Las prisas nunca son buenas: sobre la teoría y la práctica

Los que nos hemos decidido a constituir este blog, este espacio que busca la unificación de los proletarios más conscientes en torno a las bases del comunismo, constatamos una realidad que no es fácil que pase desapercibida para cualquiera que se cuestione el orden clasista y decadente en que vivimos: lo que hace un lustro vislumbrábamos como futuro inevitable en cuanto a degradación brutal de nuestras condiciones de vida, hoy es ya un hecho irrefutable (que ni siquiera los prebostes de la burguesía se atreven a negar), una cotidianidad que ya nada tiene que ver con “cómo va a estar la cosa en un tiempo” sino con “qué jodida está la cosa”.

La tasa de paro ha llegado a su máximo histórico, sobre todo en territorios del Estado español como Ceuta o Andalucía, donde el desempleo ha superado el límite del 40% y del 35%, respectivamente. El número de pobres ha crecido vertiginosamente, estando -según datos oficiales- el 21,1% de la población española bajo el umbral de la pobreza. Y qué decir de los desahucios, ese monstruoso crimen -consecuencia inevitable del modo de producción capitalista que se manifiesta de la forma más cruda en una necesidad tan básica como la vivienda- que ha provocado que se hayan expulsado de sus casas a más de 170.000 familias proletarias y de capas medias en proletarización vertiginosa en los últimos tres años de crisis. Por último, se constata una realidad aún más sangrante para los explotados: la de los suicidios silenciosos (un silencio que pareció romperse, casi por primera vez en muchos años en España, con la muerte previa al desahucio de un ex autónomo de Granada), esa realidad que siega más vidas en España que los accidentes de tráfico; una realidad que no tiene solo que ver, en la inmensa mayoría de los casos, con la crisis económica y el brutal empeoramiento de las condiciones de vida de nuestra clase, sino además con la lógica intrínseca de un sistema social inhumano que difunde entre la sociedad la atomización creciente, la aceptación de un orden social insoportable y la culpabilización de unas víctimas que son presentadas como individuos “fracasados” e “inadaptados”.

Si a todo esto le sumamos el draconiano ataque, por parte del Estado capitalista y de sus órganos legislativo, ejecutivo y judicial, contra la inmensa mayoría de la población (proletarios, pero también capas intermedias) en forma de brutales recortes del presupuesto estatal en materia de asistencia social básica y de una legislación laboral y política cada vez más represiva, tenemos un cóctel que ya debería haber provocado que al sistema le estallaran las costuras, según predijeron algunos comunistas al inicio de la crisis.

Pero nada de esto ha sucedido. Las masas proletarias aún no han sido capaces de enfrentarse a la ofensiva sin precedentes de la burguesía, el comunismo no es siquiera una alternativa lejana para la inmensa mayoría de explotados,  y nosotros, que somos de la opinión de que lo externo actúa a través de lo interno, entendemos que ya es momento de replantearnos qué estamos haciendo los comunistas hoy en el Estado español. Ya va siendo hora de ser valientes y de reconocer que, como consecuencia de errores larvados durante décadas de revisionismo, los comunistas no hemos estado a la altura de las circunstancias. Echar balones fuera y responsabilizar única y exclusivamente a la burguesía del fracaso de los comunistas para hacer comprender su mensaje ante las masas es, además de indigno, completamente ineficaz, porque tiende a reproducir la misma dinámica que nos ha llevado adonde estamos: en alta mar, a la deriva y sin rumbo fijo.

En nuestra opinión, por eso es imprescindible que hoy surjan espacios de análisis y debate colectivos físicos y virtuales, marcos en los que la vanguardia comunista honesta y consciente de la situación actual del Movimiento Comunista de España pueda trazar las líneas de una reconstitución de la ideología revolucionaria que es, a todas luces, una necesidad acuciante para la Revolución proletaria.

