalista, un modo de producción para el que la guerra y la barbarie son consustanciales.

Tampoco debemos dejar de denunciar, como comunistas del Estado español, el carácter reaccionario, falsario y criminal de esa alianza interimperialista llamada Unión Europea, que, como no podía ser de otra manera, ha apoyado sin fisuras el «derecho a defenderse» que según ellos tiene el Estado de Israel. Estos imperialistas de la UE (galardonados con el premio «Nobel de la Paz», siguiendo la estela de los conocidos genocidas pacifistas Kissinger u Obama) vuelven a demostrar su auténtica alma política y de clase: además de gestionar la dictadura de clase en los Estados imperialistas en esta época de crisis (una gestión que tiene el «honor» de haber creado más proletarios pobres y en paro que en 50 años de historia europea, convirtiendo a países como Grecia, Portugal o España en infiernos poblados de una miseria atroz y auténtica hambre), la UE se caracteriza por intervenir en países oprimidos como carnicero imperialista, unas veces al socaire del imperialismo anglo-sionista, y otras veces como fuerza hegemónica propia.

La única solución posible a la guerra de exterminio contra el pueblo oprimido de Palestina

Los comunistas siempre hemos tenido claro que el imperialismo, como estadio superior y último del desarrollo capitalista, no puede conducir irremediablemente más que a un escenario internacional de guerras de rapiña y exterminio, pugnas interimperialistas, militarización y fascistización a escala global y a toda clase de horrores que provienen de la naturaleza estructural del sistema de explotación capitalista.

Al contrario de lo que piensan los socialdemócratas de viejo y nuevo cuño, el problema de Palestina no es, en última instancia, la existencia de un Estado como el de Israel (responsable de uno de los mayores genocidios de los últimos 60 años). El problema de fondo que sufre el pueblo oprimido de Palestina (como el que sufre el resto de pueblos oprimidos del mundo y el conjunto del proletariado de los países dominantes) es la existencia misma del imperialismo, del modo de producción capitalista, que adopta, en ese lugar milenario del globo, un cariz brutal, sanguinario y genocida.

Denunciar al Estado de Israel sin combatir al sistema social y económico que lo amamanta es un ejercicio de engaño político e ideológico. Que ningún socialdemócrata «humanitario» nos venda la moto: la guerra de exterminio contra el pueblo palestino solo puede ser librada con total éxito si los proletarios de los países opresores combaten a sus propias burguesías y allanan el camino para que las masas palestinas se liberen del invasor imperialista.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que, al estar dirigida la lucha de independencia nacional palestina por la pequeña y mediana burguesía, no puede ser llevada hasta el fin, porque estas clases son vacilantes y optan por llegar a acuerdos con el imperialismo, como demuestra el hecho de que Hamas haya limitado sus reclamaciones iniciales de liberación de todo el territorio palestino ocupado en 1948 a las actuales de edificación de un Estado palestino basado en las fronteras de 1967, lo cual supone reconocer la legitimidad del Estado de Israel (origen de la opresión del pueblo palestino), sin cuya destrucción del mismo el pueblo palestino jamás podrá alcanzar la liberación nacional. Por ello, solo la alianza entre las masas populares palestinas y el proletariado israelí contra el imperialismo y las burguesías israelí y palestina -con vistas a desarrollar la revolución democrático-popular que tenga como objetivo crear un Estado plurinacional de democracia de nuevo tipo en toda Palestina- puede acabar con el genocidio y la opresión sionista sobre el pueblo palestino.

¡Solidaridad absoluta con el pueblo oprimido de Palestina!

¡Alto a la maquinaria genocida del imperialismo!

¡Revolución socialista o barbarie!

La constitución del POSDR(b) como Partido Proletario de Nuevo Tipo

Origen y desarrollo histórico del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (bolchevique)

El marxismo penetra en Rusia en la década de los años 80 del siglo XIX. Es en el año 1883 cuando se forma el primer grupo marxista ruso, en el exilio, denominado Emancipación del Trabajo y formado por antiguos populistas entre los que destaca Plejanov. También en el mismo año se crea el primer círculo marxista en el interior de Rusia, creado por Blaogev en la ciudad de San Petersburgo. Durante toda esta década surgen círculos marxistas en diversas ciudades de Rusia cuya labor consistía en el estudio de la concepción proletaria del mundo, del marxismo. Entre estos grupos destaca el fundado por Brusnev (también en San Petersburgo en el año 1889), cuyo objetivo era la formación de los obreros más avanzados en el marxismo, por lo que este círculo constituye el primer intento en Rusia de fusionar el socialismo científico con el movimiento obrero.

Este último grupo es desarticulado en 1892 por la policía política zarista, la Ojrana, pero al año siguiente supervivientes de este grupo crean otro círculo marxista denominado “Círculo de los tecnólogos” (ya que en su mayoría estaba formado por estudiantes del Instituto Tecnológico). En octubre de 1893, a este grupo se uniría el que sería el líder del proletariado revolucionario ruso y teorizador del partido de nuevo tipo proletario, V. I. Lenin, que pronto destacaría por el hecho de dirigir la lucha teórica contra el populismo y el marxismo legal y por proponer la agitación entre las amplias masas obreras, puesto que hasta esa fecha la labor de los círculos estaba encaminada hacia la propaganda marxista entre los obreros avanzados, entre la vanguardia práctica del proletariado. El “Círculo de los tecnólogos” fue el germen de la futura Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera (creada en 1895), que sería el primer embrión del partido revolucionario del proletariado al fusionar el socialismo científico con el movimiento obrero, y que llevaría a cabo el primer intento de agrupar a todos los círculos marxistas dispersos a lo largo y ancho de Rusia en una sola organización.

Durante esta etapa de formación de la vanguardia teórica marxista rusa, agrupada en círculos y grupos a nivel local, su labor consistía en el estudio y discusión del marxismo y de la propaganda de la ideología proletaria entre los obreros más avanzados y, junto con esto, libraban la lucha ideológica contra el populismo y el marxismo legal. Así vemos cómo la vanguardia marxista revolucionaria, cuyo origen social era la intelligentsia (ya que era la única capa social capaz de asimilar el contenido del marxismo), se forja en la asunción del socialismo científico y la lucha teórica contra las ideologías que en aquella época estaban en boga entre la vanguardia, es decir, el populismo y el marxismo legal.

El primero representaba los intereses de la pequeña burguesía campesina y empleaba como método de lucha el terror individual. El segundo representaba las aspiraciones de determinados sectores de la burguesía liberal que despojaban al marxismo de toda su esencia revolucionaria para quedarse solo con lo que beneficiaba a sus intereses de clase, es decir, los aspectos positivos del capitalismo. En un principio, los marxistas revolucionarios rusos encontraron un aliado entre los marxistas legales en su lucha ideológica contra el populismo, pero, una vez derrotado este, los marxistas revolucionarios pasaron a la ofensiva contra el marxismo legal.