Nos parece cada día un mayor sinsentido pretender -como muchos destacamentos comunistas predican en el Estado español- que se puede ganar a las masas para la Revolución sin antes haber ganado a la vanguardia ideológica para el comunismo. Lanzarse a un practicismo suicida y a la eterna acumulación de fuerzas, sin que exista un basamento ideológico y político sólido de comunistas forjados en la lucha contra toda forma de oportunismo, es poco menos que inducir a honestos camaradas a una ansiedad constante por “trabajar con la clase obrera” o, peor aún, por participar del circo electoral en unas condiciones en que la vanguardia comunista no tiene la capacidad para usar las instituciones de la burguesía como altavoces para la denuncia revolucionaria.

No se trata de deslindar teoría de práctica, sino de fundir ambas caras en la moneda de la praxis, fusión dialéctica de la teoría y la práctica. Por otro lado, teorizar sobre la necesidad de reconstituir el comunismo entre la vanguardia, como requisito indispensable para la recomposición del Partido del proletariado, no es en absoluto convertirse en “intelectuales” alejados de la realidad de nuestra clase. Porque ¿cómo vamos a ganarnos a los mineros o a los proletarios desahuciados para la Revolución, si antes no nos hemos ganado a los revolucionarios para el comunismo? Sería infructuoso, además de una pérdida de energía de valiosos camaradas, seguir perpetuando prácticas que han conducido al fracaso del comunismo como referente para nuestra clase. Hay quien resuelve las relaciones entre teoría y práctica con un “todo es práctica”, como si la sistematización de los conocimientos y verdades obtenidos en conexión con la práctica y su formulación y reflejo en la teoría revolucionaria no fuera nada necesario ni real, sino puro “intelectualismo burgués”. A nuestro juicio, quienes llevan a cabo “práctica sin ideas” ignoran que la teoría, en toda ciencia (y el Marxismo lo es), es el reflejo en la conciencia social de las leyes objetivas descubiertas en un área de conocimiento, sea o no con vistas a la transformación de la realidad; es la expresión por medio de signos comunicables del proceso de abstracción de los datos obtenidos por la ligazón de práctica y teoría.

En este sentido, hay quien, a nuestro parecer, se confunde completamente cuando nos achaca que no hay tal “separación” entre la vanguardia ideológica y la vanguardia práctica, que hay y ha habido genuinos luchadores obreros que están también situados en el campo del comunismo. Esto último, que no deja de ser cierto en muchos casos (esto es algo obvio ya que, a diferencia de los comunistas de otras épocas, la totalidad de los comunistas actuales son de extracción proletaria o popular, y esto hace que inevitablemente se vean envueltos en -y encabecen, en ocasiones- luchas de resistencia económicas), implica un desconocimiento de la naturaleza dialéctica entre vanguardia y masas. Tanto la vanguardia proletaria como las masas explotadas formamos parte de la misma clase, pero esto no significa que seamos la misma cosa. Por tanto, tenemos un desarrollo necesariamente distinto y unos ritmos también diferentes. De hecho, si bien la lucha económica es necesariamente discontinua, la lucha de líneas de la vanguardia debe dotarse de continuidad para poder dirigir esas luchas de resistencia hacia objetivos revolucionarios. Además, los comunistas siempre somos -y hemos sido- necesariamente minoritarios dentro del movimiento de nuestra clase, por lo que no es factible, independientemente de que la línea no sea correcta, “hacer de cada comunista un sindicalista”. Por otro lado, ni la clase obrera necesita comunistas que le “enseñen” a organizar huelgas y luchas de resistencia, ni es la labor de los comunistas convertirse en sindicalistas. El trabajo fundamental de los comunistas pasa por dirigir a los sectores de vanguardia del proletariado hacia la línea y el programa del comunismo.

Por último, que nadie piense que desde espacios como este nos creemos los más “avispados” por haber “descubierto” una verdad que solo los ciegos pueden no ver hoy: los comunistas estamos como estamos porque los revisionistas, esos burgueses disfrazados de proletarios e infiltrados en nuestra clase a nivel material e ideológico, nos han vencido temporalmente. Y todos somos responsables de esta situación, aunque algunos tratemos de volver a construir los cimientos del comunismo desde la lucha de dos líneas. Porque, además, las rencillas y las disputas estériles no solo se dan entre los destacamentos mayoritarios en el Estado español (los que se nuclean en torno al PCPE), sino también entre los grupos minoritarios del hoy disperso, debilitado y carente de perspectiva revolucionaria Movimiento Comunista del Estado español.

Por eso, pensamos que hay que ir sin prisa pero sin pausa, dejando a un lado sectarismos varios o enfrentamientos absurdos entre siglas. Es la hora de pasar al único y verdadero debate: al debate por demarcar las líneas de reconstitución del movimiento comunista. Es mucho lo que nos jugamos: el futuro de nuestra clase, el futuro de toda la Humanidad.

¡Viva la bandera roja del comunismo! ¡Viva la lucha revolucionaria de nuestra clase!

Segunda parte del documento

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Partido Comunista y movimiento de masas

Abunda la concepción, heredada tanto de la concepción democrática burguesa de qué son los partidos políticos y su función, como de las concepciones revisionistas de los caminos hacia la revolución en las democracias burguesas, de que el Partido Comunista es la organización de los comunistas, de los marxistas-leninistas, los cuales, auto-erigidos en vanguardia del proletariado y auto-denominados como de masas (por definición, vocación y punto), defienden los intereses del proletariado y le presentan y proponen a este “su” programa que, casi por casualidad, para ser realizado pasa por “organizar la Revolución Socialista”.

Y entonces, el trabajo del auto-denominado “Partido Comunista”, auto-proclamado “porque Lenin así lo dijo y enseñó” (lo que es una falacia o mala interpretación garrafal) en “vanguardia revolucionaria del proletariado”, es “llegar a las masas para hacerles llegar el programa comunista” y que estas, despertadas por tan sabios y hábiles comunistas, se pongan las pilas para “hacer la Revolución” dejándose guiar por esa tan su particular y sui generis “vanguardia” de sí mismos, que hasta ese momento, no tenían el gusto de conocer, curiosamente. No conocían a la que dice ser su propia vanguardia revolucionaria, tal como si “las masas” padecieran de golpe una especie de trastorno disociativo de personalidad que separa con un muro invisible de la consciencia a “las masas” de “su propia” vanguardia.

Y luego, claro, semejantes comunistas, se extrañan muchísimo de que “las masas obreras” les miren como a extraños, a veces quizás simpáticos, pero totalmente alucinados y desconectados de su realidad, que hablan cosas muy raras y usan conceptos muy refinados y casi incomprensibles, salvo que seas universitario, cosa que ellos, esas “masas”, casi nunca son.

“¡Pobres alienados ignorantes, que ni siquiera saben quién defiende de veras sus verdaderos intereses! ¿Cómo solucionamos este problema? ¿Cómo “llegamos a las masas”?” Se preguntan, anonadados y sorprendidos estos “marxistas-leninistas”. Esas preguntas son su obsesión y el centro de su vida como “revolucionarios”, muy sinceros, pero eternamente frustrados.

Y, metidos en esa dinámica absorbente de frenética y desesperada actividad para “llegar a las masas proletarias”, los árboles no les dejan ver el bosque. No ven que su concepción de raíz del Partido Comunista y de todo el Movimiento Comunista, Revolucionario, parte de premisas falsas, de adulteraciones burguesas y revisionistas de la cuestión.

Para empezar, el papel de los comunistas científicos, los marxistas-leninistas, no es crear por su cuenta y riesgo un “Partido Comunista” que “defienda los intereses del proletariado mediante la revolución”. Esa es la concepción burguesa de un Partido que representa los intereses de un sector de la sociedad y está pensada para el juego y competición parlamentarios, no para dirigir un proceso revolucionario proletario.

Esa concepción crea una entidad aparte de las masas (proletarias o no) que oferta u ofrece a estas un programa, en competencia con otros programas de otros partidos, una “propuesta comunista” a confrontar con otras “propuestas no comunistas”. Todo muy democrático-burgués.