Es en 1898 cuando se funda el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia en su I Congreso en la ciudad de Minsk. El Partido lo conforman delegados de círculos marxistas de San Petersburgo, Moscú, Kiev y Ekateronislav, del Bund y de Rabochaia Gazeta. En el Congreso no se adopta ningún programa sino solo un manifiesto que había sido redactado por Struve, máximo teórico del marxismo legal. Además, se elige a un Comité Central que es detenido al poco tiempo por la Ojrana.

Al mismo tiempo que se da el proceso de unificación de la vanguardia marxista rusa, surge en su interior una desviación denominada economismo que defiende que el proletariado debe centrar su lucha en el ámbito económico para la conquista de mejores condiciones de vida. Contra esta desviación los marxistas revolucionarios han de desarrollar la lucha teórica, una lucha en la que juega un papel fundamental Lenin quien, después de leer el Credo (documento en el que se exponen las concepciones de los economistas), escribió como crítica al mismo Protesta de los socialdemócratas.

En 1900, Lenin entabla contacto con el grupo Emancipación del Trabajo con el objetivo de crear un periódico marxista para toda Rusia y para combatir las desviaciones oportunistas como el economismo, además de para unificar a la vanguardia ideológica en torno al marxismo revolucionario y elaborar un programa que proceda a la convocatoria de un nuevo Congreso del POSDR donde se adopte dicho programa. Este periódico se denominará Iskra y se publicará de 1900 a 1905, aunque a partir de 1903 estará en manos de los mencheviques.

En esta época previa al II Congreso, Lenin también publicará ¿Qué hacer?, una de sus obras más importantes donde crítica el economismo y señala las características organizativas del partido revolucionario del proletariado. Este periodo de lucha de dos líneas en el interior de la socialdemocracia servirá para que numerosos colectivos socialdemócratas del interior de Rusia se adhieran al marxismo revolucionario, abandonando para ello el economismo (esto se reflejará en la correlación de fuerzas en el II Congreso). El proyecto de programa para el futuro congreso fue elaborado en base a los anteproyectos redactados por Plejanov y Lenin.

Es en 1903 cuando se convoca el II Congreso y sus primeras sesiones son celebradas en Bruselas y, posteriormente,en Londres. Las tendencias que forman parte del II Congreso se pueden dividir en iskristas, dirigidos por Lenin; economistas y fracción del Bund y, por último, el sector vacilante que se encontraba entre ambos. El Congreso se dividió en dos partes, una primera en la que se discutió el programa y una segunda en la que se debatió acerca de los estatutos. En la primera, los iskristas se mantuvieron unidos y lograron que se adoptara su programa y la línea política defendida por Iskra, aunque aparecieron las primeras divergencias a través de la persona de Martov.

En la segunda parte del Congreso, la relativa a los estatutos, es cuando se produjo la divergencia entre los iskristas. El fundamento de esta divergencia era la consideración de quién se podía considerar miembro del partido. Mientras Lenin y Plejanov defendían que para ser miembro del partido había que estar integrado en una organización del mismo, Martov defendía que podía ser miembro cualquiera que se encontrara bajo la dirección de una organización aunque no formara parte de la misma. Lo esencial que subyacía a esto era la diferenciación entre partido de vanguardia y partido de masas. Martov, con su propuesta, lograría atraerse a una minoría de iskristas y logró el apoyo de los economistas y los bundistas, por lo que se aceptó su propuesta. Aun así, los economistas y bundistas se retiraron antes de que finalizasen las sesiones del Congreso, por lo que los iskristas encabezados por Lenin quedaron en mayoría (razón por la cual pasaron a denominarse bolcheviques), mientras que los iskristas encabezados por Martov quedaron en minoría (motivo por el cual se les denominó mencheviques) a la hora de elegir el Comité Central y un órgano Central, de los cuales Martov se negó a formar parte.

Este II Congreso significó la derrota de los economistas, pero surgió el menchevismo, que pasaría a ser el nuevo oportunismo en el seno de la socialdemocracia rusa, la cual heredaba las concepciones del marxismo legal y del propio economismo y contra el cual Lenin y los bolcheviques deberían desarrollar una lucha ideológica durante todo el periodo que desembocaría en la Revolución de Octubre.

Los mencheviques se negaron a acatar las directrices del Comité Central y formaron grupos socialdemócratas por su cuenta al margen de la mayoría del POSDR. Al producirse esto, Plejanov intentó mediar con los mencheviques y cooptó a mencheviques para los órganos de dirección y, finalmente, él mismo acabó formando parte de la fracción menchevique, por lo que la mayoría (los bolcheviques) quedó en minoría en los órganos de dirección del POSDR. En base a esto, en 1904 los bolcheviques crearon el Buró de Comités de la Mayoría (que cumplía las funciones de un Comité Central), creando además su propio periódico marxista, denominado Vperiod. El POSDR se encontraba dividido en dos facciones que en la práctica actuaban como organizaciones diferentes.

En enero de 1905, una manifestación obrera organizada por el pope Gapón, que reunió a 100.000 obreros en San Petersburgo que se dirigían al Palacio de Invierno para entregarle una serie de peticiones al Zar, fue reprimida a balazos causando la muerte de 1.000 obreros e hiriendo a 5.000. Es el inicio de la Revolución de 1905. Durante el desarrollo de esta revolución, el POSDR(b) se forjará como Partido Obrero de Nuevo Tipo.

Fue durante el transcurso de este proceso revolucionario cuando, a parte de dilucidar cuestiones tácticas que serían refrendadas en el III Congreso de ese mismo año, los bolcheviques consiguieron enraizarse entre las masas proletarias ganándose a los obreros avanzados y fusionándose con el movimiento obrero. Esto les llevó a crear -e introducirse en- numerosas organizaciones, entre las que destacaban las células de fabrica. En este época los bolcheviques dirigían y participaban en acciones revolucionarias de masas. En este sentido, cabe destacar el importante papel que jugaron los bolcheviques en la insurrección proletaria que se produjo en diciembre de 1905 en Moscú, que, aunque terminó en derrota, supuso un hito del proletariado revolucionario ruso.