La única variación práctica entre los “Partidos Comunistas” que se han erigido sobre esas bases son las formas que diseñan para “llegar a las masas y ganarlas para la causa” y el programa defendido por cada una de ellas. La alienación, el extrañamiento y separación entre ese “PC” y el proletariado, difícilmente puede ser mayor. En “conexión con las masas proletarias”, los anarcosindicalistas y los sindicalistas “neutros o apolíticos”, ganan por goleada a semejante “vanguardia revolucionaria del proletariado”.

Ese esquema y concepción del Comunismo y de la Revolución se diferencia de la de Owen, por ejemplo, sólo en el sujeto a quien se dirige la “prédica” comunista y a quien se trata de “convencer” de que el Comunismo es teta de novicia, lo más mejor del mundo mundial, a pesar de lo que digan las mentiras burguesas sobre el Comunismo.

La función y el papel reales, verdaderos, de los marxistas-leninistas es llevar el Marxismo-leninismo al movimiento obrero, con el fin de que el proletariado más consciente y decidido dé un contenido político comunista y científico a su lucha, de modo que se convierta en lucha por el poder político, por conquistarlo y edificar su Dictadura de clase revolucionaria y emplearla en construir la Sociedad Comunista.

Los marxistas-leninistas no fundan partidos comunistas; no deben hacerlo, porque no pueden hacer de ese modo un Partido de Nuevo Tipo. Los marxistas-leninstas se unen y organizan para llevar el marxismo-leninismo a los sectores más avanzados en consciencia y resolución, en actividad de lucha obrera, y así lograr que estos se conviertan en líderes proletarios comunistas.

Esos líderes natos, esa vanguardia obrera, proletaria, no necesita crear conexiones con las masas proletarias, porque ya las tienen desde hace años por su actividad natural y espontánea previa de liderazgo de luchas. Sus compañeros ya les conocen, les respetan, les escuchan y les siguen. Es a través de esos vanguardistas ganados para el Marxismo-leninsmo que existen y se amplían las conexiones con las masas proletarias. Los marxistas-leninistas se funden con las vanguardias, NO CON LAS MASAS, a las que apoyan y ayudan en sus luchas y en su formación política y revolucionaria, sin descanso y dando ejemplo. Éstas toman por ello consciencia política que se une a su consciencia previa de clase y empiezan a imbuir de dicha consciencia combinada y potente, ampliada, a las luchas obreras que lideran desde siempre, por ser lideres natos dotados de consciencia de clase y de lucha.

Y ahí está la conexión con el proletariado que con el esquema revisionista y el heredado del burgués, en que los comunistas que fundan por su cuenta y riesgo partidos “comunistas, revolucionarios y de vanguardia proletaria por definición“, no encontraban manera humana de conseguir.

De ese esquema básico, en que el Marxismo-leninismo ha ido penetrando en las vanguardias obreras y en el sector de las masas proletarias y populares que éstas movilizan, es de donde surge, ahora sí, el verdadero Partido Comunista, de masas y revolucionario, esta vez no por definición, sino porque realmente es así, ya que es el resultado de la auto-organización política de la vanguardia proletaria pertrechada con el Marxismo-leninismo, ciencia revolucionaria que los marxistas-leninistas y vanguardia eminentemente, que no solamente,  teórica les hicieron llegar con éxito.

Hasta ese momento, no hay Partido Comunista de veras, nos pongamos como nos pongamos, sino partidos (concebidos a la forma burguesa) que defienden los intereses objetivos del proletariado, con tanta buena fe como falta de resultados prácticos y revolucionarios. Y eso no es un “Partido de Nuevo Tipo”, sino un partido clásico típico de las democracias burguesas, más viejo que la tos. De “Nuevo” no tiene ni el tipo, ni nada.

El Partido de Nuevo Tipo es el que fundan los elementos reales de la vanguardia proletaria una vez que han asimilado y adquirido para sí el Marxismo-leninismo, fundidos ahora con los comunistas que, organizados en colectivos marxistas-leninistas de muy diverso tipo, les hicieron llegar a aquellos en su momento. Entonces, y sólo entonces, los marxistas-leninistas “puros” o “de origen”, los teóricos ante todo, por llamarlos de alguna manera que los indentifique, se unen a los comunistas de la vanguardia proletaria real (no sólo teórica) ganada para la causa comunista, en el naciente y flamante Partido Comunista, que nace ya conectado con el Movimiento Obrero y no antes, como un inviable bebé prematuro por cinco meses. Y nace pertrechado de la Ciencia Revolucionaria, de la ideología y línea verdaderamente marxista-leninista, así como de los objetivos, estrategia y táctica revolucionarias.

Nace siendo ya -no teniendo que convertirse en (nadie sabe cómo)- la máxima expresión organizativa política del proletariado, nacida en el seno del movimiento obrero, y en el cuartel general de la Revolución, que se pone desde el primer día manos a la obra de estructurar todos los elementos organizativos destinados a poner en marcha el proceso revolucionario y a sustituir por la fuerza el aparato estatal burgués por el proletario, todo ello guiado desde el primer día por su (esta vez de verdad) destacamento de vanguardia, que es el Partido de Nuevo Tipo, el Partido Comunista.

Y puede emprender esa labor desde el primer momento porque desde su misma gestación, ese Partido de Nuevo Tipo contó como sus miembros, no sólo a la vanguardia teórica, sino a lo más combativo de la propia clase obrera, del proletariado y de las masas populares en general. Y porque todos esos comunistas comprendieron que hasta que esa fusión del marxismo-leninismo con el Movimiento Obrero no fuera completa o estuviera muy avanzada, no existía Partido Comunista alguno, ni en teoría, ni en la práctica, pues sería incapaz de cumplir sus funciones revolucionarias por carecer de la base material real para ello. Lo que había hasta ese momento, era un proceso consciente y organizado de gestación de dicho Partido Comunista, pero no era aún un verdadero, neto y operante Partido Comunista. No podía serlo, no tenía esa capacidad, como un feto (aún no nacido)  no tiene las capacidades de un bebé y a nadie sensato y con conocimientos de biología se le ocurre definir a un feto como igual a un bebé.

Cómo articular ese proceso que hemos descrito y cómo mantener ese verdadero Partido Comunista limpio de polvo y paja desviacionista, revisionista y burguesa, es otro debate diferente y labor teórica y práctica a realizar en estos momentos por los marxistas-leninistas desconectados aún del Movimiento Obrero y, más adelante, labor colectiva del Partido. Esas son las tareas a realizar por los comunistas en estos momentos, y no fundar y unificar supuestos Partidos Comunistas que se fundan con las masas o lleguen a ellas por caminos ingeniosos y mágicamente eficaces.

En nuestra opinión, si no se tienen clarísimas estas bases y principios elementales, no hay nada que hacer en lo que a la Revolución Comunista se refiere, porque falla su misma base material y orgánica, su cerebro y espina dorsal, que no es otra cosa que el Partido Comunista.

El suicidio de la Humanidad

Hoy, día 25 de octubre de 2012, el capitalismo en España se ha cobrado una nueva víctima en forma de suicidio. Según relata Radio Granada, un hombre de 54 años, ex propietario de una papelería en el barrio proletario de La Chana (Granada), se ha suicidado antes de que se personaran en su domicilio los mercenarios del banco que iban a expropiarle su hogar. José Miguel Domingo, que así se llamaba esta nueva víctima del sistema de explotación capitalista, ha pagado con su vida el latrocinio al que iban a someterlo al expulsarle de su propia casa.

Este hombre es una víctima más de esa sangría silenciosa de suicidios que, cada año, se producen en el Estado español. Según documenta el Instituto Nacional de Estadística, el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España (en 2010, la media de suicidios fue de 9,3 al día). Cualquiera que entienda siquiera mínimamente la realidad que se nos impone a la mayoría en este putrefacto sistema, podrá llegar a la conclusión rápida de que el suicidio es una forma de asesinato selectiva, una forma de muerte inducida por un sistema que no deja más salida que la desesperación y la muerte para miles de personas.