En la constitución del POSDR(b) como partido de nuevo tipo se observa la primacía y dirección de la ideología y  la lucha de dos líneas como factores para la construcción de la vanguardia proletaria. Los primeros círculos marxistas formados por intelectuales se reúnen para estudiar y debatir sobre marxismo, estos forman la vanguardia teórica del proletariado, y libran la lucha ideológica contra las corrientes oportunistas en el seno de la vanguardia, en un primer momento el populismo y, más tarde, el marxismo legal. Posteriormente estos círculos se proponen formar en la concepción proletaria del mundo, en el socialismo científico, a los obreros avanzados, a los intermediarios entre la vanguardia teórica y las masas proletarias, es decir, la vanguardia práctica del proletariado. Cuando el economismo, el revisionismo, se convierte mayoritario entre los grupos socialdemócratas, es decir, a finales del siglo XIX y primeros años del XX, los marxistas revolucionarios y Lenin se centran en la lucha de dos líneas contra el oportunismo economicista a través del periódico Iskra y de la obra teórica leniniana para ganarse a la vanguardia obrera para el marxismo. En el II Congreso saldrá triunfador el marxismo, aunque en el mismo congreso, surgirá una nueva forma de revisionismo, el menchevismo, al cual los marxistas revolucionarios también combatirán ideológicamente a través de la lucha de dos líneas. Finalmente, la vanguardia se fusionará con las masas proletarias durante el año 1905.

Las enseñanzas del desarrollo del POSDR(b) para la vanguardia comunista en el Estado español

Las tareas actuales de la vanguardia marxista-leninista en el Estado español tienen diferencias sustanciales con las tareas de la vanguardia marxista en Rusia, debido a que actualmente aún está pendiente el análisis marxista del primer ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (que se inició en 1917 y que terminó en derrota para el proletariado revolucionario y en la destrucción del Movimiento Comunista Internacional por parte del revisionismo), hecho que no se daba entre la vanguardia marxista de la Rusia de finales del XIX y principios del XX. A esto hay que añadirle la existencia de un movimiento obrero en ascenso  y que todavía estaba pendiente la revolución democrático-burguesa en la Rusia de la época, lo que exigía que los marxistas realizasen agitación entre los obreros para no quedarse a la zaga del movimiento espontáneo de las masas proletarias. Aun así, durante el periodo en el que el economismo era mayoritario entre la socialdemocracia, los marxistas revolucionarios se centraron en la lucha de dos líneas contra el mismo.

En la actualidad, el revisionismo también es mayoritario en el movimiento comunista del Estado español y, por lo tanto, la tarea inmediata que corresponde a los marxistas-leninistas es desarrollar la lucha de dos líneas entre la vanguardia para que el comunismo científico ocupe la posición hegemónica entre la vanguardia ideológica del proletariado y, además, para realizar el balance de la experiencia revolucionaria del primer ciclo de la Revolución Proletaria Mundial iniciado en 1917, todo ello con el objetivo de sentar así las bases para la construcción del movimiento revolucionario del proletariado, o lo que es lo mismo, para la reconstitución del Partido Comunista.

A vueltas con Carrillo: El PCE y el revisionismo en el MCI

Los camaradas de Revolución Proletaria nos envían un excelente trabajo histórico de crítica revolucionaria al revisionismo en el PCE en particular y al Movimiento Comunista Internacional en general. Nos parece muy interesante, sobre todo, la crítica que realizan los compañeros a las causas que explican el revisionismo en el PCE, unas causas que sobrepasan los cauces de determinadas figuras funestas para el Movimiento Comunista en el Estado español (como el “ilustre” Carrillo, idolatrado y elevado a los altares por la burguesía española y sus voceros), y que se incardinan en un proceso internacional de pérdida de hegemonía de la línea revolucionaria en el seno del movimiento revolucionario internacional. 

Este tipo de trabajos históricos, imprescindibles para quienes entendemos que el comunismo en el Estado español aún debe ser depurado de oportunismo para volver a ponerlo en pie ante nuestra clase, son realmente interesantes en el sentido de que permiten tejer un hilo rojo de la Historia, ayudándonos a entender por qué movimientos que supusieron el desafío más serio al orden explotador de la burguesía hoy han perdido toda hegemonía entre las masas de nuestra clase. Conocer nuestra Historia es, en definitiva, clave para volver a erigir la ideología revolucionaria como referente para el proletariado.

EL PCE Y EL REVISIONISMO EN EL MCI
 
Los voceros del capital y el adiós a Carrillo

En septiembre, asistimos a uno de esos momentos en los que la burguesía, a coro, se lamenta por la pérdida de uno de los suyos. Carrillo (Santiago) se murió. Todos los representantes del régimen, desde los electos derechosos hasta la inteligentsia de la izquierda, se unieron para dar el último adiós al finado. La televisión pública volvió a mostrarse como un NODO parlamentado en donde, como en cualquier otro de los organismos de la dictadura del capital, las distintas facciones de la clase dominante dirimen democráticamente como van a realizar su propaganda. Y con este muerto no hay dudas: político de inusitada envergadura que supo medir las dificultades de su tiempo y velar por los intereses de la nación, para dotar al conjunto del pueblo español de otros 40 años de paz y concordia, como gesta reconciliatoria en que ha de acabar el currículum de todo luchador que quiera ser llorado por un rey.
Cualquier acontecimiento en una sociedad divida en clases se torna en político y, qué duda cabe, ante el adiós de Carrillo los portavoces de las distintas corrientes políticas que atraviesan a los “movimientos de izquierdas” han tomado palabra. Algunos han hecho un “balance crítico” de la vida del ex contertulio del grupo PRISA, concluyendo que, a fin de cuentas, Carrillo es de los de abajo, del pueblo,delos nuestros1. Llama la atención como machaconamente, a través de los “huecos” que “les deja” el sistema, los representantes de la pequeña burguesía, que busca reedificar su discurso democrático, intentan pasar sus intereses por los del proletariado. Si bien esta situación responde a un marco social y político enraizado en los orígenes de la misma clase obrera como sujeto político envuelto en las contradicciones de la sociedad en donde trabajo y capital son la partera de lo existente: Cuando la burguesía accedió al Poder durante el siglo XIX su revolución implicó, de forma expansiva, al conjunto de las clases que la auparon a clase dominante. El proletariado sirvió como arma entre las disputas de las distintas fracciones de las clases burguesas en toda Europa hasta que no alcanzó a comprender, a través de la acumulación de su propia experiencia, que era una clase con intereses propios que podía llevar a cabo su Revolución. Esto confinó al proletariado al marco programático de la pequeña burguesía radical en toda una época iniciada en 1789 y que empezaría a perder su sentido histórico a medida que el proletariado se confirmaba como clase independiente (desde la Revolución de 1848 hasta la Comuna de París). Período de maduración que culmina con la sintetización teórica de la experiencia práctica de la lucha de clases acometida por los marxistas revolucionarios rusos, que se enfrentarán desde un punto más elevado a su realidad concreta al extraer las conclusiones universales de la experiencia del movimiento obrero europeo: la necesidad del partido obrero de nuevo tipo.
Entre la oferta política actual se encuentran las terceras repúblicas, los proyectos constituyentes, las democracias participativas y toda suerte de titulares que pretenden devolvernos a la época en que el proletariado era el ala radical de los movimientos democrático-burgueses, con la “novísima” excusa de sostener el bienestar a través de un Estado garantista que defienda la igualdad, la libertad y la fraternidad. Bonitas armas anti-feudales con las que la radicalidad del sistema se atreve a tildar a la dictadura del proletariado y al marxismo de antiguallas.
De quienes gestionan este país y de los que están agazapados a su izquierda preparando la “syrización” de la política estatal han venido loas de distintos grado hacia nuestro protagonista, de tal modo que han plasmado en ellas su punto de vista de la realidad: la historia la hacen los individuos; línea argumental de lo que significa el culto a la personalidad, que desde un punto de vista marxista significa elevar a individuos por encima de los intereses sociales de los que eran portadores para, en última instancia, negar las contradicciones de clase (como hecho objetivo) y rebajarlas a confrontaciones entre sumas de individuos. Se olvidan estos cuentacuentos que la lucha de clases encumbra a individuos, más éstos solo representan los intereses de una clase social porque surgen en una determinada época de la historia que los condiciona y en donde la lucha de clases, por ser motor de la historia, los lleva a uno u otro lado de la barricada.Carrillo, por supuesto, es un enemigo de los asalariados, pero es inconcebible pensar en Carrillo como individuo por encima de las clases sociales y portador de unos determinados intereses de clase que se transcriben socialmente en forma de programa político.
Pero este modo de operar nos lo encontraremos siempre al repasar la historiografía burguesa (en la que incluimos a anarquistas, trotskistas y revisionistas “ortodoxos”). ¿Qué pasa cuando se habla de la Unión Soviética? Que se reduce la lucha de clases a una lucha interpersonal (entre Stalin y Trotski, durante los años 20) o a las decisiones de un pequeñísimo grupo (en la cúspide y a la vez sin relación alguna con el resto del conjunto social) que “deformaría” al Estado Soviético: lo dicen los trotskistas para explicar la derrota de su líder; lo dicen los anarquistas para explicar la inoperancia de sus predecesores en la Revolución Rusa; lo dicen los revisionistas “ortodoxos” para definir todo el proceso de lucha que se encumbró, para desgracia del proletariado, en el XX Congreso del PCUS.
El PCE y el camino hacia latransición

Volviendo a don Santiago y su adiós. ¿Qué es lo que debe surgir de las filas del comunismo ante este acontecimiento? Sobre su figura se ha dicho tanto, desde todos los puntos del mapa político, que al menos hemos de plantear una reflexión colectiva que nos sirva para analizar el desarrollo histórico del MC en España pero, por supuesto, para ello habrá que superar con creces la vida de este señor.
Es cierto que Santiago Carrillo fue una de las principales figuras del PCE a lo largo de su historia y por ello su vida es tan controvertida como la del mismo partido, que empezó siendo la sección española de la Internacional Comunista, faro de la Revolución Proletaria Mundial, y terminó como baluarte de las aspiraciones imperialistas del capitalismo español.
Iniciado en la organización juvenil del PSOE, Carrillo no encuentra dificultades en convertirse en dirigente de las JSU para luego encaramarse al PCE. Acabada la guerra es cuando Carrillo se erige en pieza clave para el PCE, pues se le encarga la tarea de organizar al Partido en España. Una época dura en que los militantes antifascistas trabajan en la clandestinidad y donde cualquier obrero podía ser prendido y asesinado por la policía fascista. En el Movimiento Comunista Internacional se estaba desarrollando, aunque en forma solapada, la lucha de dos líneas que, precisamente, va a significar la antesala del ya mentado Congreso del PCUS. Los partidos comunistas occidentales están embarcados en la suicida alianza con la burguesía monopolista (en Francia e Italia)2 siguiendo las pautas que dejó escritas la IC (gobiernos de unidad nacional):
La guerra mundial desencadenada por los hitlerianos ha agudizado aún más las diferencias en las condiciones de los distintos países, trazando una línea divisoria profunda entre los países que se convirtieron en portadores de la tiranía hitleriana y los pueblos amantes de la libertad que se unieron en la poderosa coalición contra Hitler. Mientras que en los países del bloque hitlerista la tarea básica de los trabajadores y todas las personas honestas es contribuir en todas las formas imaginables hacia la derrota de este bloque, al socavar la maquinaria de guerra hitleriana desde el interior, ayudando a derrocar a los gobiernos responsables de la guerra, en los países de la coalición anti-Hitler, el deber sagrado de las más amplias masas del pueblo, y en primer lugar de los trabajadores progresistas, es apoyar en todos los sentidos a los esfuerzos de guerra de los gobiernos de esos países por el bien de la rápida destrucción del bloque hitlerista y asegurar la colaboración amistosa entre las naciones sobre la base de la igualdad de derechos. Comunicado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista presentado a las secciones nacionales en Mayo de 1943. (Una vez recibido y aprobado este comunicado por las secciones nacionales, la Comintern se autodisolvió. Entre quienes apoyaron esta decisión estaba Dolores Ibárruri, representando al PCE).

El comunicado sigue, designando la tarea de llevar a cabo la lucha armada en los paíseshitleristas. Pero acabada la II Guerra Mundial las organizaciones armadas se convierten en un problema para las direcciones de los países vencedores que han de presentarse ante la burguesía internacional comopartidos de gobiernoo Estados aliados. Y este hecho embarga al conjunto del MCI: El Ejército Democrático Griego (1946-49), organismo generado por el KKE, se queda sólo en su lucha contra el imperialismo angloamericano y el gobierno burgués (con el que intentó una alianza multitud de veces antes de ser empujado a la guerra civil). Los cuadros comunistas que comandaron al pueblo griego en su guerra serían purgados, ya en el preludio de 1956, por el revisionismo soviético (PCUS) y el heleno (KKE), acusados deizquierdistasyagentes alemanes2. Las agrupaciones guerrilleras en España significan la persistencia del conflicto armado y el PCE quiere presentarse ya como el lapidador de toda herida abierta por la guerra civil en aras de crear un gobierno de unidad nacional contra Franco (consigna ya esgrimida durante la Guerra, mantenida tras el golpe de Casado y que tomará nueva forma tras el fin de la IIGM):