La sangría del suicidio es la consecuencia inevitable y directa de esa política de exterminio social (la única posible para el capital financiero) que se viene aplicando desde hace años, una política que se ha visto agudizada en cuanto a violencia e intensidad desde el inicio de la última gran crisis del capitalismo. Está claro que, bajo el modo de producción capitalista, las crisis siempre las pagamos los mismos (sobre todo, los proletarios), y los suicidios son sin duda el mayor tributo de sangre que el sistema se cobra en su funcionamiento normal.

Según relatan algunos vecinos del fallecido, el hombre no hizo sospechar a nadie en la noche de ayer. Estuvo con sus vecinos y amigos en el bar, viendo el fútbol. Sin llamar la atención, como tantísimas víctimas de este sistema que se quitan la vida por desesperación, este ser humano se quitó la vida en su propio hogar. Este es el drama social que sufrimos los explotados bajo este sistema. Este es el único menú que nos puede ofrecer ya este sistema de miseria generalizada: como primer plato, paro y precariedad; como segundo plato, comedor social y represión y, de postre, suicidio o agonía silenciosa. Son muchas las familias que han sufrido en sus propias carnes el suicidio de algún ser querido. Es esta una de las manifestaciones más brutales de un sistema psicológicamente basado en el terror y el chantaje de una ínfima minoría de la población contra la abrumadora mayoría. Además, fruto de siglos de tradición judeo-cristiana en España, muchos proletarios ocultan la noticia ante sus amigos y conocidos, pues todavía persiste la idea de la deshonra y el oprobio sobre el que se ve impelido a darse muerte.

Se puede pensar que este hombre se ha quitado la vida sin “llevarse a alguien por delante”, como se suele decir coloquialmente. Pero esto, además de un juicio absurdo sobre una persona llevada a la más absoluta desesperación, supone no entender la dinámica social en que nos ha metido este sistema, empezando por sus prebostes político-sindicales de la izquierda del capital, que llevan décadas vendiéndonos que existe un capitalismo humano y justo. La dinámica de la tolerancia hacia lo intolerable, la dinámica de la falta de lucha y organización frente a las tropelías del capital, la dinámica de la fe ciega en el capitalismo como único sistema social posible.

Pero los proletarios conscientes y los revolucionarios hemos de tenerlo muy claro: o suicidamos al capitalismo, o el capitalismo nos suicidará a nosotros. Sin embargo, ninguna casa puede aguantar en pie si los cimientos son frágiles, por lo que, sin un sector de vanguardia forjado en la ideología revolucionaria de nuestra clase y estrechamente ligado al movimiento de masas, la salida al capitalismo (el comunismo) es materialmente imposible. Cuando los que ahora contemplamos impotentes la realidad de horror e ignominia que nos impone este sistema seamos actores principales que procedamos a la construcción del Nuevo Poder (la nueva sociedad en transición a la civilización de hombres y mujeres libres e iguales en derechos y obligaciones), víctimas del sistema burgués como José Miguel y tantas otras podrán ser dignamente vengadas y su memoria por fin podrá ser honrada.

Empezar de cero

Revolución o barbarie pretende ser solo un espacio más que, desde la defensa inquebrantable de la causa revolucionaria del proletariado, trate de poner su granito de arena en la construcción del proyecto revolucionario de la clase explotada, del comunismo, proyecto que sigue siendo la única alternativa posible a la debacle del capitalismo.

Circunscrito a las particularidades de la composición de clases del Estado español y de la situación en que se halla la vanguardia teórica del proletariado (erosionada por la pérdida de horizonte revolucionario como consecuencia de una línea marcadamente revisionista, debilitada políticamente por prácticas parlamentaristas y economicistas de probado desgaste y fracaso, incapacitada para hacerse entender ante las grandes masas explotadas, etc.), este blog se propone como propósito fundamental, desde la óptica de un grupo de proletarios que apuesta por la reconstitución ideológica del comunismo como paso previo e indispensable para la reconstitución del Partido Comunista del Estado español, contribuir a la tarea colectiva de volver a ganar a los sectores de vanguardia para el comunismo, pues cada día se hace más evidente, tanto a nivel internacional como en España, que sin una vanguardia forjada en la lucha de líneas, por el comunismo y contra toda forma de oportunismo, es materialmente imposible construir el armazón teórico que pueda poner en pie el movimiento revolucionario como suma de la capacidad de combate de las grandes masas oprimidas y la vanguardia comunista.