La política de Unión Nacional preconizada por el PCE se basaba en el hecho de que la gama de las fuerzas opuestas a la política franquista de apoyo al hitlerismo, era más amplia que la de las fuerzas que habían luchado por la República. Existía la posibilidad de un reagrupamiento de las fuerzas políticas que, poniendo fin a la división abierta por la guerra civil, incorporase a la acción contra la dictadura a sectores que antes la habían apoyado, pero que en 1942 se pronunciaban en favor de la coalición antihitleriana y de la neutralidad española.Historia del Partido Comunista de España3

La dirección del PCE en aquel entonces no hace más que seguir las directrices que predominan en el MCI. Con elvirajede 19484 liquida la lucha armada y aborda la tarea de infiltrarse en el sindicalismo vertical para contactar con las masas. Tras años trabajando, sin resultados notorios, con la política de Unidad Nacional, se pasa a la tesis de la Reconciliación Nacional aprobada por el Comité Central (en 1956, cuatro años antes de que Carrillo sea designado secretario general en el VI Congreso del Partido):

“…el Partido Comunista de España declara solemnemente estar dispuesto a contribuir sin reservas a la reconciliación nacional de los españoles, a terminar con la división abierta por la guerra civil y mantenida por el general Franco. (…) Existe en todas las capas sociales de nuestro país el deseo de terminar con la artificiosa división de los españoles en «rojos» y «nacionales», para sentirse ciudadanos de España, respetados en sus derechos, garantizados en su vida y libertad, aportando al acervo nacional su esfuerzo y sus conocimientosDeclaración del Partido Comunista de España “Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español” Junio de 1956

Una política que definitivamente tiró por la borda la lucha de clases, además de presentar un análisis sesgado de la realidad española, donde según el PCE, apenas una vieja camarilla ligada a Franco estaría beneficiándose del régimen, lo que posibilitaba la creación de ese frente interclasista.5

En este sentido abría que apuntar que el fascismo se caracteriza, más allá de sus vestiduras, por centralizar el poder de la clase dominante en un aparato corporativista, reconduciendo todas las formas de representación social a través del Estado burgués sinsociedad civilajena a ese cuerpo, como sucede bajo las dictadura parlamentaria. Este papel corporativista se imbricó durante un largo período a través de la Falange y el sindicato vertical. Claro está, esto hacía que en el Estado español las contradicciones en el seno de la clase dominante hiciesen temblar al régimen fascista en donde la composición clasista del poder era más rígida y estática, ofreciendo menos posibilidades tácticas a la fracción dirigente (amparada sin fisuras, eso sí, por el corpus central del Estado: el Ejército). Frente a la flexibilidad parlamentaria que permite a la burguesía mejorar su máquina política para solventar las contradiccionesde arribademocráticamente y no mediante la imposición directa de uno u otro sector, ya fuesen, durante el régimen fascista, los falangistas, los militares o los tecnócratas del Opus. No obstante esta nota sobre el adelanto que supone para la dictadura del capital el régimen parlamentario está más que señalada por Lenin enEl Estado y la Revolucióncuando trata la cuestión de larepública democráticaburguesa:

La omnipotencia de la “riqueza” es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder.

El desarrollo de la lucha de clases en el Estado español también nos ofrece esta conclusión. La transición, más allá delmito fundacionalque han creado a base de invertir millones en tinta para los escribanos del régimen constitucional (una vez más expuesto en el episodio Carrillo) supuso el paso, bien marcado y delimitado, de la burguesía monopolista española junto a los sectores en que se sostenía (Ejército, Iglesia…) hacia un régimen más abierto en el que la democracia, como poder de dictar y ejecutar programas políticos, contase con las burguesías periféricas, la pequeña burguesía y la aristocracia obrera, al estilo de los parlamentos de Europa occidental, para facilitar la paz social y un mercado internoactivadopor el Estado pero gestionado por los distintos estratos del capital. Esta nueva correlación de fuerzas permitía al capital español desarrollarse, en aras de convertirse en potencia imperialista (dejar de ser país receptor de capitales para ser exportador) dentro de los límites marcados por la Comunidad Económica Europea.

Nos devuelve este repaso a 1956 para ver mejor que lo que proponía el PCE era una engañifa desde el punto de vista revolucionario; una buena maniobra desde el punto de vista reformista para postular al PCE (como así ha acabado, aunque por debajo de las expectativas que tenían Carrillo y compañía) como gestor de la dictadura de la burguesía bajo las condiciones de un régimen parlamentario.

El revisionismo en el MCI

Insertada la historia del PCE en la del MCI podemos valorar que no son ni un líder, ni unos dirigentes descarriados los que imponen la política revisionista en el PCE. También observamos que no es ante la elaboración de la Constitución del 78 o ante los Pactos de Moncloa cuando el PCE dael paso atráscon la famosa rueda de prensa bajo la bandera monárquica y las consecuentesanécdotasque se sucedían con loscordones de seguridaddel PCE cada vez que aparecía en sus manifestaciones una bandera tricolor que, a modo de risa, tuvo su hueco en la capilla ardiente del ex secretario general.

Pero desentrañemos algo más la cuestión para interesarnos, más allá de la biografía de algunos individuos, por las causas que llevaron a que la línea revisionista vertebrase, para liquidarlos, a los partidos nacidos un día de la Internacional Comunista y que terminaron por convertirse en su contrario para ser aparatos al servicio de la reacción.

De forma principal, aunque no absoluta, está la cuestión ideológica. La clarificación ideológica en las secciones de la IC venía dada por los bolcheviques que fueron los impulsores del deslindamiento, primero en Rusia y luego a nivel internacional, con la vieja socialdemocracia, que se coronaría con la constitución de la Internacional de nuevo tipo, la Comintern. Las diferencias teóricas con la socialdemocracia donde eran detectadas por las bases de los partidos comunistas era en lo político: democracia burguesa o dictadura del proletariado. Sin duda una diferencia nada baladí y que permitía, desde ese elevado punto de discusión, descender a la problemática de cómo llevar a cabo las tareas de la Revolución Proletaria (debate sobre sindicatos, parlamentos, cuestión nacional, clandestinidad, lucha armada, etc.)