Sin Partido revolucionario no puede haber Revolución, pero sin teoría revolucionaria tampoco puede articularse la vanguardia que, junto con el movimiento de la clase obrera, configure esa forma superior de organización social que es el Partido proletario. Quien no entienda esta verdad fundamental de nuestra época, quien siga todavía atado de pies y manos por esa obsesión mecanicista y acrítica de pretender “ganarse a las masas” sin haber reconstruido previamente la vanguardia comunista y las bases materiales de la reconstitución del Partido Comunista, seguirá, consciente o inconscientemente, haciendo un flaco favor al desarrollo del movimiento revolucionario de nuestra clase.

Desgraciadamente, no hay ningún destacamento en el Estado español que pueda arrogarse ningún tipo de triunfo, pues de hecho la situación en que se encuentra el movimiento que se reclama del comunismo en España es de coma inducido; un coma provocado por décadas de revisionismo estructural y por una práctica viciada por una línea errada de base. Sin embargo, no será este un lugar para repartir medallas a aquellos destacamentos que sí han visto la necesidad de reconstituir el comunismo como teoría de vanguardia, pues tampoco estos han sido capaces de ganar a la mayoría de la vanguardia para tan necesaria y magna tarea. Cualquier comunista consecuente debe partir del reconocimiento de este fracaso temporal, que es responsabilidad de todos los comunistas, sean de la organización que sean.

Por eso, este será un espacio que parta del reconocimiento de la derrota temporal del comunismo, de su necesario interregno histórico entre el fin del Ciclo de Octubre (como caracterizaran hace años los camaradas del MAI) y del inevitable balance histórico y con proyección de futuro que debe hacer cualquier comunista coherente con su clase y con los intereses revolucionarios de esta. No se trata de llorar por glorias pasadas, tampoco se trata de colgarse medallas porque poco a poco algunos se van “ganando a las masas” (como piensan quienes creen que su organización es ya el Partido): se trata de reconocer en qué situación nos encontramos los comunistas, y qué podemos hacer colectivamente para salir del atolladero e insuflar a nuestra clase la necesidad de la Revolución proletaria.

Por otro lado, Revolución o barbarie, que por supuesto está abierta a colaboraciones y críticas de cuantos camaradas y colectivos compartan también la necesidad de volver a formular las bases ideológicas y ontológicas del comunismo, nace con el objetivo de exponer lo que consideramos más positivo y avanzado de nuestra clase, tanto a nivel de vanguardia teórica como de luchas de masas que nuestra clase desarrolla en todo el mundo. En este sentido, trataremos no solo de realizar análisis propios sobre cuestiones de índole ideológica (o de difundir aquellos de otros camaradas que consideramos fundamentales para el desarrollo de la teoría revolucionaria), sino de contrastar nuestra visión ideológica con la realidad cotidiana del capitalismo y con las luchas que emprenda nuestra clase, sobre todo en el Estado español.

Si este espacio se desarrolla, gracias al debate y la aportación de camaradas de distintas organizaciones (uno de los objetivos de esta publicación es que pueda servir para generar nuevos debates y sumar a más compañeros de otros colectivos para la unificación ideológica y política de la vanguardia comunista), y al final termina pereciendo como consecuencia de su propia evolución, significará algo muy positivo, pues habrá desaparecido por haber dejado de tener necesidad de existir y haberse fundido en el reconstituido Partido que tanto necesita nuestra clase en España y en un mundo asolado por la barbarie del imperialismo. No tenemos más alternativa que la victoria, no cabe más civilización que la comunista.