En el desarrollo de la lucha de clases, en forma de lucha de dos líneas, en el seno del partido soviético, vanguardia del proletariado mundial a través de la Comintern, se abre camino la tesis sobre el fin de la lucha de clases en la URSS (el arduo período de guerra de clase abierto contra los kulak cicatriza con la Constitución Soviética de 19366). Esta postura revierte en el contexto internacional, a través de las tesis del frente popular (en 1935 Dimitrov, en el VII Congreso de la IC, viene a validar en el plano teórico lo que ya era realidad en varios países, el acercamiento a la socialdemocracia para luchar contra el fascismo. En Francia el PCF converge con el partido socialdemócrata, la SFIO, y sectores de la burguesía radical para enfrentar al fascismo). La enorme falla política que distinguía al comunismo de la socialdemocracia empequeñece. Se abre la puerta a la teoría sobre etapas intermedias (parlamentarismode nuevo tipo)7 entre la dictadura del capital y la dictadura revolucionaria del proletariado. Las organizaciones comunistas acceden a perder su independencia en el plano político (a nivel partidario, con el modelo de la JSU o el PSUC; a nivel gubernamental con las políticas colaboracionistas de Italia, Francia, etc.) y en el militar (El Quinto Regimiento ingresa en el Ejército Republicano. El Ejército de Liberación Griego que combatió la invasión alemana es disuelto por el Partido; más tarde el propio KKE se verá obligado a crear el Ejército Democrático durante la guerra civil. La Svolta di Salerno del PCI desarma a los partisanos italianos, etc.). Y con este nuevo período en que el interclasismo ocupa los programas de los partidos comunistas, el énfasis se centrará en las cuestiones de índole organizativo cayendo en el organicismo que posibilitará a las direcciones entregadas al revisionismo manejar a su antojo los aparatos de los partidos, máxime, ante las dificultades que la burguesía pone a los comunistas para que realicen sus reuniones (aunque esta no sirve de excusa, pues los revolucionarios rusos conformaron su movimiento político en medio de un Estado autocrático. Y nunca jamás la burguesía permitirá que una organización revolucionaria lleve su vidacon normalidad).

Organicismo y burocratismo propios de las organizaciones de viejo tipo y que son el justo correlato a la derrota de la línea revolucionaria en los partidos comunistas y que explican como los destacamentos anti-revisionistas que se desgajan de los partidos oficiales los forman grupos minoritarios ya que las amplias bases militantes,por disciplina8, se mantienen en la estructura orgánica original a pesar de ser ésta ya un arma al servicio de la burguesía: es la falta de claridad ideológica y el organicismo que envuelve a ésta la que determinaron el desarrollo del MCI. Esto trasluce en el seguidismo que los partidos comunistas realizan a las tesis del PCUS, como quedó sentado en la Conferencia de los 81 Partidos Comunistas y Obreros de Moscú, en 1960. Seguidismo que se trasladó a los contextos nacionales donde las escisionespro-albanesasypro-chinasapenas tendrían recorrido, con independencia de la justeza de sus críticas al revisionismo soviético. Es más, las críticas, al menos en Europa, por donde tendrán cierta incidencia será por la derecha con las tesis eurocomunistas, las cuales, no implicaron ningún cambio cualitativo con respecto a las delcampo del Este (abandono de la dictadura del proletariado, de la necesidad de la violencia como partera de la revolución, del internacionalismo proletario, etc.) y que tan solo suponían el encajonamiento de la línea revisionista (dirigir estados burgueses) a las particularidades de la Europa occidental donde el revisionismo, en vez de estar instalado en el centro político del Estado, era sólo un puntal de los regímenes parlamentarios de la burguesía monopolista. O aspiraba, como en España, a serlo:

El testamento que Togliatti lega al PCI y que hace suyo la dirección del PCE se puede resumir en los siguientes aspectos: reformas no reformistas, satisfaciendo las reivindicaciones obreras más inmediatas en un plano de desarrollo económico alternativo al capitalismo como forma y medio para alcanzar el socialismo; todo planteamiento de socialismo estará ligado a una concepción pacífica del mismo; la lucha por la democracia plena se convierte en el principal objetivo de los comunistas, ya que el capitalismo siempre va ligado a tendencias antidemocráticas…” Amadeu Sanchís i LabiósInfluencia del PCI sobre el PCE al final del franquismo. Utopías/Nuestra Bandera 200. VOL. II/2004

Caracteres, como decimos, que ya habían sido plenamente asumidos por la mayoría del MCI: parlamentarismo, sindicalismo, vía pacífica al socialismo, etapas intermedias

la clase obrera, uniendo en torno suyo a los campesinos trabajadores, a los intelectuales, a todas las fuerzas patrióticas, y dando una réplica decidida a los elementos oportunistas, incapaces de renunciar a la política de conciliación con los capitalistas y los terratenientes, puede derrotar a las fuerzas reaccionarias, antipopulares, conquistar una sólida mayoría en el parlamentoNikita Jruschov, Informe del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética ante el XX Congreso del Partido, febrero de 1956.

Comprender el desarrollo del movimiento comunista internacional no puede limitarse a observar la historia como un conjunto de sucesos aislados. Los avances y los retrocesos de nuestro movimiento, durante todo el siglo XX, han de ser observados en el contexto de la lucha de clases internacional y nacional, partiendo del corpus ideológico del que se alimentó el movimiento comunista para poder convertirse en la avanzada de la revolución mundial y guía de todos los procesos de liberación que ha emprendido la humanidad desde la Revolución de Octubre. Si centrásemos nuestro análisis en unas cuantas figuras (como Carrillo) y las tomásemos aisladas del proceso histórico y político en el que actuaron no podríamos avanzar en la lucha por comprender las contradicciones que hoy atenazan al comunismo.

En este texto se han resaltado algunos de los resultados de la línea revisionista que se erigió en mayoritaria en el MCI y que aún persiste. Pero entendemos que realizar un balance de la experiencia histórica implica no simplemente resaltar los problemas y efectos que se tradujeron en línea política del MCI, sino acudir a sus causas que son, en última instancia, las bases ideológicas sobre las que se formuló nuestro movimiento, nacido de la pugna del marxismo con las tesis economicistas y metafísicas que pudrieron a la II Internacional.

REVOLUCIÓN PROLETARIA

OCTUBRE 2012

1. Ver, por ejemplo, “El último secretario general”, artículo de Pablo Iglesias, publicado en Público.es el 18/09/2012.

2. También esta situación se da en América: “Por ejemplo, en 1946, el Partido Comunista de Chile apoyó al Partido Radical, un partido burgués, en la consecución de la victoria en las elecciones, y se formó un gobierno de coalición con participación de los comunistas. Los dirigentes de este partido fueron tan lejos que describieron a ese gobierno manejado por la burguesía como un “gobierno democrático popular”. Pero en menos de un año, la burguesía obligó a los comunistas a retirarse del gobierno, realizó detenciones en masa y en 1948 declaró ilegal al partido.” “La Revolución Proletaria y el renegado Jruschov”, compendio de artículos publicados por la Redacción del Renmin Ribao y la Redacción de la revista Hongqi (órganos del PCCh) en marzo de 1964.

3. El caso más notorio es el de Nikos Zachiaradis, secretario general del KKE durante la guerra civil, que moriría en Siberia en 1973, 20 años después de ser deportado por el revisionismo soviético. El KKE ha rehabilitado su figura recientemente.

4. Esta “Historia del PCE” es un trabajo realizado por una comisión encargada por el Comité Central del propio partido y que fue publicado en 1960 por Éditions Sociales, en París. Esta obra puede consultarse fácilmente, ya que está disponible en internet.

5. “La aprobación de la nueva táctica en 1948 inició un viraje en lavida del Partido; representó la superación decierto subjetivismo que había existido anteriormente en la apreciación de algunas realidades del país, particularmente en la insuficiente apreciación de las consecuencias desmoralizadoras que la derrota había tenido en amplios sectores del pueblo, llevándoles a perder la confianza en sus fuerzas.HistoriadelPartidoComunistadeEspaña,EditionsSociales,París1960

6. “No es otro Frente Nacional, otra coalición, aunque en determinado momento pueda adquirir esas formas. Representa más: tratar de ser el comienzo de toda una transformación de hábitos y costumbres arraigados en la vida política española durante más de un siglo de guerras civiles, pronunciamientos y represión terrorista que la dictadura intenta perpetuar” Santiago Carrillo,discurso de clausura del III Pleno del CC del PCE, 1957. Citado en las resoluciones del IX Congresodel PCE (1978).

 “Marx decía que para que el proletariado pueda emanciparse tiene que aplastar a la clase de los capitalistas, quitar a los capitalistas los instrumentos y medios de producción y destruir las condiciones de producción que engendran el proletariado. ¿Puede decirse que la clase obrera de la U.R.S.S. ha alcanzado ya estas condiciones de su emancipación? Indiscutiblemente, puede y debe decirse.J. Stalin, Sobre el proyecto de Constitución de la URSS (1936).

8. Durante la guerra civil en España y sobre todo tras la II GM el Movimiento Comunista expresa constantemente la caducidad del régimen democrático burgués (por permitir al “oscurantismo” fascista su desarrollo que implicaría una regresión social) y el nacimiento de un nuevo tipo de república (tras el 18 de Julio en España) en donde la clase obrera estaría al mando del proceso “revolucionario” pero éste no estaría determinado ni por la dictadura del proletariado ni por la de la burguesía.
9. Una “disciplina” que antepone la organización a la línea política (de ahí que hablemos de organicismo) y que, lejos de haberse solventado, es una lacra que arrastra el movimiento comunista, copado por el revisionismo. Cualquiera que conozca el movimiento a nivel juvenil sabrá de numerosos grupos de militantes que “por disciplina” no critican a su organización y no son capaces de articular una respuesta al revisionismo, por claro que aparezca.

La huelga general del 14-N y la lucha por el comunismo

La Confederación Europea de Sindicatos (CES), el gran órgano de la aristocracia obrera de la UE (esa alianza interimperialista que, además de promover guerras de rapiña y genocidios en los países oprimidos, machaca sistemáticamente a los proletarios  a los que sojuzga en su propio territorio), ha convocado para toda la Unión Europea paros generales y parciales, además de manifestaciones y concentraciones. En países como Portugal y España, la “movilización” se traducirá en una huelga general, mientras que en Grecia el paro será de tres horas y en Italia de cuatro. Los sindicatos del Estado capitalista argumentan que es necesario dar un cambio de rumbo en la política de los Gobiernos de la UE que, como no puede ser de otra manera, sigue fielmente los dictados del capital monopolista.

La convocatoria de la huelga general en la situación económica y social actual

La realidad que vive el proletariado en el Estado español es agónica y pavorosa. El 20% de la población de España es oficialmente “pobre”. En territorios como Ceuta o Andalucía la tasa de paro supera el 30%, mientras que el proletariado joven soporta un desempleo que sobrepasa el 50%.

En el plano laboral, el grueso de los proletarios que trabajan viven al filo de lo imposible en medio de la precariedad, el terror al despido, los sueldos pírricos y la dictadura del patrón, con un derecho laboral liquidado por esos mismos vende-obreros que ahora nos llaman a secundar su pantomima.

Por si todo este horror y exterminio socio-económico fuera poco, cada día son desahuciadas en el Estado español 523 familias. Desde 2008, más de 300.000 familias han sido desalojadas violentamente de sus casas con la colaboración, el consentimiento y la complicidad de partidos del capital, jueces, fiscales, fuerzas represivas, sindicatos del Estado burgués y voceros mediáticos de la clase dominante.

Relacionado con esta lacra, los suicidios golpean con especial dureza al proletariado y a las capas medias en proceso de proletarización. Cada día se suicidan en España 9 personas. A raíz de los suicidios de José Miguel (Granada) y Amaia (Barakaldo), que pusieron fin a sus vidas poco antes de ser desahuciadas, la realidad de los suicidios inducidos por un orden social inhumano ha vuelto a ocupar el pensamiento y la indignación de millones de proletarios que contemplan, impotentes y aislados, cómo las condiciones de vida se deterioran de forma draconiana. La realidad de los suicidios en el Estado español, como en cualquier rincón del mundo, es la manifestación más cruel y genocida de un sistema que empuja a millones de seres humanos a la más absoluta desesperación, al aislamiento y a la deshumanización.

En medio de este contexto de auténtico exterminio social contra una amplia mayoría de la población, los sindicatos del Estado burgués, CCOO y UGT, nos llaman a un nuevo sainete nacional, a una nueva farsa de huelga general en la que volverán a utilizar a la clase obrera como carne de cañón en su pugna por no perder hegemonía y capacidad de negociación ante el gran amo de la clase dominante, el capital financiero.

Razones de la convocatoria de la huelga general del 14-N

La aristocracia obrera es una capa o fracción de la clase dominante que nace y se desarrolla en el seno de los Estados imperialistas. No es casualidad que esta fracción apareciera en Europa en un momento en que el capitalismo entraba en su fase imperialista (con la conversión del capitalismo de libre competencia en capitalismo monopolista de Estado). Tampoco es producto de la casualidad que esta capa, que provenía de la dirección socialdemócrata de las organizaciones obreras, creciera en el regazo del Estado imperialista. Y es que todos los aparatos social-chovinistas provenientes del movimiento obrero se dedicaron no solo a fortalecer a los Estados belicosos -a los que apoyaron política e ideológicamente-, sino que además se aplicaron muy en serio para liquidar el movimiento revolucionario del proletariado.

CCOO y UGT son hijos de la misma fracción que dio este soporte fundamental al imperialismo que hemos mencionado. En el caso español, estos son sindicatos de Estado fueron una pieza clave para el apuntalamiento del modo de producción capitalista y su régimen político. Además de proceder a la liquidación del potente movimiento de masas en España con su rúbrica en los Pactos de la Moncloa, las organizaciones CCOO y UGT sirvieron para la legitimación del cambio de fachada del Estado burgués español, para la impunidad de los dirigentes fascistas con la “Ley de amnistía” y para la defensa de la inserción de España en las estructuras imperialistas de la OTAN y la UE.

A día de hoy, tanto UGT como CCOO son la fiel representación de un complejo entramado de intereses que se agrupan en torno a la aristocracia obrera. Ambas organizaciones han tenido como papel fundamental ser los negociadores –siempre a la baja- de la venta de la fuerza de trabajo con la patronal, pero, como consecuencia del capital económico y político acumulado por estar insertos en los aparatos de administración del Estado burgués, se han convertido también en empresas que tienen intereses en sectores tan variados como los seguros, los fondos de pensiones, las empresas de formación de trabajadores, la banca o las telecomunicaciones. Son, en esencia, la simbiosis perfecta de burócratas y burgueses.

Pero el capital financiero (del que, aunque parezca contradictorio, también forman parte los popes sindicales con sus millonarias inversiones en poderosos conglomerados económicos), en su plan inevitable para reducir a la mínima expresión administrativa su Estado, ha erosionado también seriamente el andamiaje social, burocrático, de esta fracción objetivamente enfrentada a la clase explotada.

Los recortes presupuestarios en asignaciones directas a CCOO y UGT, los brutales tijeretazos en el “Sector Público” (sanidad, educación, empleados del Estado, etc.) y las nuevas veredas legales abiertas por las últimas reformas laborales (que van en la línea de reducir considerablemente el poder de negociación de las burocracias sindicales) son las razones reales por las cuales estos vende-obreros de Estado nos vuelven a llamar, como ya hicieron el 29 de marzo de este mismo año, a hacer de escudos humanos en sus pugnas con el capital financiero.

El oportunismo, la huelga general y la lucha por el comunismo

Quienes hemos desarrollado esta iniciativa aún incipiente (que sigue la estela de otros destacamentos comunistas, aún minoritarios pero que ganan poco a poco espacio en el seno de la vanguardia revolucionaria), tenemos muy claro que el oportunismo, ese cáncer que carcome el cuerpo del Movimiento Comunista del Estado español y de gran parte del Movimiento Comunista Internacional, seguirá sin entender la naturaleza de nuestra época y de esta nueva farsa y, haciendo alarde de su revisionismo y espontaneísmo a que nos tienen acostumbrados, nos llamará a los proletarios combativos a hacer de furgón de cola de la aristocracia obrera.

Esta huelga general, como las últimas de las convocadas en el Estado español por el tándem CCOO-UGT, no responden en absoluto a la iniciativa y a la organización independiente de la clase obrera. Algunos revisionistas son conscientes de esto, y suelen espetar que, a pesar de que la convocatoria parte de quienes venden sistemáticamente a los proletarios, hay que aprovechar la coyuntura para “elevar la conciencia de los trabajadores”.

Esta visión, que prácticamente empapa a todas las organizaciones denominadas comunistas y situadas a la izquierda de IU, es una demostración meridiana del estado de postración y descomposición ideológica y política en que se encuentra el movimiento comunista. Para empezar, la premisa de “elevar la conciencia de los trabajadores” parte de una concepción fundamentalmente errónea y refutada por la Historia, que no es otra que la que sostiene que, en la esfera de las luchas económicas, los comunistas llegan a “las masas” y las convencen de la necesidad de superar este orden social explotador.

El gran error de esta visión parte de no entender la relación dialéctica entre vanguardia comunista y masas proletarias. No hay un correlato entre las luchas económicas de resistencia y la lucha política revolucionaria, puesto que las masas solo son conscientes de su papel revolucionario cuando conforman sus órganos de nuevo poder en fusión estrecha con los destacamentos comunistas. Solo la experiencia política de sus propios órganos de poder proporciona a las masas proletarias la certidumbre de su capacidad para derrocar el orden burgués.

La estrechez de la línea economicista en el actual Movimiento Comunista en el Estado español defiende que hay que intervenir ante “las masas”, lo cual es una clara muestra de su línea política revisionista. Los comunistas no intervenimos ante las masas en general, sino ante los sectores más avanzados de estas. La incomprensión de la gradación en la intervención ante las masas, además de la incorrecta asunción de la separación dialéctica entre vanguardia ideológica y vanguardia práctica, provoca que la mayoría de los comunistas al final se movilicen al socaire de los intereses espurios de la aristocracia obrera, como lo demuestra el hecho de que la mayoría de destacamentos tenga, en esencia, la misma posición política sobre esta farsa del 14-N.

Los comunistas solo podemos movilizar a las masas obreras por objetivos revolucionarios cuando –y solo cuando- nos hemos constituido en vanguardia sólida, unificada y depurada de toda forma de concepción burguesa y oportunista en el seno del movimiento. Mientras esto no se produzca, ni podrá reconstituirse el Partido Comunista, ni nuestra clase será capaz de repeler las agresiones brutales del capital monopolista y su Estado.

Para el 14-N, desde Revolución o barbarie, junto con otros destacamentos comunistas que son conscientes de la necesidad de la reconstitución del comunismo como teoría de vanguardia, apostamos claramente por denunciar, en primer lugar, la farsa y el carácter reaccionario de esta nueva convocatoria de huelga general. En segundo lugar, llamamos a los proletarios más combativos a desconfiar de los aparatos sindicales del Estado burgués, sumándose a la huelga con el objetivo de denunciar en la práctica a esas mismas organizaciones que nos llaman a movilizarnos por sus intereses como fracción de la clase dominante. Por último, hacemos un llamamiento a los elementos más honestos, que comienzan progresivamente a plantearse el fracaso de la línea economicista y espontaneísta del Movimiento Comunista en el Estado español, para que, el día de la huelga y posteriormente, se incorporen al más que necesario debate ideológico por la recomposición del comunismo como teoría para la transformación revolucionaria del mundo.

Sin lucha de líneas, no hay vanguardia comunista con capacidad para intervenir en las luchas de masas. Sin línea revolucionaria forjada en el marxismo-leninismo, no hay huelga general ni movimiento práctico que desafíe el orden de la burguesía.

¡Por la reconstitución del Partido Comunista en el Estado español, por la denuncia del papel de la aristocracia obrera el 14-N! ¡Por la fusión entre los comunistas y la vanguardia del movimiento obrero!